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terales, que espresan al patriarca San Benito y á su hermana la virgen Santa Escolástica, y en el de enfrente á la insigne Santa Gertrudis la Magna, señalándole Josns con el dedo en el corazon, como tabernáculo suyo. Claudio Coello se conoce tuvo empeño en distinguirse con sus escelentes obras en la iglesia de este monasterio, porque su pincel sublime se hizo tambien estensivo á las pinturas del arco de la capilla del Santo Sepulcro. Los frescos que hay dentro de ella fueron ejecutados por los artistas Rizi y Cabezalero, y aun algo tambien por Francisco Perez Sierra; la figura de talla de Jesus difunto en el sepulcro es obra de inestimable valor por su escultura. Las pechinas de la cúpula, que se fingen bronceadas, son tambien de Rizi, como asimismo la Concepcion en la bóveda del presbiterio. Don Manuel Pereira hizo las cuatro estátuas de los pilares de la cúpula, que figuran á los arzobispos San Ildefonso, San Anselmo de Cantorbery y San Braulio y al melifluo abad San Bernardo. Hay oiros cuadros muy buenos de D. Diego Velazquez y varias copias de Ticiano, cuyos originales estan en el Escorial. Sobre las puertas de la iglesia y de la porteria hay dos relieves muy buenos acerca de la historia del misterio de la Anunciacion, y se ven tambien los escudos de armas de la caía del patrono, que lo son los condesde Atares. Nuestros lectores querrán que les digamos algo acerca del reloj, objeto hoy de una nueva pieza dramática, que sentimos por cierto que se haya puesto en escena, porque la santidad de un monasterio lo rehusa. Empero no afecta nada á la observancia de esta casa, toda vez que el jóven poeta Sr. Serra lo ha tratado bien, y ha hecho realzar la virtud monástica. Le felicitamos por ello, y hubiera sido de desear que hubiese tenido presente que es dudoso el hecho, y para nosotros más, porque le omiten los cronistas modernos, y el ilustrado Rmo. P. Sarmiento casi le tenia por conseja. Mas nosotros hemos sabido que se formó espediente acerca de ello: luego hubo algo. Otro escritor contemporáneo, que no queremos decir su nombre, habló de este asunto con demasiada licencia. Los hombres, por elevada que sea su gerarquia, no estan exentos de pasiones, y las pruebas en el cláustro, lejos de eclipsar Pus glorias, son coronas floridas que adornan á la virtud religiosa. De modo que, cuantas veces se tome la pluma para tratar del reloj de San Placi

áo, no verémos otra cosa, sino que la cogulla triunfó de la diadema. Pero antes nos permitirán nuestros lectores que tratemos de las religiosas que poblaron esta nueva Sion. Dicen que alguna de las fundadoras vino del monasterio de la Vega de la Serrana y de otras casas religiosas de la órden de San Benito, con otra religiosa cisterciense, para establacer aqui el instituto monacal con sujecion á los monges, de los que elegia la señora abadesa dos vicarios, que eran dos padres de carrera, en la religion benedictina: y efectivamente, han tenido hombres eminentes y varones de consejo: la brevedad no permite mencionarlos; San Martin de Madrid, Valbanera de Matute, San Millan de la Cogulla, San Pedro de Ordeña, San Julian de Samos, San Estéban de Rivas de Sil, San Vicente de Salamanca, Monserrat de Cataluña, San Pedro de Tenorio, Santa Maria la Real de Nájera,,el Espino de Santa Gadea, Santo Domingo de Silos, Sahagun, Valladolid, Sevilla y otros monasterios, en que está cifrada la historia dñ nuestra nacion, han facilitado sus prelados para vicarios de esta casa: baste en su elogio,

La ilustre matrona doña Teresa Valle de la Cerda vió •coronadas sus esperanzas, despues de una contradiccion abierta, merced á Felipe IV y al arzobispo de Santiago; tomando pnsesion solemne del nuevo monasterio de la Encarnacion Benedictina (vulgo San Plácido), á 12 de mayo de 1624; vistiéndole la cogulla las religiosas fundadoras, cuyo velo le bendijo de pontifical el Reverendiíimo abad de San Martin, cura de la parroquia. Nuestra fundadora fué elegida abadesa de esta casa, al frente de veinte y dos religiosas, bendiciéndose el templo «n el dia del glorioso San Roque; motivo por el que hay en este monasterio tanta devocion con el santo que da nombre á la calle, y en su esquina habia una pintura con la imágen del santo. Luego que la mencionada fundadora vió constituida su comunidad, ofreció el velo á su hermana doña Juana, la que lo aceptó gustosa, viviendo en ¡a mas perfecta observancia. Ahora vamos á la historia del reloj; no respondemos de su veracidad, ya lo advertimos.

Dicese que rondaban el monasterio dos.nobles vestidos 4 la usanza de entonces, y que las religiosas lo observaron, y la prelada, que era señora advertida, descuono a Felipe IV con su caballerizo D. Gaspar de Guzman, conde de Olivares; y que entonces mandó á llamar á su sobrino D. Gerónimo Luis de la Cerda y Villanueva, caballero del órden de Calatrava, á quien manifestó sus temores por su hermana. El noble calatravo se puso en acecho, y por las lámparas que ardian delante de la imágen de San Roque, en la oscuridad de la noche conoció al rey y al conde, sin ser visto de ellos, por estar oculto en laporteria. Y añaden que, decidido el rey á entrar en el monasterio, tuvo aviso secreto la prelada, quien lo notició á su sobrino, y este á la reina Isabel de Borbon, la que mandó al aposentador mayor de su real palacio, Pedro de Yelmo, bajo su mas estrecha responsabilidad (si se descubria), que adornase el interior del convento de San Plácido, como si se fuese á recibir alli á su régia persona. El aposentador asi lo hizo: entapizó los tránsitos, cubriendo de alfombras el suelo; colgó cornucopias en diferentes partes, y envió la litera con lacayos. Era la media noche, y el rey con su caballerizo se dirigió al monasterio, donde ya habia remitido un billete á doña Juana dela Cerda, y mandado le facilitase á toda costa las llaves de alguna de las puertas de la clausura, eligiendo la mas reservada, siendo la de la principal la que se remitió al conde, quien ya sospechaba algun encuentro desagradable. Llegaron á la porteria, abrieron, y penetrando al interior, descubrieron aquel aparato. Entonces el conde D. Gaspar de Guzman tiró del estoque para defender al rey; empero á nadie hallaron : siguieron sin hablar, maravilla ios de lo que veian. Felipe IV conoció que habia sido descubierto, y en su mismo palacio, recelándose hasta de su acompañado. Guiados por las luces, fueron á parar al coro bajo, en la capilla del Santo Sepulcro, donde vieron unas andas y en ellas tendida una religiosa amortajada, rodeada de cuatro cirios: se acercó el conde de Olivares, y vió que era doña Juana, ya cadáver: miró al rey, y el monarca cayó en sus brazos sin sentido. El comendador D. Pedro se presentó entonces con su tia y los silleteros, que recogieron al rey y le condujeron c.>n silencio el alcázar, trabándose palabras signiiicativus entre D. Gaspar de Guzman y D. Pedro de la Cerda. Salieron del monasterio, siguiendo ambos á la litera hasta palacio, donde se despidieron el comendador y el conde.

Nosotros no vemos en esta narracion, por'mas invenisí-' 'ni que sea, el mas pequeño menoscabo para el monasterio ni para la religiosa: al contrario, vemos en la prelada fundadora, si cierto fuese el hecho, que colocó á la puerta de su incipiente monasterio el procul esto profani, que ponian los gentiles á ia entrada de sus templos: sálganse de aqui los profanos. Que en la religiosa tendida en el lecho mortuorio figuró á Palas y Minerva armadas, y las flores que ceñian su frente eran la celada airosa, en la cual estaba pintada la esfinge; y aquel aparato fúnebre era la cabeza horrorosa de Medusa, rodeada de culebras, para impedir que alli se acercasen; cual otra Diana, á quien tambien los poetas hacen virgen, figurándola montaraz y silvática, rindiendo con sus flechas álas fieras, rodeada de virgenes, que, si faltaban á la votada pureza, atadas á los troncos perdian la vida al filo de sus saetas. Todo esto podia simbolizar la venerable religiosa tendida en aquellas andas, asemejando un cadáver para el siglo, tal vez desencajado su rostro, y acaso muerta, como se dice, pero hermosa como los tabernáculos de Cedár y las pieles ó mantas zabelinas de Salomon, porque fué fiel en el cumplimiento Je sus votos. Acaso amaneció para ella la aurora y cesó la lucha y la fatiga, porque, consumando en breve, cumplió mucho tiempo.

Decimos todo esto por la oposicion que hay á hablar de este acontecimiento, que, aun cuando no sea veridico, siempre aparece como una de las áuras envidiables y deliciosas de este monasterio. El reloj que hay en la torre, efectivamente, en cada cuarto de hora sus campanas asemejan á un clamor fúnebre. Y es tradicion que, habiéndole presentado el licenciado D. Francisco de Contreras casualmente al rey una esposicion de la abadesa y religiosas de San Plácido, pidiendo limosna para construir un reloj, Felipe IV se estremeció recordando lo ocurrido, y mandó que esta máquina se hiciese á sus reales espensas; pero con la condicion de que el artifice le construyese de este modo, que en cada cuarto de hora doblase como en sufragio de una ánima. Otros dicen, y acaso sea asi, que, agradecido el monasterioá su madre y fundadora, colocó este reloj con la misma circunstancia del clamor, para que las religiosas la recordasen y rogaran á Dios por ella. Lo que hay mas de cierto es, que los alcaldes de casa v córte D. Sebastian Carvajal, D. Antonio Chamacero y el licenciado Pedro Vaez formaron espediente sobre la construccion del reloj, y esto por aiguna cosa fué: el motivo seguro no lo sabemos. Este espediente existió en el archivo de Castilla: hoy lo ignoramos, y hubiéramos deseado verlo.

En la bóveda del convento se nota marcada la sepultura de la fundadora y de su hermana, que fueron religiosas escelentes y gozan de buena opinion entre las religiosas de esta casa. El patronato está como casi todos los de esta clase, con cortas escepciones, porque faltan las rentas y el cumplimiento de las memorias. Hasta aqui las noticias que sabemos del monasterio de la Encarnacion Benedictina, vulgo de San Plácido.

Dia 23.

Por no haber podido adquirir, ó por lo menos ver las acias de las Córtes celebradas en Castilla y Leon, como no hemos logrado reconocer los procesos de las que tuvieron en sus Estados los reyes de Aragon, no se podrán ilustrar como deben leyes y ordenanzas que en ellas se promulgaron. No sucede asi con las Córtes de Valladolid de 1523, y de cuya conclusion, verificada en el año inmediato, hemos hablado ya en el dia 13 de este mes. Ahora, pues, con lo que nos dicen las actas de su llamamiento y p imeras sesiones, decimos que se principiaron el dia 10 de julio de 1523, y se concluyeron en este dia 23 de agosto. Las juntas generales se tuvieron en la sala capitular del monasterio de San Pablo, que estaba, y acaso todavia, en su cláustro, siendo presidente asistente y Nitrado de Córtes los mismos que dijimos en el dia citado; pero la proposicion se hizo en nombre de S. M.'C. por el comendador Francisco de los Cobos, su secretario, el martes 14 de julio en la sala de las casas de D. Bernardino Pimentel, que estaban en la Carrera de San Pablo, y en donde se hospedaba el emperador. Hallóse este presente, las personas nombradas, su camarero el conde de Nassau y los procuradores, notándose que se suscitó la cuestion de preferencia entre Búrgos y Toledo. En la proposicion hizo el rey presente lo que habia sentido las alteraciones de los llumado., Comuneros: espuso la causa por que con acuerdo no habia venido inmediatamente á Castilla , haciéndose jurar primero en Aragon y Cataluña, en cuya capital, estando en Córtes, llegó la nueva de haber sido electo emperador de romanos; pero por la oposi

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