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huyó de la vista y trato de sus ciuladanos, y no se hallóá las exequias de su hermana, ni pagó las obligaciones, ántes se fué á su Albano. ¿Aligeró por ventura el dolor de la acerbísima muerte, asistiendo al tribumal, oyendo los abogados, ó con otros negocios de este género? ¡Oh afrenta del imperio, que en la muerte de una hermana hayan sido los dados el consuelo del ánimo de un príncipe romano! Este mismo Cayo con loca inconstancia anduvo, ya con barba y cabello descompuesto, ya midiendo sin concierto las costas de Italia y Sicilia, sin jamas tenerse certeza si queria que su hermana fuese llorada ó venerada. Porque en la misma sazon que determinaba edificarle templos y altares, castigó con cruelísima demostracion á los que vió estaban poco tristes. Porque con la misma destemplanza de ánimo sufria los golpes de sucesos adversos, con que levantado de los prósperos, se ensoberbecia fuera del humano modo. Apartemos léjos de cualquier varon romano este ejemplo de quien, ó desechó de sí el llanto con intempestivos juegos, ó le despertó con la fealdad de trajes asquerosos y sucios, alegrándose con ajenos males, y no con humanos consuelos. Tú no tienes que mudar en tu costumbre, porque siempre te resolviste amar aquellos estudios que levantan la felicidad con templanza, y disminuyen las adversidades con facilidad. Y estos estudios, junto con ser grande adorno de los hombres, son asimismo grandes consuelos.

- CAPÍTULO XXXVII.

Engólate, pues, en esta ocasion más hondamente en tus estudios, cércate ahora con ellos, poniéndolos por defensa del ánimo. No halle el dolor por parte alguna entrada en tí. Alarga asimismo la memoria de tu hermano en alguna obra de tus escritos; porque en las cosas humanas, sola ésta es á quien ninguna tempestad ofende y ninguna vejez consume. Todas las demas, que consisten ó en labores de piedras ó en fábricas de mármol, ó en túmulos de tierra levantados en grande altura, no durarán mucho tiempo, porque están sujetas á la muerte. La memoria del ingenio es inmortal; dale ésta á tu hermano, colocándole en ella; mejor es que con tu duradero ingenio le eternices, que no que con vano dolor le llores. En cuanto toca á la fortuna, no estás ahora para que pase ante tí su causa; porque todo lo que nos dió nos es aborrecible con cualquier cosa que nos quita. Trataráse esta causa cuando el tiempo

te hiciere más desapasionado juez de ella, y entónces podrás volver é estar en su amistad; porque tiene prevenidas muchas cosas con que emendar esta injuria, y no pocas con que recompensarla. Y finalmente, todo lo que ella te quitó, te lo habia dado. No quieras, pues, usar contra tí de tu ingenio, ni ayudar con él á tu dolor. Puede tu elocuencia calificar por grandes las cosas pequeñas, y atenuar y abatir las mayores; pero estas fuerzas resérvalas para otra ocasion, y ahora ocúpense todas en tu consuelo. Atiende tambien á que no parezca flaco este dolor, que aunque la naturaleza quiere haya alguno, es mayor el que se toma por vanidad. Yo no te pediré que dejes de todo punto las lágrimas, aunque hay algunos varones, de prudencia más dura que fuerte, que afirman no ha de llorar el sabio. Parece que los que esto dicen no han llegado á semejantes sucesos; que de otra manera, la fortuna les hubiera despojado de esta arrogante sabiduría, forzándolos á confesar la verdad contra su gusto. No hará poco la razon si cercenáreal dolor lo supérfluo y superabundante; porque querer que de todo punto no se consienta alguno, ni se puede esperar ni desear. Guardemos, pues, tal temperamento, que ni mostremos desamor nilocura, conservándonos en traje de ánimo amoroso y no enojado. Corran las lágrimas; pero tenga fin la corriente. Salgan gemidos de lo profundo del pecho, pero tambien tengan límite. Gobierna tu ánimo de tal manera, que te aprueben los sabios y tus hermanos. Procura que frecuentemente te ocurra la memoria de tu hermano, para celebrarle en las conversaciones, y para tenerle presente con la contínua recordacion. Conseguiráslo, si hicieres que su memoria te sea agradable, y no dolorosa; porque es cosa natural el huir siempre el ánimo de aquello á que va con tristeza. Pon el pensamiento en su modestia, ponle en la traza que para todas las cosas tenía, ponle en la industria con que las ejecutaba, y finalmente, en la constancia de lo que prometia. Cuenta á otros todos sus dichos, celebra sus hechos, acordándote de ellos. Acuérdate qué fué, y lo que se esperaba habia de ser; porque de tal hermano, qué cosa no se podia esperar con seguridad? Estas cosas he compuesto en la forma que he podido, con mi ánimo desusado y entorpecido en este tan apartadositio; y si pareciere que satisfacen poco á tu ingenio ó que remedian poco tu dolor, considera que no socorren con facilidad las palabras latinas al que atruena la descompuesta y pesada vocería de bárbaros.

L IBRO SÉPTIMO.
DE LA POBREZA.

COMPUE STO DE VA RIAS SENTENCIAS.

Epicuro dijo que la honesta pobreza era una cosa alegre; y debiera decir que siendo alegre, no es pobreza; porque el que con ella se aviene bien, ese solo es rico, y no es pobre el que tiene poco, sino el que desea más; pues aprovecha poco al rico lo que tiene encerrado en el arca y en los graneros, los rebaños de ganado y la cantidad de censos, si tras eso anhela por lo ajeno, y si tiene el pensamiento, no sólo en lo adquirido, sino en lo que codicia adquirir. Pregúntasme cuál será el término de las riquezas. Lo primero es tener lo necesario, y lo segundo poseer lo que basta. No habrá quien goce de vida tranquila miéntras cuidáre con demasía de aumentar su hacienda, y ninguna aprovechará al que la poseyere, si no tuviere dispuesto el ánimo para la pérdida de ella. Por ley de naturaleza se debe juzgar rico el que goza de una compuesta pobreza, pues ella se contenta con no padecer hambre, sed ni frio. Y para conseguir esto no es necesario asistir á los soberbios umbrales de los poderosos, ni surcar con tempestades los no conocidos mares, ni seguir la sangrienta milicia; pues con facilidad se halla lo que la naturaleza pide. Para lo superfluo y no necesario se suda; por esto se humillan las garnachas, y esto es lo que nos envejece en las pretensiones, y lo que nos hace naufragar en ajenas riberas. Porque lo suficiente para la vida, con facilidad se halla; siendo rico aquel que se aviene bien con la pobreza, contentándose de una honesta moderacion. El que no juzga sus cosas muy amplas, aunque se vea señor del mundo, se tendrá por infeliz. Ninguna cosa es tan propia del hombre, como aquella en que no hay útil considerable para quien se la quita. En tu cuerpo hay muy corta materia para robos; pues nadie, ó por lo ménos pocos derraman la sangre humana por sólo derramarla. El ladron deja pasar al desnudo pasajero, y para el pobre áun en los caminos sitiados hay seguridad. Aquel abunda más de riquezas, que ménos necesita de ellas. Y si vivieres conforme á las leyes de la naturaleza, jamas serás pobre; si con las de la opinion, jamas serás rico; porque siendo muy poco lo que la naturaleza pide, es mucho lo que pide la opinion. Si sucediere juntarse en tí todo aquello que muchos hombres ricos poseyeron, y si la fortuna se adelantáre á que tengas más dinero del que con modo ordinario se consigue, site cubriere de oro y te adornáre de púrpura, y te pusiere en tantas riquezas y deleites, que no sólo te permita el poseer muchos bienes, sino el hollarlos, dándote estatuas y pinturas y todo aquello que el artelabra en plata y oro para servirá la destemplanza, de estas mismas cosas aprenderás á codiciar más. Los

deseos naturales son finitos, y al contrario, los que se originan de falsa opinion no tienen fin; porque á lo falso no hay límite, habiéndole para la verdad. Apártate, pues, de las cosas vanas, y cuando quieras conocer si el deseo que tienes es natural ó ambicioso, considera si tiene algun término fijo donde parar, y si despues de haber pasado muy adelante, le quedáre alguna parte más léjos adonde aspire, entenderás que no es natural. La pobreza está despejada, porque está segura y sabe que cuando se tocan las cajas, no la buscan; cuando es llamada á alguna parte, no cuida de lo que ha de llevar, sino cómo ha de salir. Y cuando ha de navegar no se inquietan las riberas con estruendo ni acompañamiento, no le cerca la turba de hombres, para cuy0 sustento sea necesario desear la fertilidad de las provincias transmarinas. El alimentará pocos estómagos, que no apetecen otra cosa más que el sustento natural, es cosa fácil. La hambre es poco costosa, y eslo mucho el fastidio. La pobreza se contenta con satisfacer á los deseos presentes. Sano está el rico que si tiene riquezas, las tiene como cosas que le tocan por defuera. Pues ¿por qué has de rehusar tener por compañera á aquella cuyas costumbres imita el rico que se halla sano? Si quieres estar desocupado para el ánimo, conviene que desees ser pobre, ó por lo ménos semejante á pobre. No puede haber estudio saludable sin que intervenga cuidado de la frugalidad, y ésta es una voluntaria pobreza, que muchos hombres la sufrieron, y muchos reyes bárbaros vivieron con solas raíces, pasando una hambre indigna de decirse, y esto lo padecieron por el reino, y lo que más admiracion te causará, es el padecer por reino ajeno. En las adversidades es cosa fácil despreciar la vida; pero el que puede sufrir la calamidad, ese muestra mayor valentía. ¿Habrá quien dificulte el sufrir hambre por librar su ánimo de frenesí? A muchos les fué el adquirir riquezas, no fin de las miserias, sino mudanza de ellas; porque la culpa no está en las cosas, sino en el ánimo. Esto mismo que hizo no fuese grave la pobreza, hará que lo sean las riquezas. Al modo que al enfermo no le es de consideracion ponerle en cama de madera ó de oro, porque á cualquiera que le mudes, lleva consigo la enfermedad; así tampoco hace al caso que el ánimo enferme en riqueza ó en pobreza, pues siempre le sigue su indisposicion. Para estar con seguridad no ne— cesitamos de la fortuna, aunque se muestre airada; que para lo necesario. cualquier cosa es suficiente. Y para que la fortuna no nos halle desapercibidos, hagamos que la pobreza sea nuestra familiar. Con más detencion nos harémos rlcos, si llegáremos á conocer cuán poco tiene de incomodidad el ser pobres. Comienza á tener amistad con la pobreza; atrévete á despreciar las riquezas, y luégo te podrás juzgar sugeto digno para servir á Dios, porque ninguno otro es merecedor de su amistad, sino el que desprecia las riquezas. Yo no te prohibo las posesiones; pero querria alcanzar de tí que las poseas sin recelo, lo cual conseguirás con sólo juzgar que podrás vivir sin tenellas, y si te persuadieres á recibirlas como cosas que se te han de ir, aparta de tu amistad al que no te busca á tí por tí, sino porque ores rico. La pobreza debe ser amada, porque te hace demostracion de los que te aman. Gran cosa es no pervertirse el ánimo con la familiaridad de la riqueza, y sólo es grande aquel que, poseyendo mucha hacienda, es pobre: Nadie nació rico, porque á los que vienen al mundo se les manda vivan contentos con leche y pan, y de estos principios nos reciben los reinos; porque la naturaleza no desea más que pan y agua, y para conseguir esto nadie es pobre; y el que pusiere límite á sus deseos, podrá competir con Júpiter en felicidad; porque la pobreza, ajustada con las leyes de la naturaleza, es una riqueza muy grande; y al contrario, la riqueza grande es una contínua inquietud, que desvaneciendo el celebro, le altera, haciendo que en ninguna cosa esté firme; á unos irrita contra otros, á unos llama á la potencia, y á otros hace desvanecidos, y á muchos afeminados. Y si quieres averiguar que en la pobreza no hay cosa que sea mala, compara á los pobres con los ricos, y verás que el pobre se rie más ve

ces y con risa más verdadera, porque no estando combatido de cuidados, se ve en tal altura, donde los que vienen, se le pasan como ligera nube. Y al contrario, la alegría de aquellos que juzgamos felices es fingida, que aunque con gravedad resplandecen en la púrpura, sin descubrir en público sus tristezas, son por esa causa mayores, por no serles lícito publicar sus miserias, siéndoles forzoso mostrarse felices entre las calamidades que les oprimen el corazon. Las riquezas, los honores, los mandos y todas las demas cosas que por opinion de los hombres son estimadas, abstraen de lo justo. No sabemos estimar las cosas, de cuyo valor no hemos de hacer aprecio por la fama, sino por la naturaleza de ellas. Y éstas no tienen cosa magnífica que atraiga á sí nuestros entendimientos, más de aquello de que solemos admirarnos; porque no las alabamos porque ellas son dignas de apetecerse, sino apetecémosla porque han de ser alabadas. Tienen las riquezas esta causa antecedente, que ensoberbecen el ánimo, engendran soberanía y arrogancia, con que despiertan la envidia, y de tal manera enajenan el entendimiento, que áun sola la opinion de ricos nos alegra, siendo muchas veces dañosa. Conviene, pues, que todos los bienes carezcan de culpa; que los que son de esta manera son puros y no corrompen ni distraen el ánimo, y si lo levantan y deleitan, es sin recelos; porque las cosas buenas engendran confianza, y las riquezas entendimiento. Las cosas buenas dan grandeza de áuimo, y las riquezas dan insolencia.

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El nombre de Séneca es clásico en todas las naciones, y sinónimo de la sabiduría. Las grandes verdades que anunció en sus escritos, su filosofía, siempre dulce y profunda, y su impetuosa elocuencia, le hicieron acreedor á la inmortalidad de que goza por espacio de algunos siglos.

Los ingleses y franceses tienen extractadas sus sentencias morales ó aforismos filosóficos, que devorando con ánsia la juventud, retiene por toda la vida, y éstos le sirven de reglas de conducta ó arte de vivir. Tal libro es la lectura predilecta de todas las clases de la sociedad: el labrador aprende en él el precio de la dorada medianía, el militar el de una muerte gloriosa por su patria, y el sabio el de la soledad y de la filosofía. Así todos leen á Séneca: Séneca es su maestro, y el que les enseña á amar la vida y la virtud, y despreciar las desgracias y el vicio.

Estos aforismos morales, tan apreciados de los extranjeros, vieron la luz pública en 1555 en la ciudad de Coimbra, por Juan Alvarez, impresor del Rey, muestro señor, traducidos al castellano. La edicion se despachó al instante; pero desde entónces hasta el presente, esto es, en el espacio de casi tres siglos no han sido reimpresos. Ahora vuelven á salir á plaza con las correcciones y mejoras que el editor ha juzgado convenientes en la traduccion. Esta es la mejor que podia ofrecerse

al público, y sólo sentimos no publicar, por ignorarlo, el nombre del ingenioso traductor. Si la presente obrita contribuye á la reforma de nuestras costumbres; si algun desgraciado halla consuelo leyendo los consejos del sabio filósofo, el editor se dará una y mil veces la enhorabuena.

EL LIB RO DE ORO.

1. Un solo bien puede haber en el mal: la vergüenza de haberlo hecho.

2. Bastaria por remedio ser mejores que los malos.

3. No es muy grande el ánimo á quien deleitan cosas terrenaS.

4. Procuramos olvidar lo que, traido á la memoria, nos entristcce.

(1) Muchas son las coleccíomès que se han hecho de pensamientos de Séneca. En Ambéres se publicó una, con el título de L. Annaei Senece cordubensis philosophi flores, en la imprenta de Gaspar Bellero, 1615, 12.° En 1752 vió la luz en París, en dos volúmenes en 12.", una coleccion con el título de Pensées de Senéque, traducidos por monsieur Angliviel de la Beaumelle, profesor real de idioma y buenas letras francesas en la universidad de Copenhague, para servir de educacion á la juventud. Largo, muy largo sería el catálogo de obras de pensamientos escogídos de Séneca que se han formado en diferentes naciones. La coleccion española que aquí por tercera vez se imprime tiene el mérito de ser los pensamientos escogidos entre los más sentenciosos. Así se graban mucho mejor en el entendimiento que no los de las

colecciones arriba citadas, en que se presentan con toda su extension,

5. Necesarios son nuevos favores de la fortuna para conservar la felicidad. 6. Con facilidad se adquiere lo preciso para la vida. 7. Doloroso es que comencemos á vivir cuando mol Tim OS. 8. Necesaria es la experiencia para saber cualquie I C0S3. 9. El valor es siempre ambicioso de peligros. 10. Pequeño aparato basta para vivir bien. 11. Todos están conformes contra los maleficios. 12. Argumento es de ser casta el ser fea. 13. No hay nadie tan humilde, que no tenga poder para dañar. 14. Prueba es de virtud el desagradar á los malvados. 15. Demasiado pronto muere al hombre para llegar á conocer las cosas inmortales. 16. Tenemos en mucho precio los beneficios que haCCII10S, 17. Industria es la aparente simpleza. 18. Ajeno es todo lo que nos viene en deseo.

19. El que siempre busca grandezas, alguna vez las CIncuentra. 20. Amarga es la pena que nace de vergüenza. 21. Mozos fueron primero los que ahora son hombres. 22. Más dañosa es la abundancia que viene sobre gran codicia. 23. Reino en lugar ajeno no está seguro. 24. Más dura la memoria de las injurias recibidas que de los beneficios. 25. Extremadísima crueldad es dilatar el castigo. 26. Para bien obrar, el que da debe olvidarlo luégo, y el que recibe, nunca. 27. Un amor apaga otro amor, y un temor otro tenOT. 28. No es necesaria la fortuna para sólo subsistir. 29. Desde la infancia da señales el ingenio. 30. Aunque amor sea virtud, algunas veces perjudica. 31. Los demasiados frutos no llegan á madurar. 32. Sé útil primero á los demas, si quieres ser útil á tí propio. 33. La sencillez y claridad distinguen el lenguaje del hombre de bien. 34. Muy pocos aciertan ántes de errar. 35. Espera que te hagan á tí lo que tú haces á otro. 36. Amor por nuestra voluntad se toma, más no por voluntad nuestra se deja. 37. Debe amarse al padre si es bueno, y sufrirle si es malo. 38. Tuyo haces el vicio que á tu amigo disimulas. 39. El que disputa con un beodo, disputa con un hombre ausente. 40. La mala nueva luégo se cree. 41. Buena es la mujer cuando abiertamente es mala. 42. El avaro nunca hace cosa acertada sino cuando muer0. 43. La edad se descubre más cuando se disimula con arte. 44. Util es al jóven amar, é indecoroso al viejo. 45. La llaga de amor, quien la sana, la hace. 46. El que súbito se determina, súbito se arrepiente. 47. La ambicion por la honra nunca mira obstáculos. 48. Muchas veces es valor el conservar la vida. 49. Las injurias y los beneficios penden de la voluntad. , 50. Recibe beneficio el que lo hace al que lo merece. 51. Con buena suerte hemos nacido si no la malogramos. 52. El beneficio que á todos se hace, á ninguno se hace. 53. Siempre el esperar, aunque sea el bien, da cuidado. 54. Feliz quien desprecia la fortuna! 55. Desdichado es el que por tal se tiene. 56. La inconstancia acorta los dias de nuestra vida. 57. Las buenas costumbres se conforman unas con otras, y por eso duran. 58. Doble valor tendrá el beneficio que otorgues sin que te lo hayan pedido. 59. Vende su propia voluntad el que recibe ajeno beneficio.

60. Dos veces muere el que á voluntad de otro muere. 61. Pide ajeno beneficio el que refiere el suyo. 62. Bueno es tener fama, pero más seguro es tencr dinero. 63. Dos veces vence el que en la victoria se vence á sí. 64. El liberal, áun para dar busca ocasion. 65. Pesado sueño tiene el que no siente cuán mal duerme. 66. Lo que de raíz se aprende, nunca del todo se olvida. 67. Ofensa hace á los buenos el que á los malos perdona. 68. Buena es la riqueza si la manda la razon. 69. Quien puede ser injusto quiere serlo. 70. Alivia el trabajo del camino el compañero eloCuente. 71. El buen suceso disculpa la temeridad. 72. Es morir bien, morir voluntariamente. 73. La desgracia es á veces ocasion de virtud. 74. La casualidad es á veces favorable. 75. Causa es de obrar mal el haber obrado. 76. Curioso es naturalmente nuestro ingenio. 77. En obligacion nos pone de dar el haber dado. 78. Despreciable cosa es el hombre cuando no se levanta sobre su esfera. 79. Tanto más crece él esfuerzo, cuanto más consideramos la grandeza de lo emprendido. 80. Ninguna esperanza queda de virtud, cuando no solamente deleitan los vicios, sino que se aprueban. 81. No hay cosa que mucho tiempo agrade al que en ninguna tiene asiento. * 82. Debe tomarse consejo conforme al dia, y si es posible, conforme á la hora. 83. Cruel es quien al afligido reprende. 84. La poca templanza del enfermo hace al médico ser cruel. 85. El peligro que no se teme, más presto viene. 86. La virtuosa mujer manda á su marido obedeciéndole. 87. Manchada deja su vida el que procura su Intlerte. 88. Merece salir engañado el que, al hacer un beneficio, tenía cuenta con la recompensa. 89. Difícilmente se hallan palabras que retraten al vivo las grandes desdichas. 90. Obedecer á Dios es libertad. 91. Deberiamos recibir bien los trabajos, sabiendo que vienen por providencia divina. 92. Cuando alguna parte del todo cae, la que queda no está segura. 93. La diversidad de libros distrae el entendimiento. 94. El que desee vencer, prepárese para la guerra de mucho tiempo. 95. Consuelo es en las grandes desgracias el que no pueda sobrevenir otra mayor. 96. Determínese despacio lo que para siempre se resuelve. 97. Para morir, el mejor de los tiempos es el próspero.

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