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dejar su casa á orillas del rio Arimáo, é ir á predicar y decirles misa á Sagua.

Estudiando los sermones empezó á considerar consigo mismo, entregándose á profundas meditaciones respecto á algunos textos de la Sagrada Escritura, y se fijó muy particularmente en los versículos 21 y 23 al 27 del libro xxxiv del Eclesiástico , que dicen:

21. Immolantis ex iniquo oblatio est macula fa...

23. Dona iniquorum non probat Altissimus, nec respicit in oblationcs iniquorum...

24. Qui offert sacrificium ex substantia pauperum, quasi qui victimaf filium in conspectupatris sui.

25. Pañis egentium vita pauperisest: quidefraudat illum homo sanguinis est.

26. Qui aufert in sudore panem, quasi qui occiditproximum suum.

27. Qui effundit sanguinem, et qui fraudem facit mercenario, fratres sum.

—« Mancillada es la ofrenda del que hace sacrificio de lo injusto... »

—« No recibe ei Altísimo los dones de los impíos, ni mira á los sacrificios de los malos... »

—« El que ofrece sacrificio de la hacienda de los pobres, es como el que degüella á un hijo delante de su padre. »

—« La vida de los pobres es el pan que necesitan: aquel que lo defrauda, es hombre sanguinario. »

—« Quien quita el pan del sudor, es como el que mata á su prójimo. »

—« Quien derrama sangre, y quien defrauda al jornalero, hermanos son.»

Estas grandes y sublimes palabras del Eclesiástico produjeron en Las Casas una honda impresion; meditó larga y profundamente sobre los, textos sagrados y un raudal de luz divina iluminó súbitamente su imaginacion que habia estado hasta entonces á oscuras en ciertos puntos trascendentales. Desapareció y huyó de él para no volver jamás , el espíritu emprendedor y activo que le habían distinguido en materias mundanas y temporales, esto es, en sus tratas, direccion de minas y granjerias, aparte de su bondad y humanidad notorias; arrojó para siempre al desprecio las excitaciones y alicientes de la codicia; se horrorizó al pensar que se estaba enriqueciendo á costa del sudor de los infelices indios á quienes ni tan siquiera se habia ocupado %n instruir en las cosas de la verdadera fe; se espantó al considerar cuán ciegamente habían caminado hasta allí y cuán débiles é insignificantes habian sido

sus esfuerzos para amparar y proteger á los indígenas del Nuevo mundo, en comparacion de lo que le quedaba por hacer de allí en adelante.

Una inmensa tristeza cubrió como un negro velo su corazon magnánimo, y un dolor profundo hizo brotar de sus ojos lágrimas en raudales. Con la lectura, cien veces repetida, de los textos del Eclesiástico, y con su aplicacion á las circunstancias de entónces, un profundo desaliento empezó á devorarlo. Se hallaba criminal, y el remordimiento le hacía sufrir terribles angustias.

Pero de aquella congoja desgarradora nació la resolucion heroica que debia de inmortalizar á Bartolomé de Las Casas. Se alzó enérgico y sublime, enjugadas ya las lágrimas y despidiendo sus ojos destellos de inspiracion suprema; y poseido de una decision inexorable de hacer olvidar su egoismo de hasta entónces, empezó su carrera, nunca despues interrumpida, de abnegacion completa á favor de los indios.

Desde aquel momento se cuenta el verdadero apostolado de las Casas, apostolado sublime que terminó solamente con el postrer aliento de su vida. *

CAPITULO II.

Decide Las Casas libertar sus esclavos. —Uu sermon. — Determina retornar á España.—Renteria aprueba sus propósitos. —Parte Las Casas de Cuba. — Llega á Santo Domingo.—Nuevas predicaciones. — Llega á España y conferencia con el monarca. — El confesor del rey , el ministro Conchillos y el obispo de Burgos.— Muere D. Fernando V.—Nuevos planes de Las Casas.—Cisneros y Adriano de Utrecht. — Escribe Las Casas una relacion en latin de los sufrimientos de los indios. — La entrega a Adriano y produce gran efecto.—Junta nombrada por Cisneros.—Comisarios regios.—Jerónimos, dominicos y franciscos.—Título á favor de Las Casas de protector universal de todos los indios.— Preámbulo de las instrucciones para los tres comisarios. — Declaracion notable del Gran Cisneros de que Iob indios son hombres libres.—Instrucciones extensas respecto á los indios. — Instrucciones respecto á los españoles residentes. — Instrucciones adicionales modificando las leyes hechas en Burgos respecto álos indios.— Cédula en favor de Las Casas.—Poderes conferidos al licenciado Alonso de Zuazo.

Decidióse Laá Casas á dar libertad á sus esclavos y abandonar el repartimiento, accion verdaderamente revolucionaria y casi cnonstruosa en aquel tiempo. Era menester, empero, contar con Pedro de Rentería, cuyos intereses estaban íntimamente ligados con los suyos propios. Rentería se hallaba á la sazon en Jamaica, á donde había ido con objeto de zanjar negocios mutuos. Demasiado impaciente Las Casas para aguardar su vuelta, antes de hacer pública la resolucion que habia tomado, se dirigió al gobernador Velazquez y le descubrió su corazon respecto de los repartimientos. Habló el clérigo con la entereza que acostumbraba á usar cuando era movido por su conciencia y.por la religion; hizo de la cuestion de repartimientos un asunto de fe y de conciencia religiosa, y no titubeó en asentar su opinion sobre el castigo que reservaba Dios á los que se obstinaban en tener indios esclavos. Añadió Las Casas que intentaba desde luégo deshacerse de los que poseia, pero manifestando el deseo de que esta resolucion fuese guardada bajo sigilo hasta el regreso de Jamaica de Pedro de Rentería, su amigo y socio. Fué grande la admiracion del gobernador, tanta mayor cuanto que él habia tenido á Las Casas por hombre apegado á sus . intereses materiales y hasta codicioso, tales eran la actividad y maña que habia hasta allí desplegado para la adquisicion de bienes de fortuna; y costóle el creer que el Padre fuese sincero en su determinacion "tan nueva entre aquellos pobladores. El aprecio y cariño que Diego Velazquez le tenía eran grandes; por esto no pudo ménos de expresar su sorpresa, y trató de disuadir á Las

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