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«ion que á esto hizu el rey de Francia, coligado con el de Inglaterra, sin embargo de las paces que habia ajustado con él bajo condiciones poco favorables, se habia visto precisado á venir a Castilla sin pasar á Valencia, y seguir á Santiago, á fin de prevenir lo necesario para ir personalmente á Inglaterra por estorbar esta liga. Espresaba que en Burgos le alcanzó el embajador de Francia, amenazándole que, si no daba en rehenes personas, villas y ciudades, asi en Castilla como en Flandes, para seguridad de la paz , y de entregar el reino de Navarra á D. Enrique de Laurid, rompia con la guerra: todo lo cual le hizo acelerar su marcha, dejando, á suplicacion del reino, el gobierno de España al cardenal de Tortosa: como en efecto se verificó su partida de la Coruña en domingo á 22 de mayo de 1522, y en sábado siguiente, vispera de Pentecostés, llegó á hablas, en Inglaterra. S gue contando cuanto le sucedió en este reino y en Flandes, con los demás acontecimientos de Navarra é Italia hasta que volvió á España, desembarcando en Santander á 17 de julio; despues de lo cual relaciona lo que habia hecho para sosegar á Castilla, y cómo habia visitado por si mismo las cnancillerias y tribunales, dispuesto la paga de la gente de armas, provisto los obispados vacantes y el empleo de inquisidor general. A esto se siguió el proponer al reino las causas por que unido con el Pontifice estaba determinado á hacer la guerra al turco, y pedia, por consiguiente, que le ayudase para ella con sus servicios.

Estos no se determinaron hasta ser acordadas las peticiones de los procuradores, que decian que por no haberse hecho asi anteriormente, se habian producido las alteraciones del reino. Sin embargo, quedaron sin resolver los tres puntos de que se habló en dicho dia 13 de este mes; pero se arregló la Casa-Real, que es una de las cosas mas curiosas que contienen estas actas.

Día 24,

Despues que se verificó el casamiento de la princesa .doña Isabel, hija del rey D. Enrique IV de Castilla, con «1 infante de Aragon D. Fernando, fué reconocida generalmente por legitima heredera y sucesora en aquellos Estados, sobre cuyo asunto son bien notorios en ta historia ios partidos que hubo entre los grandes y poderosos det reino. El condado de Vizcaya y sus villas no fueron lo« mas perezosos en prestar este reconocimiento y jurar á la princesa doña Isabel, la cual, reconocida á este mérito, lo recompensó, no solo confirmando y dando nuevo valor á los fueros generales de Vizcaya, sino tambien á los particulares de cada pueblo. La confirmacion que hizo de ellos á la villa de Bilbao, estando en su villa de Aranda á 14 de octubre de 1473, relaciona todo lo que dejamos espuesto.

Doña Isabel usa en esta escritura de los titulos de princesa de Asturias, legitima heredera y sucesora de los reyes de Castilla y Leon, reina de Sicilia y princesa de Aragon- que eran los que le correspondian por si y por su marido D. Fernando en aquel ano.

Espresaba tambien que se presentó á hacer esta súplica en nombre del concejo y moradores de Bilbao, Lope de Quincoces, vecino de ella, y que, despues de haber confirmado sus fueros, franquezas y costumbres estensamente, hizo pleito homenaje, segun estilo de España, en manos de Gomez Manrique, caballero y hombre hidalgo, de hacer valer esta confirmacion mientras fuese princesa, y de ratificarla de nuevo siendo reina; prometiendo tambien, al mismo tiempo, que reintegraria á la corona real lo que su padre D. Enrique habia enagenado de ella, como asimismo cuanto se habia desmembrado de los pueblos pertenecientes al condado de Vizcaya, sus tierras llanas y Encartaciones. Autorizaban toda esta escritura su secretario Alonso de Avila y algunos caballeros y letrados de su casa y consejo, que eran: Gonzalo Chacon, Gomez Manrique, arcediano de Toledo, Diego de Rivera, Alvaro Sanchez, el pronotario Gutierrez, el licenciado Luis de Mesa, el doctor Nuño y el licenciado Pedro, registrándola Juan de Medina.

Luego que llegaron á coronarse, doña Isabel cumplió el juramento y promesa que habia hecho, y hallándose en la ciudad de Santo Domingo de la Calzada, en este dia 24 de agosto de 1483, ratificó todo lo que llevamos dicho, dirigiendo la cédula real para su cumplimiento á su hijo el principe D. Juan y á los demás que es estilo. Firmó la reina de su mano esta ratificacion, la cual escribió Diego de Santander, su secretario, y la registró el doctor Pedro de Malluenda, canciller. Los titulos de la reina tenian este órden: reina de Castilla, Aragon, Sicilia, Toledo, Valencia, Galicia, Mallorcas, Sevilla, Cerdeña, Córdoba, Córcega, Murcia, Jaen, Algeciras, Gibraltar, condesa de Barcelona, señora de Vizcaya y Molina, duquesa de Atenas y Neopatria, condesa de Rosellon y Cerdeña, y marquesa de Oristan y Gociano. No firma el rey D. Fernando, conforme habia sido convenido en las cartas nupciales por el reino.

Primer sitio de Tarragona.

En estedia del año 1641 fué socorrida la ciudad rie Tarragona en el grande apuro en que se encontraba, porque, habiendo los catalanes fortificado á Lérida, trataron de poner sitio sobre Tarragona; luciéronse señores del paso del Coll de Balaguer; fuéronse atrincherando despacio, y por mar llegó el arzobispo de Burdeos con poderosa armada, con la cual, animados los de la tierra, fueron apretando el sitio de modo que la demasiada observancia y fidelidad española soportó grandisimos trabajos y hambre, tanto que, asi dentro de Tarragona como fuera, se murmuraba malamente del que gobernaba aquella plaza; pero con esperanzas de socorro por mar, sufrieron hasta comer animales inmundos, como dicen las histerias. Este socorro se encomendó en efecto al duque de Fernandina, que, ayudado del duque de Maqueda, á cuyo mando iban los bajeles que lo conducian, hizo que la armada francesa abandonase el mar.

En igual dia del año 1358 fué bautizado en la villa de Epila, en Aragon, el rey D. Juan I de Castilla, hijo de D. Enrique II y de doña Juana Manuel.

En el espresado dia del año 1404 presidió el infante D. Fernando la primera asamblea de la órden militar de las Azucenas ó Lirios, que él mismo habia fundado.

En el mencionado dia del año 1504, despues que el Gran Capitan hubo dado algunas batallas á los franceses, y en la Cerinola casi destrozado el campo, sitió á Gaeta, la que tomó despues y todo el reino de Nápoles. Prendió al duque Valentin, enviándole á España, con sentimiento del rey de Francia.

Segundo sitio de Tarragona en 1644.

Sucedió, pues, que entre uno de los tratados que el rey de Francia habia estipulado con los catalanes, cuantio

negaron la obediencia á Felipe IV, fué el que desalojaria ú loa españoles de todas las plazas fuertes que ocupaban en el principado, en el término de cuatro años, y asi lo procuró con todo esfuerzo y veras. Bien se vió en lo mucho que se arriesgaron en lo de Rosellon, y en el poco ó mucho descuido de algunos ministros españoles en la asistencia. No le resultó asi á los franceses y catalanes en el segundo sitio que pusieron á Tarragona, pues el enemigo apareció sobre ella con siete mil infantes y quinientos caballos, tomando puesto detrás de las Horcas Viejas. El general La Mota no llegó á tiempo con sus numerosas tropas, por lo que sentó sus real«s enfrente de la Magdalena; y esperimentando el daño que el ejército español le hacia desde el castillo, le puso una bateria de seis piezas, por lo que se retiraron los defensores de la torre, dejándole puesta pólvora para volarla, como se verificó. El 19 de agosto empezó con siete piezas á batir la trinchera que estaba al molino. El 22 acometió la brecha, retirándose con pérdida. A las seis de la Urde intenté el mismo asalto, que duró dos horas, y con muchas bajas volvió á retirarse. Llovió mucho en esta noche, y los españoles salieron á las cuatro de la mañana á hacer surtido: iba á la cabeza de ellos el cabo D. Diego Correa. Estas fuerzas consistian en trescientos infantes, dos compañias de caballos y alguna artilleria, las cuales, hallando a los franceses descuidados, pasaron á muchos ácuchillo, entre ellos al general que mandaba las brigadas de artilleria, clavándoles además cinco piezas, y por falta de instrumentos no les causaron mayor daño. Fué de importancia el despojo que retiraron de mosquetes, armas y vestuarios. A vista y por medio de la armada francesa entraron dis bergantines y desembarcaron en la marina con mas de doscientos hombres despachados por el duque de Arcos, virey de Valencia, dando un buen resultado. Y este dia 24 el enemigo dispuso toda la armada para que á un tiempo se batiese por todas partes: fué un dia horroroso, digno de consignarse: duró el fuego desde las tres de la mañana hasta las siete de la tarde. A esta hora con barcos longos desembarcó mucha gente y sa dió asalto, de modo que con grande órden se retiraron los españoles, quedando el enemigo dueño de la marina; pero tan á su costa, que murieron mas de quinientos' nombres. De los españoles fué menor la pérdida. Durante la noche ganaron los contrarios la torre del Muelle.

El cabo, sin disparar un tiro, puso la bateria al fuerte Utulado de Mascareñas, y en la pared de la viña del convento de San Francisco derribó tan gran pedazo, que se podia subir á pie llano. El general La Mota envistió la brecha con dos mil infantes, toda gente escogida, y entraron en el foso; mas fueron tantas las balas y fuegos, que se retiraron desordenados con pérdida de seiscientos soldados, dejando el foso lleno de cadáveres y armas. La brecha ofrecia mucho cuidado al gobernador; mas un paisano se comprometió á conducir gente á donde se encontraria fagina, no muy lejos, para cerrar la brecha; y confiándosela, se trajeron quince mil cargas de espadaña muy á propósito para el intento. Cuanto el enemigo batia con sus cañones, amanecia al dia siguiente mejor fortificado, pues la lealtad de los tarraconenses llegaba hasta el punto de que las :«ñoras rivalizasen para ir á trabajar, siendo tanto su entusiasmo, que una mujer que venia cargada con una espuerta de enorme peso á las trincheras, se la arrebató una bala, y con ánimo inaudito la levantó del suelo á la larga distancia que se la habia arrojado, y volviéndola á llenar, la condujo y prosiguió su trabajo. En este ejercicio tan arriesgado perecieron dos niños y una niña, que tambien trabajaban entre las continuas balas y bombas que caian en la ciudad, causando otras desgracias y la ruina de varios edificios.

En el mencionado dia del año 1379, se concedió en Castilla el primer ducado que fué el de Benavente, cuya merced espidió el rey D. Enrique II. Asi consta en las Tablas del P. Claudio Clemente.

Día 25.

Ignórase hasta ahora, segun indica D. Nicolás Antonio en su Biblioteca antigua, quién fuese la persona que, por encargo del cardenal de Valencia D. Jaime, tradujo en lengua de aquel pais el Valerio Máximo. La casualidad de haberse visto el ejemplar de esta traduccion, remitida por el mencionado cardenal á los conselleresde la ciudad de Barcelona con carta lamas espresiva, nos ha sacado absolutamente de esta duda. En el prólogo de esta traduccion consta que la hizo un religioso dominico llamado Fr. Antonio de Canais, licenciado en teologia y catedrático de lectura en la catedral de vatencia,

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