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en solos aquellos puntos; añadió algunas de que nada tenia pronunciado el señor Sepulveda.

De aquí se sigue que si vuestras señorías, mercedes y paternidades quisieran pesar la fuerza com< parntiva de las razones de los dos contendientes, podría convenir que leyesen la obra de Sepulveda como han leido la de Casas.

Entretanto diré que el egregio doctor propone é su favor varias especies que se pueden reducir á cuatro razones.

Primera, que la guerra es justa porque la merecen los Indios mediante la gravedad de sus delitos , particularmente los de idolatría y de otros pecados que cometen contra las leyes de naturaleza.

Segundaj porque los Indios son gente de rudo ingenio; servil por naturaleza y por consiguiente obligada á sujetarse á otras gentes de mayor talento cuales son los Españoles.

Tercera ., porque así contiene para el fin de propagar la religion cristiana, pues esto es fácil de practicar despues de haber sujetado á los Indios pero no ántes.

Cuarta, por evitar los males que los Indios hacen á la humanidad, pues consta que matan í otros hombres para sacrificarlos á los ídolos, y aun para comer sus carnes.

El señor Sepulveda procuró confirmar su primera razon con autoridades y egemplos de la santa escritura, con la doctrina de algunos canonistas, y con reflexiones dirigidas á persuadir la grande fealdad de los delitos de los Indios.

No citó en su exposicion vocal todos los textos que reunió en su obra escrita :únicamente designó dos ó tres.

En el capítulo 9 del Deuteronomio se dice que Dios habia aniquilado ciertas naciones por causa de sus impiedades; y consta que su aniquilacion fué inmediato efecto de la guerra hecha por los Is. raelitas; de lo que se infiere (segun el doctor) que la guerra contra los impios para castigar su impiedad es justa como lo fué aquella.

Se confirma esto en el capítulo XII mandando Dios á los Israelitas destruir los templos de losGentiles, y destrozar las estatuas de los ídolos. Y en el capítulo XXVI del Levítico amenazó Dios á los Israelitas destruirlos á ellos mismos como á los idólatras, si se dedicasen á imitar sus abominaciones.

En cuanto al modo de hacer á los Indios la guerra, Jo indicó Sepulveda, citando el capítulo XX del Deuteronomio en que Dios dijo á los Israelitas que cuando fuesen á conquistar ciudades, ofreciesen la paz ántes; que si los habitantes aceptaban la propuesta , no se les debería maltratar sino solo hacerlos tributarios; pero que si la rehusaban, se les hiciese guerra matando á todos, ménos las mugeres y los niños. Añade aquel testo que deberia practicarse de este modo en todas las ciudades lejanas, y citaba el doctor una glosa segun la cual se interpreta esta lejanía. no solo por la distancia material, sino tambien por la espiritual en puntos de creencia religiosa : bien que segun la opinion del egregio doctor no se debe llegar al rigor de matar á todos en la guerra con los Indios.

El señor obispo procuró destruir este primer argumento del doctor con varias reflexiones. No es cierto ( decía ) haber hecho los Israelitas la guerra por que los Cananeos fuesen idólatras sino porque Dios habia prometido á los descendientes de Abrahan, Isaac y Jacob la posesion de aquel pais y reservó su cumplimiento á los tiempos de Moises y de Josué. La promesa consta del capítulo XX del libro del Genesis y de otros varios textos. Si la guerra fuese por causa de la idólatría, hubiera sido contra todos los idólatras, y sin embargo no fué sino contra los que impedian á los Israelitas tomar posesion de la tierra prometida segun el capítulo XXIII del Deuteror nomio, donde se les prohibió incomodar á los Egipcios y á los Idumeos, en cuyos territorios habian habitado como forasteros. Que la lejanía de que se hace mencion tratando de algunas ciudades era una lejanía material y verdadera sin necesidad de interpretarla espiritualmente aunque lo dijera la glosa. Las amenazas de Dios á los Isrealitas no vienen al caso; pues ellos eran el pueblo de Dios y no extrañará nadie que su divina magestad les amenazase como á gente suya; pero nuestra cuestion se refiere á gentes extrañas. Tampoco sirve nada el castigo que Dios envió á Sodoma y demas ciudades nefandas; pues hay ciertos sucesos referidos en la escritura que manifiestan la conducta de Dios digna de ser admirada pero no de ser imitada y uno de los tales es el de aquel texto, como dijeron san Augustin y san Gregorio maguo.

'No solo no resulta del texto sagrado ( dice el señor obispo) que aquella guerra se hiciese por castigar la idolatría, sino que no podia resultar por ser, como es; doctrina católica que no se puede hacer guerra contra los que no son cristianos por el solo motivo de que no lo son, ni por el solo fin de que lo sean; pues así lo enseñan san Augustin, santo Tomas de Aquino, y otros santos padres. El famoso texto del evangelio en que se refiere que el padre de familias mandó á su siervo que compeliese á entrar en la sala del convite á los que no querían, no prueba la facultad de compelerlos por medio de una guerra de armas materiales, sino de las mentales de un convencimiento y compulsion á fuerza de razones fuertes é irresistibles, como interpretáron san Juan Crisostomo y otros muchos santos padres, con cuyo apoyo lo dijo tambien el papa Inocencio cuarto en su comentario del capítulo Majores del título de Baptismo en las Decretales.

Tampoco prueba nada ( pr< lo que algunos alegan de que vari ciéron guerra contra idólatras,

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algunos santos, especialmente Constantino el magno contra los Godos y los Sarmatas en tiempo del papa Silvestre y otros: por dictamen de san Gregorio el grande. No es verdad ni está probado nada de todo esto. La guerra de Constantino fué porque los Godos y los Sarmatas habian invadido algunos paises del imperio romano. Así consta de Paulo Orosio, de la historia tripartita y de otros varios escritores coetaneos ó proximos á la epoca. San Gregorio magno lejos de aconsejar guerra , envió al monge Augustin y á sus socios para predicar el evangelio á los idólatras de Inglaterra, persuadiendo con razones y no violentando con armas suyas niagenas, comolo escribieron san Beda y Juan Diacono. Únicamente sabemos que san Gregorio dió elogios indirectos á las guerras que sostenía en su tiempo el patricio Genadio, diciendo que no tanto eran por deseos de derramar la sangre humana cuanto por extender el territorio de su dominacion en el cual se daba culto á Dios, y desde el cual pudieran ir predicadores del evangelio. Mas examinando bien el testo no hay una palabra de que se pueda inferir que aconsejaba las guerras por convertir á los habitantes del pais que se conquistase.

San Pablo escribió ( añade el señor obispo ) que no le pertenecia mezclarse acerca de las costumbres de los que no eran cristianos; y si se reconocía sin derecho para eso, menos pensaria tener el de aconsejar su exterminio por medio de una guerra. Con

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