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$es favorables á los Indios, y viendo ahora este nuevo motivo, formó alianza con los religiosos dominicos, fortificandola con la uniformidad de doctrinas, y comenzó en aquel mismo tiempo á declamar contra los abusos del poder (i).

Entretanto el rey Fernando quinto mandó á los directores de la real casa de contratacion de Sevilla enviar al América cincuenta negros esclavos para trabajar en las minas por habersele informado que los Indios eran gente devíl y de pocas fuerzas para el objeto ; y claro esta que Bartolomé las Casas no tuvo parte alguna en esta resolucion del monarca y pues ni residia en la Península, ni tenia influjo en el gobierno aunque ya fuese de 36 años de edad (2).

Fue luego destinado á la isla de Cuba con título de Cura del pueblo nombrado Zanguarama, y este ministerio le autorizaba para predicar con vehemencia contraías opresiones de los degradados indios, de quienes se declaró protector y defensor acerrimo, considerandolos como hijos suyos desvalidos, priva-, dos de todo consuelo humano y sujetos á la impie-: dad de los Españoles conquistadores y vecinos europeos transladados allí para poblar con familias castellanas el país.

Los frailes dominicos viendo inutiles sus predicaciones y las de los otros sacerdotes ya seculares.

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ya religiosos del orden de san Francisco de Assis que habian pasado al América en i5o2, representaron al rey por medio de su general fray García de Loaisa ( que llegó á ser cardenal, arzobispo de Sevilla, confesor del rey, comisario general de Cruzada y presidente del Consejo de Indias). Fernando quinto informado de la verdad expidio , en I5i i varias ordenes para que se tratase bien á los Indios, y se buscase forma de llevar al America muchos negros de Guinea, prohibiendo esclavizar á los Indios excepto los Caribes, á los cuales se marcase con fierro en una pierna para que no pudieran ser confundidos con los Indios pacíficos en caso de fuga (i).

Se repitieron nuevas ordenes año i5i2y i3de resultas de las Juntas congregadas por el rey en Burgos y otras partes. Don Bartolomé de las Casas procuraba instruirse de ellas para favorecer á los Indios á cuyo fin influia mucho en su trato con el gobernador Diego Velazquez con quien conservó siempre amistad; tanto que quedó por consultor de Juan de Grijalba teniente gobernador de la isla por ausencia de Velazquez; lo que influyó sin duda muchísimo á que don Bartolomé se dedicase con mas intension al estudio del derecho. Los Indios le buscaban frecuentemente por intercesor para con aquel y jamas el se negó a cuanto pudiera ser en favor de ellos, procediendo conforme á la doctrina que incul

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caba en los sermones. Herrera cuenta que los de la provincia de Maycy fueron año i5ia á pedir perdon de haber abandonado su tierra cuando entró en ella Panfilo de Narvaez y con efecto Velazquez los envió pacificamente á sus casas por los ruegos del presbitero don Bartolomé (i).

En I5i3 salio éste comisionado por Velazquez con Panfilo Narvaez para recorrer las provincias de Bayamo, Cueyba, Caonáo, y Camagua y la isla de Cuba. El gobernador Velazquez tuvo por necesaria la concurrencia de Casas para evitar un suceso igual al de Maycy (2). Con efecto la voz de don Bartolomé bastaba en todas partes para que nadie huyese; sin embargo un Cacique huyó llevandose la imagen de la virgen María madre de Dios , de la iglesia de su pueblo, por haber oido que el padre Casas habia manifestado voluntad de cambiar aquella imágen por otra. Instruido este del suceso, hizo buscarlo y decirle que no solo no se haría el cambio, sino que cedería el predicador la suya gratis. En Caonáo apaciguó una especie de motin ocasionado por los soldados castellanos que sin causa golpearon á los Indios, que abandonaron de sus resultas el pais, y no volvieron hasta que, pasado algun tiempo, se supo en cual selva se habian retirado, y se les envió á decir que el padre Casas estaba

(1) Herrera , dea 1, lib. 9, cap. 9. (a) Herrera, dec. 1 , lib. 9, cap. 15. muí triste de que no volvían; lo qual bastó para que volviesen; pues, como asegura Herrera, los Indios miraban, amaban, respetaban, y obedecian á Casas como á padre , padrino, y defensor; por lo cual bastaba enviar un Indio con un papel viejo en la mano , y encargarle que luego que viese á los otros Indios á quienes debiese hacerse saber alguna orden del gobernador, les mostrára el papel diciendoles ser carta del padre Casas y que este decia en ella que luciesen esto u aquello, porque sino, se enojaría; pues la experiencia acreditó al gobernador que al instante se cumplía todo , y lo contrario sí algun militar les intimaba ordenes, porque se sobrecogían de miedo, no se fiaban en promesas que veian faltarse á cada paso , y en lugar de obedecer , abandonaban sus casas y se retiraban á los bosques. Un Indio jóven, llamado Adrianico lue quien hizo en aquella ocasion de mensagero; pues habiendo venido de proprio movimiento , manifestó voluntad de que se le admitiera como servidor de Casas: se le admitió, y fue origen de la tranquilidad de la provincia de Caonáo, con solo hacer lo que don Bartolomé le mandaba.

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La fama del amor que tenía este á los Indios producía efectos prodigiosos. En el viage de la visita de las pro vineias indicadas, en las cuales bautizó amillares de niños, sucedio haber llegado junto á su alojamiento en la orilla del mar un barco de Indios que trahian dos mugeres espanolas desnudas totalmente, menos en una parte que cubrían con hojas de arbol : una muger era como de quarenta años j otra como de veinte; resto (segun dijeron ellas) de la gente castellana que antes venia y que habia perecido á manos de los Indios. Casas dispuso que fuesen vestidas prontamente, y sin dilacion las casó con dos hombres honrados de su confianza (i).

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Supo don Bartolomé por las mugeres que un Cacique de la provincia de la Havana tenia en su poder á un hombre castellano que nadando se habia librado de la muerte y envió un Indio de su comitiva con la carta imaginaria y la comision de anunciar al Cacique que su contenido se reducia á decirle de parte del padre Casas que llevase sano y salvo aquel hombre castellano á donde el se hallaba; y surtio electo cumplido, asegurando el Cacique que otros de su comarca se lo habian pedido varias veces para matarlo y el habia resistido, reteniendolo siempre cerrado en su casa para librarlo del peligro de muerte. Casi habia olvidado hablar español el hombre; pero habia aprendido la lengua y las costumbres de los Indios en el termino de quatro años que parece haber vivido allí.

En la misma espedicion logró que Panfilo de Nar-^ vaez dejase volver libres á varios Caciques y otros In-. dios que habiendo abandonado sus casas y domicilio de resultas de la entrada militar española en aquella

(i) Herrera, dec. i , lib. 9, cap. 16.

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