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dero entusiasmo por la ciencia y por la gloria de España, en estas breves palabras : « La obra más filosófica, más sublime y más útil a todas las clases de la sociedad que se ha escrito ántes y despues del siglo xvi.

El gran aplauso que tuvo en su siglo y en el posterior, dentro y fuera de la patria, confirman los juicios favorables del libro de HUARTE.

Cita Morejon, pero no analiza, dos obras de españoles que cree copias de las de HUARTE : « Los que han escrito despues (dice) sobre el mismo objeto, Pujasol y el padre Ignacio Rodriguez, de las Escuelas Pías, todo es copiado de la obra de este médico» (1). Pero no existe tal plagio del Eixámen de ingenios, al menos en el libro del aragones Estéban Pujasol, publicado en Barcelona, el año de 1637, con este título : Filosofia sagaz y anatomia de ingenios.

Confiesa el doctor Pujasol que nació en él el pensamiento del libro, recordando aquello de Aristóteles, de que « por el efecto natural de cada uno se puede argüir la causa dél, y asimesmo por la causa dél se conoce y arguye el efeto; porque la causa y el efeto in actu simul sunt et non sunt.

El libro de Pujasol ciertamente es peregrino, y yo hallo en él más ideas semejantes å las de Gall, que en el mismo libro de Huarte tan citado, cuanto aquél poco conocido. Véanse algunas muestras de la Filosofla sagaz y anatomía de ingenios :

La cabeza grande y redonda de toda parte significa que el hombre será secreto, sagaz en hacer sus cosas, ingenioso y discreto, estable, leal y de grande imaginacion.

La cabeza larga y la frente estrecha señala en el tal nacido que será algo mentecato y fatuo. La mesma razon dicta é insinúa la gi andaria ó pequeñez del colodrillo ó sumidad de la cabeza.

La cabeza redonda y obtusa significa en el hombre buen ingenio y entereza de ánimo, y si por suerte se levantára la tal cabeza en el vértex ó coronilla, entonces advierta que señala que este tal, ademas de lo dicho, terná grande estimativa; pero si en lo alto tuviere el vértex estrecho y apretado, entonces será algo fatuo y falto.

La cabeza gruesa y el rostro ancho denota ser el hombre sospechoso, animoso, astuto, audaz y desvergonzado.

Es regla general que para tener buen ingenio el hombre, han de concurrir en el muchas cosas, agora sea para el estudio de letras, agora para tratar de negocios graves y de importancia, los cuales son decente cuantidad del vaso (esto es, la cabeza), el cual procede de la grande virtud formativa, no que sea por superfluidad de materia, sino que los cascos sean grandes y bien formados, la frente ancha y grande, y lo propio el vértex ó colodrillo; todo lo cual es necesario para el estudio de las letras, que éstas ordinariamente tienen necesidad de ayuda para la fantasía y la grandaria de la cabeza, que ayuda a la prudencia y al arte.)

Como se infiere de estos pasajes, la moderna doctrina de la Craneologia ó Craneoscopia , que se dirige, segun su inventor Gall, á señalar las funciones del cerebro en general y de sus diversas partes, así como á probar que se pueden conocer las diferentes disposiciones é inclinaciones por las protuberancias y las depresiones que se hallan en el cráneo, habia sido ya entrevista y publicada por el doctor Estéban Pujasol, natural de Fraga.

Convengo en que puede haber y hay mucho de arbitrario é incierto en las observaciones de Pujasol, pero no lo hay igualmente en este sistema más perfeccionado en los escritos sobre frenologia del doctor Gall, de su discípulo Spurzheim, de Broussais, de Vimont, de Comte, de Fossati, de Bruyères, de Debout y otros autores ? ¿Sabios fisiologistas, como Flourens, Lelut y Garnier, no han combatido las doctrinas de los frenólogos, bajo el punto de vista físico, como contrarias á los hechos más notorios y á las observaciones más constantes?

Y no sólo Pujasol hace las suyas respecto al cráneo y á su forma, sino que tambien deduce las condiciones del individuo por los cabellos, por las cejas, orejas, ojos, narices, boca, barba, cuello y cerviz, brazos, manos, dedos, piés y piernas, fisonomía y color del rostro, libro lleno de agudezas fisiológicas y 'de originales é ingeniosisimas doctrinas, que merecen ser estudiadas, por más que muchas parezcan falaces ó inciertas.

El autor, despues de someter su libro á la correccion de la Iglesia católica y de cualquier docto que mejor lo entendiere, asegura que su intento fué dar avisos y documentos para prevenirse con

(1) Ciertamente Morejon no conoció la obra de Estéban Pujasol, pues no dedicó al autor artículo en su Historia

de la Medicina. Chinchilla ni áun cita á Pujasol en la suya.

tiempo cada uno, resistiendo á lo malo y perjudicial, y aplicarse á lo bueno, favorable y justo; y esto, sin pasar en manera alguna á casos fortuitos y acciones humanas, las cuales dependen del libre albedrio y voluntad de cada uno, porque el juicio y conjeturas que se hacen en estas cosas, no fuerzan, compelen ni obligan, sino que advierten y avisan, todo lo cual es porque vivamos sobre aviso.

Tales palabras, escritas por un filósofo español del siglo xvn, parecen más bien de un frenologista de nuestro siglo, defendiendo de la nota de materialismo á su sistema, así como de fatalismo y de opuesto á la libertad del alma.

Pujasol, como se ve por las noticias que quedan consignadas, no sólo precedió á Gall en la parte craneoscópica.

La de su libro, que trata de la fisonomia, no puede compararse con el sistema de Lavater (compilacion de autores antiguos), que deduce las condiciones de los hombres por la semejanza de los rostros con las cabezas de los animales, para aplicar á aquéllos, segun los casos, las cualidades de éstos.

El doctor Esteban Pujasol no siguió en este punto, como Lavater, las opiniones de Aristóteles, Adamancio, Pedro Abano, Cardano, Miguel Lescot, Lachambre, Juan Bautista Porta , Camper y Lebrun.

Sus observaciones fisionómicas y una y otra deduccion que hace sobre los caractéres de las personas por los miembros del cuerpo humano, van por otro camino más original, y quizás más atinado. De su sistema puede decirse lo mismo que se ha dicho del de Lavater, que de creerse completamente exacto, puede darse ocasion á las prevenciones más falsas y más injustas.

De todo esto se deduce, ademas, que la Filosofia sagaz y anatomia de ingenios es un libro que nada tiene de copia del Examen de HUARTE ; libro que si bien se dirige á conocer los temperamentos y cualidades de los hombres, en nada se valió de la obra de este esclarecido médico, siendo una y otra originales en su género y distintas enteramente, y honrando ambas el talento español.

Hasta ahora no he hablado de sabios eminentes del siglo xvi, que sólo se dedicaron al cultivo de la filosofia cristiana. ¡Oh! la serie numerosisima y espléndida de ellos asombra; escritores, sí, de gran elocuencia y doctrina, que no hablaban sino como sentian, no sentian sino como vivian, Do vivian sino como quienes eran , suspirando por los bienes del cielo y expresando en dulce estilo las verdades, porque las verdades cuanto con más suavidad se dicen , tanto más penetran nuestras almas, y con mayor poderio si son de aquellas dirigidas á esplicar las más soberanas y de más ternura que jamas en la tierra se han oido.

La ciencia de nuestros escritores ascéticos era la del bien pensar, del bien decir y del bien hacer, como de hombres no menos sabios con la voluntad que con el entendimiento, y siempre guiados del amor de la divina verdad.

Los filósofos cristianos españoles del siglo svi, y aun de una parte del xvn, merecen ser leidos. No hay argumento de los que el siglo xrin produjo en Francia que no esté victoriosa y anticipadamente refutado. Lo mismo puede decirse de lo que escribieron los filósofos alemanes, Eichhorn, y los teologos naturalistas, Edelmann y Strauss, Spener, los pietistas y los iluminados, el panteismo de Lessing, la teologia de Kant, queriendo poner la religion dentro de los limites de la sencilla razon ; Semler, los teólogos innovadores, como Simon, Vitringa, Leclere, Michaelis, Moro Dæderleini; la escuela sociniana, con un Schott, uu Bohne, un Planck, un Techirner, un Zimmermann, un Nitzsch, un Krug, un Rohr, un Amonn; la teologia de Fichte, con todas sus consecuencias panteistas y su filosofia religiosa; el misticismo fatalista de Schelling, la satanalogia del baron Guiraud y la rehabilitacion de Satanas en el Fausto, y los romances de Goethe; el espiritu revolucionario de Sebiller, la teologia espinosista y el sentimentalismo panteista de Schleiermacher, Herder y su erangelio primitiro, Jacobi y la filosofia sentimental, Hegel y su apoteosis de la humanidad, y tantos y tantos otros, dificiles de enumerar.

No es exageracion de mi patriotismo. En los escritores asceticos espanoles del siglo m y primera mitad del nun hay algunos entre los primeros del mun.lo insignes y entre los insignes grandes Analinaron todos los erangelios, cultivaroa la filosofia y escribieron con Numa bañada en el sentimiento cristiano, peserios de los argumentos, no solo de la autoridad, sino tambien de la

En Cristo vieron la mayor maravilla; riaroa que Dios se escondió en el bombre, y el puro es

píritu en el cuerpo, y que la eternidad se ocultó en el tiempo, en la lujuria la sabiduría, en la flaqueza toda la virtud, en la miseria la gloria, en las lágrimas la consolacion y la alegría, en las persecuciones y los trabajos el merecimiento, y en la ignorancia la ciencia. Aprendieron y enseñaron que sin embargo de que el hombre dejó la compañía de Dios, para la cual le crió, vino él á acompañarlo en los trabajos á que le obligó la culpa; aprendieron y enseñaron que Cristo vive por la fe en nuestros corazones, y que si recibió la muerte de manos de sus enemigos, quiere de sus amigos recibir la vida, y espera á que le tengamos vivo en nuestras almas, para presentarse vivo á nuestros ojos. Así escucharon y enseñaron con plumas, de donde nunca salian cosas que no fuesen dignas de ellos y de la generosidad de sus almas, proclamando á Cristo y diciéndole: «Tú eres la virtud, la omnipotencia, la sabiduría y la justicia de Dios. . Los pensamientos de nuestros ascéticos siempre eran admirables, sus palabras siempre verdaderas, siempre graves y siempre elocuentes y siempre de Dios, poniendo ante los ojos del alma lo más invisible, y ensalzando aquella pobreza de Cristo más que rica, aquella bajeza más que sublime, aquella vileza que ennoblece, aquella muerte que vivifica á todos. Sobre cuanto escribieron los filósofos franceses y alemanes del último y del presente siglo contra la fe de Cristo, hay aquel dicho de un antiguo español: O no hay verdad en Dios, ó la religion cristiana lo es. ¿Creen algunos acaso que nuestros ascéticos no dejaban muchas veces á la autoridad para convencer por medio de la razon? ¿Imaginan que cuando no hallaban argumento que satisfaciese, y satisfaciese cumplidamente apelaban á lo que Sigüenza llamaba la santa teología de las viejas, « que lo quiso Dios así, y que eso sucede porque quiere Dios?» Cada libro de los excelentes filósofos cristianos españoles es un templo de gloria divina y de piedad humana. La sentencia más poderosa y verdadera que se ha escrito contra la impiedad de los filósofos se halla en San Cirilo de Alejandría, cuando exclama: - No saldréis con lo que intentais de que los hombres no sigan la doctrina de Cristo, por verle muerto á vuestras manos; ántes por eso se llenará de creyentes en su fe todo el orbe. Si pretendeis, crucificándole, que el mundo no le siga, el mundo le sigue porque le ve crucificado.» - ¿Qué no han dicho los filósofos impíos acerca de que el Verbo de san Juan Evangelista es tomado del logos de Platon? Un español del siglo xvI recordó aquel salmo de David: Quia rectum est verbum Domini et omnia opera ejus in fide, diligit misericordiam et judicium, etc. «Porque es recto el verbo del Señor y todas sus obras son en fe y ama la misericordia y la justicia. » Y ¿qué podré decir más en loor merecido de nuestros grandes filósofos cristianos? Su estilo era elegante y sin afectacion, todo ingeniosa viveza, todo solidez de raciocinios, todo copia de doctrina sin confusion, todo piedad y todo sabiduría (1). De los que aparentan dudar de la divinidad, decia uno de estos grandes autores que no deben ser creidos. El mismo Dios nos dió licencia en el Evangelio para que lo tuviésemos por men

(1) Como muestra de la gran elocuencia de nuestros escritores ascéticos, véase esta galana pintura:

«Veréis los monteros salir á caza y comenzará acosar una fiera, tómanle todos los puestos, atajanle todos los pasos, unos con redes, otros puestos al ojeo con vocería, los monteros con sus venablos amagándole, los perros cerrando con ella, la gente de á caballo con sus lanzas; hácese temer un poco el jabalí, eriza el ceño, encoge el cuerpo para dar el salto, afila las navajas para poner miedo; allí es donde todos tiran contra él lanzas, dardos, venablos, perros, redes, y lo que más atemoriza no es el sonido que hace el disparar de la ballesta, ni el tronido que da la escopeta, sino la palabra áspera de los cazadores, porque todos á una, alentándose á sí y á los perros, todo es decir, cierra, arremete, muerde, hiere, hiende, mata, muere.»

No es ménos bella la pintura siguiente de un volcan:

«Cuando revienta un volcan de fuego, acontece que veis una sierra alta cubierta de nieve, áspera, inaccesible, sin hierba, sin pastos, sin frutos y súbitamente (por tener algun fuego represado en las entrañas) reventar con un ímpetu y estruendo grimosísimo, disparar piedras, bombas y truenos de fuego, correr arroyos de llamas, caer los pájaros que se iban de vuelo, abrasarse los corzos y venados, sin que les valieran los piés; llover ceniza por todo el contorno, perderse los caminos con los montones de ella, oler á piedra azufre todo el mundo, salir huyendo despavoridos los pueblos, abazados los hombres con las cruces, las mujeres con las imágenes, todos con sus rosarios en las manos clamoreando al cielo, pidiendo misericordia de sus pecados, confesándose á voces y esperando por momentos la muerte. (VALDERRAMA, Teatro de las religiones.)

tiroso si afirmase que no conocia á su Padre: Ego scio eum quí misit me, et si direro quía nescio eum vero similis v0bis mendar. Hermosas antologías pueden formarse con las mejores sentencias de filosofía moral que han dejado escritas los sabios de Francia, Inglaterra, Alemania é Italia. Y aunque en ellas se ostentasen los más lucidos pensamientos de Fenelon, Bossuet, Sterne, Franklin, Felltham, Overbury, Browne, Harrington, Penn, Muller, Richter, Rabener, Krummacher, Wieland, Lichtenberg, Vero, Ricciardi, Gallenga, Soria, Bonamici, Tommaseo, Gazoletti y otros célebres moralistas, no quedaria seguramente inferior á la siguiente muestra de antología que he entresacado de los mejores pensamientos de los filósofos cristianos españoles del siglo XVI y primera mitad del xviI. «Si miras á la limpieza de mis manos, mira ántes á la limpieza de tu alma, muerde la envidia calumniosa á los gigantes y da favor á las langostas; el que no puede caber en sí no abre camino á los demas; los mismos brazos que ayudan al ambicioso á subir, esos mismos lo empujan para caer. ¿Cuál es mayor guerra, la que se hace enmudeciendo ó la que se hace hablando? Si nosotros tuviéramos cuenta de nuestra vida, quizá no hubiera tantos que cuidáran de ella; infinito fuera el número de los mudos, si á todos los maldicientes Dios pusiese un freno; el que es mudo para hablar bien, es gran hablador para el vituperio; los que en lo interior son reos de maldades, siempre se hacen contra la inocencia actores; son menester testigos para que le crean las obras verdaderas, y sobran testimonios para dar crédito á las falsas; los montes que no tienen vida para sentir, la tienen para caer; la soberbia, queriendo ser sola, tiene la soledad en sí y la busca fuera; la aritmética del miedo no sabe otra cosa que multiplicar; más se habla con la fortuna que con las personas; váyase el necio por necio, y el loco por loco; en nosotros mismos tenemos las pruebas de la flaqueza de los demas y áun quizá de otras mayores; el tiempo es un maestro viejo; quéjanse de la forma los que tienen poco de espíritu y de bien en sus almas; no está lo grande en lo grande; es gran cordura no tener nunca confianza en los bienes del mundo. El rico, ó no da, y si da, da como pobre, y el pobre da como rico; los golpes del martillo mo destruyen si no fijan más el clavo; ni las riquezas ni la pobreza son en sí malas, el ánimo y el uso del que las ejerce, ése las hace malas ó buenas; el atribulado piensa en la misericordia de Dios, el melancólico en la alegría del cielo; no hay que mirar por dónde, sino adónde vamos; de pagador tal como el mundo, más quiero quedar quejoso que mal satisfecho; no debes mirará lo que tu enemigo en su persecucion pretende hacer, sino al bien que, en efecto, se hace en ella, porque te da ocasion de ejecutar el precepto más propio y particular de la cristiana filosofía, que es desear el bien á tu ofensor; el último punto de la esperanza es el primero de la incredulidad; prefiero la amistad de Dios á la de los hombres, y nada se me importa que todos me miren con malos ojos, porque ningun mal me harán si yo tengo de mi parte á Dios, lo que no me sucederá teniendo de la mia á todos ellos, y á Dios en contra; el obediente no tiene quiero ni no quiero cuando se va por el camino del cielo, ni ha de mirarle, ni áun desde léjos, el que al mundo lleva; suelen los hombres amar lo que no saben querer; la obligacion, porque lo es, se olvida; digno es de compasion el hombre tan desgraciado que procura vengar el dolor de ser ruin en las virtudes de los otros; el dar limosna es vivir; la fama del bueno es premio, la del malo castigo, reprendan todo lo que yo mismo en mí juzgo reprensible; no será honrada en resistir la que tiene con deshonra el oficio de agradar; con la misma tinta en que se escriben los puntos del duelo se borra el Evangelio de Jesucristo; reprender lo no digno de reprension, es perderse el respeto y manchar la mano en la tinta de la pluma con que se escribe; la discordia nutrida en llanto desplega al soplo de los suspiros las velas y navega sobre la sangre de sus secuaces; la muerte es cl centro donde se unen todas las líneas de las pasiones del mundo; tambien honra la ruina; los casos singulares no admiten leyes comunes; las injustas pretensiones merecen ser despachadas mal y tarde; mirando las cosas que han acaecido, ¿por qué nos asombramos de las que suceden ? Más hace quien desprecia lo que espera, que el que desprecia lo que posee; con las mismas letras con que se estampa lo que es digno de estamparse, se imprime tambien lo que merecia justamente no imprimirse; la pasion halla en todo probabilidad: cuán léjos está del hombre el hombre El hombre es figura de Dios en la imágen del monarca, no como las otras, que quitada ó destruida la imágen queda el valor del metal; pues como es de lodo, queda lodo; la codicia se consuela con la esperanza; el pueblo que perece á manos de su príncipe, perece en afrenta; el que á manos de enemigos, con gloria; no podemos lo que es ménos y queremos que se nos crea lo que es más; no es amor propio, sino desatino, la envidia; tan artificiosas son las culpas, que, aunque todos las conozcan, no se sabe conocer el fin de ellas ; pueblos hay que sometidos á duras leyes desquitan el vasallaje en la gloria mundana; fácil aparece a los que son sin experiencia lo que les hiciera temer á los que la tienen; nunca la fortuna levanta con la presteza que derriba; las leyes se han de meditar mejor que las batallas; en el mundo los reyes lloran y los ministros reinan; la tierra es mucho espacio para el que nació en ella ; lo que desea el alma es no verse en más tierra que en la propia (el cielo); la ociosidad es el torpe éxtasis de la razon; las desdichas se vienen sin ser buscadas; el primero que hizo esclavos á los hombres cuando los venció, quedó esclavo de la gloria de vencerlos; la paciencia se inventó para la mala fortuna , y el temor para la buena; la ilicita costumbre no puede hacer ley aunque sea antigua; el mal no está en el entendimiento, sino en la memoria ; en virtud verdadera no hay cruz, sino en la falsa; gran injuria hace á la virtud quien en la portada de su casa pone á la tristeza por escudo; es tan inícuo el mundo, que aun no premia á quien le sirve, antes bien dentro de sus puertas veréis más honrado de él al que más le desestima; la verdad de quien quiera que la busque se deja hallar; suelen algunos ver en los libros, no lo que les demuestra el ingenio, sino lo que se antoja á la envidia; la soberbia y la maldad son más antiguas que el hombre, porque antes de Adan Luzbel perturbó el cielo, y luego buscó á Adan para perturbar la tierra; el silencio es el único refugio para las ingratitudes; la confianza rompe por las contrariedades y hasta por los imposibles ; salimos al mundo llorando, salimos del mundo sintiendo, y si nos dijeran que volviéramos á él, no querriamos ; no consulta en las elecciones la voluntad al entendimiento, sino el entendimiento a la voluntad; mejor es barrer las librerías que ensuciarlas con malos libros; el alma ha de buscar en la vida compañera para la muerte; padece más el que se compadece que no el mismo que se compadece; hay quien roba dando y mata con los halagos; cada uno se hace el mayor daño; la soberbia es cosa tan vil, que se halla hasta en la persona más soez; muchas veces quien se venga de los agravios se deshonra porque hace notoria la injuria que estaba oculta; los que ocupan puestos eminentes deben recelar siempre que de ellos se ha de creer cuanto se puede fingir; ningun monte se opone entre lo malo y lo bueno, y así tan presto se pasa como se quiere; el acrecentamiento del poder suele disminuir el valor; los hombres señalados en letras son como cabezas del pueblo; el que padece solo siente su dolor; la envidia rara vez sabe guardar consecuencia; á la locura se debe la lástima, no el desprecio; nada se perdona á los niños, á los jóvenes algo, á los ancianos todo; da la hora de las penas el reloj sin que se altere la mano que la señala; la sabiduría no es imágen pintada, que se ha de medir por lo lejos; no son los bienes de esta vida más que para esperados; los golpes de la adversidad hacen más resplandeciente la corona del sabio; la humildad y el deseo de ser nacieron enemigos; ni sombras dejan los cetros; ise rie el brazo del dolor de la cabeza ? Más se puede fiar de la ira con puñal desnudo que de la juventud los bienes de fortuna, pues aquélla puede reprimirse, y ésta dificilmente; viendo á la libertad en cadenas se arma la esclavitud; la culpa tiene más padrinos que la inocencia; las dádivas del amor no se pueden pagar sin él; para con Dios no hay igual; quiere mal el ambicioso al maldiciente, éste á la verdad, aquél al mérito; la mayor desdicha del delito es hacer ofensiva la alabanza; no se le ha de examinar la virtud al pobre, sino la necesidad; la misericordia que atiende á los méritos no es compañía a las necesidades y á los trabajos; todo pobre es benemérito; no hay mayor tormento para un enemigo que el desprecio del ofendido; las palabras de verdad corren cual la moneda de oro de buena ley; el mantener en pié ejércitos numerosos y bien asistidos para ahogar en la cuna los levantamientos, es el mayor y tambien seria el mejor de los remedios, si no estuviese luego en el arbitrio de los generales el hacer que se volviesen las repúbli. cas monarquías, y en las monarquías hacerse señores ; la amistad no sabe qué cosa es la soberbia; las mayores maldades se cubren con hermosas apariencias; tienen (los duelistas) por hombre infame y cobarde el que obedece á Dios; primero ha de hablar Dios en el corazon que la voz en la pluma; el empezar bien, prenda es segura de la mitad del acierto; desgracia de los presentes tiempos, querer hasta las más rateras sabandijas vivir en los palacios; con la discordia se esteriliza la tierra; poco a poco se hacen los hombres hombres, y no hay hombre que nazca grande; los hipócritas tristes infaman la virtud haciéndola horrible, como quien tiene enemistad con el contento; sepulta el olvido juntamente á valerosos y cobardes; para herir con el rayo de la verdad es precisa la luz de la ciencia; tambien se dan quejas por favores; el propio amor no se conoce si go se mira en otro; el que es verdaderamente caritativo es natural de todo el mundo;

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