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ADVERTENCIA DE LOS EDITORES.

La obra que por primera vez sale hoi a luz en el presente tomo de nuestra Coleccion, es la conocida jeneralmente entre los estudiosos y eruditos por su título abreviado de Cautiverio Feliz de Bascuñan. Para su publicacion nos hemos servido del códice que posée la Biblioteca nacional, el cual, por la fecha que lleva (año 1673), por el carácter de las diversas letras empleadas en su escritura, por el esmero con que en él se ven correjidos algunos leves errores de los copistas, y finalmente por muchos otros indicios fáciles de percibirse recorriendo sus hojas, parece ser contemporáneo del autor y aun haberse escrito bajo la inmediata inspeccion del mismo. A lo ménos, es imposible poner en duda su antigüedad, de que dan testimonio, fuera de lo dicho, otras várias circunstancias que saltan a la vista al examinar el códice.

Esta antigüedad del manuscrito y el haber circulado largo tiempo de mano en mano en Chile y en el Perú, lo han menoscabado considerablemente y hacen de ordinario penosa y a veces mui difícil sn lectura. Hai que sentir, ademas, la falta de algunas de sus hojas, de las que el mayor número pertenece por fortuna, no al cuerpo de la obra, sino a una Recopilacion que viene al fin del códice.

Existe tambien en la Biblioteca nacional un extracto del mismo códice, hecho por el padre Buenaventura Aranguiz, provincial que fué del convento de San Francisco; y en un prólogo que encabeza el extracto, se lee lo siguiente, que citamos en comprobacion de lo expuesto: 6 Tuve (dice el padre Aranguiz).... la felicidad inesperada que viniese ua mis manos por las de un paisano benemérito este apreciable fracumento de la historia civil y política de nuestro Chile. Hacian años « que le oia citar, y siempre con respeto: y entrando a rejistrarle, hallé « un dilatado volúmen manuscrito, tan maltrado y lacerado, que él solo « era el testimonio fidedigno de la antigüedad de su orijen: de la esti 6 macion con que de mano en mano llevó su ruta hasta el Perú; del 6 prurito y esmero con que fué leido : y últimamente del estado infeliz a en que se hallaba, inferí juntamente la ingrata suerte de su autor, a

4 quien desde su infancia hasta su noble posteridad le acompañaron las 4 desgracias. La vista desnuda ni el comun espejo, era ya bastante para 6 leerle, y distinguir sus borrados y confusos caractéres, que a haber 4 un telescopio tan perspicaz para la immediacion de los objetos, como 4 lo hai para la commencuracion de sus distancias, ya nos hubiéramos 6 valido de este mecanismo para entrar con mas felicidad a su lectura.”

Nada dirémos del autor del Cautiverio Feliz, ni de la obra misma, reputada por los intelijentes como uno de los monumentos mas precio30% de la historia nacional. De ello ha querido bondadosamente encargarde nuestro erudito historiador don Diego Barros Arana, para avalorar así esta Coleccion con uno de sus concienzudos e interesantes trabajos.

INTRODUCCION.

Cuando los soldados del rei de España que servian en la conquista del nuevo mundo solicitaban una gracia de su soberano, acostumbraban hacer una relacion de sus servicios y acompañarla de documentos justificativos. Esas solicitudes, ya fuera que el rei concediera lo que se le pedia o que las desechara, eran cuidadosamente conservadas en los archivos. En los gruesos legajos que las contienen, encuentra el histo- . riador noticias que de ordinario no se hallan en otras partes, y las biografias completas, por decirlo así, de cada uno de los solicitantes.

En el rico archivo de Indias, depositado ahora en Sevilla, donde estan reunidos todos los documentos relativos a la conquista y colonizacion de la América ántes española, existen gruesos paquetes de solicitudes de ese jénero dirijidas por los soldados que servian en la guerra de Chile. Hemos estudiado escrupulosamente esos documentos, y de ellos hemos sacado noticias biográficas de muchos militares mas o ménos distinguidos.

Sin embargo, la firma del autor del Cautiverio Feliz no se halla al pié de ninguna de esas solicitudes. La reseña de sus méritos y servicios, esto es su biografía de pretendiente, no fué escrita por él. Los datos que acerca de su vida nos han quedado, fueron consignados en su libro. Su nombre aparece rara vez en los documentos. Los escritores que lo han nombrado en sus historias, no han hecho otra cosa que tomar de ese libro algunas de las noticias que acerca del autor se hallan esparcidas en notable desórden. Para trazar los siguientes rasgos biográficos casi no hemos tenido mas fuentes que su propia obra.

Don Francisco Nuñez de Pineda y Bascuñan nació por los años de 1607, probablemente en la ciudad de Chillan, donde tenia residencia su familia. Era su madre una señora principal apellidada Jofré de Loaiza, descendiente de uno de los mas distinguidos conquistadores de Chile. Su padre don Alvaro Nuñez de Pineda y Bascuñan era un militar español envejecido en el servicio del rei durante mas de cuarenta años. Su nombre se encuentra consignado en los documentos referentes

a la guerra araucana, y aun en los poemas en que esta guerra fué cantada. Sirvió desde la edad de catorce años, desempeñó por mas de diez el cargo de maestre de campo jeneral bajo la administracion de cuatro gobernadores, y solo se separó del servicio cuando la edad y los achaques consiguientes a sus heridas lo imposibilitaban para el servicio militar. A los sesenta y seis años, don Alvaro se hallaba privado de un ojo e imposibilitado para andar por sus propias piernas. Entonces se retiró a Chillan para cuidar de la educacion de su familia.

El autor del Cautiverio Feliz nos ha dado prolijas noticias acerca del carácter de su padre, de la severidad de sus principios y de sus costumbres, de su espíritu relijioso, y de su honradez y desprendimiento que lo distinguian esencialmente de sus compañeros de armas. Cuenta a este respecto que su escasa fortuna estuvo siempre a disposicion de todos los que solicitaron su ausilio, que sus bienes fueron administrados siempre por un hermano suyo, y que su alejamiento de los negocios llegó a tal estremo que no distinguia los reales de a dos de los de a cuatro (1). .

Pero don Alvaro no procedió con el mismo descuido cuando trató de dar educacion a su hijo. Como hubiera fallecido su esposa, lo colocó en la escuela de un convento de los padres jesuitas, donde permaneció durante nueve años. En este tiempo, don Francisco adquirió conocimientos nada comunes en la colonia. Aprendió bien el latin, estudió los principales escritores que ilustraron esa lengua y llegó a conocer las sagradas escrituras y las obras de algunos padres de la iglesia y espositores de la ciencia teolójica.

Talvez don Alvaro habria destinado a su hijo a la carrera eclesiástica; pero algunos juveniles desaciertos de éste, y el deseo de correjirlo sériamente, lo obligaron a cambiar de determinacion y a alistarlo de soldado en una compañía de infantería española. El respeto y valimiento de que gozaba el antiguo maestre de campo le habria permitido sin duda colocar a su hijo en un rango superior. “El gobernador, dice el mismo Bascuñan, era caballero de todas prendas, gran soldado, cortés y atento a los méritos y servicios de los que servian a S. M., y considerando los calificados de mi padre, le habia enviado a ofrecer una bandera o compañía de infantería para que yo fuese a servir al rei nuestro señor con mas comodidad y lucimiento a uno de los dos tercios, dejándolo a su disposicion i gusto. De lo cual le hice recordacion diciéndole que parecia mas bien que como hijo suyo me diferenciase de otros, acetando la merced y ofrecimiento del capitan jeneral y presidente: razones que en sus oidos hicieron tal disonancia que lo obligaron a sentarse en la cama (que de ordinario a mas no poder la asistia) a decirme con palabras desabridas y ásperas que no sabia ni entendia lo que hablaba, que cómo pretendia entrar sirviendo al rei nuestro señor con oficio de

(1) Cautiverio Feliz, discurso 6.°, Cap. 26,

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