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indicios muy convincentes, que podian provenir tanto de parte de la tim.déz natural de esus pueblos, como del testimonio de una conciencia culpable. Dice Pedro Martin de Angleria (autor fàcil en dar cré lito à los primeros rumores populares, como lo han observe vado juiciosiys críticos) que fué el Rey de Marien ciertamente convencido de haber sido el que mandó matar a los cristianos: que su heridia fuè fiugida, y que el Almirante se disponia á tomar una jus. tisima venganza de su perfidia; pero otros historiadores mas clásicos y mejor instruidos, lo hacen inocente, y como se verá en la série de esta h.storia la conducta de Guacanagari, siempre tan afecto à los españoles, abona sobradamente su sincerida 1 é inocencia en este cas, de que se trata. Lo cierto es que el Almirante tomó el mas sábio partido, dejando à un lado su desconfianza, y no admitiendo los consejos violt ntos que le daban, „No resucitaremos

los muertos (les decia) no conviene entrar en la tierra castiganodo, y pues no podemos establecernos en ella sin consentimiento de ..su dueño, ¿por qué con una guerra que se puede escusar nos he. „mos de exponer à sus conting-ncias? bueno será asegurarnos pri,,mero, fortificar y poblar viviendo sobre la desconfianza, y con el „tiempo ir averiguando el caso, y si se hallase culpado el caci,, que, no se nos escaparà sin llevar el merecido castigo." No qui. so Colòn dar aun á conocer que sospechaba de la fidelidad del Rey de Marien: quiso cultivar su amistad, y como le habia enviado à fogar por los cristianos que furse á visitarle, pu-s que se hallaba tao malo que no podia salir de casa, luego el Almirante le fué à hacer la visita, y cr cacique le contó con señas de gran sentimien. to lo que habia sucedido como se ha espresado. Despues de baber hublado un rato, regaló este principe al Almirante ocho ceñidores de cuentecillins de unas piedrecitas de distintos colores, muy estimadas de aquellos isleños que llamaban ciras: tres calabacillas llenas de granos y polvo de oro: una corona de oro, y mas de cien tejillas del mism metal, y el Almirante en retorno le dió muchas cosi. llas de quincallería, que fueron mis estiin dos del cacique, que todo el oro de las minas de Cibáo. No obstante que estaba graveniente enfer

'), quiso ver la armada, y lo que mas le gustaba eran los caballos, y para coinlacerle Colón hizo picar algunos en su presencia.

Considerán lose el Alinirante seguro de aquel príncipe, y te. niendo ya bien confirmada su lealtad, trató de furmar un establecimiento sólido pa a precaver estos y otros daños de la naturaleza del referido, y para reparo de lo que en adelante se ofreciese. Bien hubiera deseado fundar en el reino de su amigo Guacanagari, pero no hallaba que la provincia del Marien fuese à propósito, por ser tierra baja, y como se encharcaban las aguas la volvian mal sana, y à mas de esto no habia piedras ni materiales para edificar: fue ra de eso queria acercarse à las minas de Cibao. Resolvió, pues, que lo mejor era adelantarse ácia el léste, y el dia siete de diciembre salió de Puerto Real con toda su armada, con el intento de surgir en Puerto de Plata, cuyo pais le habia parecido hermoso, y fértil, y buscar allí buen asiento para poblar. Pero fueron tan contrarios los vientos, que se vió en gran trabajo, de tal suerte que hubiera perecido en la costa à no haber aparecido como à dos leguas del léste de Monte Cristo un rio grande que salia à la mar, donde entró. Tiene este rio como cien pasos de ancho, y forma un buen puerto, aunque descubierto por el norte: domina el puerto una cordillera de montes, y desde la cima se descubre una yega muy. graciosa. Hizo el Almirante reconocer el pais, y le aseguraron que sus tierras eran muy buenas, v podian ser mas fértiles sangrando el rio que se podia pasar por acequias el agua dentro de la po.. blacion, y para hacer molinos, y conseguir otras comodidades para edificar; que se encontraban en cualquiera parte piedras buenas para fabricar, y otras de cal para hacer mezcla. En vista de estos, buenos informes, determinó el Almirante poblar alli: mandó desem, barcar la gente que venia bien cansada, y trazò el plan de la ciu, dad que queria fabricar sobre una plataforma bastantemente ancha situada y rodeada de montes, y como cada cual metia mano á la obra, bien presto tuvo la colonia eo que olojarso, y ponerse á cu. bierto: era lu mas urgente y no se necesitaba mucho tiempo, ni el mayor empeño para hacer casas de madera, de paja, y de hoja de palmas. Mas tiempo se gastó en fabricar la iglesia, el arsenal, y la casa del gobernador, porque se hicieron estas fabricas de piedra y cal de que habia abundancia, y despues se fueron haciendo las casas públicas de piedra, las demás de madera y paja, conforme la posibilidad de cada uno. Esta nueva ciudad fuè la primera que se fabricó y fundó por los europeos en el nuevo mundo, y el Almirante la puso el nonihre de Isabel, en memoria de la Reina Doña Isabel. Currió el padre fr. Bernardo Boil con la fabrica de esta primiera iglesia (42) de las Indias tratando desde luego de edificar un monasterio para vivienda de sus misioneros, siendo la primera diligencia á que debia atender, y en efecto no perdieron tiempo el vicario apostolico y sus doce compañeros; porque apenas pusieron pie en tierra en la isla, y concluyeron su iglesia y convento, que comenzaron à trabajar en la conversion de los indios; aunque se puede decir con Gomara (43) que la habian principiado los Reyes catolicos que sacaron de pila los indios que recibieron la gracia del bautismo dignándose de ser sus padrinos, (44) Que el vicario apostólico (el padre Bóil) fabricase la iglesia primitiva de lis Indias consta de los autores que con gran diligencia registró el citado D. Ga. brel de Cárdenas, siendo repugnante como se hą dicho que el pa. dre Marchéna acompañase á Colón en su primero y segundy viage,

[42] D. Gabriel de Cárdenus. Prólogo à los comentarios del Perú Circafinem,

1437 Francisco Lopez Gomara fol. 3 hist, Indias ibid, cap. milagros, conversion fol. 19 parte 1. · [44] Gonzal. Fernand. de Oviedo, lib. 2 cap. 7 crón, ind, est por Cardenas prólogo ut supra.

y en caso de haberse fabricado en la Navidad iglesia macisa, y convento de ramas en memoria del padre fr. Juan Perez de Marchena por los franciscanos que segun mi congetura, fueron con CoJón en su primera navegacion. Como halló el Almirante en su segundo viage destruido su presidio y abrazado, y en consecuencia ni rastro quedaria de la iglesia y casa Pereciana, que quiere Oraldo fuese la única que hubiese y encontrase el padre Bóil; de todos modos 'le fué preciso al vicario apostólico erigir iglesia, y alojar á sus contpañeros los que de pronto tal vez fabricaron casas pajizas sueltas al derredor de la iglesia hasta tanto se pudiese hacer un monasterio formal donde pudiesen acomodarse; siendo mas verosimil que por la diversidad de institutos de sus misioneros cada cual quisiese vivir aparte por entonces.

Estando la gente entretenida en la construccion de esta nue. va ciudad, y de sus casas, se hicieron sentir los efectos de la ham. bre; sea porque no hicieron bien las provisiones de boca; sea que por el poco cuidado en su distribucion y guarda, estaban escasas y podridas, añadiendose la fatiga del viage, el trabajo continuado de las obras en el que todos estaban iguales, la mudanza de temperamento, y los excesivas calores; comenzaron los nuestros à enfermarse de golpe, y el Almirante como que llevaba todo el peso de la flota, y de todo lo que se disponia en tierra para corresponder á las esperanzas que de él se habian concebido en, tan importante negocio, cayó primero enfermo, y aunque en cama, solicitaba la obra de la villa y daba calor a los trabajos, aprovechándose como hábil político de las disposiciones en que hallaba á los suyos, qe con la esperanza de enriquecerse no perdonaban cualquiera fatiga sufriendo con entereza los rigores del - hambre y, de la necesidad; y para entretenerlos con sus esperanzas de una fortuna muy grande y cercana, determinó enviar à reconocer las minas de Cia bào; mas como por su enfermedad no podia ir en persona à saber lo que creia ser Cipango encargó esta comision á Antonio de Ojeda, esforzade capitan, dándole un destacamento de quince soldados bien armados. El capitan Ojeda era hidalgo que habia servido al duque de Medina Sidunia, de cuerpo. pequeño, pero se decian cosas increibles de sus fuerzas y agileza, de un ànimo intrépido y grande, capaz de mayores empresas, mas ambicioso que nadie, de un corazon muy altivo, nada interesado, y de un genio muy fecundo en arbitrios: ninguna dificultad apocaba su gran valor; pero era desgraciado en sus empresas, tanto que zozobraba en las mas bien concertadas. Luego que salió el capitan Ojeda de la Isabel, caminó ocho ó diez leguas por un pais despoblado, y entrando por una cañada de montes muy estrecha, dió en una hermosa vega llena de poblaciones bien cultivada, y entrecortada de un gran número de arroyuelos, que van por la mayor parte à dar al rio Yaqui. Desde donde estaba Ojeda no tenia que andar mas que diez ó doce leguas para ganar las minas de Cibáo; pero como todos los caciques, le recibieron con mucha cortesia, ý tenia que atravesar muchos arroyog.g rios de aquella provincia, se tardó cinco dias para llegar Cibáo: conforme iba caminando mas experimentaba que entraba en un país abundante de oro. La mayor parte de los rios que pasa. ba arrastran en sus aguas pajas y granos de oro revueltos con arena, al fin se halló al pie de los montes de Cibào: esta voz significa montaña peñazcosa derivada de Ciba, que quiere decir en lengua de indios una peña ó un guijarro, la entrada de esa region es muy espantosa à la vista, por la altura y fragosidad Je Itig montes; pero en recompensa se respiran allí aires muy puros y sanos, y corren por todas partes fedos arroyos de aguas muy cris talipas: los indios que acompañaban á los castellanos, cegian oro en su presencia à cada paso. Ojeda muy contento con su descubrio miento, que correspondia tambien á lo que publicaba la fama de las minas de Cibào, cogió las muestras de oro que le pareció que bastaban para informar de la abundancia de este metal, v se vole vió à la Isabela donde encontró al Almirante ya bueno, que se alée gró mucho con estas noticias y cobraron tambien nuevos atentos á vista del oro los del ejéreito, quienes en la fundacion de la nue. Va colonià, se habian disminuido con la muerte de bastantes cris. tianos, y los que quedaban, estaban ya para rendir, reducidos por la hambre y la desesperacion á un estado miserable y á una lane. guidéz mortal

Aprovechóse el Almirante de esta buena coyuntura para des. pachar en este año de mil cuatrocientos noventa y curtro, los doce navios de la armada, à cargo de D. Antonio de Torres, enviando á los Reyes católicos estas muestras de oro, y los regalos de va. lor que le habia hecho el Rey de Marien, con una relacion mury circunstanciada de lo que hasta este punto habia hallado, y se rro. servó dos naves y tres carabelas. Ya estaba la flota à punto de salir, cuando tuvo aviso el Almirante que algunos descontentos de là Isabela cansados por la fàbrica de la nueva villa, y desazonados por las enfermedades que los aquejaban cuando ereian que el Almirante al instante que saltaron en tierra. habia de cargar mu. cho oro, sin hacerse cargo de la fatiga é industria que se requii-. re para cogerlo; llamándose à engaño intentaron secretamente reo. velarse, y dejando la obediencia del Almirante, tonrar por fuerza los cinco navios que quedaban ó alguno de ellos para volverse à Castilla. Era cabeza de los revoltosos Bernardo de Piza, capitan de justicia de la còrte, que habia venido con el armamento por con. tador del Rey. No creyó el Almirante que convenia hacerse desentendido sobre este principio de rebelion; mandó prender a Bernardo de Piza y ponerlo en un navio con propósito de enviarlo à Castilla con el proceso de su delito que no solo contenia el de la sublevacion, sino el de haber escrito falsamente 'algunas cosas contra el Almirante que habia hallado escondidas en cierto lugar del navio, y á los principales cómplices de la sedicion mandó cast gar, aunque no lo hizo con la severidad que merecia el caso, siendo la conducta del Almirante tan sábia; mas como no siempre la. sabiduría es la que nivéla los sucesos de los acontecimientos, este acto de justicia tan necesario en semejante circunstancia, y donde şe guardaron todas las formalidades requisitas, fue el origen de la contradiccion que el Almirante y sus sucesores tuvieron en aquellas partes, y tuvo unas consecuencias muy funestas para él y toda su familia. Para precaverse de otra rebelion dejó buena guardia en las dos naves y tres carabelas, é hizo meter en la capitana todas las municiones y armas de los otros navios, para que ninguno pudiese alzarse con ellos, como la habian intentado mientras estaba enfermo, y esta fué la primera alteracion que se experimentá en Indias y diò márgen á sus émulos para que le infamasen, le notasen de cruel, y contradijesen sus preeminencias.

Ordenadas todas estas cosas y susegada esta centella de repulucion, quiso el Almirante visitar las minas de Cibào, llevando consigo herramientas y operarios necesarios para fabricar alli una fortaleza: eligió para que le acompañasen un gran número de voluntarios y lo mejor de sus tropas; dejando al mas pequeño de sus hermanos D. Diego Colón por gobernador de la Isabela, marchó puesta en órden la gente, como cuando se va a la guerra, con cajas, clarines y banderas desplegadas. El fin del Almirante con llevar todo este aparato de guerra, fué para que los isleños conuciesen el poder de los cristianos, y comprendiesen que cuando por aquella tierra hiciesen algun daño a los españoles que caminaban sulos, como lo habian hecho con Arana, y los treinta y ocho cristianos que habian quedado con él, tenia poder para castigarlos á cualquiera movimiento que hiciesen contra su persona y tropa; pero no saco de esta demostracion ruidosa todo el fruto que pretendia; ese pantó aun mas à los indios, cuando se esperaba veneracion y res. peto para con él y los castellanos, y cuando Ojeda .pasó por aque. Ila tierra todos los indios venian con gusto á presentarse delante de éste oficial, y ofrecerle todo género de refrescos, y todos los servicios de que eran capaces; pero en esta ocasion huian por todas partes espantados luego que oian estos instrumentos militares y reconocian este aparato guerrero que los hacia temblar de miedo; sin embargo muy en breve volvieron en sí depuesto su susto, porque Colón Juego que reconoció el mal efecto de su marcha ruido. sa, trato con sus buenos modáles y con regalos que hizo á éste pueblo tímido, asegurarse de su fidelidad. Caminó tres leguas, y como los indios hacen los caminos tan angostos que solo puede pa. sar un hombre por ellos, envió gastadores al .cargo de algunos hi. dalgos, para que lo ancho abriesen por la garganta de las montañas que tenia que atravesar, no siendo posible de otro modo que pudiese transitar la caballeria: asi pasó por un puerto de una montaña bien áspera, à que puso por nombre el Puerto de los Hidalgos, por la razon dicha, y este fué el primer puesto que se hizo en Indias. Desde allí descubrió una vasta llanura que por ser tan fresa ca, verde y hermosa la llamó el Almirante la Vega Real: la atra. sesó por aquel parage que no tiene mas que cinco leguas de an

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