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currieron no bendecian, esto es que no se bebió en celebridad de ella una gota de vino, porque no se halló en toda la isla, por ha. ber ya tiempo que no venian navios de España. Con la abundancia del oro que se cogia por entonces en la Española, y la gran. gería de los repartimientos, se introdujo fácilonente en los primeros pobladores de ella el lujo en galas y vestidos; é informado el Rey de los grandes excésos que pasaban en esto, mandó una pragmà tica ó ley suntuaria para poner remedio en tanta corrupcion, pruhibiendo severamente el uso de bordados de oro y plata, y los vestidos de seda ú otra materia costosa, ordenando qué personas po. dian vestirse con mayores adornos atenta su distincion y posibilidad. Herrera trae los capitulos de esta pragmática con toda su estension, que omito trasladar para evitar toda inútil proligidad.

Tuviéronse por este tiempo unas noticias bien funestas de los dos gobernadores Ojeda y Nicueza, que el año antecedente habian partido para el continente con el fin de descubrir y poblar por el golfo de Uraba, Veragua y demás tierras, cuyas contas había descubierto el Almirante D. Cristobal Colón. Despueg de varios sucesos en que Ojeda manifestó siempre su grande ánimo, y Nicuez su poca conducta, al fin se determinaba ya nuestra gente á dejar aquella tierra, y estando todos en suma tristeza sin saber que hucer, oyendo cada uno á cada cual su parecer, dijo Vasco Nuñez de Balboa, hombre intrépido, valeroso y fecundo en arbitrios, que se acordaba que yendo por aquella costa algunos años antes con Rodrigo de Bastidas à descubrir, penetraron hasta lo último de este golfo, y que á la banda del occidente habian encontrado un pues blo de la otra parte de un gran rio, situado en unas tierras muy fértiles, y que gozaba de un clima muy bueno y templado, cuyos habitantes no usaban de flechas emponzoñadas. Todos concurrieron en el parecer de Vasco Nuñez, y gustosos determinaron atravesar al instante el golfo que tiene seis leguas de ancho, y hallaron ser verdad cuanto habia dicho Vasco Nuñez; pero á su llegada tuvieron que pelear los españoles con quinientos indios guerreros que tem nian por capitaa un cacique llamado Cemaco, los que entendiendo à qué iban los castellanos despues de haber puesto en salvo las mugeres y los niños, se habian adelantado con la resolucion de no permitir que los españoles se establecièsen en sus tierras. Aunque Balboa habia asegurado que aquellos bàrbaros no usaban de fle chas emponzoñadas, no queria la gente farse en ellos: à mas de eso la resolucion y valor que manifestaban, y el cuidado que habian tenido de apoderarse de un cerrillo que dominaba todo el llano, dieron que pensar à lus mas atrevidos de los castelanos. Estos entonces ocurrieron al cielo en lance tan apretado, haciendo voto à nuestra Señora, que en Sevilla llamaban la Antigua, de que enviarian gente que hicièse romeria á su santuario, para que le ofreciése algunas joyas de oro y plata; y si les concediése victoria sobre sus enemigos, que la primera iglesia y pueblos que hiciésen se llamarian Santa Maria de la Antigua: hecho el voto y

constreñidos por el bachiller Enciso bajo de juramento á la obligacion que hicieron de morir primero que volver las espaldas, dieron sobre los indios con mucho ardor y brio, resistieron un poco los indios; pero al fin fieron deshechos con mucha pérdida de los sayos, y se huyeron à los montes circunvecinos. Entraron luego los castellanos en el pueblo donde no encontraron a nadie; pero si mucha provision de comida: corrieron todo el pais sin encontrar ni un barbaro, hallaron sus chozas solas, y pillaron cuantas alhajas habia de oro y plata, y mucha cantidad de algodón: pesaron el oro que era muy fino, y salió de las piezas, y joyas con que se ador. waban aquellos indios el valor de diez mil pesos. Cun esta espedicion tan feliz ganó Vasco Nuñez mucha reputacion, y en cuinplimiento del voto, acordaron todos de fundar y asentar allì una ciudad que se llamáse Santa Maria la Antigua del Darien, que era el nombre del rio grande que descarga sus aguas en el golfo de Urába. Fué la primera ciudad y la primera silla episcopal del continente de la América; pero poco subsistió, y con el tiempo por los años de mil quinientos veinte y cuatro y veinte y cinco, sa transfirió esta ciudad y silla à Panamà.

No solo tuvo la mortificacion el Almirante D. Diego Colón del establecimiento de la audiencia real de Santo Domingo por unos jueces de apelacion que limitaron en gran manera sus prerrogativas, sino tambien el que recibió fuertes jeprensiones de la corte, por no haber cuidado como debia los despachos de Diego Nicueza, y de Alonso de Ojeda, Asimismo por la facilidad que tenia en conceder repartimientos, llegaron los indios à disminuirse notablemente, tanto que por mucho favor ó por empeños, podian sus amie gos, ó los que tenian crèdito en la corte, conseguir repartimientos muy escasos. El ejemplo de Nicueza movió el ánimo de algunos à ir á las pequeñas Antillas, para sacar de ellas por fuerza à ale gunos caribes. Uno de aquellos habitantes de la Española de los mas acomodados armó con tal fin una carabéla, y se metió en la Guadalupe; pero halló a los bàrbaros muy prevenidos, y se vió precisado á salir de la isla con pérdida de alguna gente, y sin haber tomado un esclavo siquiera: otros salieron muy bien librados con este proyecto; pero no devengaron sus gastos, y habiéndose introducido la mortandad en los indios de la Española, fuè necesario por fin recurrir al trato de los negros, mal necesario, pues sin ellos como dice un autor, las colonias mrjor establecidas en el nuevo mundo serian en el dia casi de ninguna utilidad y considera cion. Ya habian coinenzado á introducir algunos negros en tiempo de D. Nicolas de Ovàndo; pero estaban tolerados, y aun à peticion de este gobernador (quien siempre se opuso à su introduce cion) habia mas órdenes del Rey catòlico contra esta novedad: temia el gobernador Ovando que esta nacion que parecia soberbia é indómita se rebelase si llegaba á multiplicarse, y atragese á los indios à mover una revolucion peligrosa. Ahora la necesidad obligó à valerse de ella, para reemplazar la pérdida de los naturales de Santo Domingo, y con el tiempo se vió que no se conocia muy . bien su genio, y es cierto que á mas de tener los negros mas espíritu y fuerzas que los indios, pues un negro trabajaba por seis naturales, se acostumbraban mas bien à la esclavitud para la que parece haber nacido: (141) no se enojan fàcilmente: se contentan de poco para su sustento, y no dejan de criarse robustos y fuera tes, aunque coman mal: tienen en efecto su altivéz y mala condicion; pero con mostrarles mas orgullo y entereza, basta para tem nerlos sujetos, y con latigazos hacerles conocer que tienen amos. Lo que admira .es, que por mas que los castiguen y hasta con bastante crueldad, no conservan especial rencor contra sus amos, y no se enflaquecen ni pierden nada de sus carnes. Y porque habian in-' formado á los Reyes que los indios iban à menos y que no sufrian mucho por su poco espíritu el trabajo de las minas, mandaron á los oficiales reales de la casa de Sevilla, que enviasen es. clavos para trabajar en ellas. Verémos en los años siguientes como se insistió en la introducción de negros en las Américas, bajo el pretesto mismo de la inutilidad de los indios y pujanza en fuerza de los negros, y hoy por hoy palpamos de sobra el daño infinito . que ha causada entre nasotros la introducción de esta cas. tag principalmente en órden à la limpieza de sangre en las familias establecidas en la América; dejando aparte otros muchos y muy graves inconvenientes, que se han pulsado. (142)

itCAPITULO 23. ...

Creacion de los primeros obispos de las Indias: nuevas disputas sobre los repartimientos, se examina en el consejo la causa de los preparativos para la conquista de la isla de Cubą; religion de sus habitantes: queda sujeta la isla al capitan , Diego Velaze quez, y por consiguiente á la dominacion española. Les i i.. Año de 1511,

Si el año antecedente fué desastrado y memorable en las

[141] Error detestable; nadie ha nac do para ser esclavo: la primera prerrogativa del hombre es ser libre hasta para cumplir con la ley de Dios. "

,"480 . its ! [142] En el dia esta raza exótica se ha propagado infinito, hasta establecer un nuevo imperio. Los negros acabaron con los indios, y despues con los franceses y con todo blanco. Fundaron un gobierno bajo el mundo de Cristobal que atacado por el mulato Pethion le obligó à darse la muerte de un balazo en la cabeza. Por su muerte se convirtió en república independiente con una constitucion política de las mas liberalia

Indias por las tristes aventuras de Ojeda y de Nicueza en la tierra firme, el siguiente de mil quinientos once, fué mas feliz y se viò en'fin consumado y perfeccionado un negocio que la Reina Doña Isabél habia tanto deseado ver su ejecucion, pero que por muchos contratiempos siempre se habia retardado. Apenas subió el papa Julio Il sobre el tronu pontificio, que los Reyes católicos instruidos de la mucha poblacion de los castellanos y que iban en aumento los indios con los que se mandaba llevar de fuera cosa en que los engañaban, pues se les encubria la diminucion notable de ellos, animados únicamente del celo de su conversion, suplicaron á este sumo pontifice que ya que el cristianismo ha cia tantos progresos en tre aquellas gentes, que se dignàse erigir algunas de las nuevas ciu. dades en obispados: pidieron primero que se estableciése en ar20bispado la provincia de Xaragúa, y que tuviése por sufraganeos à Lares de Guàba, y la Concepcion de la Vega, que los indios llanaban Magúa en su lengua. No tuvo dificultad el papa en acceder á esta peticion: hízose la ereccion, y fueron propuestos tres sugetos y aceptados para llenar estas sillas episcopales; es à saber para el arzobispado de Xaragua, el doctor Pedro Desa, sobrino del arzobispo de Sevilla, fraile domínico: para el obispado de Lares de Guàba fi. Garcia de Padilla, franciscano; para el de la Concepcion el lic. Alonso Manso, canónigo de Salamanca. Dilatose la es. pedicion de las bulas, y las cosas se quedaron así por motivos que no sabemos, y entre tanto falleció la Reina Doña Isabél: con esto aquellas ciudades (excepto la última) perdieron mucho de su lustre, y el Rey D. Fernando cuando volvió à entablar este negocio, propuso nueva disposicion en la ereccion de las tres iglesias, que su santidad aprobó: se reducìa á suprimir la metrópoli de Xaragúa, y erigir Santo Domingo, la Concepcion y San Juan Puerto Rico en obispados sufraganeos de la santa iglesia de Sevilla, y este arreglo fué concedido: fueron los obispos primeros los mismos que se habian propuesto antes. De la Concepcion fué el doctor Desa. De Santo Domingo fr. Garcia de Padilla, que murió sin pan sar a las Indias, y de la isla de San Juan el lic. Alonso Manso. Concedióles el papa los diezmos y primicias de todas las cosas, excepto de los metales, perlas y piedras preciosas: la jurisdiccion espiritual y temporal, (143) y los mismos derechos y preeminencias que toca gozar a los obispos de Castilla. Le pareciò bien al Rey católico esta disposisjon, é hizo un concordato con los tres obispos, cuyas condiciones principales decian, que se empeñaban por sí y por sus succesores à repartir los diezmos entre el clero, hospita

bes que se conocen. Llamun la republica de Hayti, territo. rio es toda la isla Española, habiendo perdido los de estu na. cion la ciudad de Santo Domingo. ¡Notuble cambiamento debi. do á las luces del siglo diez y nueve!

[143] Esta concesion es hija de la donacion de Alejandro

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is y fibricas, que la presentacion para los beneficias y digna dades, quevase al arbitrio de sus Altezas,

Ja tuvo el primer obispo de la capital e consuelo de ven su iglesia, Bokzado muerto en Castilla poco despues de haberse Consgruis eius varius accidentes retardaron la partida fel de Cono peiun, y catre tanto sucedió una casa que ha muchy uit dhe " que la autoridad episcopal hubiera sufocado sin duda en sus principios Perdia insensiblemente la isla Española sus habitantes naturales y aunque hubo lugar de reconocer el daño que esta de podlucide causaba al establecimiento de los españules, lejos estas de aprovecharse de esta ocurrencia para conservar á lo myeyes lo que quedaba de aquellos isleños, parecia que tinaban a destruir la ha casta de estos infelices. El Rey mismo que hasta entonces han biz hecho unas ordenanzas sábias a su favor engañada por algut nos, que tenian muy å mal sus ultimas Ortlenes que reprimiam de masia to su codicia, pareció abandonarlos a la discrecion de sus amos, mejor diré à sus tiramas, y dio su permisu, para que en addante no se diese à los indios de servicio otro salario que la vit da y la manutencion, con el conque de que pagasen luego un paros, que equirale á tres reales de vellon por cada cabeza al real era. rio. Por mas que reclamaron los padres dominicos contra una nom vedad de esta naturaleza, que debia traer obstáculos insuperables para el logro de la conversion de aquellos pueblos, y representa ban que era interés del Rey y de la nacian tratarlos con mas suavidad, no se hizo caso de sus representaciones, por cuyo moti vo se determinaron estos celosos ministros á armarse de todo el vigor apostolico, para contener con las armas espirituales un escán. dalo que hacia blasfemar el nombre del Señor entre los iofelices. A mas de esto estaban bien informados de la manera que hasta que ellos llegaron á Santo Domingo, se habia tenido en la conyersion y en el modo de gobernarse con los indios, porque como la isla era bien grande, y los religiosos pocos, no podian acudir à todas partes. Consideraron los padres de Santo Domingo, que era propio de su eficio predicar contra estos abusos, por cuyo motivo 19. maron , la resolucion de no desentenderse en un asunto tan grave; y asi el padre fr. Antonio Montesino que tenia mucha fama de santidad y era predicador dotado de grande elocuencia, subió al púl. pito en la ciudad de Santo Domingo, y en presencia del Almiran, te, oficiales reales, de todas las personas principales, y de un nu. meroso auditorio, predicó contra los repartimientos con mucba vehe., mencia, declarándolos por ilícitos, y añadió que el término de tum, tela que se usaba para dar color, á esta tiranía, ocultaba una verdadera servidumbre, a la que sujetaban á tantos inocentes contra todas las leyes divinas y humanas; una conducta tan estraña y tan contraria al espíritu del cristianismo habia sido causa de que pereciese ya un millon, de hombres, de que habian de dar cuenta á Dios, y que de no poner remedio se despobļarian infaliblemente provin.. cias tan vastas, cuyo imperio no habia dado el Señor de las na:

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