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» á Méjico ireis, donde nuestro universal señor » Montezuma de vosotros nos dará venganza.» Di. . » cese que estando metiendo á espada los cinco · » ó seis mil hombres en el patio, estaba cantando » el capitan de los españoles :

« Mira Nero de Tarpeia
» A Roma como se ardia,
» Gritos dan niños y viejos
» Y de nada se dolia.»

» Otra gran matanza hicieron en la ciudad de » Tepeaca, que era mayor y de más vecinos y » gente que la susodicha, donde mataron á espa» da infinita gente, con grandes particularidades » de crueldad.

» La tiranía que los españoles ejercitan contra » los indios en el sacar ó pescar de las perlas es » una de las crueles y condenadas cosas que pue» den ser en el mundo. No hay vida infernal y » desesperada en este siglo que se pueda compa» rar, aunque la del sacar el oro en las minas sea »; en su género gravísima y pésima.

» Métenlos en el mar en tres, en cuatro y cin» co brazas de hondo desde la mañana hasta que » se pone el sol. Están siempre debajo del agua » nadando sin resuello arrancando las ostras don» de se crian las perlas. Salen con unas redecillas » llenas de ellas á lo alto y á resollar, donde está

A

» un verdugo español en una canoa o barquilla, y » si se tardan en descansar les dan de puñadas y » por los cabellos les echan al agua para que » tornen á pescar.

» La comida es pescado y del pescado que tie» nen las perlas y pan cazabe, y algunos maiz, » que son los panes de allá; el uno de muy poca » sustancia y el otro muy trabajoso de hacer, de » los cuales nunca se hartan. Las camas que les » dan á la noche es echarlos en un cepo en el » suelo porque no se les vayan.) · Hablando del reino de Venezuela dice Las Casas: «Hace el capitan aleman meter en una gran » casa de paja mucha cantidad de gente, y hace» les hacer pedazos. Y porque la casa tenía unas » vigas en lo alto subiéronse en ellas mucha gente » huyendo de las sangrientas manos de aquellos » hombres o bestias sin piedad y de sus espadas, » Mandó el infernal hombre pegar fuego a la casa, » donde todos los que quedaron fueron quemados » vivos. Despoblóse por esta causa gran número » de pueblos, huyéndose toda la gente por las » montañas donde pensaba salvarse.)

¡Basta! ¡Basta! Los extractos que acabamos de citar dan suficiente idea de los horrores que denunció al mundo y á la posteridad fray Bartolomé de las Casas en su obra Destruccion de las Indias occidentales. La pluma se nos cae de la mano, trémula de copiar tan espantosas crueldades; queda en nuestro corazon un sentimiento de hastío y repugnancia, al par que de indignacion y lástima despues de haber leido esos detalles sangrientos; y hasta nos parece en este momento que los manes de aquellas víctimas inocentes é indefensas están zumbando en nuestros oidos con el eco de sus lastimeros y desesperados quejidos, eco aterrador prolongado a través de tres centurias.

Dejemos calmar un tanto nuestro espíritu para considerar en el próximo capítulo la terrible última hora con que ha castigado la Providencia á algunos de los principales instigadores de tan horrendas hecatombes.

CAPÍTULO VIII.

Exterminio de aborígenes. - Sistema cruel.- El rey Guarionax.- El rey

Guacanagary.- El rey Caonado.- La reina Anacaona.- La reina Higranama. - Hatuey en la hoguera.- Los caciques en Jamaica, Tierra Firme y Nicaragua.-El inca Atabaliba.-Otros grandes señores de los indios. – Fin desastroso de los conquistadores. — Los primeros pobladores. – Buques á pique. - Mueren muchos españoles.-Cristóbal Colon.— Juan de la Cosa. — Diego de Nicuesa.- Vengan los indios al cacique Agueibana.-Españoles que mueren trágicamente desde 1513 hasta 1525.-La flota de Loasia y de El Cano en 1526 – Personajes españoles que perecen en América hasta 1536.- Lucha de los dos Alvarados, y españoles muertos. — Pizarros y Almagros. - Pedro de Alvarado y su esposa. - Asesinatos y ejecuciones de españoles hasta 1519. — Pedro de Valdivia. - Ejecuciones en 1553. - Diego Alvarado y Hernandez Giron. - Don Diego de Colon y su epitafio. - Extraordinaria muerte del cacique D. Juan de Chiapa. - El primer marinero que cantó tierra en el Nuevo mundo muere mahometano.- La oculta mano de la Providencia.

Horripilantes como son las descripciones que hace el padre Las Casas en su libro histórico, de la Destruccion de las Indias, de cuyos hechos apenas hemos citado algunos que pueden servir de muestra; y por mucho que se pretenda tacharlos de exagerados, existe, por desgracia, un dato innegable y que prueba con terrible elocuencia cuánta verdad encierran las palpitantes narraciones de esa historia de sangre y crueldades, que

no puede leerse hoy mismo sin experimentar las más profundas sensaciones de horror.

Este dato es el completo exterminio de la raza aborígene en las Antillas y su total desaparicion, que no puede ponerse en duda. Ante esa verdad inexorable son inútiles las tentativas que para defender la conducta de los conquistadores trate de hacer cualquiera que ponga en duda que la perversidad del hombre puede llegar a ser inconmensurable en ciertos y determinados casos.

Toda clase de traiciones, toda suerte de engaños, atropellos y falsedades; todo infernal sistema de crueldades repugnantes en el más alto grado a la naturaleza humana; todo cuanto las furias del averno podrian inventar para martirizar y aniquilar los pobres indios, todo se ve puesto en práctica segun la relacion de Las Casas, por muchos de aquellos aventureros sin entrañas, por multitud de aquellas fieras con figura humana que se trasladaron al Nuevo mundo como.conquistadores y pobladores, buscando oro y riquezas, esclavizando los indios y asesinándolos unas veces con el filo de sus espadas ó con el fuego, otras veces á fuerza de hambre, sed, trabajos, castigos, sufrimientos lentos é inconcebibles.

A nadie han perdonado, ni á los ancianos, ni á los niños, ni á las indias que eran madres, ni

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