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dos los padres confesores de la ciudad, exceptuando al dean y al canónigo de su iglesia y dando á estos dos un memorial de casos cuya absolucion reservaba para sí. El canónigo cumplió con la mayor puntualidad lo que le tenía ordenado el obispo, no dando absolucion á nadie que estuviese comprendido en los casos reservados. Negaban, pues, los dos confesores la absolucion al penitente y lo remitian al obispo. Estas medidas causaron la más honda impresion entre los españoles. Quisieron con empeños obligar af obispo á que desistiera de su riguroso mandato. Le requirieron con la Bula de la concesion de las Indias; pero el obispo de Chiapa se mostró, como era de esperar, firme en su resolucion, y respondió que la Bula de la concesion de las Indias no daba licencia para hacer esclavos y que el Papa no le podia mandar que diese los Sacramentos á los que no sólo no querian arrepentirse del pecado, pero que ni áun dejaban de pecar.

Amenazaron entonces los vecinos con querellarse al arzobispo de Méjico, al Papa y al rey y á su Consejo como de hombre alborotador de la tierra, inquietador de los cristianos y su enemigo, y amparador de unos perros indios. A esto les respondió el obispo : «Oh, ciegos, ciegos, y có» mo os tiene engañados Satanás. Que me ame» nazais con el arzobispo, con el Papa y con el o rey y con vuestras quejas. Sabed que aunque » por la ley de Dios estoy obligado á hacer lo que » hago y vosotros a hacer lo que os digo, tambien » os fuerzan á ello las leyes justísimas de vuestro » rey, ya que os preciais de ser tan fieles vasallos » suyos. » Luego, sacando las nuevas leyes, leyó la cláusula de la libertad de los esclavos, y dijo:

– «Segun esto, harto mejor me puedo yo quejar » de vosotros que no obedeceis á vuestro rey. » « De esas leyes, prorumpió uno, ya tenemos » apelado, y mientras no venga sobrecarta del » Consejo no nos obligan.» — «Eso fuera, con» testó Las Casas, si no tuvieran embebida en sí » la ley de Dios y un acto de justicia tan grave » como la libertad de un inocente injustamente » opreso y cautivo, como lo están todos los indios » que se compran y venden públicamente en esta » ciudad. »

En conclusion, nada se pudo conseguir ni de una parte ni de otra. El odio y la aversion crecieron en contra del Prelado, disfrazándose bajo la mofa y el escarnio más irreverente. Acusábanlo de gloton y comedor, decian que no habia estudiado, le daban el apodo de « Bachiller por Tejares,» se susurró que era poco seguro en la fe y que queria impedir en su obispado el uso de los Sacramentos; una noche se disparó un arcabuz sin bala junto a la ventana del aposento donde se recogia de noche, y se compusieron ciertos cantares alusivos de una manera ofensiva á su persona para que los muchachos los dijesen pasando por su calle. Y el santo obispo lo sufria todo con su angélica paciencia y mansedumbre de siempre.

El Domingo de ramos, el Jueves Santo y el primero y segundo dia de Pascua se notó que el dean dió la comunion á algunos españoles que era notorio que tenian indios esclavos, lo cual, sabido por el obispo, convidó á comer al dean el tercer dia de Pascua, con el fin de preguntarle los motivos de su manera de proceder y reprenderle en presencia de los otros clérigos si preciso fuese. El dean prometió venir, pero no cumplió con su promesa. Mandó á buscarlo Las Casas, pero volvió el mensajero diciendo que el dean estaba enfermo. Mandó de nuevo el Prelado, y hallóse que estaba el dean en la cama, negándose absolutamente á obedecer. Varios recados que fueron mandados sucesivamente tuvieron por resultado nuevos subterfugios y negativas por parte del desobediente dean. Viendo esto Las Casas, envió a su alguacil y los clérigos para que lo trajesen preso.

Con el ir y venir de los recados se habia reunido una muchedumbre de gente en la calle. Entonces comenzó el dean á dar voces diciendo: «Señores, ayudadme, soltadme, que yo os con

» fesaré, yo os absolveré.» Empezó tambien un alcalde que allí estaba á dar voces, alborotose toda la gente y juntáronse todos los vecinos de la ciudad armados en la calle.

Unos acudieron á posesionarse de las puertas de la casa de los Padres para que no saliesen á prestar socorro y auxilio al Prelado, y otros á soltar al dean, el cual consiguió huir y esconderse. Los revoltosos, alzando una tremenda grita y todos de tropel, se entraron en la casa del obispo clamando: «¡Aquí del rey!» (1).

Un religioso dominico y un caballero de Salamanca llamado Gonzalo Rodriguez de Villafuerte, vecino del lugar, que se hallaban en la antesala, hicieron lo posible para sosegar la gente. Oyendo las voces el obispo salió a la sala para hablarles.

la Chiapa

(1) En la Coleccion de Cartas de Indias, publicadas por vez primera por el Ministerio de Fomento en Madrid, 1877, hay una de Las Casas fechada el 25 de Octubre de 1545, en la cual, entre otras cosas, comunica al principe D. Felipe la cuestion con el dean de la siguiente manera:

« Otro dia acaeció en Chiapa vna cosa de gran escandalo » con el dean de alli: que por delictos que avia cometido, vsan» do mal de los sacramentos, absoluiendo á los quel obispo D avia prohibido, questán en pecado mortal, teniendo los yn» dios libres por esclavos, y los casados en Castilla de xx años o que alli estan amançebados, como ya escrevi largo á V. A.; v trayendo lo preso los que yo avia enbiado, por aver sido » contumaz y rebelde á los mandamientos y descomunion que

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de los Santos Hizo entonces el religioso dominico que se volviera para dentro, pero lo siguieron los cabezas del alboroto. Hubo la descompostura de palabras que era de esperar de una turba furiosa y desenfrenada, y hasta amenazas de muerte intercaladas con atroces juramentos. El animoso Prelado lo oyó todo con serenidad impasible; y aquellos energúmenos se quedaron asombrados viendo el sosiego y la suprema tranquilidad con que los despidió.

Comenzaron los Padres á instar al obispo para que se ausentara, recelosos del peligro que le amenazaba. La respuesta del obispo fué la siguiente:

«¿A dónde quieren, padres, que me vaya? » ¿Dónde estaré seguro, tratando el negocio que » trato de la libertad de estos pobrecitos ? Si la

» le avia puesto, aviendo incurrido en ella, vinieron los allcal» des del pueblo, y apellidaron la ciudad diziendo: «aqui del » Rey,» por que los tenia ya ganados con absoluer de lo que » absoluia, y quitaronmelo por fuerça todo el pueblo con sus D armas; y por el escandalo sobresey en su prision; y él vn dia D amaneció ydo, y fuese á Guatimala, yendo descomulgado, y o alli le absoluió diz que vn frayle de Sant Francisco con vna » bula, y el obispo dexale dezir misa. Al qual enbié vna carta o requisitoria que me lo enbiase preso, y finalmente, no a queo rido antes haze por él, y alli recoje los malhechores de otras » partes, y están commo encastillados, y no ay remedio que se v secute justicia. )

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