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tura, recompensándoles ampliamente la docilidad y buena voluntad de los alumnos por el trabajo que se tomaban en instruirlos y domesticarlos.

Atraidos por la fama de la poblacion nueva, bajaron á verla algunos naturales del Coban, en cuya ocasion mandó Las Casas llamar á la ciudad de Santiago de los Caballeros al Padre Fray Luis Cáncer, quien obedeció gustoso, y poco despues de su llegada á Rabinal se internó desde luego por las tierras del Coban donde los indios le acogieron con la mejor voluntad. Viendo los Padres el buen éxito de sus afanes y los excelentes frutos de sus labores, se dedicaron entonces exclusivamente á aprender la lengua de aquella tierra, lo que consiguieron en breve tiempo. Contando el pueblo de Rabinal ya más de quinientos habitantes indios cristianos y gentiles, le pareció oportuno á Las Casas volverse á Guatemala para conferenciar con el obispo y con el adelantado D. Pedro de Alvarado.

CAPÍTULO VIL

El cacique D.Juan va á Guatemala. —Es presentado a Pedro de Alvarado.

— Obsequios que recibe. —Necesidad de mas frailes. — Comisionan ú Las Casas para volver á España.—Cartas reales para varios caciques. —Franciscanos y dominicos destinados a América. — Llegan los franciscanos áVeracruz. —Muere Pedro de Alvarado. — Escribe Las Casas su libro La destruccion de las Indias. — Estruendo que sus revelaciones causaron en el mundo.—Algunos extractos.— Lo que dice de la Española.—Descripcion de las matanzas.—Cómo trataban los españoles & los caciques. — Guarionex, rey de Cibao. — Hignei, en la Española.— Bestias de carga. — En Jamaica y en San Juan. — Lo acontecido en Cuba.—Cierto gobernador. —Algo de lo qne pasó en Nueva España.— l'n capitan español comparándose á Neron. — Horrores en Venezuela.

— Bastan ya los citados episodios.

Siendo entonces el objeto principal de Las Casas el poder continuar la gran obra de la conversion de aquellos indios sin estorbo ni intervencion extraña, trató de cerciorarse muy positivamente si le sería guardada la solemne promesa que le habia sido dada por escrito de que no entrarian españoles en el territorio, teatro de sus nobles afanes. Al efecto, para presentar una prueba viva del triunfo que habia alcanzado siguiendo el sistemade persuasion, suavidad y blandura, en vez del sistema de guerra y exterminio, llevó consigo á Guatemala al cacique D. Juan, que habia desde el principio bautizado.

En Guatemala se fué Las Casas con D. Juan al convento dominico, y en cuanto supo su llegada el obispo D. Francisco Marroquin fué al punto á verlos. Tambien el cacique indio fué presentado al adelantado D. Pedro de Alvarado, quedando éste muy satisfecho de la dignidad, modestia y simpatía de D. Juan; y queriendo en aquel mismo instante hacerle algun obsequio, no se le ocurrió otra cosa que ponerle en la cabeza el sombrero de tafetan colorado y con plumas que llevaba, accion que dejó al cacique en extremo satisfecho y honrado. No contentos con estas señales de amistad el obispo y el adelantado, llevaron al cacique por las calles de la ciudad, habiéndose dado orden á los mercaderes que hiciesen muestra de sus mejores géneros y mercancías con objeto de atraer la atencion de D. Juan y encargándoles de ofrecerle cualquier objeto que pareciese ser de su agrado.

El cacique, sin embargo, contra lo que todos esperaban, se mostró sereno, grave é indiferente á todo lo que veia, ménos á una imagen de Nuestra Señora á la cual dió muestras de aficionarse. Visto esto por el obispo, le declaró la significacion de la imagen, y mandándola descolgar rogóle á D. Juan que la llevase consigo. Recibióla arrodillado y la entregó ¡ i un indio principal para que la llevase con el mayor acatamiento. Regaláronse varias chucherías á los indios que habían venido acompañando al cacique, y se les llenó de satisfaccion y alegría con dádivas de machetes, sombreros, espejos, agujas y cascabeles. Volviéron los indios á su tierra y con ellos el padre fray Rodrigo de Ladrada y Las Casas, para continuar con más fervor que nunca la conversion de aquella provincia.

En esta coyuntura el obispo D. Francisco Marroquin, convencido de que habia falta de sacerdotes en la provincia, expresó á los padres dominicos la intencion en que estaba de mandar á España por algunos frailes de las órdenes de Santo Domingo y San Francisco, pues los que habia no eran bastantes para todo lo que habia que hacer en aquella diócesi, especialmente desde la nueva ocupacion de la Tierra de Guerra. Tratóse de la eleccion de una persona de confianza que fuese la más á propósito para negociar en la corte, sacar provisiones, juntar el número de frailes necesario y aviarlos en Sevilla.

Debia tambien celebrarse un capitulo de la orden dominica en Méjico, resolviéndose entonces que Las Casas y Ladrada fuesen á España y que Luis Cancer y Pedro de Angulo asistiesen al capítulo de Méjico.

Fueron Las Casas y Ladrada á Rabinal y Coban. El cacique D. Juan se mostró pesaroso al saber que iban á España, pues recelaba que en su ausencia tuviese lugar un levantamiento de las tribus circunvecinas á quienes la conversion de D. Juan al cristianismo habia hecho del todo hostiles. Acompañó á los frailes el cacique hasta los límites del territorio de su jurisdiccion, y se despidió de ellos tierna y afectuosamente.

Celebróse el capítulo de dominicos en Méjico el dia 24.de Agosto de 1539, y acordó mandar á cuatro frailes y dos novicios á Guatemala, siendo nombrado Pedro de Angulo vicario del convento y confirmándose la orden para que Las Casas con Ladrada y además Luis Cancer fuesen á España.

Verificado el viaje, desplegó en la corte de Madrid Las Casas su acostumbrada actividad. Pruebas irrecusables de sus incansables diligencias fueron las muchas providencias expedidas por el gobierno á favor de los indios. Se escribieron cartas á nombre del rey para los caciques que habian auxiliado á los misioneros en la pacificacion de aquella gente, dándoles gracias por ello y animándolos á continuar. Los caciques á quienes se mandaron cartas régias fueron á Don Juan, gobernador del pueblo de Atitlan; á Don Jorge, principal del pueblo de Tecpanatitan; a D. Miguel, principal del pueblo de Zizicaztenan

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