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granjearse poder y renombre. Quien habia vistoal autor de sus dias perderse en el Océano inexplorado y traer una nueva creacion del abismo inmenso donde sólo parecian reinar el silencio y la muerte, bien podia creer borradas todas las fronteras que separan el deseo de su objeto, la esperanza de su cumplimiento, la idea de su realizacion, y la fantasía exaltada de las tristes realidades sociales. El hijo de uno de los descubridores del Nuevo Mundo, con harta razon podia creerse redentor nato de los habitantes de ese Mundo. Luégo la ciudad de Sevilla, su cuna, como que mueve á la imaginacion de atrevidas creencias y al intento de arriesgadas empresas. Aquel cielo deslumbrador, de arreboles tan varios, eleva el cerebro á otro cielo espiritual de ideas bien múltiples. Aquel rio con cuyas aguas perfumadas soñaron los primeros poetas del mundo, susurra como el acompañamiento eterno á los cánticos de una eterna epopeya. Las torres, por cuyas cimas todavía veis discurrir las blancas figuras de los astrónomos árabes; los jardines, entre cuyos alicatados suenan los ecos de las guzlas y de los romances confundidos con la vibracion de las armas; los naranjales, que os embriagan y exaltan con sus aromas; desde la vela flotante por el Guadalquivir hasta la palma meciéndose en la floresta; desde los luceros sembrados en sus noches hasta los ojos relampagueantes de sus mujeres, todo provoca, no solo a la concepcion de muchas ideas y al fantaseo de muchos ensueños, sino á su realizacion y cumplimiento. Para ver cómo eran los hombres de aquellas edades, no hay sino entrar en la nave de la Catedral, erigida adrede tan grande, para que los venideros tomaran a sus constructores por locos, y bajo cuyas bóvedas creeis bogar impulsados de una brisa celestial en los espacios incomensurables y en los abismos cerúleos del divino éther. ¿No os parece que raza, origen, sangre, cuna, educacion, todo cuanto le pertenecia y áun todo cuanto le rodeaba, movia al Padre Las Casas hacia las mayores empresas?

Y sin embrgo, como antes he dicho, fijó tarde, muy tarde, una vocacion, la cual, segun su firmeza y su intensidad, diríase congénita al calor de su vida y movida por el primer movimiento de su voluntad y de su ánimo. Ejemplos de esto hay en la historia. Nadie descubriera al primer escritor del siglo decimoctavo, á Rousseau, en el músico que anotaba sinfonías inacordes y componia óperas medianas, como nadie descubriera al redentor que renovara las llagas de Cristo, á Francisco de Asís, en el jóven coronado de flores, rey de festines, cantor de jácaras, que daba serenatas por las oscuras noches y requeria de amores en exaltados coloquios á todas las muchachas de su pueblo. Y no cabe dudarlo, no; estas vocaciones tardías suelen ser vocaciones decisivas. No está en nuestra complexion nacional ni en nuestros hábitos escribir memorias. El pudor que oculta las buenas acciones tiene tanta fuerza como la vergüenza que oculta las malas. Creemos que no importan álos demás ni nuestras virtudes ni nuestros vicios. Cierta soberbia nativa, cierta suficiencia orgullosa, cierta apelacion contínua á nuestro fuero interno, cierto individualismo un tanto excesivo nos arrastran á tal indiferencia por el ajeno juicio, aunque tenga la universalidad y la importancia de los juicios históricos, que jamás llegarán á comprenderlo aquellos pueblos, como el pueblo francés, por ejemplo, eminentemente sociable, y por lo mismo fácil de atemorizarse ante el tribunal de la historia, por lo cual aspiran sus naturales con defensas, alegatos, relaciones, autobiografias, á merecer bien de sus contemporáneos y bien de la posteridad. Nosotros, por el contrario, juzgámonos bastante pagados con parecemos bien á nosotros mismos. Así no existe en toda la literatura española un libro como las confesiones de San Agustin ó como las confesiones de Rousseau. Y por este achaque ó virtud ignoramos particularidades de la vida privada de nuestros prohombres, que acaso nos explicaran fases enteras de su vida pública. Respecto á las mocedades de Las Casas, debemos decir que este teólogo dominicano, orden llamada Jauría de Dios, profesóla jurisprudencia; que este defensor acérrimo de los indios tuvo por esclavo un indio en Salamanca; que este reformador, cuyas invectivas atacaban la apropiacion de los hombres, empezó su vida en aquel Nuevo Mundo con ranchos y repartimientos; que este obispo, calzado de sandalias, vestido de sayal, con su crucifijo en las manos y el ardor místico en los ojos, abordó á las playas de América como los más vulgares aventureros, aguijoneado por el apetito más ordinario, por la sed de oro. ¿Cómo, por qué causa, por qué motivo de la voluntad, por qué impulso de la inteligencia, por qué afecto cambió súbitamente su vocacion? Misterios de la historia. Lo cierto es que el abogado de Sevilla, el propietario de un pobre indio, el rebuscador de lucros se convirtió en misionero, en redentor de esclavos, en sacerdote de Dios y de la libertad.

Llegado fray Bartolomé de las Casas á cierto periodo de su vida, un pensamiento evangélico le poseyó por completo, el pensamiento de la natural igualdad entre los hombres. Y el pensamiento obra sobre la voluntad como el motor inmóvil de Aristóteles sobre el movimiento universal. Como en toda fuerza aplicada hay algo de la fuerza cósmica, en toda accion concreta hay motivos generales y en todo motivo general ó particular, hay ideas puras. El alma del alma de Las Casas estaba en su pensamiento de igualdad natural y el móvil de los móviles en su amistad á los indios. Casi todas las inclinaciones naturales de la humanidad se encuentran reunidas en cada individuo fundamentalmente. La causa generadora del genio en el desequilibrio, que da á unas facultades exclusivo predominio sobre el conjunto de todas las demás y con este predominio aptitudes sobresalientes merecedoras de sobresaliente gloria. Pasa con los móviles humanos lo que pasa con los gustos. El alimento que unos paladean con placer produce náuseas en otros; la melodía que halaga un oido fino se estrella en duro oido; el móvil que mueve á unos hacia el bien y el amor de su prójimo, mueve á otros hácia el mal, y á veces hácia el suicidio, hácia la destruccion de sí mismo. El límite con que los hechos exteriores refrenan toda accion desconcierta á los débiles y acera á los fuertes. Fray Bartolomé de Las Casas no luchara con tanto ahinco si no hubiera tropezado en su camino con tantas y tan diversas oposiciones. En el mundo se repiten siempre los mismos fenómenos históricos. Todo redentor pasa por una pasion. Las dudas le asaltan, los dolores le acongojan, los amigos le venden, el error ó el mal amenazador le calumnian, los discipulos

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