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hizo caso Roldán. El Almirante avisado de todo, tuvo tanto mayor disgusto de estos nuevos incidentes, porque casi fırzado se veia à dar dus navios à los amotinados de los que habia menester para enviar à l'a isla de las Perlas, para consumar despues el descubrimiento de la tierra firme. No obstante que veia fustradas sus diligencias para la reduccion de Roldán, se animó á escribirle ☺ à Moxica en los términos mas capaces de persuadirlos y ganarlos: no consiguió ot a respuesta de aquel, mas sino que le agradecía su consejo; pero que no le habia menester, añadiendo otras insolencias hijas de su temeri. dad. Halló Carabajal modo de entablar de nuevo sus negociaciones con Roldán, y llegaron á punto de concluirse. Bien hubo me. nester el Almirante valerse de gran fléma y moderacion, para sufrir las provocaciones de Rollán, que parecia con ellas tirar à cansar su paciencia ó á empeñarle à com’ter una violencia que les serviria de pretesto para conseguir su rebelion. No se desmandó en nada el Almirante, y por graves razones que le impelieron lo con. cedió todo. En efecto, se veia cercado de mil dificultades: el mal de la revolucion se volvia contagioso: los indios, ostigados de las opre. siones de ambos partidos, daban muestras en varios pasages de intentar una sublevacion: los mismos castellanos que hasta entoncer habian permanecid fieles al Almirante, comenzaban à inquietarse y decir claramente, que si se hubieran juntado con Roldán, se hubieran enriquecido, y tuvieran la libertad de poderse volver à Castilla; bastantes de ellos daban a entender que se irian à la pro. vincia del Hiyuáy, donde cieiun encontrar mucho oro, y vivir à su: antojo como lo habian hecho los rebeldes en Xaragúa. Todas estas consideraciones determinaron al Almirante á concluir á cualquier precio que fuése sus conciertos con Roldán; y así pasó por todo sin poner reparo en cosa alguna. Se firmaron por fin los artículos, y se ejecutaron de buena fé Para que este negocio mas. presto se concluyese habia determinado el Almirante embarcarse, y con dos, navios bien proveidos, irse al puerto de Azúa, distante veinte y cinco) leguas de Santo Domingo, para estar mas cerca de Roldán, llevando consigo á Juan Dominguez clérigo, y á los principales oficiales de su confianza: gastó desde el mes de mayo, hase ta veinte y ocho de setiembre, que se pregonó la provision de concierto con Francisco Roldàn, en apurar su invicta paciencia sufriendo muchos desaires de parte de este gefe de lis rebeldes, quien comenzó luego á usar del oficio. de alcalde mayor con la misma arrogancia de siempre, y excediéndose de sus facultades à vista y presencia del Almirante, que pasaba por ello à no poder mas. No tardaron entonces en despacharse las dos carabélas en virtud de lo capitulado, y el Almirante estuvo tentado de embarcarse en una de ellas para Castilla, à fin de informar personalinente à los Reyes de cuanto habia pasado con Roldan, porque estaba instruido del com. Jorido siniestro que se daba en la corte á sus cosas, y despues d'im vo tiemp:) para arrepentirse de no haberlo ejecutado. Pero el celo del bien público le hizo atropellar sus propios intereses, conside

rando que su presencia era necesaria para contener la provincia de los Aguayos, que se inovia contra los españoies que andaban en la vega, y asi se quedó y se contentó con enviar en su lugar à Miguel Ballestér, y á Garcia de Barrantes, à quienes entregó los procesos contra Ruldan, y los suyos firmados por Carabajal y Coronel, y por otras personas principales que debian presentarlos al Rey y à la Reina.

Despues de esponer por menor el Almirante en sus informes todos los excesos que habian cometido los sediciosos, y las funestas consecuencias que habian producido en la isla, representa. ba la necesidad en que se habia visto de consentir y pasar por todos los capitulos concertados con Roldán para no poner en mayor riesgo el establecimiento de la colónia, y cuanto daño se seguiria, si sus Altezas ratificasen un concierto firmado por la fuerza, é indigno de la magestad real; y así Jes suplicaba que inquiriesen la verdad de todo, y que supuesto que desde la conclusion de estos conciertos se habian portado los rebeldes de tal modo que dejá. ban libertad á la corte de no guardarles las capitulaciones hechas con Roldán, se sirviesen atender que eran deudores de todos los tributos de los Reyes y caciques indios que habian defraudado para su provecho, impidiendo su paga à la hacienda real: que a mas de eso constaba por los procesos hechos contra ellos en esta rebelion, que estaban condenados en virtud de dos sentencias por trai. dores, y convencidos del gravísimo delito de rebelion, infamia que no podia él dispensar, ni de las penas en que habian incurrido por ser reos de lesa magestad. Terminaba su memorial pidiendo con nuevas instancias que le enviàsen un magistrado hàbil para la administracion de justicia, y un contador mayor ó tesorero real para la mujor direccion de los intereses reales, obligàndose à pagar estos ministros y repetir sus súplicas en órden à que le guardasen sus prerrogativas; insinuando que si sus Altezas querian que sus go. bernadores hiciesen bien su deber en las Indias, convenia honrarlos y premiarlos á proporcion de sus buenos servicios, porque de lo contrario los esponian à la tentacion de acudir mas bien al au. mento de sus intereses que à los de sus soberanos; y finalmente representaba, que porque ya se hallaba muy quebrantado de salud, se dignåsen enviarle à su hijo mayor D. Diego para ayudarle, y formarle en el manejo de grandes negocios debiendo succederle en los dos empleos que obtenia de virey y Almirante.

Hicièronse á la vela para Castilla las dos carabélas que llevaban estos despachos à principios de octubre, y el dia diez y nueve del mismo mes presentó Roldán al Almirante un memorial de parte de sus compañeros (que eran ciento dos) en el que pedian tierras en la provincia de Xaragùa, á donde se querian ave. cindar. Como el Almirante temia que estando juntos en un establecimiento, se podia perpetúar la revolucion, no quiso por entonces darles licencia para que todos juntos se avecindásen, sino llevar à la larga esta materia; y como los mal contentos se iban ya

dividiendo yendo cada cual por su lado, no hubo diñcultad en concederles lo que deseaban. El mayor número de ellos se estableció en Bando donde tuvo principio aquella villa. Otrs Sp Coločaron en medio de la Vega Real à las orillas del Rio Verde, otros à sejs leguas para 'el Norte en Santiago. Se dió a cada uno terrenos para labranza de mil montones de manióc ó pies de yuca, que corresponde al terreno de mil pies de cepas en Castilla, obligando a los caciques de hacer trabajar aju-llas tierras por sus vasallos; de aquí tomaion origen los repartimientos ó encomiendas de todas las Indias. (79)

Roldán que deseaba lograr de estos repartimientos, pidió tierras cerca de la Isabéla, alegando que antes de su leyantamiento eran suyas, y el Almirante se las dió con generosidad, y aun mas magnánimamente se portaba despues de su reconciliacion con el que le habia dado la ley, que este que le debia el perdon de sus excésos; no tan solamente disimuló su mala conducta, sino que con la mayor confianza se valió de él en una ocasion de las mas de. licadas en que aventuraba mas de lo que pedia la prudencia, y fué en lo que voy à decir. Acababa de tenerse noticia en la corte del descubrimiento de la tierra firme, y de la pesca de las perlas, que despertó la envidia de sus émulos; y como à los primeros avisos que tuvieron los Reyes D. Fernando y Doña Isabél de la rebelion del alcalde mayor Roldán se habian inquietado suma, mente, procuraron los enemigos del Almirante virey, influir contra él y su familia las mayores sospechas de infidelidad; pintarog esta revolucion como un efecto necesario de la dureza è incapaci. dad para el gobierno de los tres hermanos, echando toda la culpa principalmente al Alinirante de no haber apagado luego como podia un furgo capaz de causar un incendio general en las Indias. Fonseca que de la mitra de Badajoz habia ascendido en este mismo año a la de Córdoba, y habia vuelto à su cargo de la adminisz tracion de las Indias, fué el que daba mas calor à estas sospe chas. No habia mucho que Alonso de Ojeda se habia regresado á España, y se hallaba en la corte cuando se recibieron los infor, mes y mapas del último viage del Almirante. Tenia entrada en el palacio del obispo ministro, y sabia bien que miraba muy mal las cosas de los Colónes: concibiò la idea de partir con el Almirante la gloria de sus descubrimientos; pidió á Fonseca que le hiciera merced de aquellos instrumentos ó memorias de Colón, y las logró inmediatamente. Despues de haberlas examinado, se persua. diò que podia continuar lo comenzado con igual felicidad que Cou lón formó su plan que presentó al ministro, y pareciéndole bien le dió este su permiso sin firma, y tal vez sin participacion de los Reyes para que continúase el descubrimiento del continente de las Indias, à condicion de que no entráse en las tierras del Rey de

1797 Infinitos males y torrentes de lágrimas corrieron poro sta providencia, y por ella desaparecieron sus indígenas.

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Portugál, ni en las descubiertas por el Almirante antes del año de mil cuatrocientos noventa y cinco, esto es, antes de sus dos primeros viages; de modo que ninguna parte del continente quedaba escluida en su comision, como ni tampoco la isla de las Perlas, contra las convenciones formales hechas entre el Almirante y la corona de Castilla. Con esta licencia partió Ojeda con presteza para Sevilla, á donde hallò los fondos necesarios para armar cuatro navios, y zarpó del puerto de Santa Maria á' veinte de mayo. Iba por piloto Juar, de la Casa, vizcaino muy hábil en su profesion, y hombre de valor. Tambien se embarcó con él, Américo Vespucio ó Vespucchi rico mercader furrentino con gran gusto de Oje, da porque tenia fama de ser muy sábio en la navegacion, as rononia y cosmografia. Se dirá á su tiempo como quiso defraudar al Almirante la gloria que se habia adquirido por haber descubier. to el continente del nuevo mundo, y como tuvo la audacia de poner su nombre à esta cuarta parte del globo, que solo ella es tan rica y grande, ó mas que las otras tres. Ejemplo memorable y cada dia renovado, del poco fundamento que tjene esto que laman un gran hombre, porque se palpa con evidencia, que las m s veces se atribuye y roba la temeridad y audacia el premio debido al verdadero mérito, y cuanto influye la ignorancia é injusticia, y aun preside en casi todos los juicios de los humbres. (80)

Encaminóse primero Ojeda con sus navios al poniente, y despues al Sur, y en veinte y siete dias Hegaron á vista del Orinóco; despues de haber pasado la boca de Dragos, continúo su via.. ge andando docientas leguas ácia el Ouéste hasta el Cabo de la Vela, llamado asì por Ojeda; despues se hizo el descubrimiento del golfo da Venezuela, y por haber llegado á un puerto sobre la agua, fundado sobre estacas como Venecia, que por puentes levadizos se comunicaban unas casas con otras, se le apropió este nombre de pequeña Venecia ó Venezuela. Reconocido este golfo se volvió Oje. da á la isla Margarita, y tomó puerto en la costa de Cumaná cerca de un pueblo Hamado Marcapana, con el fin de carenar sus navios que hacian mucha agua, y fue bien recibido de los indios que le ayudaron en esta maniobra. Allí mandò fabricar un bergan. tin, y concluido dirigió su rumbo para una de las islas de los caribes, para vengar las injurias que decian los indios de tierra firme les hacian aquellos isleños. Desembarcó su gente à tierra, y peleó con los caribes matàndole mucha tripulacion. Hizose à la vela desde allì para la Española, y el dia cinco de setiembre de mil cuatrrcientos noventa y nurve surgió en el puerto de Yaquimo en tierra de un rey que se llamaba Haniguayaba con el ánimo de cortar mucho palo de brasíl que allí abundaba, y llevarse gran porcion para España. A visaron luego al Almirante que Ojeda an.

[80] Esto pasado en la revolucion de la independencia: los primeros héroes pasan por bandidos, y no pocos de los que realmente lo fueron brillan en candecero con escándalo.

daba por aquellas costas, y como sabia que era hombre atrevido, entonces dió esta comision de toda su confianza al alcalde mayor Roldán, mandàndole que fuese con dos carabélas, à impedir que cortase brasil ni hiciese otros daños. Encontró Roldnn á Ojeda que se hahia internado con poca comitiva mas de sitte ú ocho legu.is de distancia de sus navios; pudo haberlo preso, y no quiso, contentándose con pedirle sus provisiones reales, preguntándole con qué licencia habia abordado á la isla, y se entraba tan adentro de ella sin haber solicitado el permiso del Almirante, à que respondió Oje. da que tenia sus despachos à bordo, y que no tardaria en cuinplir con su obligacion; pues en saliendo de lo mas urgente que le habia hecho arribar à tierra, iria luego á verse con el Al. mirante para darle cuenta de su venida y de otras cosas que le to, caban. Con esta respuesta se satisfizò Roldán, y despues de haber visitado los navios se volvió à Santo Domingo. Súpose poco dese pues que vjeda habia dado vuelta al golfo de Xaragúa, sin cun. plir lo prometido. Fué enviado otra vez Roldán por el Almirante, y cuando llegó à poca distancia de donde se hallaba Ojeda, supo con raro dolor, que muchos de los vecinos nuevos de aquella tier. ra se habian juntado con él, y en una noche habian dado dere. pente sobre los demás que no le querian seguir, y que habia habido muertos y heridos de una y otra parte, con harto escandalo de los indios, por donde se iba à suscitar un alboroto peor que el antecedente. Conoció entonces Rolilán su yerro en no haber asegurado la persona de Ojeda en el puerto de Yaquimo, y se dis, puso para repararlo; pero Ojeda estaba ya á bordo de sus navius: le escribiò proponiéndole que se vinjese à ver con él para tratar de algunos asuntos, y despues que estos dos capitanes (que se temian reciprocamente, porque ambos eran de capacidad y resolucion) se hubieron observado mútuamente todos los movimientos, Ojeda se retirò doce leguas mas allà de Xaragùn en la provincia de Cahay que hoy se llama de Arcahay; siguióle Roldán, y despues de haber vencido muchas dificultades, ayudado de su habilidad y ánimo, empeñó en fin à Ojeda à que conferenciásen sobre el no. tivo de su venida, y consiguió al cabo que se retirara Ojeda y dejára la ejecucion de sus malas intenciones. No hay duda que en esta ocasion hizo Roldán un servicio muy importante al Almirante que estaba en vísperas de verse sumergido de nuevo en un ab.smo de disturbios, del que no hubiera salido sino con gran trabajo; y inas cuando entendió por un clérigo y tres hombres que se quedaron en la isla lo que él sabia muy bien, que sus enemigos tenian mu. cho apoyo en la corte, y que Ojeda se habi' tomado este atrevio miento prevalido de los favores que le hacia el obispo Fonseca. Antes de partir Ojeda escribió este capitan una carta al Almirante diciendole que ya que no habia podido perderlo en su isla, iba á darle á conocer al consejo de España, que no dejaria de atenderlo à él, y c+s• tigar la injusticia que le hacia en no dejarle arribar à la Española para remediar las necesidades de su gente, y de sus navios, Al

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