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se deben guardar en la memoria, grabar en el corazon, como reglas inflexibles de conducta , so pena de faltar á los más sagrados deberes y de caer en la desgracia, término infalible de la ignorancia y maldad. Sea este filósofo leido asiduamente; expliquémosle á nuestros hijos; pero no les consintamos su lectura sino en la edad mayor, en que un trato frecuente con los grandes autores, así antiguos como modernos, nos han asegurado el gusto. Conciso es su estilo, vivo y enérgico.

Sus imitadores jamas pudieron llegar á la originalidad de sus bellezas, y sería de sentir que la juventud , halagada por los defectos seductores de este modelo, llegase á ser sólo insipida y ridícula copista.

..... De muchos grandes y hermosos pensamientos, de ingeniosas y elegantes ideas, se despojarian aigunos de nuestros más célebres escritores, si hubiesen de restituir á Plutarco, á Séneca y á Montagne aquello que les han tomado sin citarlos.

No nombraré más que uno solo, que es monsieur Rousseau. Fácil sería probar que debe á Séneca, á Plutarco, á Montagne, á Locke y á Sidney, la mayor parte de las ideas filosóficas y de los principios de moral y de politica que más se han alabado en sus escritos. Al mismo Séneca debe sus sofismas y sus más extrañas paradojas..... Mientras las lenguas latina y francesa existan, Séneca y Montagne serán leidos, estudiados y admirados por los buenos ingenios, y toda la elocuencia de monsieur Rousseau, que apropiándose frecuentemente sus pensamientos, se ha asociado, por decirlo así, á su gloria, y ha lucido con un esplendor ajeno, jamas los hará caer en el olvido.

XIX.– DEL ABATE DON JAVIER LAMPILLAS. (Ensayo histórico-apologético de la literatura española , traduccion de doña Josefa Amar y Borbon , tomo ni.)

Con más felicidad áun habló de las cuestiones naturales Lucio Séneca. Quizá no hubo filósofo alguno entre los antiguos que excediera al nuestro en la erudicion, amenidad, perspicacia y verosimilitud con que habla de los meteoros celestes, de los elementos, del origen de los rios, del modo con que se forman la lluvia y la nieve y el granizo, de la causa de los terremotos, y sobre todo, de la naturaleza de los cometas, segun reconoce Tiraboschi ; dejando aparte por ahora sus admirables reflexiones morales, sacadas tan oportunamente de las mismas cuestiones naturales, como por ejemplo, cuando despues de haber tratado de la formacion de la nieve, reprende el lujo de los romanos en el uso cuotidiano de los sorbetes... Procuró con el mayor empeño estimular a la discola juventud romana, y separarla de los vanos y peligrosos entretenimientos en que vivia sumergida... Habiendo sido Séneca tan benemérito de las letras romanas por su reputacion en el estudio de la fisica, mucho más debió serlo por su superioridad sobre todos los griegos y romanos en la filosofia moral. Esta sola le basta para inmortalizar su nombre y formar de él una gloriosa época en los fastos literarios de Roma..... Es deudora la antigua Roma á España de la gloria que resulta de un estudio tan noble y necesario, y de contar entre sus literatos á quien mereció el nombre de verdadero filósofo.

XX.- DE DON JUAN ANDRES. (Origen, progreso y estado actual de toda la literatura, tomo I, capítulo v.) Séneca y Plinio pueden llamarse los únicos que entre los escritores romanos deben ponerse en los fastos de la filosofia. Es cierto que Séneca era secuaz de la doctrina estoica; pero la sublimidad de las sentencias, la novedad de los pensamientos y el orden de las materias son frutos del ingenio del filósofo cordobes : las sutilezas inútiles y cuestiones vanas, que se encuentran entre la gravedad y solidez de sus tratados morales, proceden de la secta griega que él profesaba. Sus Cuestiones naturales son el único monumento que nos manifiesta no haber sido la fisica un campo desconocido de los romanos.

XXI.— DE J. B. LEVEE.
(Teatro completo de los latinos—SÉNEcA, tomo xn, París, 1822)

La lectura de las obras de Séneca y de las tragedias que se le atribuyen, prueba á toda persona de buena le cuán laborioso era este sapio, y que lo más notable que hay en él es la extremada fe.cundidad de su talento, la pureza de su moral y la superabundante riqueza de sus expresiones y pensamientos. Escribió de los más difíciles asuntos de la filosofía, combatió fuertemente las pasiones y el error, pintó los desórdenes y males de la cólera, se mostró apologista de la virtud, y para dulcificar la ferocidad de Neron, compuso su tratado De la clemencia; enseñó en lo que el bien ó la tranquilidad de la vida estriba, y para indicarnos su útil empleo, nos habló de su corta duracion, y dió á sus parientes y á sus amigos en la adversidad los más gratos consuelos.

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Debo hacer aquí una observacion, que mis lectores calificarán de justa ó de inexacta. No se entregan generalmente los grandes al estudio de las letras, las ciencias y las artes para hacer sus goces más agradables, ó para llegar á mayor consideracion y estima. Pero el incentivo de los placeres, el esplendor de las grandezas, las ilusiones del poder, las inquietudes y los cuidados para su conservacion, apénas dejan vagar para dedicarse á estudios continuos y áridos. Trátase de un hombre superior á nuestra naturaleza, que lucha hasta en sus postrimerías contra el vicio prepotente, contra el crimen sostenido, fortificado, envalentonado por la perfidia, por la más servil adulacion, por las pasiones más desenfrenadas, por todo lo que la tiranía tiene de más imponente, de más horrible y monstruoso. Tal fué Séneca; y en esto debe verse el influjo de su gusto, de sus estudios, de su valor y de su posicion, en el carácter de su estilo, de sus escritos filosóficos y de las tragedias que se afirma que son suyas.

.....Séneca se hallaba en una esfera de no interrumpida actividad. Esta actividad no dejaba á su talento, á su juicio, á sus pasiones, á todas sus facultades intelectuales, instante alguno de reposo. Sus pensamientos se sucedian con una maravillosa celeridad; sentia él la necesidad, la impaciencia de expresarlos, sin tener tiempo de profundizarlos, elaborarlos y de escogerlos; se abandomaba al entusiasmo que le inspiraban, sin percebir el desórden de sus ideas, sin conocer los yerros. De aquí este lenguaje excesivo, estas figuras sin número, estos epítetos amontonados, estas imágenes presentadas en mil diferentes formas, este estilo en que prodiga las riquezas y los adormos, esta hinchazon en las expresiones, estas comparaciones atrevidas, estas frecuentísimas antitesis; estos defectos, en fin, muy exagerados por hombres que no han estudiado realmente á Séneca, ó que lo han juzgado con más severidad que Quintiliano. Sí, Séneca es un modelo que los hombres ya formados pueden seguir sin peligro, pero que los jóvenes no pueden imitar sin precaucion y guia,

XXII. — DE MONSIEUR BABINET.

(Estudios y lecturas sobre las ciencias de observacion y sus aplicaciones prácticas, tomo 1, Paris, 1855.)

Solo y más que solo el filósofo Séneca opone su potente lógica á las supersticiosas ideas de sus contemporáneos y de los que habian vivido en los precedentes siglos. Los cometas, en su opinion, se mueven regladamente en rutas señaladas por la naturaleza. Así, pues, lanzando una mirada profética sobre otros dias, asegura que la posteridad se admirará de que su edad haya desconocido verdades tan palpables. Séneca tenía razon contra todo el género humano, lo que equivale á decir que no la tenía, y durante diez y seis siglos la cuestion no adelantó cosa alguna.

..... Para hacer que desapareciese el prodigio, faltaba conocer las leyes del movimiento de los cometas; esto es lo que Newton logró con motivo del gran cometa de 1680. Habiendo observado que despues de la ley de atraccion que habia descubierto, la marcha debia ser una curva muy prolongada, intenta, con el auxilio de Halley, su colaborador y amigo, representar matemáticamente el curso del nuevo astro, y acierta por completo en su propósito. Halley se dedica activamente á esta parte de la astronomía, y reconociendo despues que el cometa de 1682 era exactamente igual, en su carrera alrededor del sol, á los dos cometas observados en 1551 y 1607, deduce que se trataba del mismo, el cual deberia reaparecer en 1750. Por los trabajos teóricos de Newton y por los cálculos de Halley, la prediccion de Séneca se ha cumplido: los cometas, ó al

menos algunos de ellos, siguen sus órbitas regulares. La vuelta puede ser prevista ; dejan de ser tenidos por existencias accidentales, y sí por verdaderos cuerpos celestes, con curso fijo y regular. La admiracion hacia ellos ha cesado, y se tributa al talento que habia comprendido el misterio de la naturaleza; porque despues de la Potencia creadora y organizadora del mundo, el primer lugar pertenece a la inteligencia que ha penetrado el pensamiento del Creador.

XXIII.- DE MONSIEUR PABLO JANET. (Historia moral y politica en la antigüedad y en los modernos tiempos, tomo 1, Paris, 1858.) Puede, en verdad, dudarse si el estoicismo primitivo ha combatido la esclavitud. Un solo texto de Cenon no basta para afirmarlo con seguridad. Pero en los estoicos romanos no cabe la duda. Citaré dos lugares importantes : uno de Séneca y otro de Epicteto. Todos conocen aquel hermoso y célebre dicho de Séneca : «Son esclavos? Di que son hombres. Son esclavos? Lo son como tú. Aquel que llamas esclavo ha nacido de la misma simiente que tú, goza del mismo cielo, respira el aire mismo, cual tú vive y muere (1)., Epicteto es aún más enérgico. Se sirve del principio mismo de Aristóteles para volverlo contra la esclavitud. No hay más esclavo natural que el que no participa de la razon; la esclavitud es para los animales, pero no para los hombres. El asno es un esclavo destinado por la naturaleza a conducir muchos fardos, porque no tiene razon ni el uso de su voluntad ; que si la tuviera, el asno legítimamente se resistiria á nuestro dominio, y sería un sér igual y semejante á nosotros. Epicteto se apoyaba en el principio de que no debemos querer para los otros hombres lo que no queremos para nosotros mismos. Nadie quiere ser esclavo; por qué servirse de otros como esclavos tambien? Tal es el modo de pensar de Epicteto y de Séneca acerca de la esclavitud. Pero por una circunstancia, que prueba áun mejor que todas estas máximas la igualdad natural de los hombres, los dos más hermosos talentos del estoicismo en Roma se encontraron en los dos extremos de las condiciones sociales. Epicteto y Marco Aurelio, el uno esclavo, emperador el otro , animados de una fe comun, eran, á no dudar, una admirable prueba de esta nueva fraternidad, dogma comun de los estoicos y de los cristianos, y por un trastorno que lo confunde todo, la Providencia habia querido que el esclavo fuera el maestro, y el emperador el discípulo.

XXIV. - DE DON ANDRES PEZZANI. (De los principios superiores de la moral, dirigidos a todos los hombres (2), Paris, 1859.) Examinando brevemente sus opiniones acerca de la libertad y del principio de nuestras acciones, veremos lo que Séneca piensa de Dios y de la inmortalidad como sancion de la moral.

Sobre la libertad, desde luego parece que admite el destino, segun el defectuoso sentir de Chrisippo; es decir, como una cadena inmensa é infinita, en que todos los anillos se enlazan y siguen necesariamente, que abrazan en su circuito la eternidad, comprendiendo todas las consecutivas renovaciones de los mundos. Esta sagrada cadena, como la llama Marco Antonino, liga lo mismo á los dioses que a los hombres, y los liga invenciblemente. Es un torrente que se precipita, y que en su rápido curso, lleva consigo cuanto existe, sin excepcion alguna. Todos los dioses entran en el océano de la sustancia, de donde habian sido sacados (confusis diis in unum); el mundo entero es destruido; no queda ni su cuerpo ni sa alma. Júpiter, que lo anima, ha sido igualmente sometido á la ley del universal destino, y sepultado, como todos los otros dioses, en las ruinas del mundo. El dios de los estoicos no es otra cosa que un resorte maquinal, más dirigido que director. A pesar de que anima el mundo, su voluntad, su accion para nada influyen en el estado de los seres.

Sin cesar habla de la libertad Séneca; pero falta saber lo que por libertad entiende. En la epístola Liv dice, al tratar de la muerte: «Te empeño mi palabra de que no temblaré un instante cuan.

(1) SÉXECA, Ad Luc., 73.
(?) Obra premiada por la academia de Ciencias Morales y Políticas de Francia.

do me vea en las postrimerias de la vida ; estoy preparado, y no me cuido de cuándo llegue la hora. Yo nada me he propuesto por ejemplo, porque no se debe imitar ni ensalzar al que no le aflija la muerte aunque le agrade la vida. En efecto, ¿qué honra da el salir de donde uno ha sido expulsado? Se me lanza, ciertamente; pero es como si yo por mi propia voluntad saliese. Así pues, el sabio jamas es expulsado; porque esta palabra quiere decir, ser lanzado de un lugar de donde no se quiere salir. El sabio nada hace á su pesar; previene las necesidades y quiere lo que le han de obligar á querer.» De este modo la libertad del sabio no es otra cosa que la sumision voluntaria á la necesidad y á los decretos del destino. Los estoicos decian lo que más tarde vino Espinosa á expresar en esta máxima : « El hombre por el conocimiento de Dios puede salir de la esclavitud.» Significa este dicho de semejante filósofo que el hombre, al conocer a Dios, conoce la invencible necesidad de todas las cosas; sabe que todo en el mundo proviene de una corriente fatal é invencible, que es lo que Espinosa, en su lenguaje , llama salir de esclavitud. Nadie es, al parecer, más partidario de la libertad que un estoico; pero quitando de un lado el resorte de las pasiones, y del otro sometiéndose al destino, no dejan ni el mérito de las resoluciones, ni la facultad de elegir ó escoger. Como se ve, no se trata de una libertad verdadera, sino de un fantasma de libertad. Séneca sigue enteramente el principio estoico de que la virtud es el bien supremo, y que se debe seguir en todo la razon ; es decir, la parte divina de nuestra alma. Séneca repite de todas maneras que el solo bien para nosotros consiste en escuchar su voz. Juzga que la razon es en todos los hombres la misma, y que éstos son todos hijos de un mismo padre, cualquiera que su categoría sea, cualesquiera que sean su condicion y su fortuna.....

Es cierto que en muchos otros lugares confunde, como los antiguos estoicos, á Dios.

La Providencia no era, en su pensamiento, otra cosa que el destino. Pero era muy dificil con tal sistema llegar a obtener una idea cierta de Dios. El principio de la corporalidad de todos los seres se opone, como hemos visto, al conocimiento de un espíritu puro con libertad y personalidad. El alma misma no era para Séneca otra cosa que un cuerpo compuesto de elementos sutiles.

Con semejante idea se comprende que deberia dudar de la inmortalidad. En su Consolacion á Polibio presenta dos hipótesis, sin adoptar alguna: de una parte la nada , de la otra la vida futura. A la verdad, en su Consolacion á Helvia y á Marcia se inclina á la segunda opinion. Pero, sobre todo, en su admirable epístola canta realmente un himno a la inmortalidad.

Despues de tal escrito, tan grande por el pensamiento como por la frase, permitasenos decir que Séneca , cuya hermosa muerte ha hecho olvidar las faltas de su vida, ha manifestado una fe, si no firme y áun persistente, gloriosa al menos para él, acerca de nuestra inmortalidad; y cuando se considera que es el único entre los estoicos en defender semejantes ideas, esto basta para recomendar su nombre y para tenerlo en singular estimacion. Verémos en Epicteto y Marco Aurelio mostrar las mismas dudas sobre la inmortalidad; pero en vano buscarémos en sus obras un trozo que pueda compararse al de la epístola que acabamos de citar.

XXV. - DE J. P. CHARPENTIER.

(Los escrilores lalinos del imperio, capítulo xii, Paris, 1859.) Tal fue Séneca : declamador, primero; filósofo, luego; sabio en fin. Séneca ha ejercido un gran influjo en su siglo. Ha sido jefe de escuela en dos conceptos: como escritor y como filósofo. Como escritor, de él aprenden Plinio el mayor, Floro y Tácito. Tácito, segun Montaigne, no sigue mal la manera de escribir de Séneca. El mismo Quintiliano, si bien la prohibe, tiene algo de ella. Su influjo sobre estos escritores es patente; hállase en ellos la expresion brillante, el modo de decir pintoresco, los rasgos de Séneca, y tal vez su afectacion. Pero Seneca más poderosamente ha influido kun en el pensamiento que en el estilo. Si en la pluma de Tácito la historia toma un matiz filosófico, esa forma dramática, ese tono sentencioso que hieren la curiosidad y provocan la reflexion, sin duda á su talento principalmente debe atribuirse esa fisonomía nueva y profunda ; pero es preciso reconocer en ella el influjo de Séneca. Ya hemos indicado aquel pensamiento de Séneca, "ando en un lugar de su tratado de los Beneficios se lamenta de que hombres distinguidos dequen , ó mejor dicho pierdan, su tiempo en estudiar con asiduidad y constancia, en vez de los

dones de la naturaleza, las locuras de los conquistadores, y á inmortalizar los destructores de la humanidad, cuando deberian celebrar á sus bienhechores.

¿Es otra cosa este pensamiento que el gérmen de la idea de la historia filosófica, que cuida ménos de los hechos que de sus consecuencias, y sustituye en los anales del género humano la historia de la civilizacion á la de la guerra, que, despues de todo, no significa más que la barbarie orgamizada? Esta manera filosófica se halla especialmente en los discursos, que en los historiadores vienen á ser la parte más moral ó política de sus escritos.

Hay otro historiador en quien, si no tan señalada, la influencia de Séneca no es ménos notable, Este historiador es Quinto Curcio.

Ignórase el tiempo cierto en que floreció; pero sin temor de equivocarse puede ser contado entre los de la escuela de Séneca. Si no tiene su estilo, tiene, sin embargo, su manera de pensar. Sus reflexiones sobre la fragilidad de las prosperidades humanas, sus simpatías por las desventuras de Dario, y hasta el discurso de los escitas; discurso en que la censura del lujo y de la corrupcion se compara, como en Tácito, con la sencillez de los bárbaros; todo claramente indica la proximidad y el influjo de la escuela de Séneca.

Séneca, si no el primero, más que otro alguno ha dado impulso al gran movimiento intelectual que ha regenerado y hecho fértil el siglo segundo de la literatura latina. Pero la gloria que á esta resulta no es suya toda. La España en este tiempo tiene en la historia de esta época un lugar importante en la historia del entendimiento humano; en la literatura y en la sociedad romana poderosamente influia. Si una nueva luz penetra en la literatura latina, si el mundo romano se abre, así como el Senado, á los pueblos y á las ideas, para quienes hasta entónces habian estado cerrados, esta tolerancia les viene de fuera, les viene de España. Se ha hablado mucho, y con razon, de la influencia de Grecia sobre el genio romano. Sobre su literatura hubo otra influencia más señalada y dichosa, y es la que desde el siglo de Augusto se ejerció por los escritores españoles y africanos. Desde aquel tiempo, en el mundo romano, y dentro de la misma Roma, se opera por el pueblo conquistado en el pueblo conquistador una revolucion insensible, pero profunda. Se esparcen las ideas de tolerancia, de unidad, de civilizacion, de paz universal y de igualdad política. Plinio el mayor va á reproducirlas, Floro las repite; son el desquite de los pueblos vencidos y la preparacion de la igualdad futura.

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