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«de dar á los reyes de Castilla ninguna facultad por la cual se impidiese la dilatacion de la fe.

Quinto. Los reyes de Castilla y Leon debían satisfacer los gastos necesarios para la conversion de los indios á la fe.

Tales eran las opiniones fundamentales de los hombres más eminentes en dignidad, sabiduría y virtud de toda la América.

No quedó satisfecho Las Casas con las deliberaciones y resoluciones de la Junta, sintiendo dolorosamente que no se hubiese tratado en ella de la cuestion de esclavitud. Así es que él mismo resolvió convocar una Junta, á la que asistieron todos los personajes principales, con excepcion de los obispos; y en ésta se resolvió que los españoles que habían hecho esclavos eran tiranos, que los esclavos se habían hecho á pesar de la ley, y que todos los que los poseian tenian la estricta obligacion de darles la libertad.

En la carta dirigida por Las Casas al príncipe D. Felipe el 9 de Noviembre de 1545 le habia comunicado lo que textualmente continúa:

« Por las otras cartas suplico & V. A. me haga merced de descargarme de la ciudad de Chiapa y de Soconusco y de Yucatan, y que se me pase la iglesia Cathredal á las provincias de la Vera Paz, que son las que nuestros frayIes an apaziguado, questavan de guerra, pues es nueva christiandad en estos yndios, que nunca otra se a hecho verdadera en estas Yndias. A V. A. suplico que me haga esta merced muy grande, y haga obispos de Chiapa á otro, y de Ta vasco y Guacaqualco á otro, y de Yucatan á otro, y de Soconusco á otro. Y estos sean frayles pobres, escogidos y no clerigos, que destruyen en verdad estas tierras, y guardesen de un fulano de Xodar, queva por ser obispo, con favores de los que no le cognoscen, segund dizen, y de los que lo querrian tener y bivir en todas leyes. Y si Yucatan, questá norte sur derechamente con las questavan de guerra, fuere servido V. A. que yo tenga, tambien lo terne, con tanto que alli aya justicia y obediencia al Rey, y las ordenancas nuevas se guarden; y sino, no quiero tener en mi obispado vn solo español que tenga yndios, porque todos son tyranos y ninguno se salua. »

Se ve en el anterior trozo de carta la intencion de Las Casas de abandonar el obispado de Chiapa á causa de las contrariedades y disgustos que en muy corto tiempo en él habia sufrido. Pero esta intencion se acentuó mucho más en Méjico, comprendiendo que en ninguna parte ni por ningun lado encontraba un apoyo eficaz para llevar á cabo la mision de la cual se habia encargado con tanto entusiasmo. Todos sus proyectos, por bien concebidos y conducidos que fuesen, fracasaban estrepitosamente; de modo que en Méjico resolvió no retornar á su obispado de Chiapa, sino dirigirse nuevamente á España. Nombró entonces confesores para su diócesis, y les dió instrucciones respecto á los casos en que debían de negar la absolucion á los penitentes, contenidas en un pequeño opúsculo titulado: Confesonario ó Aviso á los confesoi'es del obispado de Chiapa.

Ese opúsculo lo había enviado de antemano en consulta al supremo Consejo de Indias. Habia sido examinado y aprobado por seis maestros en teología, los más sabios y respetables que se conocian de la Orden de Santo Domingo, á saber: el maestro Galindo, profesor de teología en el colegio de San Gregorio de Valladolid; el padre Bartolomé Carranza de Miranda, que fué confesor de Felipe II cuando éste era príncipe de Asterias, y despues arzobispo de Toledo y primado de las Españas; el padre Melchor Cano, que fué despues obispo de Canarias; el padre Mancio de Cristo, profesor de teología en Alcalá de Henares; el padre de Sotomayor, confesor de Cárlos V, y el padre Francisco de San Pablo, director del colegio de Valladolid.

Salió despues Las Casas para España, á donde llegó en 1547, y en donde le esperaban nuevas luchas y nuevas pruebas de su laboriosidad infatigable y de su firmeza y constancia.

CAPÍTULO XII.

Denuncias contra Las Casas.—Su renuncia del obispado de Chispa y su sucesor.—El fruto de sus viajes. — Comparece al Consejo de Indias.— Sus treinta proposiciones defendiendo el confesonario.—Fundamento de esas proposiciones.—Son insostenibles en los tiempos modernos.— Tenia Las Casas que admitir la doctrina de sus tiempos.—El Consejo de Indias satisfecho.—Juan Ginés de Sepúlveda.— Demorares segundo. Conclusiones principales.—Niégase el permiso de la impresion de esa obra.—Se imprime el Demócrates en Roma.—Se recoge la edicion en España.—Congregacion Vallisoletana. —Lo que dijeron Sepúlveda y Las Casas.—El resumen de fray Domingo de Soto.— Pruebas y argumentos. — Termina el sumario de la contienda. — Doce ¡objeciones de Sepúlveda. —Doce replicas de Las Casas.—Citas y observaciones.—Algunos comentarios. — Profecías.

Los principios que Las Casas profesaba le daban motivo para hacer las más justas y severas críticas del sistema de tiranía y concursion, por medio del cual se enriquecian en las Indias muchos españoles, y por este motivo sus enemigos eran poderosos y en gran número. Hemos visto cómo algunos hombres lo trataban en España, cómo en las poblaciones de América lo recibian, y los motines populares que contra él tuvieron lugar en la propia capital de su obispado, llegando algunos á denunciarlo como traidor, perjuro é infiel, y otros á injuriarlo con los más duros é injustos calificativos.

Últimamente le acusaron que predicaba y escribía en sus obras que S. M. el rey de España no tenía títulos legítimos para ocupar y gobernar en los reinos que sus subditos habían descubierto en América, añadiendo que con la propagacion de tales principios preparaba desgracias incalculables y trastornos sin cuento. Esta acusacion se hacía con el objeto de desconceptuar á Las Casas para con el emperador y su hijo, el príncipe D. Felipe, que llevaba las riendas del Estado durante la ausencia del primero. Pero estas acusaciones no pasaban de calumnias vulgares, pues en ningun escrito de Las Casas niega al rey de España el derecho de adquirir y conservar la soberanía de las Indias occidentales, esto es, de la América, sino el derecho de hacerse dueño de ellas á mano armada, á costa de millares de víctimas y rios de sangre.

Las obras que Las Casas habia publicado eran en sí mismas la mejor prueba de su lealtad como subdito español y de la sinceridad de sus principios; pero hallándose muy distante del centro de las intrigas en la corte, no podia evitar que se acumulasen sobre él gravísimas sospechas. En esta situacion se decidió á volver á España á dar cuenta de sus doctrinas y de su conducta; pero

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