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justa imposicion de las penas que establece ; mas previniendo el art. 173 de esta , que si la infraccion fuere tal que entre la pena pecuniaria y el resarcimiento del daño, no excede de la cantidad de 45 rs., determine verbalmente la denuncia el juez ante quien se haya propuesto, y que pasando de dicha cantidad, entienda en aquella el de primera instancia; es visto que en la mayor parte de los casos no pueden intervenir los alcaldes en el conocimiento de estos expedientes, porque muy pocos seran los que tengan por objeto solo la imposicion de tan pequeña suma. Mas sin embargo, para la acertada resolucion de los que pueden ocurrir , es conveniente indicar las penas que la ordenanza señala por cada contravencion.

Dividense para este efecto los árboles en dos clases. La primera comprende los robles, encinas, hayas, olmos, fresnos, alorces, castaños, nogales, pinos, pinabetes y otros semejantes : la segunda los alisos, tilos, álamos blancos, sauces y demás no señalados en la primera clase. Si los árboles de esta lienen ocho pulgadas y media de circunferencia, la multa es de 6 rs. y se aumenta á rązon de 2 rs. por pulgada. Si los árboles son de la segunda clase, la multa es de 4 rs. por los de igual número de pulgadas, aumentándose un real por cada una : la circunferencia se mide á tres cuartas de vara del suelo. Si se han llevado los árboles ó los han labrado, se hace esta medida por el tocon que haya quedado : si este luere arrancado, se calcula la circunferencia en un quinto mas de lo que resulte midiendo las cuatro caras de lo labrado; y si no existe el árbol ni el tocon, se gradúa su grueso por los indicios ó luces que dieren las diligencias de la denuncia (1).

El que descepa , descorteza ó mutila árboles, de modo que los inutilice, incurre en igual pena que si los hubiese cortado por el pié; y lo mismo el que se lleva furtivamente árboles caidos ó detenidos por haber sido cortados en contravencion (2).

En todos los casos de roho de maderas, leñas ú otros productos de los montes, ha de condenarse además á la restitucion de los objetos sustraidos ó su valor , á la indemnizacion de daños y perjuicios , y á la pérdida de las herramientas ó instrumentos con que se hayan hecho las cortas (3).

Los dueños de animales cogidos de dia en contravencion, incurren en una multa de 3 rs. por cerdo, 4 por cabeza lanar, 10 por cabeza caballar, asnal ó mular , 14 por cada cabra, y 16 por cada res vacuna: si el monte tuviere menos de diez años, son dobles estas penas; y siempre es responsable el contraventor al resarcimiento de daños. En caso de reincidencia son dobles las multas, y se entiende que la hay, si dentro del año anterior ha sufrido el denunciado otro juicio por contravencion ó delito. Tambien se incorre en doble pena, si este se ha cometido de noche, ó si los delincuentes se

(1) Arts. 186 F 187 id,
(2) Arts. 188 189.
(3) Art. 190.

han valido de sierra ó algun artificio que no cause ruido para cortar los árboles ( 1 ).

La estimacion de los daños no puede ser menor que el importe de la multa que se impusiere: la cantidad del resarcimiento corresponde al fondo á que pertenezca el monte, y las multas y herramienlas se destinan al misino objeto que todas las

nientas a esta clase 2 is de los duemitidos bajo la

Las denuncias ó quejas de los dueños particulares de montes que 'no estuvieren admitidos bajo la guarda y defensa de la direccion general, deben seguirse ante las autoridades y en la forma establecida para los demás delitos y daños de campo. Por consiguiente si el importe de la multa y del resarcimiento no pasa de 200 rs., corresponde la decision del asunto en juicio verbal al alcalde del pueblo, segun lo prevenido por punto general respecto de los límites hasta donde alcanzan las facultades de esta autoridad; y si excede de dicha suma, al juez de primera instancia del partido. Pero la imposicion de las 'multas debe aun en estos casos hacerse con arreglo á lo dispuesto en la ordenanza(3).

Si los montes de dominio particular estuvieren puestos bajo la defensa y custodia de la direccion general, entonces las denuncias se siguen como si aquellos perteneciesen al comun (4

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CAPITULO IX. 11!} *9, "De la cria del ganado lanar. 13

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cesiva aos 103 de pollasa coacen derecho

La ganadería és uno de los mas importantes ramos de la riqueza pública, ya se, considere como auxiliar de la agricultura, ya como recurso abundante de subsistencia , é ya, por último como ele- , mento poderoso de la industria y del comercio. Ob tuvo en un tiempo tan excesiva proteccion, del gobierno, que le fueron concedidos los privilegios mas exhorbitantes, á costa del derecho de propiedad, y con menoscabo de los intereses agrícolas. Y como si ambas industrias fuesen rivales, y no pudiese prosperar la pecuaria, sino alimentada con las usurpaciones hechas al agricultor, rigió por siglos una legislacion errónea é injusta, que comprimió no solo el desarrollo y fomento de la agricultura , sino aun la prosperidad de la misma ganaderia, que se intentaba alentar con el equivocado sistema de privilegios y restricciones.

Mas cundieron por fortuna las buenas máximas que comenzaron á ilustrar á los pueblos a fines del pasado siglo, y triunfaron del espiritu de rutina, que por tanto tiempo y con daño de la prosperidad del estado, se hallaba tan arraigado en nuestro gobierno. El libre cultivo de las tierras, su cerramiento, el disfrute de los pastos, en 'uso del derecho de propiedad, y la derogacion de las prohibiciones y restricciones sobre la cría, extraccion, in

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troduccion y comercio de ganados, han fijado pues la prudente libertad en que consiste la mayor proteccion de esta clase de industria..

.! «La ganadería (dice la real instruccion de 1833 repetidamente citada) debe formar una sola profesion con la labrạnza , pues que esta es la que pucde asegurar á los ganados yerbas frescas en el verano, y forrajes sanos en el invierno”; y en efecto ya estan hermanados esos dos ramos. pingües, de la riqueza natural, y la experiencia demuestra que lejos de hostilizarse, prosperan mutuamente protegidos. . , ,

..

ime Han cesado , pues, la mayor parte de las concesiones dispensadas a la asociacion de ganaderos que con el modesto nombre de honrado concejo de la Mesta, habia hecho tributarias de sus ganados hasta las tierras destinadas al cultivo de los frutos mas necesarios al alimento del hombre. Han cesado tambien las trabas, que a pretexto de alentar y propagar la industria pecuaria, se habian impues-, to á los nismos ganaderos, con notable perjuicio, de sus propios intereses : y han cesado por último los privilegios, exclusivos dispensados a aquella aso-, ciacion, y los reglamentos que vejahan sin utilidad pública, a los labradores y aun á los mismos ganaderos.

Como consecuencia, necesaria de estos, huenos principios, se ha declarado (1), que la idea de agremjar toda la ganadería sería tan antieconómi

( 1.). En real orden de 14 de mayo de 1836.

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