Imatges de pàgina
PDF
EPUB

go, dirigió su viage para aquel rumbn, y à trece de agosto de mil quinientos cuatro llegó a aquel puerto, donde al fin le recibió e! comendador Ovándo y le dió su casa para alojarse, con demos-. traciones bien flojas de amistad y urbanidad, pues concedió libertad al capitan Purras que tenia à bordo preso con grillos, para conducirlo asegurado á España. Ovándo le preciso à entregárselo, diciendo que á él pertenecia cunocer su delito, y castigó à los autores de su prision. En presencia del Almirante todo era manifestarle be. nevolencia y cariño. Disimuló éste gefe tan grande injuria, é injusticia tan manifiesta, considerándose en un estado de imposibilidad para la venganza. Contentóse con esplicarse bien moderadamente, diciendo que los derechos de su empleo de Almirante quedaban muy apocados, pues no podia juzgar uno de sus oficiales que se h bia rebelado contra él à bordo de su misino navio, y habia sido causa de los muchos trabajos que habia padecido con su gente en la Jamaica, dando lugar à robos, vejaciones y aun guerras civiles entre los mismos españoles, habiéndose visto en vísperas de perecer, y de frustrarse de un todo el fruto de sus descubrimien. tos. Determinó pues de salir cuanto antes de una isla que despues de haber sido el fundamento de sus glorias, y el principio de sus grandezas, se habia vuelto el teatro funesto de sus mayores desgracias, y donde habia recibido crueles (109) ultrages, y así con razon se detuvo muy poco en ella, y trató de volver lo mas pronto à Castilla para representar a los Reyes el estado de sus nuevos descubrimientos, y de las alteraciones que recibian en la Española y que pedian pronto remedio...

A portó el Almirante de su cuarto y último viage de Indias al puerto de San Lucar de Barrameda, y de allí fué à Sevilla. En llegando à esta ciudad supo la muerte de la católica Reina Doña Isabel, que era la nueva que mas pena le podia dar, por ser la que principalmente ayudó á sus conquistas y favoreció sus acciones. Princesa adornada de raras prendas, eo quien sobraba ánimo y valor para estas y aun mayores empresas de Colón; pues como para los gastos de la guerra faltaba dinero, dijo que sobre algunas joyas de su cámara se buscase. Hacia muy grande aprecio y estimacion de la utilıdad que le habian conseguido sus reinos con las conquistas de los del mundo nuevo, mas por el gran servicio que habia hecho á Dios en desterrar la idolatría é introducir su ley evangélica, y esto tan à poca costa y con tanta brevedad, que excéde á todo lo que la imaginacion puede concebir: como autora de esto favorecia con estremo à los que trataban de esa con. quista. Con justísima razon pues sintió el Almirante la muerte de su grande protectora, considerando que con este contraste le habia faltado su favor. No tardó mucho en conocer y sentir tamaña falta,

[109] Otro tanto sucedió á Cortés en México donde la au. diencia y su sucesor el virey D. Antonio de Mendoza le hie meron mil desaires y se le vendieron sus bienes,

pues llegando à Segovia donde estaba el Rey católico, comenzó á tratar de sus asuntos, y aunque se le respondia con agrado, no sacaba mas que bellas palabras: se remitía su negocio de un consejo á otro, hasta que cansado de tantas dilaciones, se redujo a renunciar todo lo que por justicia habia pedido dejàndolo à la vo. luntad del Rey, y à la gracia que le quisiese hacer. Antes de pa. sar adelante, serà bien decir en este lugar (pues en este año sucedió) que el famoso Hernan Cortès, que descubrió muchas provincias y conquistó la nueva España, y que por lo mismo tendrá tanta parte en esta historia, pasó à la Española, y por haber traido cartas de recomendacion para el comendador D. Nicolàs de Ovándo, fué favorecido siempre de este señor, dàndole repartimientos, y la escribanía de ayuntamiento de la villa de Azúa. Seria entunces Hernan Cortés de edad de diez y nueve á veinte años. (110)

CAPITULO 19.

Negociaciones del Almirante Colón en la córte. Su muerte. Su elogio y defensa contra los intentos de Amèrico Vespucio. Daños que causó la muerte de ta Reina Doña Isabel á las Indias. Su testamento. Ordenes de la córte muy piadosas para el gobierno

de la Española. Año de 1505.

Despues que hubo descansado algo el Almirante de sus tra: bajos pasados, asáz pesaroso de la muerte de la Reina Doña Isabél su bienhechora, partió hasta el mes de mayo del año de mil quinientos cinco para la corte que se hallaba en Segovia; y llegando él y su hermano el. Adelantado á besar la mano al Rey, despues de haber hecho la relacion de lo que habia 'descubierto, de la riqueza de Veragua, de los trabajos que habia padecido por la desobediencia de los Porras, y por los agravios del comendador mayor Ovàndo, fueron recibidos con demostraciones en la apariencia de mucho agrado. El Rey fingió querer volverlo à poner en su es. tado; pero como nunca le mostró en obras y palabras el agradecimiento que merecian sus señalados servicios, antes por el contrario le desfavoreció siempre, queriendo privarle totalmente de las gracias y honras que se le habian conferido, a pesar de que confesaba que él le habia dado las lodias; quiso despues de varias dilaciones como he di. cho, entrar en concierto con él, y le propuso que hiciera renuncia de sus privilegios, la que hizo efectivamente y se le apuntó que le darian por via de recompensa por Castilla á Carrion de los Condes, y cierto estado, cuyos nuevos capítulos de recompensa no tuvieron lugar de verificarse, porque entonces el serenísimo Rey D.

[blocks in formation]

Felipe I, vino á reinar à España, y el Rey se partió para Lam redo desde Valladolid á esperar á su yerno y à la Reina Doña Juana su hija. Con estas nuevas tentò el Almirante á ver si enviando á su hermano el Adelantado à cumplimentar al nuevo Rey ya que no podia ir personalmente por su enfermedad, llegaba à alcanzar justicia: se le prometió darle contento, y al cabo de un año cabal de pretension, se fué agravardo de la gota y otras enfermedades (que no era la menor el dolor de verse caido de su po. sesion, en tanto olvido de sus servicios) y en tantas congojas le asaltó la muerte en Valladolid el año de mil quinientos seis, dia de la Ascencion à veinte de mayo, dejando descubiertas todas las islas de Barlovento que casi no tienen número, y el continente de la tierra de Paria, principio ò entrada de las dilatadas provincias del nuevo orbe; y ultimamente la .de Veragua de que hay tan complicadas historias, y relaciones que me escusan detener en co. piarlas. Murió este insigne hombre de edad de sesenta y cudtro años, habiendo antes recibido todos los santos sacramentos de la iglesia, y fué llevado su cuerpo á sepultar a los car tujos de Sevilla, como tenia ordenado en su testamento. Desde allí algun tiempo despues pasaron sus hermanos a la ciudad de Santo Dumingo sus huesos, y están en la capilla mayor de la iglesia catedral. (* ) De órden del Rey católico se puso para perpetua me moria de sus maravillosos hechos en el descubrimiento de las Indias un epitafio en español de este tenor:

A Castilla y à Leon

Nuevo mundo dió Colón. · Palabras son estas verdaderamente dignas de grande consideracion y agradecimiento, como dice su bijo D. Fernando Com lón, y con las que termina la historia de su padre el Almirante; por, que vi en antiguos ni modernos, se lee de ninguno que hiciera cosa igual; por lo que quedará memoria .eterna en el mundo de que el fué el primer descubridor de las Indias Occidentales. Púsole en su sepul. cro el beneficiado de Tanja Juan de Castellanos este epitafio de. bido à la inmortalidad de su fama en la elègia que compuso á la muerte de este gran baron. (111)

EPITƏFIO DE COLÓN.
Hic locus abscondit præclara membra Columbi
Cuius sacratum nomen, ad astra volať.

[*] Sabemos que en el dia los restos de Colón estraidos de la ciudad de Santo Domingo existen puivetizados en la Habana, integros solo están los grillos de hierro que se sepulturon con el cadáver; seria muy justo ponérselos al que aun tiraniza aquebla isla hermosísima; pero sus moradores duermen!!..

riul Juan de Castellanos en su historia V. J. de las Ina dias cit. por Fernando Pizarro pág. 35.

Non satis unus erat mundus jam notus, et orbem
Ignotum priscis omnibus ipse dedit.
Divitias summas terras dispersit in omnes;
Atque animas cælo tradidit innumeras.
Invenit campos divinis legibus aptos

Regibus et nostris, prospera Regna dedit. Un el artículo COLÓN de la Biblioteca Hispano-Americana del canónigo D. José Mariano Beristain, dean de México, se lee éste epitafio traducido al castellano del modo siguiente.

Este cório lugar, que vés, encierra
A aquel varón, que dió tan alto vuelo,
Que no se contentó con nuestro suelo,

Y por darnos un nuevo se destierra.
Dió riquezas inmensas á la tierra,
E innumerables ánimas al cielo:
Halló donde plantar divinas leyes,

Y prósperas provincias á sus Reyes. Merece ciertamente D. Cristobal Colón los mayores elogios por haber emprendido el descubrimiento del nuevo mundo, de que resultó la conversion de innumerables almas à la fé de Jesucristo, y el acrecentamiento tan grande del comercio, y riquezas que este proporciona se han traido de estas tierras nuevas. Sus cuatro viages valieron al Rey mas de sesentà millones desde el año de mil cua. trocientus noventa y dos, hasta el de mil seiscientos cuarenta y cinco, habiendo entrado en el erario cuarenta y cinco millones, como mo consta de los registros de la casa de Sevilla, lo que se puede ver en Navarrete. (112) Era Colón hombre bien dispuesto y de grande ánimo; tan valeroso capitan como gran marinero, como se ha visto; buen cristiano y devoto de nuestra Señora. Era celuso de la honra de Dios, y con el gran deseo que le asistia de que se di. latase la fé de Jesucristo, ayudó mucho à la conversion de los indios. Herrera en su historia y Botero en su relacion universal, ha. cen una bella descripcion de las prendas que tenia. Era de cora. zon magnánimo, y aunque iracundo y recio de condicion, supo vencerse, y con el sufriiniento acompañado de buenas modales, logrò asegurar sus descubrimientos bajo el dominio de los Reyes católi. cos: desbarató las cabilaciones de sus enemigos, y acabò gloriosa. mente la carrera de una vida empleada en servicio de Castilla y de su munarca, á cuya gracia habia vuelto antes. De Beatriz Hene riquez su esposa tavo dos hijos, D. Diego Colón y D. Fernando -que fué sacerdote: el primero procuró imitarle en el valor; herede sus estados, casa y mayorazgo, y prosiguió la empresa que su padre dejó comenzada: tuvo un hijo llamado tambien Fernando, que murió sin casarse Tenemos la historia del Almirante D. Cristobal

[112] Mr. Vertot, historie dus monde cap. 1. p. 27. tom. VI.

Colón eompuesta por su hijo segundo Fernando, traducida en ita-liano por Alonso Ulloa, que apenas es conocida esta traduc. cion que se imprimió dos veces en Valencia: la que anda escrita en castellano está muy escasa, y de ella me he valido para afianzar muchos hechos por su veracidad. Fué éste hijo D. Fernando varon de grande literatura, y escribió con mucho acierto y verdad los sucesos de su padre y de su hermano, no dando lugar á que los adulterasen sus eneinigos. Del linage de Colón descienden hoy los Almirantes de Indias, con los títulos de duques de Veragua, marqueses de Jamaica, tìtulos que poseen hoy los duques de War: vich y de Leyra. (113)

El ver à Colòn tan honrado de los Reyes catòlicos por haber descubierto en su reinado un nuevo mundo en el mar Atlántico, creò envidias, y engendrò contradicciones continuas; sombras que siguen siempre á las agenas prasperidades. Quien se señalò, mas en grave perjnicio de la honra y gloria de Colón, fué un italiano llamado Américo Vespucio, fiorentino; y como los Reyes que se habian adquirido tanta reputacion con el nuevo descubri-, miento, para cuyo logro habian concurrido con navios y gastos cre. cidos, tentaban otros nuevos y de enviar otra vez à esas tierras sugetos que las perfeccionasen, se presentó Vespucio que à la sazon estaba en España de vuelta del viage que habia hecho con el Alwirante Colón. Se embarcò en calidad de mercader en la flotilla de Alonso de Ojeda, partió de España por el mes de agosto de mil quin entos noventa y siete, (114) y corrió las costas de Paria, y de tierra firme hasta el golfo de México, y volvió á España al cabo de diez y ucho meses. Como habia ido en compañia de Colòn en su segundo viage, tambien en calidad de mercader (aunque era gran marino, diestro en su arte y cabiloso en la intencion, pues siguiendo los rumbos, y obrando conforme los derioteros que le advirtió D. Cristobal Colón habia llegado ya à la tierra firme) no tuvo dificultad, aprovechándose de estas noticias, de correr Ojeda la tierra firme, y vuelto esta vez á Cádiz, formó un mapa de aque llas tierras, señaló los grados sin que añadiese cosa considerable, ni novedad hija de su industria á los derroteros de topografia de Colòn, sino solo imitarlos en pergamino y distribuirlos, llamándolos América por España y otros reinos. Asi lo testifica Herrera, que se vale para impugnar esta pretension de Vespucio de lo que sacó de los archivos reales, (115) y otros varios autores que lo siguen. (116)

[113] Sobre las cajas de la aduana de Veracruz tenia el duque de Veragua asignada una pension anual de catorce mil pesos y sobre el mercado de México, que creo aun se cobra ignominiosamente,

[114] Fleury hist. eccles. lib. 19, p. 448. et 49. an. 1502. Maffei. hist. Ind. lib. 2. Reynald. ad ann. 1501. et n. 85.

| 1157 Herrera decad. l. lib. 4. cap. 2. (116] Mosquera de l'arnuebo en su Numenting c, 10. fol.

« AnteriorContinua »