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hallaron los dos canónigos españoles; el P. Fr. Juan de Nambellan, gran prior y vicario; Fr. Juan de Morison, sub-prior y vicario; Fr. Pedro Piconat, chantre y comendador; Fr. Francisco Bailon, tercer prior; Fr. Diego Cosu, cuarto prior y proveedor del pan; Fr. Juan deVerdun quinto prior; Fr. Claudio Pallar; Fr. Pedro Luext; fray Nicolás Chaniter; Fr. Diego Buefiel, tesorero de la casa; Fr. Filiberto de Arlés; Fr. Hernan de Cheves; Fr. Rull Buevin, refitolero; Fr. Pedro Burges, sacristan y maestro delos mozos de coro; Fr. Claudio Mason, preboste de San Gervasio; Fr. Nicolás de Movian, limosnero; Fr. Amador de Bellu, preboste de Gormelas; Fr. Luis Teson, tesorero; Fr. Antonio Xamblin, obrero; Fr. Cárlos de Verge, fabriquero; Fr. Menorth de Hildrecan, preboste de Tremblay; Fr. Nicolás de Perdon, alhajero; Fr. Nicolás Picardo, custodio de las insignias reales; Fr. Julian de Anesac, llavero del archivo de actas reales; Fr. Diego de Beamonte, custodio de las reliquias; Fr. Miguel de Barsurt, recibidor de huéspedes; Fr. Antonio Buxar, contador de la hacienda; Fr. Jorge de la Fontana, enfermero. Estos eran los principales oficiales de esta real abadia, que se hallaron en sesion con los oidores del Parlamento.

Los monjes contestaron que obedecian al rey; pero que sin consentimiento del cardenal de Lorena, no podian entregar reliquia alguna de la abadia, á quien habia que pedirsela.

Despues los diputados pidieron al gran prior ver las reliquias y lo mas notable del monasterio. Condújoles al tesoro ó sagrario, y les mostró primeramente una riqueza de ornamentos y vasos sagrados cual nunca habian visto: telas de pro, sedas, tapicerias, alfombras, colgaduras y mil preciosidades. Pasaron á la capilla mayor de la iglesia, que era un coro altisimo , á donde se subia por tres escaleras, que eran el remate de las tres naves de la iglesia cuya capilla mayor estaba adornada y edificada en esta forma:

Primeramente, en medio, en la entrada de ella, habia un altar desviado de todas partes, y sobre él una urna cubierta y guarnecida de láminas de oro y diversidad de piedras de valor, donde se custodiaban los restos de San Dionisio Areopagita, y á los lados de ella dos arcas bien guarnecidas, en que estaban los huesos de San Rústico y San Eluterio. En torno de esta capilla mayor, empezando por el lado de la Epistola, la primer capilla era de San Roman Monaco; la segunda, de San Hilario; la tercera, de San Eugenio, arzobispo de Toledo; la cuarta, de San Cucufate; la quinta, de San Patovelo; la sesta, de San Peregrino; la sétima, de los Santos Inocentes que degolló Herodes; la octava, de la virgenJSanta Osmana; la nona, de San Fermin, martir; la décima, de San Eustaquio.

Los cuerpos de todos estos santos estaban en urnas riquisimas de plata sobre el retablo de cada capilla, las que tenian sus verjas de hierro labradas de escelentes calados, con division una de otra de pilar á pilar, con otras rejas hechas con gran primor y el pavimento de mosáicos: en ellas habia enterrados muchos grandes y principes del reino de Francia, con magnificos sepulcros, y entre ellos el traidor BeltrandDuguesclin,que vino á España con don Enrique contra el rey D. Pedro, mandando una porcion de aventureros, á quien el bastardo le dió el condado de Borja, por haberle puesto en el trono.

La capilla mayor estaba tambien labrada de mosáicos; debajo del altar habia otro retablo en una especie de confesion de capilla, al estilo de la de los Santos Apóstoles en la Basilica de Roma, y sobre él la riquisima urna donde se custodiaba el cuerpo del rey San Luis. En el coro de los monges'hábia otro altar ó retablo donde se guardaban los restos de San Dionisio el de Corinto; y en otra capilla de la iglesia, las reliquias de San Hipólito, mártir.

La capilla de San Eugenio tenia diez y seis pies de longitud y diez y ocho de latitud, y el pavimento era de una sola piedra de color blanco, labrada con mucha curiosidad y esmero, y las vidrieras figuraban la historia del santo arzobispo. En la verja habia pendiente una tabla, y en ella escrito sobre un pergamino lo siguiente:

«(laude exultan* plebs tolelana, cui Dionysius Areopagita pastorem egregium destinavit Eugenium socios quod strenus vers. Gloria et honore coronasti eum Domine, etc. Resp. Et constituisti eum, etc. Oratio Beati Eugenij martyris tui atq. Ponlificis Domine nos tuere prwsidijs. Ut cujus commemorationem pia devotione recolimus, ejus intercessionibus ab hominibus adversi co— nomur.« Asimismo habia otra tabla pendiente con varias oraciones en metro y lengua vulgar francesa. El altar era todo de mármol negro, y en el frontal habia remajos de mármol blanco, y en ellos esculpidos pasos que figuraban el martirio del Sanio de medio relieve, y del mismo material el respaldo del altar, que representaba varios milagros obrados por el santo arzobispo, y sus tormentos adornados de piedras francesas.

Descubrieron el arca delante de los embajadores españoles y de los miembros del parlamento de Paris, sacando una urnita pequeña como de dos palmos de larga y un geme de alto, estrayendo de ella muchos huesos envueltos en un tafetan blanco, donde hallaron una escritura en pergamino con caractéres latinos y góticos antiguos.

El vicario del obispo de Paris, fué sacando los huesos y contándolos, los cuales envolvió en un paño de seda, colocándolos despues en un cofrecito'pequeño, cuyo número de fragmentos era el de sesenta y tres entre chicos j grandes.

En medio de la multitud de reliquias que habia en esta insigne Abadia, estaba la corona de espinas que los soldados entretegieron para colocarla sobre la cabeza de Jesús en la noche de la pasion, cnya joya preciosisima regaló el emperador Balduina al rey 1). Luis el Santo, la cual recibió con gran regocijo y majestad, acompañado de sus hermanos los principes Alberto, Alfonso y Carolo, depositándola con solemne procesion en esta real Abadia, con otro relicario bellisimo y de gran precio, que contenia uno de los clavos que sostuvieron en la cruz al divino Nazareno, y tambien un pedazo del sagrado madero con otras insignias que, segun escribe Vicencio Belvacense en el libro 29 al cap. 92, parece que las trajo' de Oriente el rey Filipo, entregándolas al abad Eurico, saliéndolas á recibir los monjes, descalzos en señal de veneracion y de respeto. Conservábase el original de los nombres divinos escritos por San Dionisio, y remitidos por el emperador Micael, de Constantinopla a Ludovico Pio, rey de Francia, los cuales trasladó del idioma griego al latin el célebre Juan Scoto. La cabellera y despojos que el leproso dejó en la piedra, se conservaban tambien, como testimonie de la dedicacion del templo, dentro de una urna de cristales, é igualmente tres preciosisimas coronas que mandó hacer Felipe el Hermoso para la coronacion de los reyes de Francia, las que regaló á este régio monasterio Ludovico Utino. Conservábase asimismo el famoso carbunco que envió el rey D. Alonso VII de Castilla, y que tanto elogió el arzobispo D. Rodrigo. Conservábase tambien la histórica bandera llamada Flámula 6 bandera de San Dionisio, cuyo estandarte llevaban los reyes cristianisimos cuando iban á la guerra, con juramento de devolverla al monasterio, cuya preeminencia de empuñarla y conducirla, era de los condes de Velocasino, por lo que los monjes, á falta de descendientes de esta noble casa, heredaron sus pingües estados en tiempo de Ludovico el Craso. No se puede fijar con certeza la antigüedad de esta bandera ni su costumbre de llevarla á campaña. Llamábase Flámula por su color encendido, y otros la denominaban Auri/lama por estar bordada de oro, y era tenida en gran fama en los combates.

Ahora vamos á tratar de la real tumba de los reyes cristianisimos, consultando la brevedad.

En el primer sepulcro estaba depositado el real cadáver del rey Dagoberto I, fundador de esta insigne Abadia, cuyo mausoleo era magnifico , y en el tambien reposaba la reina Natilda, su esposa.

En otra urna dormia en paz el rey Clodoveo II, hijo de los anteriores, llamado el Chelis, por haberse criado en esta Abadia. Ocupó en su dia el trono de Francia, y fué mayordomo mayor de Cárlos Martel y gobernador del reino.

Estos eran del linaje de los Merobingios. El tercer panteon le ocupaba el famoso Cárlos Martel, célebre capitan, en cuyo epitafio se leia:

u Carolas Martelus Rex.n

El tercer sepulcro le ocupa el rey Pipino, su hijo, padre de Garlo-Magno, varon insigne en paz y en guerra: en él tambien descansaban los restos de su esposa Belta, hija del emperador de Constantinopla.

En la cuarta tumba dormia el rey Cárlos el Calvo, hijo de Ludovico Pio, la cual estaba situada en el coro, y sobre ella una estátua de metal vestida con el traje imperial, ceñida con corona régia, y en el epitafio se leia:

Imperio Carolus Calvus, regnoque potitus Galorum iacet hcec sub brevitati situs.

En el quinto sepulcro descansaban los restos mortales de Carolomano, hijo del anterior. En la quinta tumba estaba sepultado Luis el Inútil, que fué privado del reino, y se cree tomó la cogulla en San Dionisio.

Estos pertenecian á la estirpe de los Carolingios.

El sesto mausoleo le ocupaba el cadáver de Otto, duque de Orleans, conde de Paris, abad de San Gorman , tutor de Cárlos el Simple: murió en el año 899.

En el sétimo sepulcro estaban depositadas las cenizas de Roberto, hermano de Otto. Siendo ungido rey de Francia, lo venció el legitimo heredero del trono, que era Cárlos el Simple, el cual falleció el año 922.

La octava urna pertenecia á Hugo el Grande, conde de Paris, abad de San German, hijo de Roberto, casado con la hermana de Oton I, padre de Hugo Capeto: murió el año 945.

En la nona tumba descansaban los despojos mortales de Hugo Capeto, conde de Paris, abad de San German, elegido rey por el voto de los grandes.

En el décimo sepulcro estaban colocados los huesos de Roberto, su hijo, llamado el Piadoso. En el undécimo panteon reposaba Enrique I, su hijo, que le sucedió en el trono el año de 1030 y murió en el de 1060.

En el crucero de la capilla mayor, debajo del altar de San Dionisio , en una especie de confesion, se veia la urna preciosisima de plata que encerraba las benditas reliquias del glorioso San Luis, rey de Francia.

En la duodécima tumba esperaba la resurreccion el rey Filipo III, hijo de D. Luis el Santo, que murió en 1285. Este tuvo un hijo que falleció muy jóven y se llamó Ludovico, el cual fué sepultado tambien en esta.real casa.

En la décimatercia urna descansaba en paz Felipe IV, denominado el Hermoso, y muerta su esposa, gobernó este el reino de Navarra: fué principe magnánimo y belicoso: murió en 1314.

En el décimocuarto sepulcro yacia Ludovico X, por sobrenombre Utino, hijo de Felipe y de Juana de Navarra, que se enterró en esta abadia en 1316.

En la décimaquinta tumba reposaba Felipe V, por sobrenombre el Largo, que sucedió en el reino á su hermano Ludovico Utino: murió en 1321.

En el décimosesto mausoleo estaba depositado Carolo IV, apellidado el Hermoso: murió en 1328, mandando en su real disposicion le sepultasen en esta real aDaciia.

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