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dado, que debia subsistir el repartimiento de indios, sin embargo de algunos abusos y desórdenes que de él procedian, contra los cuales iba à tomar las medidas mas acertadas: que, se volviése él y el padre Montesino à Indias, cada uno á - su mision, continuando en edificar con su doctrina y santidad de vida a los indios, sin mezclarse de manera alguna en cosas de policia y gobierno, y con precepto de que se contuviésen en declamar contra unas providencias aprobadas por un número tan cuantioso de personas doctas y virtuosas. Conoció el padre Córdova por este recado del Rey que no le seria fácil à él y á sus religiosos avenirse bien con los castellanos establecidos en el nuevo mundo, y que si queriąn verdaderamente hacer mucho fruto en los bárbaros convenia solicitar regiones donde pudiésen : solos predicar á aquellas gentes sin estorbo de los castellanos: suplico pues al Rey que le dièse licencia para que con los frailes de su órden que fuésen con él, pudieşe pasar à algunos paises de la tierra firme de la América, a donde no hubiése todavia, españoles, y de este modo con libertad predicar á los infelices la ley de Jesucristo. Parecióle, bien al, Rey la proposicion del padre Córdova, y como lo veneraba y estimaba, mando que le diesen los despachos que queria, y fué, proveido de órden del Rey á toda su voluntad de cuanto hubo menester para su sapta empresa. El padre Montesino y el padre Córdoya para volver à la isla Española, después de su llegada presentaron sus despachos al. Almirante, quien en obedecimiento a las reales órdenes mandó a prestar un pavio con provisiones competentes de boca, y de todo aquello necesario para fundar, en tierra firme , á - fin de transportarlos a la costa de Cumana, tierra, que habian es

cogido para principiar sus trabajos, apostólicos. No fué el padre, Córdova siendo su presencia más necesaria en la isla Española, donde con las órdenes del Rey podia establecer, mejor un convento de su órden, y quedar sobre un pie- mas ventajoso que antes; pero escogió para esta apostólica espedicion tres religiosos aprobados y celosos - del bien de las almas, á saber; el padre fr. Antonio - Montesino, ifr. Francisco de Còrdova y fr. Juan Garces, que partieron muy contentos para su destino. Cuando llegaron á San Juan de Puerto Rico, cayó gravemente malo el padre Montesino, por lo que se hubo de quedar allí, y los dos compañeros siguieron su viage con felici

dad. Desembarcaron en un parage de tierra firme, donde, despues smuy cerca de allí se edificó la ciudad de Çoro, llamada por otro 2 nombre Venezuela, por las razones que hemos mencionado, por2 que sobre las ruinas del pueblo que Ojeda habia, Hamado Vene- zuela, se construyó dicha ciudad Córo ó Venezuela. El pueblo de in.

dios subsistia cuando llegaron estos dos misioneros, que fueron muy p bien recibidos y agazajados de los indios, que les dieron de comery: proyeyeron.de lo que necesitaban. $ea aprovecharon, Juego estos padres de tan buenas disposiciones para ganar los indios à Jesucristo, y se prometiap mucho fruto en aquellamies, nueya, cuando llegó unr navior españolque desbarató, todas sus medidas. La intención que llevaba era coger de sorpresa d los indios, meterlos á bordo, é irlos á vender á la Española: comercio infame que se hacia entonces sin embozo, no obstante el ningun permiso que hac bia para ello; pero con dar parte de las presas á los oficiales rea. les, estos se hacian de la vista gorda. Se coloreaba esta pirateria con el titulo especioso de espedicion contra los canibales, y casi pensaban estus tratantes que merecian mucho para con Dios, como si fuera una guerra santa: fuera de eso habia una declaracion del Rey que permitia hacer esclavos à todos los antropófagos ó comedores de carne humana, y sin examen se tenian á todos los indios del nuevo mundo por culpables de este delito. Como no 'era esta la primera vez que habian llegado navios a la costa de Cumana para hacer presas semejantes, los indios en tiendo navios se huian; pero en esta ocasion con la presencia de los padres, estuvieron quietos, y proveyeron a los del navio de comida. Bastantes dias se pasaron con demostraciones de amistad entre unos y otros, y un dia el patrón del navio convido à comer á bordo de él al cacique de alli, que aceptó el convite, y fué él con su muger y diez y siete de comitiva de sus vasallos: apenas se hubo embarcado con su gente el capitan que se habia prevenido, alzó velas y los llevó á la Española. Alterados los del pueblo con esta novedad, ya transportados de furor iban à matar los misioneros, creyendo que ellos eran sabedores de esta traicion: se escusaron los religiosos y con trabajo los aplacaron, persuadidos tal vez los bárbaros, que hombres de tanta virtud como habian esperimentado, no capaces de semejante accion, y la veneracion en que los tenian atajó los primeros impulsos de su ira; pero no por eso quedaba segura la vida de los misioneros. Pareciò dentro de pocos dias otro navio 'cuya gente saltò à tierra con su capitan y hallaron todo el pueblo en llanto, y à los religiosos angustiados, sin tener un instante seguro de vida metidos entre aquellos indios irritados con razon. Viendo los misioneros que el capitan se condolia de su triste situacion, y parecia hombre honrado, concibieron algunas esperanzas de salir del peligro en que se hallaban, dijeron al capitan que sin duda el cielo se los habia enviado para ser su libertador, que no le pedian otra cosa, sino que llevase de parte de ellos una carta al Almirante: se hizo cargo de ella con gusto el capitan, y la puso en manos del Almirante D. Diego Colón, á quien tambien espuso el hecho el padre Córdova por noticia que habia tenido de los religiosos, suplicándole que cuanto antes devolviese à los indios en sus tierras, no habiendo otro medio de salvarles la vida à sus religiosos, pues conforme estos le escribian si dentro de cuatro lunas ó meses no se hacia aquella restitucion, ellos serian muertos.

En efecto como no se habia podido aplacar á los indios de otro modo, los padres esperaban la muerte sino se restituia al cacique su muger, y las diez y siete personas que habian ido con el capitan al convite á bordo de aquel navio. Sobre esto habia eserito á su superior el padre Córdova, rogàndole encarecidamente

que concluyése este negocio' à satisfaccion de los indios de su mision; pero todas estas diligencias fueron inútiles, pues ya se habian vendido por esclavos à los indios, y los mismos jueces de apelacion, los habian comprado. (175) Como el Almirante tenia poca ó ninguna autoridad sobre estos magistrados de la audiencia real, no pudo impedir el daño que amenazaba à los misioneros de Cumaná. Dentro de pocos dias Hegó el segundo navio con las cartas de los religiosos, y conociendo el capitan del primer navio que era descubierto su infame trato, y él sio autoridad competente habia llevado por fuerza á los indios con su cacique para venderlos por esclavos, se aco. gió al monasterio que entonces alli se comenzaba de la Merced, y tomó el hábito por miedo de la justicia. Representó el padre Montesino, que ya era vuelto de la isla de San Juan, à los jueces de apelacion cuanto importaba la restitucion de aquellos indios para el logro de la mision de Cumaná, y poner en salvo la vida de sus ministros; pero aprovechó poco los ruegos é instancias que se les hicieron, porque ni la muerte. cierta de los dos misioneros, ni la infamia que recaia en la nacion, ni el descrédito de la religion católica, ni el interés público, ni la honra del Rey, nada fué capaz de ablandar á los ministros reales, queriendo mas bien cargarse de la mas inaudita iniquidad, que soltar los indios que á cada uno les habia cabido de aquel robo; y asi pasados los cuatro meses, sin que los misioneios pudiésen tener respuesta, para satisfacer à los indios, éstos sin esperar mas tiempo quitaron inhuma. namente la vida á los dos religiosos, primero á fr. Juan Garces, estando el otro atado, viéndolo morir. (176) De este modo se arruinó en un instante un proyecto tan santo, muy á los principios de su ejecucion, de que hubiera resultado en breve tiempo la conversion de innumerables gentiles que ocupaban la tierra firme; ¿pero que mucho si aquellos mismos que en virtud de sus cargos y por verse tan honrados del Rey su amo, debien celar con mas ahinco la puntual ejecucion de las reales órdenes eran los primeros que en los puntos mas esenciales que concernian, las quebrantaban sin miedo y con el mayor descaro? por donde se concebirá fàcilmente, ¿qué no harian los inferiores y demàs castellanos cuando la ocasion se presentaba para enriquecerse à costa de los infelices indios, maltratàndolos con una inhumanidad increible? Despues de poner sobre sus hombros, cargas muy pesadas, los ataban de dos en dos, y como si fueran bestias de carga, los arreaban y hacian andar á latigazos; si acaso se caia algun indio, al suelo agoviado del peso de su carga, no cesaban de darles sendos golpes hasta hacer. lo levantar à no poder mas. Cualquiera sugeto acomodado no salia, de su casa, sin hacerse llevar envuelto en una hamaca por un par de indios: se apartaban las mugeres de sus maridos, ocupando estos

[175] ¡Que jueces tan justos.... Vaya! .. .

[176] He aquí à los españoles que vinieron e conquistar las, Américas por espíritii de religion,.... : Povod ,

en el trabajo de las minas, y aquellas al cultivo de las tierras; y cuando unos y otros tenian mas que trabajar y que hacer, les das ban el alimento nas escaso, esto es, unas pocas de yerbas y raices: asi es que no se veia otra cosa que morir indios é indias, ó de pura fatiga, ó en la reparticion de los azotes que les daban con impiedad algunos amos crueles: las madres cuya leche se habia se cado ó corrompido por los malos alimentos, caiau muertas de inanicion, y acabadas de pesađumbre 'sobre sus hijos muertos ó mo.' ribundos. Pasó mas adelante la crueldad: como algunos de aquellos : isleños se habian refugiado à los montes para precaverse de la tiranía, se nombró un oficial con el título de alguacil de campo, para ir a recoger estos indios, y hubo' ocasión que eritró este ofi. cial con algunos perros bravos que destrozaron gran número de ellos: muchos para libertarse de una muerte tan cruel bebian el sumo de la yuca è munioc que es un ' veneno muy activo: otros se ahorcaban en los árboles à vista de sus mugeres é hijos, Esto es lo que sucedió con estos repartimientos funestos en la práctica que se habian' aprobado sin' todo el examen que correspondia, por parecerles á algunos preciados de doctos que eran absolutamente necesarios para la conversion de aquellas gentes. (177) Aquellos mismus castellanos mas moderados en el trato de sus indios, poco se esmeraban en enseñarles la doctrina cristiana, disculpándose de su descuido con decir que eran incapaces, y que no era dable ha. cer fruto en ellos por su poca memoria: otros fundados en razones contrárias, pretendian que no convenia enseñarles unas verdades tan altas, (178) porque seria abrirles los ojos y hacerles mas dificiles para la sujecion y el trabajo; llegó á tánto estremo la cosa, que se impedia á los misioneros el que les predicasen el santo evangelio, y se ejecutaron violencias escandalosas hasta en las iglesias. Con este proceder tan vario se quedaban los indios en su infelicidad, formando un juicio poco ventajoso del Dios de los cristianos, por lo que estos hacian con ellos. Sin embargo como la luz del santo evangelio es de por sí tan penetrante, llegó al fin á disipar las tinieblas en que estaban sumergidos los corazones de aque.' llos infelices y vencer tantos obstáculos de parte de la preocupacion, del ódio y de las tinieblas, como de las violencias y eseándalos de los cristianos; porque mediante los santos ejemplos que dieron los misioneros de ambas órdenes de Santo Domingo y San Francisco, y el cuidado que tenian de su instruccion y alivio en sus trabajos, venian los indios à pedir con ansia el santo bautismo, reduciéndose de buena gana al suave yugo de nuestra santa ley; pero estos buenos efectos llegaron á verificarse muy tarde, pues entonces llegaba el número de estos indios en la isla Española á catorce mil de padron.

[177] Y luego se quejan al cielo los espuñoles de haber perdido la dominacion en las Indias!!..

[178] Casi, casi se pensaba lo mismo en México durante los

En aquel calamitoso y turbulento estado de cosas que entonces padecia la isla Española, ocurrió al remedio de muchas el Rey D. Fernando, valiéndose de los frailes de San Francisco, que en todo tiempo fueron desempeño de sus confianzas. Ya ha. bia mandado que se redujese à pueblos la multitud de indios que andaban dispersos en los montes, viviendo sin doctrina ni policia, dados à la holgazanerìa; segun su mala inclinacion, y como no se habian podido llevar à puro y debido efecto sus órdenes, las repitió mas apretadas en este año de mil quinientos trece: contenian. ordenanzas muy sábias, despachadas en Valladolid en treinta y dos capítulos, concernientes al tratamiento de los indios, á su instruccion en la doctrina cristiana, y á la mudanza de sus estancias cerca de los pueblos de los cristianos. Para la mayor comodidad y logro espiritual de estos infelices, como tambien para perfeccionar la poblacion, mandò entre otras cosas, que todos los hijos de los cacia ques, de tres años abajo, se diésen à los frailes de San Francisco co para que los tuviesen cuatro años: enseñándoles la fé, y á leer; y escribir, y los volviésen despues: á sus padres, bien instruidos en la doctrina cristiana, y en las letras humanas, en la forma que se usaba en España. Contradice al parecer á.estas últimas clausulas que despues de Haroldo refiere el tenor del real decreto que trae Herrera, y dice: „Y para que se enseñase gramatica latina a los „hijos de los caciques, mando el Rey que fuese el bachiller Her„nán Juarez, y se le mandó pagar su salario del real erario;" pero nada impedia á los padres franciscanos, al mismo tienipo que inspiraban á aquellos indios en tierna edad las maximas santas del cristianismo, el que se vahesen de su docilidad y habilidad de algunos para enseñarles algunas reglas de gramática, y si despuntaban' algo más, perfeccionarles en la latinidad: de este saludable establecimiento provinieron las fundaciones de los franciscanos en aquellas partes que se llaman cristiandades de los niños nobles. Enseñados en ellas de vuelta à sus casas, cuidaban de que sus parientes, familia y súbditos, fuésen instruidos en la fé de Jesucristo, de tal suerte que en poquísımo tiempo se bautizaron millares de almas en la-isła Española y demàs islas adyacentes, siendo inmenso el beneficio espiritual que se consiguió mediante la piadosa sagacidad de los franciscanos. Pero ¿qué importa si en aquellas prinieras conversiones se estorbó el fruto con la cizaña de la tiranía? producian es cierto, grandes, frutos y buenos efectos en los hijos de los caciques la enseñanza y buenos ejemplos de los franciscanos; pero la làstima era que acaecían al mismo tiempo sucesos que impedian la 'buena disposicion de sus ánimos. En la isla de Cuba por el descuido de Narvaez iba á despoblarse en un instante toda ella, à no haberse remediado tanto daño por el gran crédito que tenia: el : lic. Bartolomé de las Casas para con los indios. No era menester mas para cualquiera cosa que quisiese, sino enviar un indio

gobiernos de Revillagigedo, Branciforte, Venegas y Calleja.

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