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CAPITULO 6.°

parte el Almirante de sus descubrimientos al Rey catòlico, quien le confirma sus privilegios, y honras. Se alcanza del Papa la aprobacion de la conquista.

Saltò en tierra el Almirante en Palos de Moguér, donde fué recibido à son de todas campanas, y con grande regocijo de toda la villa, admirando sus vecinos hazaña tan estraña, que nunca pensaron ni imaginaron que podia acabar tan dichosamente. Hacian gran misterio de que el Almirante hubiese salido de aquel lugar, y llevado la mayor y mas voble gente de aquella tierra como eran Jos Pinzónes, aunque uno de ellos usase alguna perfidia y desobediencia. Súpose entonces que la carabela Pinta, que por la tempes. tad se habia separado del Almirante, habia arribado á Galicia: su capitan Pinzón fué en derechura á Barcelona en el mismo tiempo que Colón estaba aun en Palos, à dar cuenta del suceso á los Reyes catòlicos, quienes no le quisieron dar audiencia; mandáronle de cir que no viniese sino con el Almirante, que era á quien habian enviado al descubrimiento, de que tuvo tanto pesar y enojo que se fué á su pátria indispuesto, y murió dentro de pocos dias. Otros historiadores dicen que llegó Pinzón con su carabela á Palos en la tarde del mismo dia que entró en ese puerto el Almirante, que sintió mucho ese encuentro inopinado, y tanto mas que Colón se habia que jado de que por su desercion no habia podido reconocer las minas de. Cibào, de donde se pudiera haber traido mucho oro á España. Que de este modo, no obstante el perdon que la habian concedido, temió que le arrestasen en Palos, motivo por qué salió al instante de aquel puerto y volvió luego que supo que ya no estaba allí el Almirante, pero tan gravemente enfermo, que de allí á poco murió de con. goja. De cualquiera suerte que haya sucedido este caso, fué recibido Colón de todo el pueblo de Palos con los mismos honores que se hubieran hecho al Rey: se cerraron las tiendas: se repicaron todas las campanas de la villa, y las demostraciones fueron del mayor aplauso. Recibió el Almirante estas muestras de honra con gran modestia, y luego que se desembarazó, dió aviso à los Reyes católicos de su llegada, y envió un sumario de lo que habia sucedido: despues se fué á Sevilla llevando consigo siete indios que le habian quedado, habiendose muerto los demás en la mar, con intencion de ir à Barcelona donde estaban los Reyes catòlicos. Alcanzóle en Sevilla la respuesta, y en el sobre-escrito decia la carta: A D. Cristobal Colón, nuestro Alm'rante del Mar Occeano, Virey y Gobernador de las Islas que se han descubierto en las Indias. El tenor de la carta se reducia á felicitarle de su viage v empresa, que no tenia igual desde la fundacion de la monarquía, á ofrecerle mercedes y honras, con muchas muestras de estimacion

y benevolencia, mandàndole que se diese priesa para ir à Barcelona á fin de que se tratase cuanto antes lo que convenia al bien de los descubrimientos comenzados, y que entretanto viese sia pérdida de tiempo lo que convenía dejar ordenado en Sevilla, Contestò luego à esta carta el Almirante incluyendo dentro un memorial circunstanciado de todas aquellas cosas que juzgaba necesarias para volver a las indias, y se encaminò á Barcelona siendo para él un continuo triunfo; porque era tanta la admiracion de los pueblos por donde pasaba, que de todos concurria mucha gente a las calles y caminos, para ver los indios y las otras cosas que llevaba nunca vistas en Castilla. No se cansaba el tiopel de las gentes en mirar á este hombre tan singular, que por derroteros desconocidos á toda la antigüedad, habia sabido encontrar un mundo nuevo; icaba mas la curiosidad de los pueblos la diferencia grande que manifestaban los indios en su color, facciones y trages de nosotros, lo que movia á considerarlos como hombres de otra especie y naturaleza,

El Llegò en fin à Barcelona á mediados del mes de abril; mandòsele hacer un solemne recibimiento, como hombre que tan gran servicio acababa de hacer á la España: saleron á recibirle cuantas personas habia en la ciudad y en la cò te para honrarle mas, le esperaron los Reyes catòlicos sentados públicamente, y con ellos el príncipe D. Juan, con toda magestad y grandeza, en riquísimas sillas, debajo de docél de brocado de oro, y cuando llegó el Al. mirante á besar la mano à sus Altezas, hicieron la demostracion de levantarse: diéronle la mano, mandàronle levantar y traer una silla, y lo hicieron sentar. Despues le mandaron relatar en alta voz las circunstancias mas notables de su viage Obedeció, refiriendo con prudencia y modo, las mercedes que debia á Dios, descubriendo tierras donde vivian tantas naciones bárbaras, que por este medio y las protecciones de los Reyes catòlicos podian adorarle, y recibir la luz de su santo evangelio: persuadio à sus Altezas cuanta era su esperanza de descubrir mayores tierras, y habiendo contado en breve algunas cosas de las mas notables de su viage, los Reyes se levantaron, y todo el mundo à ejemplo de los Reyes, pusieron las rodillas en tierra, dando gracias a Dios y entonando el Te Deum por la real capilla; le dieron licencia para que se fuese á su aposento, á donde le acompañó toda la corte, y así estuvo en ella con tan gran favor y benevolencia de los Reyes, que cuando el Rey salia por Barcelona llevaba a un lado al Almirante y al otro al Infante, y hacia otras honras notables; por esto á imitacion del soberano, los grandes y otros señores se esmeraron en honrarle. coino Almirante y virey, y el cardenal de España D. Pedro Gonzalez de Mendoza fué el primer grande que le llevó a comer á su palacio; le sentó en el lugar mas principal de su mesa: le hizo servir la vianda cubierta, y que le hiciesen salva, y desde entonces los mas grandes le hicieron servir asi cuando le convidaban à comer. Muy contentos los reyes de las relaciones que

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hizo de su viage, le admitieron en su consejo privado (22) y desde que dió ả conocer el medio que habia hallado para con quistar estas ricas provincias resolvieron enviarle á ellas en calidad de Almirante de las indias, título que le confirmaron conforme se lo habian prometido antes, y le otorgaron todos los privi. legios que pidió. (23) El auto de esta concesion es de veinte y ocho de mayo de mil cuatrocientos noventa y tres. El Rey le en nobleció à él y à toda su posteridad, y á sus hermanos D. Bare tolomé y D. Diego (aunque á la sazon no se hallaban en la cór. te.) Hizo niuchas mercedes y liberalidades, concediéndoles el título de Don: logró toda la familia llevar armas magníficas; al primero (D. Bartolomé) se le permitió llevar las de Castilla, y al segundo (D. Diego) las de Leon; pero á D. Cristobal Colón el Almirante le dió el Rey por armas cinco íslas de oro sobre un mar de pla. ta y azul, con un mundo y una cruz por basa permitiendole que tragesen debajo las armas propias de su familia, esta es de los mas antiguos colombos de Placencia; y unida á ella las de Castilla y Leon, y que pusiese por orla este mote.

Por Castilla y por Leon

Nuevo mundo halló Colón. (*) Premio justo y debido, por haber emprendido un descubria miento nunca imaginado que acrecentó tanto la monarquía española, y estendió en tanto grado la conversion de innumerables almas, que mediante ella (como piadosamente la ponderó despues Tomas Bocio) ou hay hora de dia y de noche, en que no estén celebrando misas, cantando salmos y alabarızas á Dios, respecto de que cuando en unas partes de las provincias católicas amanece, en otras anochece, ó es hora de tercia, sesta, nona, vísperas ó maitines, y añade que esto parece estar profetizado en la Sagrada Escritura en algunos lugares. (24) (25)

Dícese que despues que Colón hubo relatado las circunstancias de su viago, queriendo los señores de aquel consejo donde fué colocado por el Rey, disminuir la gloria que tan justamente habia adquirido, opacaron mucho su descubrimiento y navegacion por pa. recerles muy fácil, segura y fuera de todo riesgo, á escepcion del que se suele correr de ordinario en la mai: añadiendo que cual

[22] Barros de cad. 1. Asic lib. 3 cap. 11. Surita tít. 5 lib. 1. cap. 29: cit. por deory infra.

[23] Fleury hist. eccles. un. 1439 lib. 117 pág. 175.

[*] Véuse i Muñoz, historia del Nuevo Mundo, pàgina 165 que dice

A Castilla y á Leon

Nuevo mundo dió Colón. Este rubro está mas sencillo. [24] Toniós 'Bocio lib. 9 de signis eccles. sig, 37 cap. 1. p. 76 vid. psuim. 18. Habacuc. cap. 3 Isai. cap. 6 Malach It

[25] Esta grandeza desapareció en 1821.

quiera hubiera podido ejecutar la misma hazaña, y que consiguientemente se hubieran podido pasar muy bien sin un italiano, para emprender una cosa de tan poca importancia. D. Cristobal Colón que se hallaba presente oyendo todos estos discursos, no respondió palabra; pero poco despues se levantó, fué á buscar un huevo, púsole sobre la mesa, y les preguntó si habia alguno de entre ellos que pudiese poner ese huevo parado sobre la tabla; no faltaron algunos tan simples, que tratasen de intentar à hacer la esperiencia, otros negaron absolutamente que fuese posible, mas Colón les repli. có que no habia cosa mas fàcil, esto es en quebrando el huevo por la punta, lo que ejecutó al instante mismo, dejando el huevo para. do sobre la mesa. (26) Se echaron à reir los asistentes, haciendo burla de la pretendida agudeza de Colón, suponiendo que cualquie. ra podia hacer lo mismo. Es verdad, replicó Colón, pero ninguno de vosotros ha podido ejecutar cosa tan facil, hasta que yo os la hubiese enseñado; lo misino es respecto al descubrimiento de un mundo nuevo, nadie lo ha podido hacer antes que yo, y ahora que lo hé hallado, á todos os parece facil la empresa. (27)

Sin embargo, de estou discursos hijos de la envidia, los Rea yes hacian justicia á su mérito y fué grande el gusto que tuvieron de este descubrimiento importantísimo, porque veian que se les abria el camino, para hacer á Nuestro Señor otro servicio muy grande como el de la guerra de Granada, conquistando estas gentes bárbaras y convirtiéndolas à nuestra santa fé católica. Dióse órden en Barcelona con toda solemnidad y presteza, para la vuelta del Almirante á la Española. Habia llevado Colón unos seis ó siete indios para que aprendiesen la lengua española, y se habia conmovido toda la corte y España al verlos; pero él deseaba ver sus indios bautizados antes de su partida: y así tuvo gran cuidado de que fuesen ins. truidos en nuestra santa ley, y despues se celebró su bautismo con magnífico aparato. El Rey, la Reina y el príncipe de España quisieron ellos mismos ofrecer á Dios estas primicias de la gentilidad del nuevo mundo. El Rey fué padrino del pariente de Guacanaga. ri, y se le puso el nombre de D. Fernando de Aragon: á otro el mas distinguido se le puso el nombre de D. Juan de Castilla por el príncipe que quedó en su córte, y murió de allí á dos años: los demás bautizados tambien por los Reyes, que fueron sus padrinos se volvieron a su tierra. Pusieron luego los piadosos Reyes sus pensamientos en la conversion de estos idolatras, y la forma que se tendria para predicarles el evangelio, cuidado que siempre ha sido muy grande de parte de los Reyes católicos sus succesores en

[26] Segun esto no fué Juanelo sino Colón el autor de esa ta conseja. Muy tontos serian aquellos á quienes la contó el Almirante.

[27] Fleury cit. Barros de Asia decad. l. lib. 3 cap. 11 Surita tít, 5 lib. 1 cap. 25. cid. hist. eccles. Fleury an. 1493 sito supra.

los descubrimientos y conquistas, como bien lo refleja el señor Sow lórzano, (*) que los bárbaros é infieles de este nuevo orbe viniesen en conocimiento de Dios y de su santo evangelio de que tan remotos estaban, y se incorporasen como lo han hecho en el cuerpo y gremio de la iglesia católica romana, à quien han prestado humilde y religiosa obediencia los mas de ellos con piadosas em bajadas y dones; de suerte que en un siglo solo, le ha dado nues. tra diligencia mas hijos y fieles en Cristo, que cuantos se pueden contar de los pasados, como tambien lo reconoce, y encarece To. más Bocio en varios lugares de sus escritos, y otros muchos graves autores. (28) . Conformandose, pues, los Reyes D. Fernando y Doña Isa. bel, con la innata y heredera piedad de sus gloriosos progenitores, para probar la reverencia que tenian à la Santa Sede Apostólica. quisieron antes de despachar el Almirante á las indias dar cuenta primero de lo que pasaba al sumo pontífice, que era Alejandro sexto de la casa de Borja, el que recibió + mismo gusto que todos, viendo que en su tiempo se hubiese hallado ocasion para dilatar el santo evangelio, y tambien suplicarle suese servido de aprobar la conquista del nuevo mundo, que así tamaron el hallazgo de media docena de islas, y concederles el dominio no solo de cuanto hasta entonces se habia descubierto, sino tambien de las tierras que se descubriesen en adelante. Condescendió su santidad à súplica tan justa: envióles su bula aplomada por la cual les hizo gracia de la conquis. ta de estas nuevas tierras, adjudicàndoles el directo dominio (29) de todo lo que descubriesen, sin perjuicio de los Reyes de Portugal, que ya descubrian de algunos años atrás por el oriente. Por esta bula se dió á los Reyes de Castilla y de Leon, á perpetuidad el soberano imperio y principado de las indias; es á saber, todas las islas y tierras firmes descubiertas, y por descubrir, ácia el occidente y el mediodia, tirando una línea imaginaria desde el Polo Artico hasta el Antartico; esto es desde el septentrion hasta el mediodia, la que cortaba en dos partes iguales el espacio que se hallaba entre las islas Azores, y las de Cabo Verde. Y para precaver todas contestaciones el soberano pontífice especialmente en su bula de tres de mayo de mil cuatrocientos noventa y tres, en otra del dia cuatro del mismo mes y año que empieza Inte: coetera, y en otra tercera que espidió algun tiempo despues, dice, que distarà esta linea de las islas de los Azores, y las de Cabo Verde ácia el occidente y mediodia, por espacio de cien leguas, y que

[*] Politica Indiana de Solórzano lib. 1. cap. 8. p. 31.

[28] Buzing de signis eccles. lib. 4. cap. 13. et trat. imper. pend. avirt. et de Italie statu citat. ú Solórzano ubi suprá, et. d. cap. 16 núm. 6970. et 72: ubi et eam pleves alios alegat. Beilarm. tom. 2. Aex. VI: const. 2. núm. 77 p. 42. Barros de Assiu decad. 1. lib. 3. cap. 11. · [29] Risum tentatis amici!!..

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