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Se cuenta entre los títulos de gloria de Descartes haber introducido en la metafisica el método de los geometras. El abate Delalle (1), siguiendo la opinion de Genonde (2), considera que la aplicacion del método geométrico á la metafísica no es menos digno de admiracion y no ha de ser menos útil al género humano que la aplicacion del álgebra à la goometría, porque por ella se prueba solidamente la existencia de Dios, la distincion del alma y el cuerpo y la inmaterialidad del espíritu , facilitándose por este medio la concordia de la razon y de la fe.

Pues bien ; FRAY JOSÉ DE SIGÜENZA, monje de San Jerónimo, célebre por la historia de su orden y por la descripcion que del Escorial nos dejó en aquélla, varon doctísimo en las lenguas sábias, dejó escritas, entre várias obras que se conservan en la librería del monasterio, panteon de nuestros reyes, una intitulada Historia del Rey de reyes y Señor de los señores; Jesus-Christus heri et hodie ipse et in sæcula.

El primer libro es una magnífica teodicea; el segundo una sublime y filosófica pintura de la creacion del universo. Los demas libros tratan de la vida de Jesucristo.

En el primero de todos precede á Descartes en esclarecer la metafisica por medio de la geometría. No son ilusiones del amor á las glorias de mi patria, no: una parte del texto en que se halla el sistema que Descartes siguió para la metafísica , que es explicar unas ciencias por otras, la física por la geometría, la geometría por el álgebra, el álgebra por la lógica, la medicina por la anatomía, y la anatomía por la mecánica; motivos de grandes elogios para los admiradores de Descártes, entre ellos Thomas.

Cuando SIGÜENZA habla de las virtudes y poder de Dios, y de sus relaciones para con los hombres y lo demas creado, tiene que llevar por guía al raciocinio y confirmar los testimonios de la autoridad con la razon, á que apela la geometría, para salir vencedor de lo que aparecia á sus ojos imposible de aclarar. Véanse las palabras, que parecen escritas por un Descartes, un Pascal, un Mallebranche ó un Arnault, en busca de la verdad :

Pues levantemos los ojos ahora á un espíritu que diste un intervalo infinito destos angélicos espíritus, y verémos alguna vislumbre. ¿Qué tal será su sutileza , su virtud, penetracion y poder? ¡Qué inferior se queda todo y qué comprendido lo criado de él ! ¡Qué ajeno de ser asido, alcanzado ó detenido de cosa inferior! ¡Qué sin corrupcion ó desatamiento su mortalidad! Antes será la misma vida, sin tiempo ni medida y así eterna , inmortal, y con su virtud infinita y eficacidad sustentará todo lo finito, y lo penetrará no siendo penetrado ni sustentado de alguno, y ninguna cosa podrá escondérsele.

Supongamos, para mayor claridad, lo que es en las matemáticas tan sabido, que el punto no tiene en si partes algunas ni se puede medir con otra cosa, y que puede ser principio de infinitas medidas y salir de él infinitas líneas, y que el centro de cualquiera cosa es lo mismo que este punto... El centro ha de ser aquel punto indivisible que está en medio del circulo o de una esfera , y lo que en cualquiera cosa criada imaginamos... siempre decimos está en su centro o fuera de su centro. Y así consiste en un punto indivisible, sea en figuras, sea en cuerpos, sea en sustancias ú otras facultades y-virtudes; todo tiene un hondo (3), un medio, un punto indivisible, y así contiene en sí, como en virtud , raíz ó potencia , todo lo que se halla en cualquiera cosa que tiene centro, y de allí sale la virtud y fuerza á todas partes, y todas ellas concurren y se afirman en el mismo centro, y allí se abrazan y adunan, y aunque entre si estén distantes y apartadas, como se ve en las infinitas líneas que salen del centro á la circunferencia del circulo, y será forzoso que cualquiera cosa que en esta línea se haga ó se toque ó se padezca , que la sienta el centro como principio y fin de cada una.

•Tambien se ha de entender otra cosa que en sí es harto clara, que lo que divide ha de ser en respecto de lo que es dividido, indivisible. La línea se divide por puntos, y por el mismo caso el i punto ha de ser indivisible. Lo mismo es en la línea , ha de ser indivisible respecto de la superfi

cie á quien divide, y la superficie respecto del cuerpo; y por esto ni el punto se puede dividir en puntos, ni la línea en líneas, ni la superficie en superficies. Y desto tambien se infiere que lo que divide á otro penetra por todo él y no es penetrado ni puede; y por consiguiente el punto penetra por cualquiera parte de la línea, que es la menor cuantidad de todas; y éstas, unas

(1) Cours de Philosophie chrélienne, 1848.-Tomo 1.
(2) Raison du Christianisme.
(3) Fondo.

son derechas y otras torcidas. Las derechas no tienen más unas que otras; lo que camina y se comunica por ellas va por el más breve camino y lo más presto que puede ser ; las torcidas son de infinitas maneras, unas más que otras, sin fin en diferenciarse y apartarse más léjos ó más cerca; y todo esto que hemos dicho en las cuantidades y en las matemáticas, hemos de poner en todas las cosas que vemos, y decir que todas tienen su centro, donde se recoge y donde nace su virlud..... Y así podemos filosofar en cuanto hay debajo del cielo y hallar el centro de todas las cosas.

» Pues si diésemos á este centro que tuviese espíritu y ánima, sería necesario conceder que todo cuanto aconteciese á las infinitas líneas que dél salen por todo el cuerpo y circunferencia de estos centros, ó sienta ó padezca, o nazca deste centro y en aquella virtud en que comienzan y se juntan todas, aunque entre sí parezcan diversas y distantes, por la admirable union y conveniencia que tiene en aquel centro, es forzoso ha de tener razon de espíritu en respecto de lo que no se llama centro, y su virtud y fuerza ha de ser lo más eficaz, ligero y penetrante de aquella naturaleza de que es centro. Y así en la naturaleza divina que hemos mostrado por la intrinseca razon de la suma espiritualidad, que es infinita, que no habiendo de tener más de un centro, éste ha de ser infinito como la misma naturaleza, y así la naturaleza toda será lo mismo que centro, y el centro la misma naturaleza, porque en el infinito no hay medio, que si lo hubiese no sería infinito, pues miraria el medio igualmente á los extremos, y extremos é infinito no se compadecen.

Queda pues claro que cualquiera punto será centro, y todo ello un centro infinito que él se tiene, conserva y sustenta, y es inmóvil y en él se mueve todo, y que ni tiene figura ni remate, ni lindes de lugar ni de tiempo, sin ninguna particion ni diferencia, y que dista infinitamente de todos los extremos de las líneas que van de él á la circunferencia. Y adviertase bien que en poniendo centro, luego se sigue naturalmente algun espacio, porque son como relativos centro y espacio; no sólo en las figuras matemáticas, mas aun en los cuerpos donde está la gravedad, el peso y la virtud de la cosa, y á los espíritus delgadísimos que están en los cuerpos, les damos este nombre, centro, y á los que no tienen cuerpo, ni están con ellos, aun tambien les imaginamos su centro; de adonde inferimos que aquel supremo espíritu , que ni tiene comparacion con el cuerpo ni admite ninguna composicion , decimos que es todo centro, porque en todo está igual y de una misma manera su virtud. Mas en las cosas finitas y que en alguna forma se limitan en poder ó virtud ó lugar, ha de ser el espacio finito y ha de tener limites desde el centro á la circunferencia, y espacio de la actividad y virtud; mas donde no hay principio ni fin, el espacio (si se puede llamar así) es tambien infinito y de la misma virtud que el centro, y el centro es el espacio, y el espacio centro. Y si se puede imaginar en esto alguna forma ó figura, ha de ser circular y esférica, que no tenga términos, cosa que exceda los límites de nuestra imaginacion, y así es la naturaleza divina , un centro, un espacio y una esfera infinita, que excede todo cuanto puede caber en raza criada de ángeles o hombres con infinito intervalo, y todo lo demas que vemos o imaginamos, se comprende debajo o dentro de algunos destos términos, y se encierra en ellos como todo lo menor en lo mayor, y nunca jamas al reves. Porque si esta esfera divina es de tal condicion que siendo lo mismo que su centro y que su espacio y todo infinito, todo lo que fuera de ella se hace y se produce ha de estar por fuerza dentro della, rodeado y abrazado della , no como su centro, sino como fuera de diverso centro; de la suerte misma que dentro de un gran centro podemos poner otros muchos, no con el mismo centro que los matemáticos llaman concéntricos, sino excéntricos, de la manera que si en una bola grande de vidrio ó metal echásemos muchas bolillas mayores y menores, que, aunque están abrazadas y comprendidas en la grande, cada una tiene por sí su centro, y las líneas que saldrán del centro a la circunferencia del círculo grande, tocarán en los centros de las otras esferas y globos pequeños, porque, como son infinitas, no se escaparán ningunos, ni ningun punto de la circunferencia dellas habrá que no esté tocado y penetrado dellas y del centro de la mayor y suprema. Y así no se dará ninguna cosa en ella que no se haga y no se haya dentro de la mayor y por virtud de su centro, ni se le esconderá nada si se movieren ó mudaren en cualquier manera; si se criaren (?) ó corrompieren ó pasaren de unas en otras, todo ha de ser por virtud, noticia, conocimiento y entendimiento de la suprema. Y no será ninguna cosa destas al reves, que ninguna de las menores puede saber ni sentir lo que se hace en la mayor, sino sólo lo que estuviera dentro de la esfera y circunferencia, y así sabrá no más de lo que la tocan ó me

nean, mas no penetrará ni conocerá lo que la da la virtud y el movimiento, y esto es lo que dijo san Pablo á los atenienses, que vivimos y nos movemos y estamos en Dios. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

» Tenemos, pues, concluido de toda esta doctrina y presupuestos que la naturaleza divina y esto que llamamos Dios es una cosa singularísima y por sí sola un espíritu purísimo y sin alguna mezcla ni participacion de cuerpo; que no hay ni puede haber on él multitud; único en toda grandeza de virtud y eficacia infinita, invariable, sin ninguna desigualdad ni alteracion, ni movimiento ni mudanza; que se posee á sí mismo, que lo penetra todo, todo lo llena, todo lo bincha , mueve, rige, gobierna, da vida y anima todo lo criado, á cada cosa segun su naturaleza; que ninguna desea dellas , ni de ninguna dellas tiene necesidad; todo en sí mismo, y á todo lo demas sustenta, mueve, traspasa; y aunque está en todas, con ninguna se mezcla ni mancha, ni apoca ni afea... y así como el sol, alumbrando lo visible, visitándolo é ilustrándolo todo, no desea la virtud ni fuerza ni naturaleza de cosa alguna inferior... y él se da a todos y se comunica, y segun la propiedad y fuerza de cada uno de los cuerpos, reparte con una proporcion admirable su virtud y su poder, y envuelto en su espíritu y con la virtud de su rayo, envuelve en las cosas corporales una eficacia y poder con que cada una hace sus propios oficios y obras..... asi, y con infinita mayor excelencia, esta naturaleza divina hace todo esto y otros millones de cosas que no vemos, no sólo en los cuerpos y en sus espíritus, en los animales y plantas, cielo y tierra y en el mismo sol, sino dentro de los más puros espíritus, almas, ángeles, hasta los más encumbrados y ardientes serafines, y en todos es el mismo centro suyo, y ninguno es concéntrico con él.. Así que de tan filosófico modo se expresaba FRAY JOSÉ DE SIGÜENZA al tratar de Dios.

Trátase de un libro inédito; no diré que Descartes, que nació quizas el mismo año en que SiGÜENZA escribia la Historia del Rey de reyes, pudo haber conocido el sistema de explicar su metafísica por la geometría, ya por un traslado de aquella obra, ya por la noticia de alguno que en España se hubiese leido. Pero áun admitiendo lo más favorable y áun lo más digno para el genio de Descartes, esto es, que nada supo del sistema de FRAY JOSÉ DE SIGÜENZA, y que él por una coincidencia del talento lo invento, resulta una gloria inmensísima para aquel sabio religioso, así como para la filosofia de nuestra patria.

No es menos honrosa la observacion que voy á hacer referente á otro caso parecidisimo. Hablo del método de Pascal para inquirir y probar la verdad, empezando porque las definiciones del nombre vayan expresas dentro del nombre mismo, cual acontece en la geometria , que no define el espacio, el tiempo, el movimiento, cantidad , igualdad, disminucion y otros semejantes y numerosos. ¿Y todo por qué? porque estos términos señalan naturalmente las cosas y son del todo inteligibles.

FRAY JOSÉ DE SIGÜENZA, en la Historia del Rey de reyes y Señor de los señores, explica uno á uno los atributos de Dios por todas y cada una de las palabras con que es nombrado en la Escritura por medio de la lengua hebraica.

«Como los nombres (dice) que este singularísimo Dios tiene en la Escritura no son compuestos por gusto ni imaginacion de hombres ni de cosa criada, cierto es que son de grande consideracion para el conocimiento de su divino é infinito sér, pues los puso para que nosotros viésemos algo de aquel piélago infinito, digo de aquel mar sin ribera , de aquella esfera sin circunferencia y de aquel centro infinito. Lo menos que Dios pretende en los nombres que a las cosas pone , es para llamarlas ó nombrarlas; lo principal es para significar con él la virtud, la fuerza y naturaleza de la misma cosa, y el oficio y la propia accion della , de suerte que el nombre y la definicion

es lo mismo, y en una palabra sola, cuando está en tal maestría puesta, declara lo que despues se 1 dice con muchas , y así lo que no puede tener definicion por ser infinito, tampoco puede tener nom

bre, porque es más limitado, más corto y más ceñido. La razon toda para acertar á poner nombres es la perfecta y cabal noticia y la penetracion de aquello á que se ponen, y cuando ésta falta, los nombres son acaso. )

Examinando SIGÜENZA los nombres que da a Dios el Antiguo Testamento en el texto hebraico, le ellos saca pruebas de la grandeza de cada uno de sus atributos para deducir la verdad de los mismos; método que fué luego el mismo de Pascal.

Alcanzó SIGÜENZA gran eminencia en todo lo que escribió. Ciertamente si de su Historia de la Orden de San Jerónimo se sacasen los juicios críticos que hace de las obras maestras de los grandes artistas, podria formarse un excelente cuerpo de doctrina, juicios críticos dignos de competir con los mejores y más acertados de un Lanzi, de un Guizot, de un Rio, de un Taine, de un Viardot, de un Jameson, y en fin, de todos los que han tratado más de la filosofia del arte (1).

DOÑA OLIVA SABUCO DE NANTES BARRERA fué una dama que en el siglo xvi se dedicó a la filosofia y á la medicina. Publicó en Madrid, el año de 1587, un libro con este título: Nueva filosofía de la naturaleza del hombre, no conocida ni alcanzada de los grandes filósofos antiguos , la cual mejora la vida y salud humana.

Está dedicado á Felipe II el libro. Tras la dedicatoria publicó una carta dirigida a don Francisco Zapata , conde de Barajas , presidente de Castilla y del Consejo de Estado. Semejantes documentos, encabezados á tan altas personas, hacen inverosímil la sospecha de don Anastasio Chinchilla, referente a ser la obra escrita por algun gran médico y publicada en nombre de aquella señora (2).

Morejon manifestó que la celebridad de DOÑA OLIVA procede de su nuevo sistema fisiológico contra la opinion de los médicos antiguos y de su siglo; sistema en que establece que no es la sangre la que nutre nuestros cuerpos, sino el suco nérveo derramado del cerebro, atribuyendo å sus vicios la causa de las enfermedades. «La causa y oficina (dice) de los humores de toda enfermedad es el cerebro; allí están los afectos, pasiones y movimientos del ánima; allí el sentir ó sensacion; alli la raíz y la naturaleza que hace la vegetacion; allí la vida y anhelacion ; de alli las enfermedades y de allí la muerte; allí la ánima irascible y concupiscible, pues no pueden estar sus especies (3).

(1) SIGÜENZA, en el libro iv de la Historia de san Jeró nimo, hablando del Ticiano, dice:

«En el lado de la epistola está el entierro y sepultura de Nuestro Señor, tambien suyo, que quebranta el corazon á quien con atencion lo mira.

Quisiera saber algo del arte para ponderar la valentia de estos tres cuadros; paréceme que habian de estar puestos como relicarios, que no se vieran sino à deseo y despues de quitados muchos velos, porque con la estima se ponderase la excelencia.

De Leonardo de Vinci dice que por su viveza y por dedicarse á una cosa y otra, «quedaron pocas cosas suyas acabadas. Del célebre Bosco escribe:

« Están repartidas por toda la casa muchas (pinturas) de un Jerónimo Bosco, de que quiero hablar un poco más largo por algunas razones, porque lo merece su grande ingenio..... comunmente las llaman los disparates de JeTópino Bosque, gente que repara poco en lo que mira, y porque pienso que sin razon le tienen infamado de bereje. Tengo tanto concepto..... de la piedad y celo de nuestro fundador, que si supiera era esto así, no admitiera sus pinturas dentro de su casa, de sus claustros, de su aposento, de los capitulos y de la sacristia.

Sus pinturas no son disparates, sino unos libros de gran pradencia y artificio, y si disparates son, son los nuestros, no los suyos... Es una sátira pintada de los pecados y desvarios de los hombres...

Los demas procuraron á pintar al hombre cual parece por defcera, éste sólo se atrevió a pintarle cual es de dentro. .................

Hombres medio leones, otros medio perros, otros medio osos, medio peces, medio lobos, símbolos todos

figura de la soberbia, de la lujuria, avaricia, ambieion, tiranta , sagacidad y brutalidad.

Casi en todas las pinturas (alegóricas)...., siempre pone fuego y lecbuza. Con lo primero nos da á entender que importa tener memoria de aquel fuego eterno, que con esto cualquier trabajo le hará fácil. Y con lo segundo di ce que sus pinturas son de cuidado y estudio, y con es.

tudio se han de mirar. La lechuza es ave nocturna, dedicada á Minerva y al estudio, simbolo de los atenienses, donde floreció tanto la filosofía que se alcanza con la quielud y el silencio de la noche.

De Alfonso Durero habla lo que sigue :

«En lo que este hombre fué excelente es en las estampas que cortó de su misma mano en metal y en madera, con tanta destreza y maestría, que ha puesto admiracion. Mostró valer tanto en esto, que con solas líneas negras y lo blanco que dejó entre ellas, significa cuanto pudieron hacer Apéles y Timantes, y nos representa las cosas tan vivas como si tuvieran sus naturales colores. No valia menos con la pluma y con la tinta que con el buril. Véanse aquí en esta libreria, en unos libros franceses de mano, dos historias de las Ficciones de Troya, dibujadas de su mano, que juraran son finas estampas...)

(2) Reimprimióse el libro en 1588, en Madrid, en 1622, en Braga , y en Madrid el año de 1728.

(3) Morejon dice que el sistema de DOÑA OLIVA fué dado á luz como pacto original por los ingleses Eucio, Warton, Cole, Charleton y otros sin haber merecido la autora ser citada por ninguno de ellos. Tambien observa que el sis. tema de DOÑA OLIVA está conforme con el cuarto teorema de Carlos Picon, y que ella precedió á Descartes en la opinion de constituir el cerebro por Anica residencia del alma racional, aunque no la circunscribió precisamente á la glándula perineal, como quiso el célebre reformador de la filosofia, sino que la extendió a toda la sustancia del órgano encefálico. Chinchilla por su parte opina de diverso modo en cuanto a las observaciones que van al principio de la nota , pues dice lo que sigue:

«Algunos escritores españoles, entre ellos don Martin Martinez y don Antonio Hernandez Morejon, nos han dicho, defendiendo el sistema de DOÑA OLIVA, que ésta inventó el sistema de los espíritus animales; pero si he de decir lo que siento, creo que ambos se han equivocado. No ba tratado nunca DOÑA OLIVA del suco o jugo cerebral, como sinónimo de espiritus animales, conductores de las impresiones y de las sensaciones, que era la cuestion que los señores Morejon y Martinez han querido probar ser la

El libro de DoÑA OLIvA empieza con un coloquio de la naturaleza del hombre y del conocimiento de sí mismo, y en el cual hablan tres pastores filósofos en vida solitaria. Este es un tratado de las pasiones, obra tenida en gran estima; se ha comparado esta obra con la Fisiología de las pasiones, ó Nueva doctrina del sentimiento moral por el famoso médico frances Juan Luis Aliberti, y es la opinion de personas muy sábias que si bien éste no tomó de DoÑA 0LIVA el pensamiento de su obra, indudablemente ella le precedió en escribir primero sobre las pasiones con profundidad de ingenio y gran acierto. El Docron JUAN HUARTE DE SAN JUAN, ó Juan de Dios Huarte y Navarro, fué autor de un libro bastante conocido, en cuyo exámen se han ejercitado muchos escritores. Nació en San Juan de Pié de Puerto y estudió en la universidad de Huesca la medicina. Publicó un tratado con el titulo de Erámen de ingenios para las ciencias, donde se muestra la diferencia de habilidades que hay en los hombres, y el género de letras que á cada uno responde en particular. Es obra donde el que leyere con atencion hallará la manera de su ingenio, y sabrá escoger la sciencia en que más ha de aprovechar; y si por ventura la hubiese profesado, entenderá si atinó á lo que pedia su habitual natural (1). Llamó esta obra muchísimo la atencion en Europa, repitiéronse sus ediciones y se tradujo á varios idiomas, por la novedad del asunto y filosófica é ingeniosa manera de tratarlo. Como libro de que tantos juicios se han formado, no cumple á mi propósito añadir uno más, y tal vez, y sin tal vez, el ménos importante. El célebre Gall cita á HUARTE, y muchos críticos consideran que la doctrina de éste acerca de que los vicios, las pasiones y las virtudes y torpezas del hombre proceden del predominio del entendimiento, de la memoria y de la imaginativa, sirvió de guía al mismo Gall para su sistema (2). El famoso médico frances Borden (3) cree que muchos de los pensamientos de Montesquieu en el Espíritu de las leyes están tomados de la obra de JUAN HUARTE. Opina que el Erámen de ingenios es un libro lleno de reflexiones singulares, escrito con delicado gusto, y deplora que se lea tan poco y que esté falto de un largo comentario, que seguramente merece. Jourdan Guibelet, médico de Evreux, publicó en 1651 un Erámen del erámen de los ingenios. Llama diferentes veces á HUARTE alambicador de temperamentos; pero analiza sus opiniones con erudicion y cordura, y sin designio de ofenderlo, segun afirma. Conviene con HUARTE en el gran influjo de la organizacion sobre nuestras acciones, y expone pensamientos conformes con los que hoy sustentan los frenólogos. Don Antonio Hernandez Morejon, que ve en HUARTE un filósofo investigador, de gran ingenio y penetracion y no ménos sensato, dice, despues de analizar discretísimamente su libro, que si bien conoció algunas verdades y supo publicarlas atrevidamente en su siglo, escribió muchas paradojas, que no pasarán de ser un bello entretenimiento científico. Por lo demas, HUARTE era para él un hombre lleno de ciencia y de ideas originales y de un espíritu valiente, que arrostró las preocupaciones de su época, y trató con libertad filosófica puntos verdaderamente espinosos. Don Anastasio Chinchilla califica el Ecámen de ingenios con cuanto le supo inspirar el verda

Strasburgo, 1612; en Auhalt, 1621; Lóndres, 1652; Jena, 1665. Asimismo se tradujo al frances, Leon, 1580;

inventora ántes que los ingleses, sino bajo el aspecto de
ser agente de las enfermedades, que hace en las páginas

275, 279,285,516, 527 y siguientes.
»Mucho más acertado sería decir que DoÑA 0LivA se ade-
lantó á Picon en formar este sistema en su obra titulada:
De morbis à colubie serosa oriundis; del cual no se apar-
taria si dijéramos en nombre de la española: De morbis
d suco cerebrali, sive nervioso oriundis.»
(1) Los dos autores de la Historia de la Medicina en
España, don Antonio Hernandez Morejon y don Anastasio
Chinchilla, no están conformes en la cita de las ediciones
que se han hecho de esta obra. El primero dice: «Se im-
primió por vez primera en Baeza, por Juan Bautista Mon-
toya, en 1575, en 8o, y 1594; Pamplona, 1578, en 8.o,
por Tomas Porras; Logroño, 1580; Bilbao, 1580; Hues-
ca, 1581; Medina del Campo, 1605; Barcelona, 1607; Al-
calá, 1640; Madrid, 1668, en 4 o Se tradujo al italiano y
e imprimió en Venecia, 1582; idem, 1605; Roma, 1540
(sic), 1619. Tambien se trasladó al latin y se publicó en

París, 1603, 1675, y á varios otros idiomas.»
Chinchilla escribe lo siguiente:
« En España se hicieron las ediciones siguientes: en
Bilbao, 1580; en Huesca, 1581; en Medina del Campo,
1605; en Baeza, 1584; en Barcelona, 1607, y en Ma-
drid, 1668.
» En Strasburgo, en latin, 1612; en Anhalt, 1621; en
Jena, 1665; en Colonia, 1610, en 8."; en idem, 1610, en
12.o. En italiano, en Venecia, 1572; en idem, 1605; en
Roma, 1540, 1619. En frances, en Lion, 1580; en Pa-
rís, 1605, 1675.
(2) Don Anastasio Chinchilla dice que quizás «si no
hubiera existido el Earámen de ingenios, no hubiera sido
tan famosa y encomiada la Craneoscopia ó Craneología
de Gall.»
(5) Investigaciones sobre la historia de la medicina,

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