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tio de los Naranjos. El cabildo en mi tiempo tenia abierta esta libreria al público." (Sigue el padre Vega.)

Despues de la muerte de este hombre grande se fueron adelantando mas y mas los descubrimientos y buenos sucesos de los castellanos en las Indias, así en vida de los Reyes católicos como en la de su nieto el emperador Carlos V., dándose mucho à conocer en ellos otros insignes capitanes y pilotos, como Vicente, Arias Pinzón, Orellana, Magallanes, Cortés, los Pizarros, los Alo magros, Nicuéza, Balboa, Soliz, Ponce de Leon, Vazquez y Nuño, quienes no menos incitados del deseo de la gloria, que del de las riquezas, siguieron las pisadas de Colón, descubriendo en distintos tiempos uno y otro bordo del nuevo mundo, y entre ellos es digo no de memoria Alonso de Ojeda, que descubrió hasta Urába, y las demás tierras que caen en la gobernacion, que llamó la nuena Andalucía, y el nuevo Reino de Granada, que así fue llamado por Ximenez, despues de haber perfeccionado este descubrimiento.

Ya hemos visto el órden de los sucesos desde el descubrió miento de las Indias Occidentales, y como en vida de la Reina Doña Isabél y de D. Cristobal Colón, se fue adelantando la con. quista temporal y espiritual de la Española, y los reglamentos que se proveyeron para este fin; resta ahora insinuar como despues de la muerte de esta católica princesa (que sucedió el año de mil quinientos cuatro) y de la del Almirante que aconteció el año de mil quinientos seis, vinieron en el de mil quinientos cinco à rei. par el Rey D. Felipe I. el hermoso, y la Reina Doña Juana, y el Rey D. Felipe murió en aquel mismo año, y la Reina por su habitual enfermedad (118) se hallaba incapaz de gobernar, de que se siguió una especie de interregno desde últimos del año de mil quinientos cuatro hasta el de siete, que volvió el Rey D. Fernando de su reino de Nàpoles; y aunque gobernaba en la menor edad de su hija Doña Juana, no se atendia mucho á las cosas de las Indias; con que sabida la muerte de la Reina Doña Isabél en la Española, ya sin respeto alguno se volvió à maltratar a los indios y no se penso en otra cosa mas que en adelantar la real hacien. da; porque en virtud del testamento de Doña Isabél, à quien pero tenecian los provechos que se sacaban, y se habian de sacar de todas las Indias descubiertas y por descubrir, dejó declarado que hacia á su esposo el Rey católico (sin embargo de no ser aquel estado de la corona de Aragón) participante en la mitad de las sentas, y provechos de aquellas tierras, que pertenecian à la coron na de Castilla: asi se observaba en lo que disponia esta clàusula favorable à los intereses del Rey D. Fernando, acudiendo con mas cuidado al provecho que à la conservacion de lo conquistado, y se desatendia de todo lo que prevenia esta cláusula de tan piadosa Reina, que deseaba el buen trato y la conservacion de los indios:

[118] De locura zelosa que es muerte pésima, y digna de mugeres tontas. Véase á Robertson historia de Carlos V. ;

la refriré para que se rez u tage de la piedad y magrasimidads boolar Om.

ன maatin all tnps Gாடி கை fuerns contities நா a

céang, (119, descubiertas y por descubrir, a pencipal in tencion fiéal tiempo que lo suplicamos al papa Ajandro VI de barna memoria, que nos hizo la dacha cookies de preomar, de inducir y airer los pueblos de ellas, y contertürlus à murs tra santa fé católica, y enviar a las dicas slas y úmra fome, prelados, religiosos, clérigos y otras persoas doctus y triste atas

de Dios, para instruir los vecinos y moradores de ellas à la Fé matólica, y doctrinarias é enseñar buenas costumbres, y poder en wello la diligencia debida, segua mas largamente en las letras de

la dicha concesion se contiene, suplico al Rey ni seher muy afec„tuosamente, y encargo y mando a la darba princesa mi hija, y al dicho principe sa marido que ansi lo hagan y cumplas, y que este sea su principal fin, y que es elo pocgan mocha diligencia, y no consientan, ni den lagar a que los indios vecinos y motsdores de las dichas Indias y tierra firme, ganada y por gaser, re

cibas agravio alguno en sus personas y birdes; mas mabdeo que „sean bien y justamente tratados; y si algun agravio han recibido lo renkdien y provean, por manera que no se fucéda cosa al

guna lo que por las letras apostólicas de la dicha concesion nos ses inyungido y mandado.” (120)

. Es cierto que Nicolás de Ovando despors de haber suby gado à los indios rebeldes de la provincia de Higua y de otras partus, aunque con muchas muestras de crueldad, proseguia geber. Dando la Española con mucha prudencia, manteniendola en paz y quirtad: tenia à todos sugetos y en especial à los castellanos, y si alguno se desmandaba en algun caso escandaloso, ó en maluratar à los pobres indios, le quitaba los repartimientos, cosa que sentian á par de muerte, y si no habia enmienda los desterraba à Castilla, sucediendo al revés de los prisneros años de aquella conquista que se desterraban los maih-chores de Castilla á la Española, y abora al contrario. Mocho se habia adelantado la poblacion en aquellus últimos dias, pues dice Herrera que por otros años habia dice mil castellanos, y por las razones que tengo insinuadas andaban todos con el cuidado de s car el oro, y el que conseguia algun repartimento se tenia por el mas dichoso del mundo. Muchos

[119] iMal título de adquisicion es este vide Dios! señora alega el de la fuerza ó enmudece. El papa no manda sobre bienes agenos.

(120) Véase sobre esto la ley de Indias de Felipe IV el grande, y aun esta disposicion inserta en dicho código. .

[121] Vid. cédulas antiguas por el D. D. Vasco de Puga recopiladas, donde se halla esta cláusula de la Reina Doña Isaa bél de gloriosa memoria.

dependientes de la corte y criados de los Reyes habian pedido por nierced indios en la Española, con ánimo de irse a establecer en ella, y grangear grandes fortunas, y otros beneficiaban estos repartimientos, sacando el fruto y administràndolis por sus criados, que fué á mas de lo dicho el principio de la perdicion de la isla; da. ño que no pudo evitar del todo el comendador mayor, por no es. trellarse con los criados de la casa real, que queria tener gratog para sus ideas particulares: en todo lo demiàs obraba conforme à las órdenes de la corte, pues no dejaba el Rey de mandar que con. Jos indios se tuviese cuidado de que no fuésen maltratados, y que los castellanos vecinos viviesen arreglados sin consentir que ningun casado que tuviese muger en Castilla, viviese en las Indias, sino que fuesen compelidos á ir España à vivir con ellas. Como se trataba entonces de dar cumplimiento à los santos deseos de la Reina Doña Isabél, erigiendo obispados en la isla Española que habia suplicado antes de su muerte ał pontifice que la biciese gracia; que se pudiesen erigir los que pareciese convenientes, y por varios embarazos no pudieron tener efecto hasta el año de mil quinientos once; (*) sin embargo para mostrar mas el Rey católico su piedad (122) niandó Jabrar à su costa la iglesia catedral de Santo Domingo: envió varias providencias para el mejor gobierno espirie tual, y mandó al gobernador que tuviese mucho cuidado de la conformidad entre eclesiàsticos y religiosos, castigando cualquier escándalo ó mal ejemplo que pndiese apartar a los indios del conocimienio de nuestra santa fè: que se diesen solares a los clérigos para labrar sus casas: que se fabricasen iglesias en parages convenientes con el dinero de los diezmos; (*) que se honrasen los sacerdotes

[*] Véase el sumario del compendio indico del señor Rida. deneira en el cap. 11. bulu 11 de Julio II. con su nota pag: 20.

[122] Siempre procuran entrar en transacion con Dios los usureros y tramposos á la hora de la muerte, como si Dios fuera venùl.... Dii non placantur donis... mejor hubiera sido que le hubiese cumplido á Colón lo que estipuló con él ante escribano, y no que fué necesario ponerle pleito ante el consejo de Indias donde obtuvo el hijo de Colón. Fernando Pera de suyo bribón, astuto, hombre de mala , y en todo diverso de su buena muger Poña Isabél que solo cometió el yerro de poner lo inquisicion y sucrificar veinte mil víctimas.... ¡Vagatela! suje. tando á toda la nucion española bajo la férula del inquisidor Torquemudu. Así vivieron trescientos uñus, y todavia hay quien defienda semejante estirblecimiento.

[*]. Véase el sumario del compendio índico del señor Rida. deneira que está al fin del tomo 1. cap. 11 bula Ill de Julio 11. con su notu pag. 21. Para entender el origen del renl patronato de las Indias, y para inteligencia en muteria de diez. mos véase dicho sumurio cap. 1. buiu V. del señor Alejandro VI con su nota pag. 9. Véase tambien la obra moderna inti: guardandoles su decoro; y en cuanto a los religiosos el gobernador los favoreciese, sin consentir que fuesen molestadus y perturbados en su ministerio: que diese licencia á los frailes que quisiesen ir á descubrir tierras y convertir indios: que no se les prohibiese la predicacion, antes bien que los dejásen enseñar libremente á los indios las cosas de nuestra santa fé, con facultad de entrar a los pueblos à saber como eran tratados los indios: que á los religiosos que se aplicasen á la doctrina de los naturales y diesen buen ejemplo, que se les guardasen sus privilegios, dándoles buen sustento; pero que los que fuésen escandalosos y omisos en la conversion, fuésen castigados por sus prelados: en una palabra que el gobernador favoreciese y honrase á los que honestamente se portasen, y à los religiosos que no viviesen bien, los enviàse à Castilla. Que se diese à los religiosos los sitios y lugares que hubiesen menester para fabricar monasterios, en especial de Franciscos, y no estuviese mas cerca uno de otro que cinco leguas al deredor: (123) que se cumpliese el breve del pontífice á cerca de que se bautizasen todos los niños de los infelices infieles: que no se permitiese que los indios estuviesen amancebados, sino que se procurase que se casasen, y se trabajáse en un todo en que fuésen buenos cristianos, cuidando asi. mismo de que sus hospitales fuésen proveidos de lo necesario. Estas y otras providencias dirigidas al mejor gobierno de aquellas gentes, no pudieron efectuarse bien, sino algunos años despues, como se dirá adelante; y entre tanto llegamos a tratar de su puntual eum. plimiento, sera del caso que demos noticia, aunque sucinta para mayor inteligencia de lo que se trabajó en la conversion de los in dios de la Española, de los usos, ritos y costumbres de aquellos habitantes de dichas tierras nuevas,

CAPITULO 20. Descripcion sucinta de algunas particularidades de los indios de la Española en su gentilidad: de los aumentos de su conversion. Ereccion de la provincia de Santa Cruz de la Española; y de los primeros

obispados en las Indias. Algunos autores han pretendido que cuando los europeos entraron la primera vez en esta grande isla era tanto el número de los pueblos que la habitaban, que se componia su poblacion de

tulada: Libertades de la iglesia española en ambos mundos.

[123] La tercera parte ha dado el Rey para las fábricas de parroquias de los tributos de Indias. Lo de diezmos se ha distribuido entre el Rey, obispos, y canónigos, ¡bello patrona. to! Los curas para alimentarse han chupado la sangre de los infelices, debiendo mantenerse de los diezmos.

tres millones de almas; otros cercenaban la tercera parte, y como en este punto estos ponian un número en su cuenta demasiado corto, y aquellos de excesivo en gran manera, es conveniente tomar un medio entre estas opiniones. Estos isleños aunque no muy altos, eran de una estatura regular y proporcionada; tenian la cabeza aplastada porque desde niños sus madres se la ponian muy apretada entre las manos ò entre dos planchas de madera como en una prensa; de donde provenia que doblado el cráneo, y criándose mas espeso con este artificio, se volvia el casco tan duro que los es. pañoles hicieron pedazos mas de una vez sus espadas, queriendo descargar el golpe de tajo sobre las cabezas de estos infelices. Es. ta mala confornridad de la cabeza y frente les agradaba mucho; y si se junta á eso, que tenian las narices muy abiertas,. Jos razgos de los ojos muy. toscos, largos.cabellos negros, ni un pelo en todo lo demás del cuerpo, de color el cutis. entre negro y rojo, parte porque todos. los dias, sufrian. desnudos. los ardores del sol que es muy ardiente en aquel clima, y porque se refregaban á menudo con almagre:: agrégase que tenian la dentadura podrida y un no se que de horrible en los ojos: todo este conjunto de facciones contribuia mucho à este aire salvage, y feroz que se observaba en aquellos pueblose.

Los indios. andaban desnudos, tapadas muy mal sus verguenzas: las indias ordinarias llevaban unos pañitos que cubrian apepas lo que la honestidad no permite ver, y las principales usaban para este fin de unas enagüillas que llevaban: solo hasta las rodillas: las doncellas no llevaban ropa alguna. Todos eran de una com. plexion delicada; su temperamento flecmàtico, algo melancólicos, y comian muy poco, de modo que no tenian fuerzas: no trabajaban; pasaban su vida en la mayor flojedad, por que no se inquietaban de nada de este mundo: despues que pasaban los dias en sus bai. les, se echaban á dormir; en lo demàs eran muy mansos, sencillos y tan humanos, sin hiel, sin anibicion y casi sin pasiones, que mas parecian niños que hombres: ignorantes por estremo, y no cuidaban de saber, ni aun tenian noticia de su origen; motivo por que ignorando todo estos indios, y no pudiendo saberse de él sino por ellos, no tenemos mas que muy débiles congeturas sobre esto, como se manifiesta en la relacion que hizo de órden del Almirante Colón fr. Roman Ponce, que se puede ver por estenso en la historia de D. Fernando Colón cap. 61 página 62, llena de sus fábulas, tocante à sus tradiciones que demuestran lo persuadidos que estaban estas gentes, de que la tierra habia comenzado à poblarse por su isla, y esta es preocupacion que se halla generalmente en casi todas las naciones de la América movidas del aipor á su pais. Con todo es muy creible que primero se poblò la tierra firme que las islas; pero de qué lado hayan venido los que la han poblado, es asunto dificil de averiguar, y no es posible hacer pie en cosa fija: no es facil tampoco dar razon sobre esta diferencia tan notable que se encuentra entre los historiadores, y habitantes de las grandes.

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