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Pasó cuarta vez al América en el citado año 1520 1 aportó á la isla de san Juan de Puerto Rico, y tuvo allí el disgusto de hallar obstáculos inopinados provenientes de la perfidia de un Español nom→ brado Alonso de Ojeda, persona distinta del capitan conquistador del mismo nombre, tal vez hijo ó sobrino. Habiendo idó este á la isla de Cubagua, y allí á Cumaná para la pesca de perlas, engañó á dos Caciques, y algunos otros Indios, convidándolos á comer en su embarcacion, y los transportó para venderlos por esclavos; se sublevaron de sus resultas contra los Españoles, los habitantes de Cumaná, Cariati, Neverí, Unari, Tajeres, Chiribichi, Maracana, y otros; derrivaron el convento de Chiribichí, mataron à un fraile, y no se libraron sino por casualidad los otros que pudieron huir hasta la mar donde una pequeña embarcacion los salvó. Las autoridades constituidas de la isla de Santo-Domingo, particularmente el almirante que ya estaba de regreso y la real Audiencia acordaron enviar un egército mandado por el capitan Gonzalo de Ocampo para sojuzgar á los sublevados. Este suceso tras tornó los planes de Bartolomé Las Casas pues habia puesto su confianza en los religiosos dominicos y franciscos de los conventos de Santa-Fe, y Chiribichí, los cuales ya no existian.

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Sin embargo, queriendo cumplir sus promesas, mostró sus provisiones reales al citado capitan Ocampo, pidiéndole que desistiera de su campaña por diri

girse á territorio en que nadie podía egercer jurisdiccion sino Casas, y afirmando que bastaria su presencia y la de algunos religiosos para pacificar el pais. Ocampo le dijo mui justamente que no podia dejar de obedecer a sus superiores con quienes deveria entenderse Casas; pero al mismo tiempo procuro hacerle ver que su empresa no podia ya verificarse por causa de la novedad de la revelion con que no habia contado en su plan.

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Don Bartolomé compró una embarcacion por quinientos pesos que le fiaron; paso á la isla española de Santo-Domingo, requirió al almirante y å la real Audiencia con las provisiones de la Corte, afirmando que los labradores destinados para su empresa quedaban en la isla de san Juan de PuertoRico; y pidiendo se mandase á Gonzalo de Ocampo volverse á la isla; pero para entonces ya este habia castigado á los Indios, y sujetado el pais nuevamente (1). "I'

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Huvo terribles devates en Santo-Domingo sobre la manera de poner en egecucion las ordenes de la Corte para la empresa de Casas , para lo cual se conferenció con otra Junta real establecida en aquella isla con el titulo de Consulta y por ultimo se resolvió hacer compañía con el licenciado para las utilidades pecuniarias que resultasen en la pesca

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(1) Herrera: dec. 2, lib. 9, cap. 8, 9 y 16.

de perlas, y del oro y en las grangerías, cuya distribucion habia de tener veinte y cuatro partes; á saber seis para el real erario; seis para don Bartolomé, y sus cincuenta caballeros de la espuela dorada; tres para el almirante; cuatro para los cuatro oidores de la real Audiencia; tres para los tres offciales reales tesorero, contador, y veedor; dos para los dos escribanos de camara; y acordaron que todos estos interesados contribuyesen á los gastos con la misma proporcion. En su consecuencia se dispuso que se diesen á Casas los navíos de la escuadra de Ocampo, con ciento y veinte hombres escogidos. Se le probeyά de viveres, y objetos del afecto de los Indios para rescatar oro y perlas; se le autorizó para tomar en la isla de la Mona mil y cien cargas de pan-cazabi; y salio Casas de SantoDomingo en el mes de julio del año 1521. Pasó á la isla de San-Juan de Puerto-Rico para tomar los doscientos labradores; pero no halló á ninguno : todos se habian ido á diferentes grangerias del pais. Continuó su viage á la Tierra-Firme; llegó al pueblo llamado Toledo fundado por Gonzalo de Ocampo; que aun estaba detenido allí con sus tropas desde la subyugacion. Ocampo le dijo estar pronto á ser capitan de los ciento y veinte hombres que fuesen escogidos; pero ninguno quiso admitir la propuesta, y no habia facultades ní ordenes para obligarles, á servir en ella contra la voluntad. Casi todos se volvieron á la isla española de Santo-Domingo; y

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la villa de Toledo quedó casi desierta, permaneciendo unicamente los amigos y dependientes de don Bartolomé con unos pocos hombres particulares que á fuerza de instancias se conformaron en servir con sueldo diario, y los religiosos franciscos que se habian salvado del convento de Chiribichí, los cuales habian fundado en Toledo su nuevo convento con una mui buena huerta.

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El capitan Ocampo se retiró tambien à la isla española de Santo-Domingo manifestando á Casas grande compasion de dejarlo casi solo para una empresa que presentaba grandes motivos de tener un éxito infeliz.

A pesar de todo perseveró Casas en su proposito y edificó una casa grande con algunos signos de fortificacion para recoger y conservar los viveres y objetos mercantiles de rescate: luego trató de fabricar una pequeña fortaleza en la boca del rio de Cumaná para evitar que viniesen á inquietar á los Indios los Españoles de la isla de Cubagua, distante siete leguas de mar. Luego comenzó á tener trato y communícacion con los Indios del pais, ya por medio de los religiosos franciscos de Toledo, ya por el de una señora india principal, nombrada doña María, la cual hablaba un poco la lengua española. Asi dió á entender á los Indios que venia de parte del rey nuevo de Castilla á decirles que seles trataria mucho mejor que antes, y que se les haria mucho bien llevándoles cuanto les conviniese, y enseñándoles

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amistosamente las verdades de la religion que ellos ignoraban y que les importaban mucho. Pero cuando mas adelantaba Casas en sus proyectos, los Europeos de la isla de Cubagua encontraron medio de privarle del maestro albanil que fabricaba la fortaleza, dejando la villa de Toledo sujeta (y por consiguiente los Indios del pais) á las incursiones que antes habian solido hacer aquellos.

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No pudo impedir Casas el trato de los castellanos de Cubagua con los Indios de Cumaná por maş requerimientos que hizo de las ordenes del rey al gobernador y demas autoridades de aquella isla; por lo cual, de acuerdo con los religiosos franciscanos del convento de Toledo, pasó á la isla española de Santo-Domingo á tratar con el almirante y la Real Audiencía sobre los medios de impedir las desobediencias de los Españoles de Cumagua; y dejó por gobernador de Toledo á Francisco de Soto parą todo el tiempo de su ausencia; previniendo que por ningun motivo permitiera jamas separarse del puerto dos embarcaciones que allí quedaban, porque su destino inalterable devia ser el de una precaucion para que si por desgracia los Indios se alterasen y persię guiesen á los castellanos de Toledo; estos retirasen en estas embarcaciones los víveres y los objetos mercantiles de rescate, y en caso necesario las personas. Pero Francisco de Soto no se arregló á estas ordenes. Apenas Bartolomé de las Casas marchó á la isla española, quiso aprobechar la ocasion para enviar

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