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ninguno á los Europeos sino despues que ya no podían sufrir tantas atrocidades como estos les hacían. En una ocasion de esta clase acaeció la desgracia de fray Luis á quien los Indios mataron por error teniendolo por uno de los Españoles que los habian maltratado; y aun en esto fué culpado el conductor, pues estando advertido de desembarcar lejos de allí, hizo lo contrario, sabiendo que habian desembarcado en la Florida cuatro armadas de Españoles con facilidad.

El caso fué que los de estas armadas habian hecho tantas y tan crueles atrocidades que los Indios estaban resueltos á no permitir Español alguno; y viendo á fray Luis que hablaba español, creyeron que fuese tan bárbaro como los otros. Pero en llegando los In». dios á certificarse de que los predicadores son pacíficos y no gente de guerra, no solo no les hacen mal sino que los reciben amistosamente, los agasajan, oyen con atencion lo que se les predica y adoptan la doctrina con docilidad, como el mismo fray Luis, yo, y otros religiosos del orden de Santo-Domingo lo experimentamos en Guatimala, donde convertimos á los habitantes de un vastísimo territorio, al cual se dio por'esta razon el nombre de provincias de la Vera Paz.

Aun permitiendo como verdadero el discurso de que los Indios matasen á los predicadores no por eso podrá ser lícito nuevo modo contrario de propagar »\ evangelio; pues Jesu-Cristo previó este peligro ¿ lo anunció de antemano á sus discípulos; se verificó su profecía y lejos de ser necesario mudar de medios, acreditó la experiencia que la sangre de los mártires era la semilla fructificante del cristianismo como el grano de trigocitadocomo muerto en el evangelio para fructificar. Así creemos nosotros que fray Luis Cancer, verdadero mánir de Jesu-Gisto estará pidiendo ahora en el ciclo por la conversion de todos los del pais en que derramó su sangre , y que á sus oraciones se deberá la etkacia de Lis exhortaciones que despues de su muerte han hecho con gran fruto en la Florida «tros predicadores.

El doctor Sepulvcda tira consecuencias falsas en sus obras del Diálogo, y de la Suma, no menos en la impresion de lengua Española que en la latina; pero no se puede entrañar, porque así debía suceder, estableciendo como establece principios falsos. Supone ( ó por lo menos discune como si supusiera) que nuestros Reyes tienen derecho á conquistar las Indias por la fuerza de las armas, y por eso paso a decir que sin ella no podvian (y aun tal vez no querrian ) suplir los gastos de misiones á que no estaban obligados si no habian de conquistar el pais para resarcir los dispendios. Un presupuesto de semejante naturaleza no puede menos de ser falso en todo sentido, porque nuestros Reyes, ni por sí mismos, ni por concesion del Papa, no tenian, ni podían tener, derecho de conquistar, por la fuerza de armas, uá país poseido por sus naturales, que no hacian mal al conquistador ni lo habian hecho jamas.

El doctor debió establecer el verdadero principio de que nuestros Reyes tienen por concesion del Papa (hecha en premio del mérito de primeros descubridores ) un derecho preferente á proyectar y egecutar misiones en los paises que descubran, y de adquirir una soberanía de proteccion sobre los habitantes que reciban la religion cristiana. Si el doctor hubiera establecido este principio , sacaría la consecuencia de que ( una vez admitida la concesion pontificia ) nuestros Reyes no se podian excusar de hacer los gastos de misiones, aun cuando los paisos no produjesen las riquezas que producen, porque sin misiones no habría soberanía protectiva.

Lo peor es que diga el doctor que nuestros Reyes no estan obligados á enviar predicadores ahora mismo, ni para lo futuro, si no envían tropas de conquista que reciban y remitan riquezas compensativas. Pues que? ¿No han recibido ya tantos y tan estimables tesoros que sobrepujen á cualesquiera gastos que hubiese para enviar misiones y gentes pacíficas?

Se alaba el doctor de ser el defensor de los derechos de nuestros Reyes y de la autoridad del Papa; pero si se medita bien el rumbo de la doctrina sostenida en su Diálogo y en la Suma, resultará que sirve mui mal á las dos potestades, especialmente al Emperador, cuando en lugar de avivar el zelo real por la conversion de las almas de los reos de tantos pecados mortales y de tantas atrocidades inhumanas , busca los medios de disculpar los crímenes, de proseguir cometiendolos, y de adormecer la conciencia misma del Emperador. Este modo de servir podrá ser bueno para ideas puramente mundanas que se consiguen muchas veces por medio de la adulacion, la lisonja, la complacencia, y la defensa de doctrinas agradables; pero no será bueno jamas para salvar las almas de los que mandan ni para cumplir las obligaciones de quienes deben decirles sencillamente la verdad que les conviene.

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Yo he preferido este segundo extremo en todas ocasiones, de treinta y cinco años á esta parte, aprovechándome de las experiencias que me han enseñado la verdad por espacio de cincuenta años. Es imputacion voluntaria y sin fundamento el decir que yo trato de aniquilar el principado de nuestros Reyes sobre las Indias; pues yo no me opongo al que de veras han tenido, al que tienen ahora, ni al que pueden tener y aumentar en adelante; sino solamente al título falso de conquistas á que se suele acudir siendo como es injusto, y nulo; porque les asiste otro noble, lícito, y suficiente; cual es el derecho de preferencia para la predicacion del evangelio en los paises de su descubrimiento, del cual derecho nace la soberanía protectiva que los mismos naturales del pais ( despues de convertidos al cristianismo ) acuerdan y conceden con voluntad libre al Rey que les hizo el bien de la conversion, de la civilizacion y de la instruccion.

Así es evidente que los títulos verdaderos de nuestros Reyes ála posesion de América son la concesion del Papa y el cumplimiento de sus condiciones; pero 110 para conquistar como guerreros con armas ofensivas , sino como predicadores del evangelio con armas de persuasion y de paz : pues no es menos evidente que tampoco podia el Papa dar otras para el paisque jamas habia sido propio de cristianos, y cuyos habitantes no eran aun subditos de la iglesia.

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