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va Orleans en un buque de los Estados-Unidos. Volvió en el mismo año á invadir á Nicaragua, rindiéndose nuevamente al capitan Paulding de los Estados-Unidos, que lo condujo á New-York. Volvió á desembarcar en Trujillo en Honduras en 1860, y fué tomado prisionero por un buque inglés, entregado al gobierno de Honduras y pasado por las armas en Setiembre del mismo año por los hondurenos.

dirigiéndose al pueblo de Jaitique, en el cual fué bruscamente atacado por Domínguez; y casi al empezar el combate cayó herido de muerte, atravesado por una bala enemiga, sin quedarle más tiempo que para entregar el mando al entóneos teniente coronel D. Trinidad Gabañas, dictar algunas órdenes y una proclama valerosa para sus tropas, igualmente que algunas concisas disposiciones testamentarias, espirando en el campo del honor al poco rato de recibir los últimos consuelos religiosos, cuando apénas contaba veintiocho años de edad, y dejando huérfanos tres hijos.

Don José Maria Gutierrez, segun las relaciones de sus contemporáneos, era un honrado y pundonoroso español, con instruccion y conocimientos poco comunes entónces, entre otros, el de idiomas, particularmente el inglés, que poseia como su propia lengua. La confianza que habia depositado en él el general Morazan, siendo español D. José Maria é hijo de un rígido militar español, que no habia querido reconocer los hechos consumados de la independencia, dan testimonio intachable de sus méritos y virtudes. La legislatura de Honduras, agradecida á sus servicios, tributó á su memoria el honor de mandar que fuese inscrito su nombre con letras de oro, en una lápida, y colocada ésta en la casa del Gobierno.

Chamorro, el presidente nicaragüense, enemigo del jefe democrático Castellon que fué el que invitó a Walker para venir á Nicaragua, fué fusilado. Igual suerte les cupo á muchos otros patriotas de Nicaragua y Costa-Rica, que tan bizarramente se batieron contra Walker.

Nadie habrá olvidado el fatídico y sangriento drama que empezó en 29 de Mayo de 1864 cuando Maximiliano de Austria con su régia esposa desembarcó en Vera Cruz, abandonando su precioso palacio de Miramar, su felicidad doméstica y su elevada posicion social como archiduque, para ir á ceñir una corona imperial maldita por, Motezuma y manoseada por Itúrbide.

Dos años despues la emperatriz Carlota, esposa de Maximiliano, perdió su razon para siempre en Europa, perdida la esperanza de poder enviar auxilios militares á su esposo idolatrado y comprendiendo la suerte que le esperaba. El hijo de Itúrbide, declarado por Maximiliano heredero al trono del Imperio, murió poco tiempo despues; Maximiliano, víctima de una traicion, cayó prisionero en Querétaro con los generales Miramon y Megía, y con ellos fué sentenciado á muerte y ejecutado el 19 de Junio de 1867, terminando aquel efímero Imperio ensangrentado por todas partes para continuar alternando despues el terror con la dictadura, la anarquía con los ensayos de gobierno.

El propio Napoleon III, que apoyó y protegió la candidatura de Maximiliano para emperador de Méjico y lo dejó despues abandonado cuando mandó retirar el ejército francés, perdió él mismo su trono imperial pocos años despues y murió en la emigracion; y el mariscal Bazaine, que se retiró de Méjico con el dicho ejército, tuvo más tarde la desgracia en su patria de ser degradado. Todo esto será casual, pero al mismo tiempo no puede negarse que'hay mucho fatalismo en la trabazon siniestra de los acontecimientos históricos relacionados con Hispano-América.

Pasemos por alto las páginas enlutadas de la dictadura de Rosas en Buenos-Aires; las sangrientas contiendas en las márgenes del Plata; las revoluciones y asesinatos políticos en Bolivia y el Perú; las guerras civiles y sus víctimas en Venezuela y Nueva Granada; la historia de la sangre vertida en Centro-América en los últimos años, porque probablemente, sin desearlo, heriríamos susceptibilidades si mencionásemos nombres propios de tantas víctimas del implacable destino cuyas familias apénas han podido enjugar sus lágrimas de sentimiento, y cuyos causantes espian tal vez sus errores en su conciencia con un remordimiento perenne ó aguardan con fatalismo el mismo fin, en dia no lejano, que tuvieron sus víctimas.

La historia con el tiempo dará un lugar adecuado á cada uno de los personajes que han figurado en esos países; y cuando sean bien conocidos y notorios los detalles de las contiendas civiles y políticas en Hispano-América y las causas ó móviles por qué se han inmolado tantas víctimas, si otro Las Casas se presenta abogando por los derechos de la humanidad, tendrá que usar el mismo lenguaje, idénticas frases, las mismas tremendas acusaciones contra los culpables de tantos ultrajes, que Las Casas usó indignado calificando y denunciando á la posteridad los primeros descubridores y dominadores del Nuevo mundo en su Historia de la destruccion de las Indias.

CAPÍTULO X.

Veinte ratone!.—Su sinteBis.—Nuevas leyes de Indias en 1513. — Nombramiento de Las Casas para obispo del Cuzco, y su renuncia. —Es nombrado obispo de Cblapa.—Audiencia de los confines. — Consagracion de Las Casas en 1544.— Parte el obispo de Cbiapa para las Indias.— Lo reciben mal en Santo Domingo.—Notifica á la Audiencia las provisiones reales. —Consternacion.—Costumbres de Las Casas siendo Obispo.—Viaje al Yucatán.—Tempestad en el mar.—Llegada i Campeche. Te-Deum. El alojamiento.—Predicaciones y sus efectos. — Apuros monetarios de Las Casas. Viaje á Tabasco. — Llegada á Chiapa.— Contrariedades y privaciones. — Diálogo histórico entre Ximenez y Zamora. — Llegan los frailes á Cbiapa. — Predica Las Casas contra la esclavitud de los indios.—Suspende la absolucion á los que tienen esclavos.—Amenazas de los vecinos.—Razones del Obispo. — Insultos á Las Casas.—Cuestion entre el Dean y el Obispo, y sus consecuencias. Alboroto popular.— Entereza evangélica. — Un hombre herido. —Odio del pueblo contra los frailes. — Abandonan la ciudad.

Poco tiempo despues de haber escrito Las Casas el tan notable libro titulado La destruccion de las Indias, dió á luz una Memoria con el título de Veinte razones, que fué escrita, segun parece, por orden del Emperador con el fin de servir de informe destinado á una junta que debia celebrarse en Valladolid en el año de 1542 para reformar los abusos que se habian introducido en el Gobierno de las Indias occidentales.

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