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dia 9 de julio de 1477 á la corte en gran número, á fin de proceder á las elecciones de oficios del concejo; y por su secretario les hizo leer una órden comprensiva de diferentes artículos. Por ella mandaba, en primer lugar, que los presentes, á nombre de todos los de la villa y su tierra, hiciesen allí pleito homenaje de guardar y cumplir los es, tatutos y ordenanzas dispuestas por S. A. , y de tener por firmes y valederos los nombramientos que iban á ejecutarse.

Disponia tambien que los que tuviesen torres, y con es. pecialidad Anfon de Torres, Cristóbal Mayoralgo y Anfon de Rivera, á nombre de su hermano Alvar de Rivera, poseedores de casas fuertes , jurasen no hacer uso alguno de ellas, arrojando piedras desde las torres, saetas ni liros en caso de ruido ó motin, ni albergando los malhechores en las casas fuertes; antes bien, franquear unas y otras, so pena de serles demolidas siempre que lo demandase la justicia, á quien, en todo evento, debian prestar el debido auxilio.

Igualmente prevenia la citada órden, que se cubriesen y tejasen las dichas torres, cerrando sus troneras y saetas; que de allí en adelante no pudiesen edificarse otras, y por lo tocante a las que estuviesen comenzadas, no se alzasen ni levantasen á mas del tejado de las casas, ni sus paredes tuviesen otro grueso que las de estas.

Por último, mandaba que jurasen de no seguir bando ni parcialidad alguna , remitiéndose desde luego y dándose por libres de cualesquiera pactos, ligas ú homenajes que hubiesen hecho por favorecerse unos contra otros; y que se diese pregon para que ninguno fuese mas osado de levantar los referidos bandos, parcialidades ó asonadas, pe. na de destierro por un año del distrito de la villa, por primera vez; y á la segunda, destierro perpétuo y confiscacion de la mitad de bienes; cuya pena se agravo posteriormente hasta la capital, por la pragmática que publicó en Granada á 15 de mayo de 1501 , inserta en la Recopilacion.

Leida que fué la orden de la reina , la justicia y caballeros de Cáceres tributaron á S. A. las debidas gracias por el amor y humanidad que les manifestaba, y pasaron á hacer los juramentos en la forma que prescribia.

A su consecuencia dispuso la Reina que se juntasen 48 vecinos, mitad del linaje de arriba y mitad del de abajo,

y de cada cuadrilla se eligieron por suerte 6 regidores, debiendo entre ambas componer 12, establecidos por la ordenanza: unidos despues los 36 restantes, se sorteó el que debia serlo del concejo, reca yendo la eleccion en Die- . go Urraco; y la misma doña Isabel fué quien sacó por su mano las cédulas sin verlas, entregándolas á su secretario para que las leyese. Este famoso sorteo y eleccion, que tan al vivo demuestra su carácter, propenso siempre a conciliar la tranquilidad y union entre sus amados vasallos, fué acompañado de la mayor pompa y solemnidad, ejecutándose á presencia de toda la corte, prelados y principales señores del Consejo, y entre el cardenal D. Pedro de Mendoza, D. Alfonso Enriquez, adelantado mayor de la frontera, D. Juan Arias de Avila, obispo de Segovia, y D. Fr. Alonso de Burgos, obispo de Córdoba.

Dieron alguna noticia de esta brillante accion de la Reina Católica, su cronista Fernando del Pulgar, al capítulo 28; Garibay, en el lib. 18, cap. 11; Gonzalo de Illescas, en la segunda parte del lib. 6.°, y Antonio Nebrija, en la Década 1.2, lib. 7.°, cap. 5.', donde llama á Cáceres Castra Caecilia, siguiendo a Plinio y otros autores antiguos que así la denominaron. Sin embargo, ninguno de estos historiadores hizo otra cosa que tocar muy ligeramente el suceso, sin estenderse á las particularidades que se han espuesto y resultan de los documentos anténticos con que se autoriza.

Historia de Nuestra Señora del Milagro. Con motivo de terminar las solemnes fiestas de Nuestra Señora del Milagro en el real monasterio de señoras religiosas Franciscas Descalzas, de esta corte, cuya prodigiosa imágen tiene tantas simpatías con la alta aristocracia de señoras, vamos a describir brevemente su historia.

Esta imágen veneranda no es labrada de escultura primorosa, ni de materia rica ni delicada : solo debe al pincel sus primorosos rasgos, en que se reconoce su antigüedad, porque en tablas y en lienzos se descubren las mas venerables imágenes de los primeros siglos de la Iglesia.

Tiénese como mas cierto que un respetable ermitaño la adquirió en Roma , å donde acudió en peregrinacion con motivo de un jubileo plenísimo que allí se ganaba; pero siempre ocultó la persona que se la habia regalado,

o por el medio que habia venido á su poder. Seria tal vez dádiva de algun devoto que formó buen concepto del pia

doso viajero, sin que sea necesario recurrir a otros arca· nos para conciliar veneraciones.

Con tan estimable dádiva llegó este hombre á Valencia, y optando por la soledad y el retiro, escogió una ermita no lejos de la ciudad, donde con limosnas que recogia sostuvo el culto de la sagrada imágen, reservando algo para su indispensable sustento.

No sabemos si con esta imágen salia á escitar la filantropía de los devotos: en aquellos tiempos, que era por los años de 1536, solian hacerlo así los eremitas.

Entre las muchas casas que á nuestro ermitaño socorrian, era una de ellas la de los Excmos. señores duques de Gandía, señalándose como especial bienhechora la duquesa doña Francisca de Castro. Falleció esta señora, heredándola doña Leonor de Borja, su hija, quien heredó tambien la imágen en la muerte del ermitaño, poniéndola entre las primeras joyas que formaban su cuantioso vínculo. La colocó en una bella capilla de su palacio, creciendo en devocion y culto de todo el pueblo valenciano. Murió en Borja en 1553, dejando en su testamento adjudicado el santo simulacro de María á sor Juana de la Cruz, su hermana, religiosa del convento de Santa Clara de Gandía, patronato de los señores duques de este título. Concluida en 1557 la fundacion del monasterio de las religiosas Franciscas Descalzas Reales de Madrid, á devocion de la Serma. princesa doña Juana de Austria, hija del emperador Cárlos I y mujer del príncipe don Juan de Portugal, trajo por primera abadesa á sor Juana de la Cruz, con la que vino a esta corte la imágen de Nuestra Señora del Milagro, colocándola dentro de la clausura en una capilla ricamente adornada. Dierónle el nombre del Milagro, por el favor que recibió de la Señora un noble valenciano, que mudó sus costumbres licenciosas, intercediendo con Nuestra Señora el respetable ermitaño; cuyo prodigio presenció el venerable P. Pedro Fabro, de la Compañía de Jesus, siendo tambien testigo de sus favores el gran San Francisco de Borja, duque de Gandía, apellidándola todos desde entonces Nuestra Señora del Milagro. Hay tradicion muy respetada, que la Virgen articulo palabras, diciendo: si en público me poneis, haré muchos mas milagros. En efecto, entre los in-, numerables comprobantes de esta oferta amorosa, puede contarse á la religiosísima infanta sor Margarita, que recobró el beneficio de la salud orando ante su trono. El famoso pintor que retocó su rostro, que, como Rafael, arrojó los pinceles, no descubriendo las facciones de la Vírgen. Otra religiosa de este convento, dama de la infanta doña Margarita, que á los ecos de su voz recibió tambien sus favores. El feliz éxito que tuvieron las armas de Felipe IV contra los franceses en Fuente-Rabía. El arribo venturoso de la rica flota que venia de las Indias, perseguida por las naves inglesas. La pronta convalecencia del caballero Navalon, herido mortalmente por otros personajes al salir de sus casas, inmediatas al convento. El comendador de Santiago que recibió un balazo en la plazuela de Celenque, sin quedar siquiera contuso. La serenísima infanta doña María Teresa de Austria, que curó, siendo niña, de una enfermedad penosa. Seríamos interminables si hubiésemos de referir todos los portentos de Nuestra Señora, titulada del Milagro. Felipe II y Cárlos II doblaron su rodilla delante de su sagrado sólio; Felipe V y Fernando VI tambien la veneraron; Cárlos III y Cárlos IV enriquecieron su santuario; Fernand8 VII ja estimó tambien mucho, y la augusta Isabel de Borbon ha escedido a todos por la gran devocion que le profesa (1).

· Descripcion de su capilla.

Tiene su capilla en lo interior del cláustro, la cual consta de 57 pies de altura, de longitud 30, y 17 de latitud. Es en forma de crucero con media naranja, linterna y capitel, con una primorosa cornisa. En lo elevado del artesonado tiene una pintura que representa á Nuestra Señora en el misterio de su Asuncion, con todo el golpe de gloria que pudieron descubrir los delicados pinceles de dos grandes pintores de cámara de Carlos II, Rizi y Carreño; es un precioso fresco. En las cuatro pechinas se ve a San Francisco, San Antonio, Santa Clara y Santa Isabel, de los mismos autores. El retablo es imitado á

(1) Veinticuatro velas diarias ofrece S. M. para culto, porque esté espuesta al público.

bronce; los vaciados de lapislázuli, y los calados de cris tal fino: a los lados hay dos estátuas de San Miguel y de Santa Margarita; otras dos de San Gabriel y Santa Dorotea. En el segundo cuerpo se ve la Visitacion y un rico Lignum crucis guarnecido de diamantes. La restante arquitectura son bellos cuadros con columnas dóricas de porfido y lapislázuli; sus basas de bronce, adornados los compartimientos con pinturas escelentes. La puerta de la capilla es de madera imitando al bronce, con vistosa perspectiva: el suelo es de mármoles blancos y negros.

Por último, Madrid venera á Maria Santísima en su advocacion del Milagro, como á una de sus mas preciosas joyas.

Dia 12,

Una provision del Consejo Real, espedida en el dia 12 de julio del año 1512, da motivo á la presente anécdota. Es constante que todos los grandes establecimientos han de padecer por necesidad en sus principios infinitos abusos. La Comisaría general de Cruzada no pudo eximirse de esta ley, fuese por la constitucion política de aquellos tiempos, ó lo que es más verosímil, por la indiscrecion 6 falta de probidad de algunas personas destinadas a las repetidas quejas y turbulencias de los pueblos. Fueron por consiguiente repetidas tambien muchas órdenes y providencias á fin de evitar los daños que originaban estos clamores. Se hallan pruebas incontestables de esta verdad en algunas de las leyes insertas en el título X, libro 1.o de la Recop. Pero las mas de sus disposiciones son posteriores a las Córtes que se tuvieron en Burgos en el citado año de 1512 por el rey D. Fernando , legítimo administrador de los reinos de Castilla, como padre de doña Juana , las cuales abrazan todos los particulares relativos al asunto entre sus muchas peticiones. Con especialidad en la 5.a se hace mérito de la provision que dejamos citada , relativa á que los comisarios no llevasen y percibiesen derechos algunos por razon de los gastos estraordinarios que ejecutaban algunas cofradías en comidas y fiestas de toros, siendo el desembolso de ellos á cuenta de los mismos cofrades. Esponian los procuradores, que los dichos comisarios no habian querido cumplir la Orden del Consejo, y así reclamaban su cumplimiento y que restia.

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