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LUCIO ANNEO SÉNECA.

JUICIOS CRÍTICOS Y CITAS NOTABLES.

I, DE M. FABIO QUINTILIANO.

(Instituciones oratorias, libro x, capítulo 1.) De intento he dejado para lo último á Séneca, varon versado en todo género de elocuencia, por la falsa opinion que de mi corre respecto á que yo le repruebo y áun aborrezco; y esto me sucede en el instante en que trabajo para restituir á su severidad antigua el corrompido estilo, estragado con todos los vicios. Ademas de que, casi sólo éste ha andado en manos de los jóvenes, y no era seguramente mi propósito quitársele, sino que no podia sufrir que lo prefiriesen á otros mejores, á quienes él no habia cesado de desacreditar; porque conociendo la diferencia de su estilo, desconfiaba de poder dar gusto á quienes ellos agradaban. Amábanle, pues, más de lo que le imitaban, y tanto se apartaban de él, cuanto él se habia alejado de los antiguos; porque de otra suerte, deberian desear hacerse iguales, ó á lo ménos acercarse á aquel varon. Pero agradaba solamente por los vicios, y cada uno se dedicaba á imitar los que podia, y despues, jactándose de decir como Séneca , le infamaban.

Por otra parte, sus virtudes fueron muchas y grandes, su ingenio claro y magnífico, su estudio muchísimo, y grande el conocimiento que tuvo de todas las cosas, en que, sin embargo, á veces fué engañado por algunos, á quienes él encargaba la averiguacion de ellas. Trató tambien casi toda la materia de estudios, pues andan en manos de todos sus oraciones, sus poemas, sus cartas y sus diálogos. En la filosofia es poco exacto, pero reprehende excelentemente los vicios.

Tiene muchas é ilustres sentencias, y muchas cosas que deben leerse para el arreglo de las costumbres; pero en la elocucion, por la mayor parte, es defectuoso, y su estilo es tanto mas perjudicial, cuanto abunda de vicios halagüeños; porque se desearia que él hubiera escrito por su ingenio, pero por el juicio de otro; pues si hubiera despreciado algunas cosas, si se hubiera contentado con menos, si no se hubiera pagado tanto de sus obras, y si no hubiera disminuido la gravedad de las cosas con conceptillos, hubiera merecido más bien la aprobacion universal de los eruditos que el amor de los muchachos.

Pero con este conocimiento pueden tambien ya dedicarse á su lectura los que ya tienen seguridad y suficiente firmeza en el estilo grave, aunque no sea más que porque puede servir para ejercicio del discurso por una parte, y por otra, porque muchas cosas se hallan en él dignas de alabanza, como he dicho, y muchas tambien dignas de admiracion, con tal que se tenga cuidado en elegir; lo que ojalá hubiera él hecho. Pues aquel natural que llevó á debido efecto todo cuanto quiso, merecia que su voluntad se hubiera inclinado á mejores cosas.

II. - DE LUCIO JUNIO MODERATO COLUMELA.

(De Agricultura, libro ili, capítulo m.) Pero ahora el campo de Nomento es sumamente célebre en este punto; sobre todo, las haciendas que en él posee Séneca, varon de excelente ingenio y ciencia; pues es constante que cada yugada le ha dado ordinariamente ocho cúleos de vino.

III. – DE CAYO PLINIO SEGUNDO.

(Historia natural, libro xiv, capitulo iv.) Y más nuevamente Anneo Séneca, principe de la erudicion y autoridad... Siendo hombre que de ninguna manera se admiraba de cosas pequeñas y vanas, de tal modo se enamoró de aquella posesion (en el campo Nomentano), que no se avergonzó de darle la palma de la mejor que habia visto jamas.

IV. – DE CAYO CORNELIO TÁCITO.

(Anales, libro xii.) Pero Agripina, para no ser conocida sólo por indignas acciones, consigue que se alce el destierro á Anneo Séneca, y juntamente que se le conceda el cargo de pretor, cosa agradable al puenlo, por la excelencia de sus estudios, y tambien para que su hijo saliese de la niñez bajo los consejos de un tal maestro.

(Anales, libro xin.) Afranio Burro y Anneo Séneca habian sido puestos para regir la juventud del emperador Neron... Aunque por diferentes artes y ejercicios, ambos resplandecian en el pueblo igualmente: Burro le instruia en las cosas que tocaban al ministerio militar y á la severidad de las costumbres; Séneca, en los preceptos de la elocuencia y en una cortesía y humanidad honesta.

(Anales, libro XIII.) Aunque esta oracion, compuesta por Séneca, llevase mucho adorno de palabras, conforme al ingenio apacible ó ameno que tuvo aquel varon, y acomodado al gusto de aquel siglo...

V. - DE DION CASIO.

(Historia romana, libro Lix.) Lucio Anneo Séneca, varon superior en sabiduría a todos los romanos de su siglo y á muclios tambien de los más antiguos

VI. - DE SAN AGUSTIN.

(La Ciudad de Dios, libro VI, capítulos x y xi.) Pero la libertad que á éste (Varron) le faltó para reprehender al descubierto, como la otra, esta teologia urbana, tan parecida á la teátrica, no faltó, aunque no del todo, en alguna parte á Anneo Séneca, que por algunos indicios hallamos que floreció en tiempo de nuestros apóstoles, porque la tuvo en la pluma y faltóle en la vida; y así, en el libro que escribió contra las supersticiones, mucho más copiosamente y con más vehemencia reprehende él esta teologia civil y urbana que Varron la teátrica y fabulosa; porque tratando de los simulacros , «dedican, dice, á los dioses sagrados, inmortales é inviolables, en materia vilísima é inmoble, vistiéndolos de formas de hombres, fieras y peces, y algunos los hacen de entrambos sexos y de diferentes cuerpos, llamándolos dioses; los cuales, si tomáran espíritu y vida, y de repente los encontraran, los tomáran por monstruos.» Despues, más abajo, habiendo referido los pareceres de algunos filósofos, celebrando la teologia natural, opúsose á sí una duda, y dice : Aquí exclamará alguno: ¿He de creer yo que el cielo y la tierra son dioses, y que hay unos sobre la luna, y debajo otros? ¿He de sufrir yo a Platon ó al peripatético Estraton, que el uno hizo á Dios sin cuerpo, y el otro sin alma!, Y respondiendo á esto, pues que dice: a; Parécense más verdaderos los sueños de Tito Tacio o los de Rómulo d los de Tulio Hostilio? Tito Tacio dedicó a la diosa Cluacina, Rómulo á Pico Filetino, Hostilio al Payor

y á la Amarillez, afectos pestilenciales del hombre; que el uno es movimiento ó alteracion del ánimo espantado, y el otro del cuerpo; y áun no es enfermedad, sino color, y ¿has de creer más que éstos son los dioses, y los pondrás y venerarás en el cielo?»

Pues de los mismos ritos atroces y torpes, cuán libremente escribió «El uno, dice, se corta las partes que tiene de hombre, y el otro los morcillos de los brazos: como ó cuando temen que los dioses están airados, así quieren tenerlos propicios. Parece que de ninguna manera se deben reverenciar los dioses, si es que tambien quieren esto. Tan grande es el furor y desvarío del juicio perturbado, que aplacan á los dioses de suerte, que ni áun los hombres bárbaros, traidos como argumentos de fábulas y tragedias atroces, se muestran más inhumanos y crueles que ellos.

»Los tiranos, aunque hicieron pedazos los miembros de algunos, á nadie mandaron que se los despedazase él á sí propio. Á algunos han castrado por órden de algunos principes; pero nadie puso en sí las manos, por mandado de algun señor, para no ser hombre... Vine al Capitolio. Vergüenza causará el describir la locura que el vano furor y desatino han tomado por oficio! Uno hace como que rinde y sujeta los dioses á Dios, otro se ocupa en avisar á Júpiter las horas, otro se muestra que es lictor... Hay algunas mujeres que fingen que á Juno y á Minerva están aderezando los cabellos, y estando, no sólo léjos del simulacro, sino del templo, mueven sus dedos como quien está componiendo y tocando á otro. Hay otras que tienen el espejo, otras que llaman á los dioses para que las favorezcan en sus pleitos. Hay quien les ofrece memoriales y les informa de su causa. Un excelente archimimo, ó autor de representantes viejos, ya decrépito, cada dia iba á representar al Capitolio, como si los dioses vieran, de buena gana al que los hombres ya habian dejado... Hay algunas mujeres, que están sentadas en el Capitolio, que se imaginan que Júpiter está enamorado de ellas, sin tener cuidado ni miedo de Juno, con ser, si quisiereis creer á los poetas, una diosa colérica é iracundísima.»

Esta libertad no tuvo Varron: sólo se atrevió á reprehender la teología poética, y no se atrevió á la civil, que Séneca puso en el lodo. Con todo, si atendemos á la verdad, peores son los templos, donde se hacen estas cosas, que los teatros, en donde se fingen. Y así, en estos sacramentos de la teología civil, aconseja Séneca al sabio que no los tenga religiosamente en el corazon, sino que los finja en las obras, porque dice: «Todo lo cual guardará el sabio como cosas por ley establecidas; pero no como agradables á los dioses.» Y más adelante: «Pues qué? dice, ¿no hacemos tambien casamientos de los dioses, y áun esto no pía y legítimamente, pues casamos á hermanos con hermanas? A Belona casamos con Marte, á Vénus con Vulcano, á Salacia con Neptuno, si bien á algunos dejamos solteros, como si les hubiera faltado con quién, qrincipalmente habiendo algunas viudas... Toda esa turba plebeya de dioses, la cual en mucho tiempo amontomó una larga supersticion, adoremos de manera, que nos persuadamos que su culto y veneracion pertenece más al uso...» Pero Séneca, á quien los filósofos, sus maestros, hicieron casi libre, como era ilustre senador del pueblo romano, reverenciaba lo que reprehendia, hacia lo que condenaba, lo que culpaba adoraba; porque, en efecto, la filosofía le habia enseñado una cosa grande, para que no fuese supersticioso en el mundo; pero él, por respeto á las leyes ántes, y por el uso y costumbre de las gentes, aunque no hiciese lo que el cómico, que finge en el teatro, imitábale en el templo, que es tanto más inconveniente y reprehensible, porque lo que hacia fingidamente, lo hacia de manera, que el pueblo pensaba que lo hacia de véras; y el cómico, de burlas y fingiendo, ántes deleita que engaña. Séneca, entre otras supersticiones de la civil teología, tambien reprehende los sacramentos de los judíos, y principalmente los sábados, diciendo que los hacen inútilmente, porque en los dias que interponen cada siete, estando ociosos, pierden casi la séptima parte de la vida, y se pierden muchas cosas, dejándolas de hacer al tiempo que debieran. Pero no se atrevió á hacer mencion de los cristianos, que ya entónces eran aborrecidísimos de los judíos, ni en bien ni en mal, ó por no alabarlos contra la antigua costumbre de su patria, ó por no reprehenderlos quizá contra su propia voluntad. Pero hablando de aquellos judíos, dice: «Y con todo eso, ha cundido tanto la costumbre y manera de vivir de esta maldita gente, que está ya recibida por todas las provincias de la tierra; y siendo ellos los vencidos, han dado leyes á los vencedores.»

III. — DE CAYO PLINIO SEGUNDO.

(Historia natural, libro xIv, capítulo Iv.)

Y más nuevamente Amneo Séneca, príncipe de la erudicion y autoridad... Siendo hombre que de ninguna manera se admiraba de cosas pequeñas y vanas, de tal modo se enamoró de aquella posesion (en el campo Nomentano), que no se avergonzó de darle la palma de la mejor que habia visto jamas.

IV. — DE CAYO CORNELIO TÁCITO.

(Anales, libro XII.)

Pero Agripina, para no ser conocida sólo por indignas acciones, consigue que se alce el destierro á Anneo Séneca, y juntamente que se le conceda el cargo de pretor, cosa agradable al pueblo, por la excelencia de sus estudios, y tambien para que su hijo saliese de la niñez bajo los consejos de

un tal maestro. (Anales, libro XIII.)

Afranio Burro y Anneo Séneca habian sido puestos para regir la juventud del emperador Neron... Aunque por diferentes artes y ejercicios, ambos resplandecian en el pueblo igualmente: Burro le instruia en las cosas que tocaban al ministerio militar y á la severidad de las costumbres; Séneca, en los preceptos de la elocuencia y en una cortesía y humanidad honesta.

(Anales, libro XIII.)

Aunque esta oracion, compuesta por Séneca, llevase mucho adorno de palabras, conforme al ingenio apacible ó ameno que tuvo aquel varon, y acomodado al gusto de aquel siglo...

V. — DE DION CASIO.

(Historia romana, libro LIx.)

Lucio Anneo Séneca, varon superior en sabiduría á todos los romanos de su siglo y á muclios tambien de los más antiguos

VI. — DE SAN AGUSTIN.

(La Ciudad de Dios, libro vi, capítulos x y xI.)

Pero la libertad que á éste (Varron) le faltó para reprehender al descubierto, como la otra, esta teología urbana, tan parecida á la teátrica, no faltó, aunque no del todo, en alguna parte á Anneo Séneca, que por algunos indicios hallamos que floreció en tiempo de nuestros apóstoles, porque la tuvo en la pluma y faltóle en la vida; y así, en el libro que escribió contra las supersticiones, mucho más copiosamente y con más vehemencia reprehende él esta teología civil y urbana que Varron la teátrica y fabulosa; porque tratando de los simulacros, «dedican, dice, á los dioses sagrados, inmortales é inviolables, en materia vilísima é inmoble, vistiéndolos de formas de hombres, fieras y peces, y algunos los hacen de entrambos sexos y de diferentes cuerpos, llamándolos dioses; los cuales, si tomáran espíritu y vida, y de repente los encontráran, los tomáran por monstruos.» Despues, más abajo, habiendo referido los pareceres de algunos filósofos, celebrando la teología natural, opúsose á sí una duda, y dice: «Aquí exclamará alguno: ¿He de creer yo que el cielo y la tierra son dioses, y que hay unos sobre la luna, y debajo otros? ¿He de sufrir yo á Platon ó al peripatético Estraton, que el uno hizo á Dios sin cuerpo, y el otro sin alma?» Y respondiendo á esto, pues que dice: «¿Parécense más verdaderos los sueños de Tito Tacio ólos de Rómulo ó los de Tulio Hostilio? Tito Tacio dedicó á la diosa Cluacina, Rómulo á Pico Filetino, Hostilio al Pavor y á la Amarillez, afectos pestilenciales del hombre; que el uno es movimiento ó alteracion del ánimo espantado, y el otro del cuerpo; y aun no es enfermedad, sino color, y ¿has de creer más que éstos son los dioses, y los pondrás y venerarás en el cielo?,

Pues de los mismos ritos atroces y torpes, cuán libremente escribió! «El uno, dice, se corta las partes que tiene de hombre, y el otro los morcillos de los brazos: como ó cuando temen que los dioses están airados, así quieren tenerlos propicios. Parece que de ninguna manera se deben reverenciar los dioses, si es que tambien quieren esto. Tan grande es el furor y desvarío del juicio perturbado, que aplacan á los dioses de suerte, que ni áun los hombres bárbaros, traidos como argumentos de fábulas y tragedias atroces, se muestran más inhumanos y crueles que ellos.

"Los tiranos, aunque hicieron pedazos los miembros de algunos, á nadie mandaron que se los despedazase él á si propio. A algunos han castrado por orden de algunos principes; pero nadie puso en sí las manos, por mandado de algun señor, para no ser hombre... Vine al Capitolio. Vergüenza causará el describir la locura que el vano furor y desatino han tomado por oficio! Uno hace como que rinde y sujeta los dioses á Dios, otro se ocupa en avisar á Júpiter las horas, otro se muestra que es lictor... Hay algunas mujeres que fingen que á Juno y á Minerva están aderezando los cabellos, y estando, no sólo lejos del simulacro, sino del templo, mueven sus dedos como quien está componiendo y tocando á otro. Hay otras que tienen el espejo, otras que llaman á los dioses para que las favorezcan en sus pleitos. Hay quien les ofrece memoriales y les informa de su causa. Un excelente archimimo, o autor de representantes viejos, ya decrépito, cada dia iba á representar al Capitolio, como si los dioses vieran, de buena gana al que los hombres ya habian dejado... Hay algunas mujeres, que están sentadas en el Capitolio, que se imaginan que Júpiter está enamorado de ellas, sin tener cuidado ni miedo de Juno, con ser, si quisiereis creer á los poetas, una diosa colérica é iracundísima.)

Esta libertad no tuvo Varron: sólo se atrevió a reprehender la teología poética, y no se atrevió á la civil, que Séneca puso en el lodo. Con todo, si atendemos a la verdad, peores son los templos, donde se hacen estas cosas, que los teatros, en donde se fingen. Y así, en estos sacramentos de la teología civil, aconseja Séneca al sabio que no los tenga religiosamente en el corazon, sino que los finja en las obras, porque dice: «Todo lo cual guardará el sabio como cosas por ley establecidas; pero no como agradables á los dioses.» Y más adelante: «Pues qué? dice, ¿no hacemos tambien casamientos de los dioses, y áun esto no pía y legítimamente, pues casamos á hermanos con hermanas? A Belona casamos con Marte, á Vénus con Vulcano, á Salacia con Neptuno, si bien á algunos dejamos solteros, como si les hubiera faltado con quién, principalmente habiendo algunas viudas... Toda esa turba plebeya de dioses, la cual en mucho tiempo amontonó una larga supersticion, adoremos de manera, que nos persuadamos que su culto y veneracion pertenece más al uso...) Pero Séneca, á quien los filósofos, sus maestros, hicieron casi libre, como era ilustre senador del pueblo romano, reverenciaba lo que reprehendia, hacia lo que condenaba , lo que culpaba adoraba; porque, en efecto, la filosofia le habia enseñado una cosa grande, para que no fuese supersticioso en el mundo; pero él, por respeto a las leyes ántes, y por el uso y costumbre de las gentes, aunque no hiciese lo que el cómico, que finge en el teatro, imitábale en el templo, que es tanto más inconveniente y reprehensible, porque lo que hacia fingidamente, lo hacia de manera, que el pueblo pensaba que lo hacia de véras; y el cómico, de burlas y fingiendo, antes deleita que engaña. Séneca, entre otras supersticiones de la civil teologia, tambien reprehende los sacramentos de los judíos, y principalmente los sábados, diciendo que los hacen inútilmente, porque en los dias que interponen cada siete, estando ociosos, pierden casi la séptima parte de la vida, y se pierden muchas cosas, dejándolas de hacer al tiempo que debieran. Pero no se atrevió á hacer mencion de los cristianos, que va entonces eran aborrecidísimos de los judíos, ni en bien ni en mal, ó por no alabarlos contra la antigua costumbre de su patria , ó por no reprehenderlos quizá contra su propia voluntad. Pero hablando de aquellos judíos, dice: «Y con todo eso, ha cundido tanto la costumbre y manera de vivir de esta maldita gente, que está ya recibida por todas las provincias de la tierra; y siendo ellos los vencidos, han dado leyes á los vencedores.)

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