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migo le habia prevenido y puesto buenas guardias en los pasos, no se atrevió á atacarle, y mas cuando los de aquella ciudad y los que iban en las carabelas no estaban en sus intereses: delúvose con sus gentes cinco á seis leguas de Santo Domingo. Deseando el Adelantado que el Almirante à su llegada hallase la isla sosegada, volo vió à proponer à Roldán condiciones y tratos de paz, lisongeando. se que serían tanto mas atendidas porque el capitan Pedro Fernandez Corouél que enviaba para ese fin, era hombre honrado y de autoridad pública en todas partes, era testigo de vista del buen recibimiento que se habia hecho al Almirante en España, y que los Reyes católicos le favorecian en tanta manera, que no solo le habian promeiido engrandecerle, sino que te despacharian à toda su satisfaccion con todo el armamento que pedia, por lo que no tardaría en venir á la isla con seis navios. Este capitan le habia trai: do à D. Bartolomé sus despachos firmados del Rey y la Reina, en que le confirmaban el título de Adelantado de las Indias que su hermano le habia dado, y se quiso encargar de esta comision de buena gana: fué á donde estaba Roldán; pero apenas los que estaban de guardia lo vieron que asestando sus ballestas le detuvieron gritándole: Tenéos alld traidores, que si hubierades tardado ocho dias mas, fuéramos todos unos. Con todo eso habló Coronél con el gefe de los rebeldes, rogándole que se apiadase de la colonia que destruia con tanto rigor y exceso, representàndole encarecidamen. te que no podia salir con aire de la empresa tan odiosa que cau. saba tanto daño a los intereses de su soberano; pero Roldàn lo tomó con tanta altıvéz, que se hubo de volver Coronél con suerte sospecha de que tenia este rebelde recursos grandes, que se ignoraban; volvióse tambien Roldán con los suyos á su alojamiento, y se supo de allí á poco que habia ido para Xarugùa en la provin. cia de Suraña con intencion de quedarse allí, por ser tierra la mas deliciosa y abundante de la isla, y sus indios respecto de los demás pueblos de la Española mas sábios y cultus, especialmente porque las indias eran las mas hermosas y de mas agradable conver. sacion que las otras, que era lo que mas le incitaba à ir á la referida provincia, y mantenerse en ella, hallando todo á propósito para ejecutar su vida licenciosa.

CAPITULO 11.

Entran en la rebelion de Roldán algunos caciques poderosos: vii contra ellos el Adelantado, y prende c . á los Reyes Guarionés y Mayobanéx.

No bien hubo llegado Francisco Roldàn à la provincia de Xaragúa, que declaró al cacique que venia á libertarle de un tributo que el Adelantado le habia impuesto sin órdenes del Rey, quien no quería las haciendas sino los corazones de sus aliados: lo

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mismo decia a los demás caciques, metiéndolos suavemente en sus intereses; pero no se pasaba mucho tiempo sin exigir de ellos mayores cantidades de oro y demás frutos de la tierra, sin otras pen. siones à mas de las que debian pagar al Rey de tributos. Ocupado Roldán en acrecentar su partido con estas y otras mañas, se supo en Santo Domingo que los vasallos de Guarionés, vejados mas que nunca de ambos partidos, le habian persuadido fuertemente ayuda. dos de las instancias de los amotinados, à que aprovechàndose de la division que reinaba entre el Adelantado y Roldán, tratase de procurar su libertad; pero como Guarionér era hombre naturalmente pacífico, tuvo por menos mal huir igualmente de los daños á que se esponía con nueva sublevacion, y de las extorciones de sus insaciables vencedores, dejar su provincia y retirarse con su muger è hijos, y mucha de su gente á los Ciguayos, pueblos guerreros que habitaban ácia el Cabo Cabrón, y habia sido muy bien recibido de Mayobanésx soberano de estos estados.

El retiro de este cacique á otras provincias frustraba á los castellanos de la paga de un crecido tributo; y así inmediatamente lo echáron menos los de la Concepcion, y avisaron á Santo Do. mingo que se habia alzado Guarionéx, por cuyo motivo se apresuró el Adelantado para ir á castigar su rebelion. Fuè con noVenta hombres de à pie, y algunos de á caballo en demanda del cac que, y despues que hubo atravesado unas grandes sierras bien ásperas que dividen la provincia de la Vega Real de los Ciguayos, cuando bajó al valle por donde corre un caudaloso rio, supo que lo esperaba un ejército de indios armados: fué á ellos y recibido con una infinidad de flechas que dispararon sin daño alguno, los forzó á retirarse á los montes. No juzgò conveniente el AdeJantado sựguirlos, sino esperarlos allí para darles una buena entrada si no querian reducirse por bien, y entre tanto los indios daban algunas salidas y flecharon algunos castellanos, que encontraron descuidados, y å unos cuantos cogieron y dieron muerte violenta; entonces juntó sus tropas el Adelantado, y se persiguió con ardor á estos bàrbaros dispersos por los montes, haciendo en ellos una gran matanza, y à algunos prendieron. Habiendo descubierto D. Bartolomé donde se hallaba Mayobanex escondido con sus tropas, marchó contra él en muy buena disposicion; pero antes le envió à decir con uno de los indios presos, que no venia' à hacerle guerra sino en busca de Guarionéx, y le protestaba que se ría sų amigo si le entregaba ese cacique, que de no, no le daría cuartél, y destruiría sus estados. La respuesta de Mayobanéx fué que Guarionés era hombre de honor, que nunca habia hecho mal à nadie, en lugar que los castellanos eran unos usurpadores que tiraban á quitarle sus estados, y los de los demás; que no era tan yil para entregar á un cacique amigo suyo y bienhechor, reducido al extremo de valerse de él, y que se habia reducido ó refugiado á su: señorío, que lo habia de amparar y .no quería su amistad. Con esta respuesta el Adelantado le hizo la guerra con mas esfuerzo.

hizo mucho daño la tropa castellana en todo el pais. Viendo la gente de Mayobanéx el estrago que se le hacia, y que no podia subsistir mucho contra el Adelantado, le suplicaban que para escusar la guerra estragese à Guarionéx; pero no habia forma porque les aseguró de nuevo, que por ningun riesgo que le viniese, le habia de desamparar: mandó llamar al instante à aquel príncipe y le manifestó su generosa resolucion, que enterneció á Guarionéx: (71) se abrazaron mútuamente y lloraron entrambos caciques, ofreciéndole de nuevo que le habia de defender aunque perdiese su reino; mandò ocupar con sus indios todos los desfiladeros de los montes, y que matasen à cuantos españoles encontrasen en todos los ataques que se hiciesen contra ellos con ventaja. Conociena do el Almirante que en la situacion presente en que se hallaba, mas cuenta le tenia ganar la voluntad de los indios que subyugarlos por fuerza, hizo otra tentativa para empeñar al cacique Mayobanés à admitir proposiciones de paz, enviándole dos cautivos que habia tomado en la guerra, y fué tras de ellos con diez hornbres de á pie y cuatro caballos, y halló muertos á sus mensageros de órden del cacique, quien por toda respuesta los habia mandado matar, y se preparaba para la guerra, que considerada inevitable. Entonces deterininó el Adelantado juntar sus gentes y presentarse à la ba. talla delante del ejército enemigo, que era bastante numeroso; pero él, apenas vió la buena ordenanza de las tropas castellanas, cuando espantado se desbandó, huyendo los indios á los montes dejando los dos caciques solos à la merced de nuestras tropas vica toriosas, que acordaron refugiarse tambien en lo mas espeso de los bosques, donde el Adelantado con treinta soldados escogidos des. pues de haber dado licencia á lo restante de su gente para retirarse, los fué buscando de monte en monte. Supo despues por dos cigua yos que se encontraron acaso à donde se habia ocultado su cacique, y doce castellanos que hizo disfrazar en el trage de indios ofreciéronsele á ejecutar este ardid desnudos y untados de una cierta tinta negra y colorada, á la manera de aquellos bárba. rus cuando van à la guerra, con dos ciguayos por guias, y sin otras armas que sus espadas envueltas en unas ojas de palmas que llamaban yaguas. Llegaron en este disfráz á donde estaba Mayo. banéx con su muger, hijos y parientes, y sin resistencia alguna los aseguraron, y presos los llevaron à su general, quien con ellos se fué à la Concepcion.

Habia entre los presos que se habian cogido una prima de Mayobanés muy hermosa y prendada, y por lo mismo muy queri da de los ciguayos, y casada con uno de los principales señores

[71] ¡Qué escéna tan interesante à toda la historia! Qué. mas hubieran hecho los Pylades, Orestes en Grecia? ¿Y ésdos son los indios bárbaros???.... ¡Ah! Cuando la naturaleza desarrolla sus nobles sentimientos, todos los hombres obran como los héroes.

de aquella tierra. Su marido que andaba fugitivo por los montes, luego que supo su cautiverio congregó sus vasallos, y fué con ellos por el camino de la Concepcion, y anduvo con tanta violencia que en pocos dias alcanzó al Adelantado, y postrándose à sus pies con muchas lágrimas le suplicó le devolviese á su muger, y el Adelan. tado con mucha generosidad se la mancó entregar, acariciándole porque vió en él buenos modos y no quiso exigir rescate alguno; pero hien presto recibió el fruto de su libertad, porque habiendo quedado este señor tan obligado hizo mas de aquello á que lo hubicran podido obligar. Dejóse ver de allí à poco tiempo con cuatro ó cinco mil hombres con coas que son palos tostados, que usaban esos pueblos en lugar de azadones; pidió que se le señalase terreno para cultivarlo y sembrarlo de trigo: se aceptó su oferta y lo verificaron tan bien y breve, que valdria entonces treinta mil du. cados. (*) Se lisongearon los ciguayos vasallos de Mayobanés que pues el Adelantailo habia usado de tanta generosidad con la prima de su soberano, que tambien alcanzaría para él mismo su libertad. No ahorraron para conseguirla, ni lágrimas ni ruegos ni presentes, todo fué inútil, queriendo D. Bartolomé hacer un ejemplar que contuviese à aquellus reyezuelos en sujecion. Entregó libres á los ciguayos toda la familia del cacique; pero en cuanto à libertad de éste Rey fué inexôrable. Consternados los ciguayos, descargaron su enojo y dolor sobre el desgraciado Guarionéx, y le entregaron a los castellanos; pero no por eso logró su libertad Mayobanéx que fué llevado á la Concepcion donde se le formó su proceso, y convencido del delito de rebelion fué mandado ahorcar.

CAPITULO 12. Tercer viage del Adelantado Colón. Descubre la isla de la Trinidad y la tierra firme Halla el golfo de las perlas y la isla de la Margarita, y se vuel

ve á la Española. Año de 1498.

Estaban las cosas en estos términos cuando entrò el Almi. rante por la primera vez en el puerto de Santo Domingo; pero volvamos à la relación de lo que pasó en la corte de los Reyes católicos antes de conseguir sus despachos para el tercer viage que hizo en el nuevo n.undo. Hémos referido como bien de espacio se trataba de su armamento oponiéndole todos los dias nuevus obstà a culos, y parecia que toda la mira de los ministros reales era cau. sarlo y enfadarlo, y asì anduvo mucho tiempo haciendo las mas vivas diligencias para conseguir el buen éxito de sus pretensiones, gastando en ellas todo el año de mil cuatrocientos noventa y seis. Todas estas dilaciones no provenian de la corte, porque el Rey

[*] Herrera.

y la Reina se inclinaban à favorecerle, y parecian estar ocupados únicamente en colmarle de honras y riquezas: no contentos con confirmarle las mercedes que le habian hecho, le concedieron de nuevo cincuenta leguas de tierra en la Española, sobre veinte y cinco de ancho con el tàtulo de Duque, (*) ó de marques. Suplicó entonces el Almirante á los Reyes no le mandasen aceptar la merced de las cincuenta leguas por evitar discusiones con los oficiales reales, quienes no dejarian de levantarle que escogia el mejor terreno, y lo poblaba mejor que la tierra de sus Altezas. Despues en atencion à los trabajos que habia padecido en los descubrimientos de Cuba y Jamaica, de que no habia sacado. provecho alguno, se le descargó de la octava parte de los gastos que habian hecho los Reyes y debia contribuir, y se concedió el goze de la octava parte de los provechos de los navios que iban à las Indias; y por queja del Almirante de Castilla, que reclamó sobre la licencia general que se le habia dado para descubrir en las Indias, la revocaron en cuanto le fuè perjudicial. Purgado el Almirante Colón de todos los capitulos que le imputaban y lleno de mercedes, bien que advertido de los Reyes, que mientras la blandura no perjudicase á su reputacion ni á la justicia, procuràse tenerla, pues así se aumentarìa el amor de los súbditos, como se conservan los grandes inperios y se adquieren otros nuevos (reconvencion en que se le dió à entender que se habia hecho algun aprecio de las delaciones del comisario Aguado y de sus amigos) se dispuso dar la vela, y hacer su tercero viage.

Pero otros insidentes lo retardaron mucho porque llegaron de la Española à Cadiz el dia veinte de octubre tres navios cargados de indios esclavos, que serian trescientos, enviados por su hermano el Adelantado: mostraron los Reyes católicos no aprobar esta conducta diciendo que si aquellos isleños habian hecho guerra á los españoles, seria sin duda à no poder mas, vejados por los malos tratamientos de estos: tumaban ocasion de este disgusto de los Reyes, sus aúlicos entre los que habia inuchos enemigos de Colón, y de las cosas de las islas para desaprobar altamente el pro. ceder del Adelantado. Ni tampoco le pareció bien al Almirante, y no tuvo otro partido que tomar, sino echar la culpa á su hermaņo, y solicitar con otro trabajo el despacho de los dos navios que llevó el capitan Pedro Fernandez Coronél. Algun tiempo despues fué promovido al obispado de Badajoz el dean de Sevilla Juan Rodriguez de Fonseca, y el cargo de proponer las cosas de Indias, fué dado à Antonio de Torres, que habia acompañado á Colón en su segundo viage y estaba de vuelta en España con su flota. Esta mudanza avivó el armamento del Almirante, y cuando se iba à concluir sucedió la muerte del príncipe D. Juan herede ro de la corona de España; y como la Reina tenia mucha confianza y aficion al obispo de Badajoz, lo llamó para tenerlo cer

[*] Entiendo que es el título de Duque de Veraguas,

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