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Por ser viejos los hombres

Que profesan
Las armas, de dar renombres

Nunca cesan.
Juan de Urbina sacó un escudo negro en que decia:

No hay otro bien sino veros,

Ni galardon que quereros. Martin de Salinas sacó tambien escudo negro con la muerte, que con las dos manos tirabà de uñas sortijas de maridaje, y esta letra:

El mundo del casto amor
Es tan fuerte

Que no le rompe la muerte.
D. Juan de Samano llevaba en su escudo la nao de
Ulises transitando por las islas de Sirenas, y tapados los
oidos los que en ella iban, y esta letra:

Por lo que otros las orejas,
Se tapó el Amor los ojos

Al robar de mis despojos..
Sancho García no sacó divisa, y su letra decia:

Si unos le traen porque mueren,

Tambien otros porque viven. Muxica llevaba en su escudo la ave fénix quemándose en el fuego, y esta letra:

En quemándose esta, queda
Otra de su parecer:

De vos no la puede haber. Despues de esta cuadrilla entraron Juan de Aquillo y Simon de Llascano, vestidos de tafetan blanco, azul y amarillo, con muy buenas calzas y toneletes de iguales colores, y yendo uniformes sus dos padrinos, Francisco de Salvatierra y Martin de Arratia, como asimismo el atambor y pífano. La letra del primero decia así:

No es mucho desesperar
Quien por bien servir fué amado,
Pues antes de senectud es desechado.

La del segundo contenia este verso:

Pediros será perderos. Siguióse á estos otra cuadrilla, compuesta de D. Pedro Velez de Guevara, D. Diego de Velasco, D. Juan de Ozaeta y D. Diego de Salvatierra. Las calzas que llevaban eran de tafetan blanco y terciopelo azul, guarnecidas de franjas azules, con toneletes de los mismos colores, muy bien bordados, y penachos iguales, á que correspondian los vestidos de los padrinos, el comendador Vergara y Luis Sainz de Gauna, y los del atambor y pífanos.

En el escudo de D. Pedro de Velez estaba su retrato y el de su dama, yun call!aleon encima, á quien señalando, la decia:

El se mantiene del aire,

Y yo de vuestro dopaire. El escudo del de Velasco contenia un armiño y esta letra:

Imitando al blanco armiño,
Celo y amo la blancura,

Porque en vida y muerte dura.
Ozaeta sacó un escudo, pintado en una parte el dios
Marte, y en otra Venus y Cupido; en el medio estas pala-
bras: Cui nostrum, y debajo: Ubique.

A ambas servir pretendo,

A cada una en su tiempo.
Debajo de todo esto estaba su retrato y esta letra:

Para serviros es poco lo posible,
Y á tanta merced
No hay recompensa verdadera

Sin quedar siempre en cadena. D. Diego de Salvatierra puso en su escudo retratadas siete damas, y debajo una cifra que decia Maria, con una luna encima. La letra era esta:

No pongo entre estas vuestro retrato,
Porque es tal,

Que ninguno le es igual.
Vinieron a continuacion D. Martin de Zamudia y Juan

de Otalora , de blanco y pardo con hermosos penachos blancos. Los padrinos, que eran el alguacil mayor de Vitoria y Pedro de Herrero, los dos atambores y un pífano, vestian igualmente. En el escudo de D. Martin se representaban la Fortuna, el Tiempo y el Amor, asidos todos tres de una mano, y esta letra :

Fortuna, Tiempo y Amor
Contra mí se han concertado;

Mas la fé nunca he mudado. Otalora sacó en el escudo su retrato de pie derecho, teniendo con ambas manos la rueda de la Fortuna , y la letra decia :

Ya casi se iba inclinando
Para del todo abatirme;

Pero túvela muy firme. Despues entraron Juan de la Rua, Termiño y Liñan, de encarnado y verde, con calzas de raja entrapada y tafetanes verdes, pespunteadas tambien de verde; las cuchilladas y las plumas de iguales colores. Iban uniformes el pífano y atambor, y los tres padrinos, que eran Luis de Termiño, Juan Rodriguez de Haro y Andrés de Salvatierra. Juan de la Rua llevaba en el escudo figurado un gran fuego en que se estaba quemando su efigie, y una dama que le miraba. La letra decia:

El fuego en que ves que ardo,
Me sostiene,

Porque amor así lo quiere. En el escudo de Liñan estaba una dama encima de un árbol, y esta letra:

No puedo arribar a ella,
Y escapar

No puedo en otro lugar. El escudo de Termiño contenia un hombre en un tormento, atizando debajo una llama , con esta letra :

Nɔ es sufrible un gran tormento,
Y para acabarle luego,

Es bien atizar el fuego.
Detrás entraron Juan Martinez de Recalde y Martin

Bertandoña, con armas y vestidos negros, y asimismo sus padrinos Juan de Salvatierra y Diego Paternina con pifano y atambor, todos de negro, y esta letra:

Lo negro es muy gran dolor,
Y el vivir es mi enemigo,
Y la causa quien yo-digo.

Ullimamente venia Gatelinaga, con su padrino Aramburu, atambor y pífano, todos de negro, y esta letra:

Quiero hoy probar ventura,
Porque si la hallo en Marte,
Con Venus tendré parte.

Todos pelearon con el mismo órden que fueron entrando, y el mantenedor Aguirre lo hizo tan bien, que de veintidos combatientes solo perdió cinco premios y empató á dos. Con los que perdió fueron Martin de Salinas, Medrano, D. Juan de Samano, D. Juan Alonso de Muxica y D. Pedro Velez de Guevara. Los empatados fueron Sancho García del Barco y D. Diego de Salvatierra. Despues del combate hubo una cena muy espléndida en casa de una señora que solo so la nombra doña Luisa , y á la cuenta seria la dama del mantenedor. Sirvieron en ella muchos y delicados manjares de carne, con salmones, truchas y otros pescados esquisitos, asistiendo todas las damas del pueblo, los torneantes y sus padrinos. Despues de cenar se juntaron los jueces, que eran D. Sancho de Córdova, el doctor Ortiz, alcalde ordinario, y Cristóbal de Alegría, diputado general de la provincia, publicando á presencia de las damas los premios en la manera siguiente: á Martin Salinas dieron una lanza de oro, por haberlo hecho mejor de la pica; á Juan de Otalora una espada de oro, por haberlo hecho mejor de la espada; á D. Juan de Samano una cifra de oro, por haberlo hecho mejor de la pica en la folla; á D. Juan Alonso de Muxica una pluma, por haberlo hecho mejor de la espada en la folla; á don Pedro Velez de Guevara tres varas de tela 'de seda , por haber salido mas galan; á Juan de Urbina unos guantes por mejor letra; y á D. Martin de Zamudio otros por mejor invencion.

Dia 7.

Siempre fueron calamitosos al Estado los tiempos de las tutorías de nuestros monarcas: los grandes y personas poderosas, prevalidos de la constitucion del reino, exigian, por decirlo así, mercedes sin número: por otra parte, las disposiciones legales no tenian todo el vigor y fuerza necesaria para contener los abusos y escesos que esperimentaban, y así era preciso reiterarlas cada dia. Esto motivo que los procuradores de las ciudades y villas que permanecian al lado del rey (aun disueltas las Córtes), pidiesen á D. Juan II la confirmacion de varios particulares, ordenados y dispuestos en las que se celebraron en Madrid en el año 1419, de que tambien queda hecha mencion en otra página.

Aunque esta solicitud de los procuradores fué hecha en Valladolid, no tuvo efecto hasta que, hallándose en Tordesillas el espresado rey, en el dia de hoy 7 de julio de 1420, acordó espedir y espidió su pragmática sancion con fuerza de ley publicada en Córtes.

En ella se confirmaron los estatutos de las mencionadas de Madrid, concernientes á que las gracias y empleos perpétuos de las ciudades y villas no fuesen provistos sino en los naturales de ellas, ó que diez años antes fuesen sus moradores; que no acrecentase el número de sus alcaldes y regidores, limitado por los anteriores reinados, y que no se hiciesen mercedes de los propios y rentas. Tambien se confirmó por esta pragmática el estatuto sobre el aposentamiento de las personas que seguian la córte, reservándose el rey proveer lo conveniente para su arreglo.

En razon del derecho de quema impuesto en Aragon en perjuicio de los naturales, acordó se escribiria al rey y se harian los demás recursos para que lo exigiese, segun el mismo D. Juan y su padre D. Enrique habian dispuesto antes. Asimismo acordó escribir al papa para que proveyese remedio en órden al abuso introducido por los clérigos, los cuales en el hábito de legos cometian muchos maleficios que los jueces reales no podian refrenar á causa de las censuras eclesiásticas qne contra ellos obtenian los malhechores.

En vista de las quejas de algunas personas que goza

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