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INTRODUCCION.

Nos proponemos en este pequeño libro describir la vida y hechos sobresalientes de uno de los varones más ilustres que España ha producido en el siglo xvr, y presentar algunas consideraciones respecto a la poderosa influencia que pudo ejercer en sus tiempos, y á la extraordinaria agitacion que supo promover en favor de una causa tan justa como desamparada: la causa de la proteccion y libertad de los indios; agitacion que continuó durante los siglos que nos separan de aquella época, y que subsiste aún en nuestros dias, si bien con ciertas y determinadas modificaciones y con distintos objetos y ramificaciones.

En la conviccion de que una investigacion concienzudamente conducida respecto a la vida, carácter y espíritu de Fray BARTOLOMÉ DE LAS Casas, aun cuando sea tan concisa como la presente, puede tener un interés de actualidad nada secundario para las Repúblicas de la América latina, y áun para España que les dió el sér y conserva provincias en el Nuevo mundo que ha descubierto, y un dilatado y riquísimo archipiélago en los mares de China, poblado de una privilegiada raza de indios asiáticos, no hemos titubeado en consagrar los pocos momentos de tranquilidad que otras atenciones nos permiten, á una tarea que nos ha ofrecido en combinacion los atractivos de un vivo y constante interés, los goces de un ameno estudio, y el no menos poderoso aliciente de prestar un servicio, siquiera muy modesto, á la literatura histórica de la América hispana, llamando nuevamente la atencion hácia un asunto que tanto le interesa.

No nos faltará ocasion de observar que los males de que con tan heróico arrojo, tan enérgica vehemencia y tan desconsoladora amargura se quejaba Las Casas, no eran nada exagerados por su celo ferviente; que consiguieron empañar en parte la gloria que adquiriera España en su portentoso descubrimiento y conquista de la América, y que en plena civilizacion del siglo xix están esos mismos males clamando por remedio en los dilatados territorios que fueron silenciosos testigos, tanto de las homéricas hazañas como de las sevicias ferinas de los conquistadores.

Podremos convencernos de que los excesos y crueldades que hacian derramar lágrimas de dolor y gritos de espanto é indignacion al virtuoso Las Casas, no dimanaban por cierto de los monarcas y gobiernos de España, siempre deseosos de proteger, amparar y defender á los desventurados indios.

Veremos constantes é irrefragables pruebas de la cariñosa solicitud de la metrópoli en favor de los indígenas del Nuevo mundo; y cesará de sorprendernos el que sus órdenes y disposiciones fuesen la mayor parte de las veces descuidadas ó desatendidas en la práctica, cuando consideremos la enorme distancia que separa á la madre patria de las que eran sus colonias; la larga y penosa navegacion que se hacía en aquellos tiempos, necesaria para salvarla; las excesivas dificultades y entorpecimientos en las comunicaciones terrestres por países erizados de serranías, cordilleras y bosques seculares; y finalmente, la falta de acierto en la eleccion de algunos gobernadores y de multitud de funcionarios subalternos, los cuales,

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devorados por la ambicion y la codicia insaciable de oro, salian.de España para tomar posesion de sus pingües destinos con todas las muestras y propósitos aparentes de gobernar las cosas de América segun les era encomendado y ordenado, pero, apenas llegaban á pisar el territorio del Nuevo mundo, se trasformaban en dominadores usureros, en prevaricadores escandalosos sedientos de riquezas y totalmente exentos de escrúpulos respecto á los medios de adquirirlas.

Esos males, aunque en diversa forma, subsisten en el dia , segun llevamos indicado; y esta circunstancia contribuye poderosamente á rodear á Las Casas y todo lo que á el concierne, de un interés tan vivo cuya actualidad es de todo punto evidente. Nos parece innegable que hoy mismo la raza indígena en América es una raza infeliz y perseguida. La legislacion de las Repúblicas latinas, dándoles derechos de ciudadanía y declarándolos al mismo nivel que á los descendientes de los españoles, no les ha suministrado al mismo tiempo los medios y elementos indispensables para que sus derechos políticos tengan para ellos una utilidad tangible y práctica, viniendo á ser, en consecuencia, tan solamente ciegos instrumentos para el desarrollo y triunfo de las pasiones polí

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ticas y de las mezquinas ambiciones que allí se agitan.

En esa misma República que se considera como un modelo de gobierno, sobre todo para los que la ven desde muy lejos, y jamás han vivido en ella ni han podido observar de cerca los grandes lunares que pueden descubrirse en su organismo político y social; en esa República poblada en su mayor parte por la raza anglo-sajona, por los puritanos, métodistas y anabaptistas que tantos alardes tienen hechos para manifestar al mundo sus sentimientos de humanidad y filantropía; en esa misma República, y en el ocaso del siglo xix, esto es, 300 años despues de los excesos que censuraba Las Casas, se cometen idénticos atropellos, los mismos crímenes con los pobres indios, cazándolos algunas veces en los bosques, en los montes y en las llanuras cual si fuesen fieras, a pesar de los buenos deseos y estrictos mandatos del Gobierno de Washington. y arrojándolos de todo territorio á donde llega á pisar la planta del colono norte-americano.

No son mucho más afortunados con sus dominadores los aborígenes del gran continente de Australia, los de Tasmania y Nueva Zelanda. Unos y otros, refractarios á la actividad europea;

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