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do bautizarse muchas veces, porque cada vez que uno via bautizar se bautizaba; de donde ha venido tenerlo agora en poco.

"El segundo yerro fué que luego quisieron predicalles todos los artículos de la fe juntos, é aclarárselos, no teniendo fe para creerlos ni vaso en que cupiese; de donde ha venido haber mil yerros.” 1

Incurrieron igualmente los religiosos en otro desacierto más deplorable sin duda: fué que quisieron desarraigar de los naturales sus primitivas creencias por medio de durísimos castigos; ya veremos después cómo se acostumbraba tener en los conventos cárceles, cepos y cadenas para atormentar á los neófitos indígenas; aun los religiosos ilustrados profesaban la máxima de que para desterrar las idolatrías se debían poner: "cuero y correas;" ? el obispo Zumárraga y otros eclesiásticos decían al rey en 1531: "(la gente indígena) hace más por temor que por virtud;" 3 todavía á fines del siglo XVII los altos prelados tenían “advertido, que generalmente los malos se apartan de la culpa por el temor de los castigos, y mayormente los Indios, en quienes obra mas el azote que la voz....... (y preferían) valerse de la pena, y de el castigo." 4

Además, si hemos de creer á fray Diego de Hevia y Valdés, los religiosos no mostraban ardiente celo para difundir la nueva religión: “No dudo (decía aquél). ....que el natural del Indio es infructuoso, rebelde, y duro por las profundas rayzes que en ellos ha echado la idolatria; malo es el panino, pero tambien tiene mucha culpa nuestra negligencia, y tibieza."5 Oviedo manifiesta: "Bien penssaba yo un tiempo que era su ánimo de estos tales sacerdotes para convertir y enseñar los indios en las cosas de nuestra sancta fé catholica, .....y assi lo dicen y predican ellos. .... pero los menos destos padres he visto sin cobdicia ni menos inclinados al oro que á mí ó á otro soldado, ni con menos diligencia procurarlo, pero con mas astucia é silencio guardarlo; el mismo autor, al hablar en otro lugar de los infinitos bautismos que se hacían en las Indias, nos dice que las relaciones correspondientes que los eclesiásticos enviaban á la monarquía española, eran “[más con intencion é propóssito de impetrar officios é mercedes, é conservarse en los que tienen, é obispados é otras dignidades, que no para continuar é perseverar en la enseñança de los nuevamente baptiçados].....mejor seria que uno quedasse perfeto y enseñado y entero chripstiano que no mill bautiçados, que no se sepan salvar ni sean chripstianos."1 Algo análogo aseveraba el bachiller Luis Sánchez: "en los (indios) que emos convertido y son baptizados.....no ay en ellos onza de fé, si se pudiera pesar..... desta poca fé y christiandad de los indios, echemos la mitad de la culpa á los ruines predicadores y á su mal exemplo,-que es lástima verlo—que les decimos una cosa y hacemos otra, y el pobre del indio, ignorantísimo, mira muy bien lo que hago y olvida lo que digo.''2

. 1 Docs. de México, II, 148.

2 Ruiz de Alarcón, 127. 3 Icazbalceta, Don Fray Juan, 2a parte, 53. 4 El obispo don Isidro de Sarimana, en Gutiérrez Dávila, 19 parte, 138.1 5 233. 6 II, 238.2

Conquista.-5

La instrucción de los indígenas quedaba casi en absoluto proscrita, salvo en lo tocante á la religión cristiana; desde un principio se proclamó sentenciosamente: "es menester que la gente indígena) sea amparada mas no sublimada.''3

La consecuencia inmediata de no instruir á los naturales sino en la religión cristiana, y esto muy torpemente, nos la revelan varios cronistas; en 1656 escribía el doctor De la Serna: "auiendose de esperar de ellos, que eran ya hijos de la luz, se vé por experiencia que lo son de tinieblas;"4 el P. Burgoa quejábase a su vez en la obra que publicó en 1670, de "que oy despues de tantos años..... hallamos lamētables errores, y profanadas las ceremonias de la Iglesia en especial de los Santos Sacramentos del Baptizmo, Penitencia y Matrimonio, q vsan (los naturales) con tantos barbarismos como enseñados por el Padre de la mentira, y émulo de Dios;"5 hubo otras personas que también deplorasen “que despues de tantos años de conquistados estos Reynos, aun se hallasse en esta miserable gente tan predomināte la idolatria."6

Limitémonos ahora á estudiar cuál fué el comportamiento general de los eclesiásticos venidos á América.

La loable conducta de algunos religiosos, entre los que descuella de manera sublime nuestro don fray Bartolomé de Las Casas, podría ha- . cer pensar erróneamente que los clérigos y regulares españoles que pasaron á las Indias, no adolecían de la depravación moral de los seglares.

Vimos en el capítulo I, que el clero en España estaba gravemente

1 IV, 591.
2 Docs, de América, XI, 165-66.
3 García Icazbalceta, Don Fray Juan, 2a parte, 53.
4 279.
5 Fols. 109-10.
6 Gutiérrez Dávila, 1a parte, 1381.

corrompido. Mucho podríamos añadir á lo allí expuesto; Fray Angel de Valencia y sus compañeros, por lo que hace á los Obispos, aseguran que éstos, en España, sólo eran “para pompa;"' es más explícito Hernán Cortés en la carta que escribió á Carlos V con fecha 3 de octubre de 1524; decía en ella al monarca enviara á Nueva España "personas religiosas de buena vida y ejemplo..... y que a estas se les dé de los diezmos para hacer sus casas y sostener sus vidas. .... y que estos diezmos los cobren los oficiales de V. M. ..... porque habiendo obispos y otros prelados, no dejarian de seguir la costumbre que por nuestros pecados hoy tienen, en disponer de los bienes de la Iglesia, que es gastarlos en pompas y en otros vicios y en dejar mayorazgos a sus hijos ó parientes; y aun seria otro mayor mal que, como los naturales destas partes tenian en sus tiempos personas religiosas que entendian en sus ritos y ceremonias, y estos eran tan recogidos, así en honestidad como en castidad, que si alguna cosa fuera desto a alguno se le sentia era punido con pena de muerte, si agora viesen las cosas de la Iglesia y servicio de Dios en poder de canónigos ó otras dignidades, y supiesen que aquellos eran ministros de Dios, y los viesen usar de los vicios y profanidades que agora en nuestros tiempos en esos reinos (en España) usan, seria menospreciar nuestra fe y tenerla por cosa de burla; y seria á tan gran daño, que no cree aprovecharia ninguna otra predicacion que se les hiciese."2

Las mismas causas que hicieron que la gente seglar honorable se abstuviera de venir á las Indias, tuvo que detener también á los buenos eclesiásticos, dotados al fin de naturaleza igual á todos los demás hombres.

Los indígenas del Nuevo Mundo, convictos y confesos adoradores del demonio, según se les llamaba por aquel tiempo, tuvieron que despertar en el común de los religiosos españoles los mismos sentimientos de aversión que siempre habían originado en ellos cuantos no profesaban la fe de Cristo. Fuera de que esos religiosos no sólo tenían que creer que libremente se podía despojar de sus bienes á los infieles, práctica consagrada por el papa Alejandro VI al donar las Indias á los Reyes Católicos, debían igualmente alimentar la “idea fatal, entonces muy comun (en España) de que era lícito disponer de las vidas de los infieles."3

1 Nueva colección, II, 217. 2 318-20. 3 Lafuente, II, 4322.

Consignamos en el prólogo que semejantes doctrinas era predicadas por un alto prelado español todavía á fines del siglo XVI."¿Cuántos (otros religiosos) las tendrian y enseñarian á principios del mismo siglo?"1

Veamos, de manera concreta, cuál fué el comportamiento de los repetidos eclesiásticos en las Indias.

Si disponemos de pocos datos relativos á la mala conducta observada en América por los españoles seglares, la carencia es mayor respecto de los religiosos. Decía D. Antonio de Mendoza en las instrucciones que dió a su sucesor D. Luis de Velasco: “En caso que se ofrezca ser necesario hacer algunas reprehensiones á los frayles ó clérigos, sean secretas de índios y españoles, porque así conviene por lo que toca á su autoridad y á lo de la doctrina."2

El marqués de Montes Claros manifestaba por su parte al monarca español, al hablar de los excesos del clero en el Perú: "Pero como la reformacion deste estado y su castigo cuando más barato sale, cuesta hacer públicas las culpas de gentes que debemos venerar como á cosa sagrada, quien procede en esto con imprudencia, no escusa bastantemente el rigor ó arrojamiento con llegar la ocasion que para ello se le dió."3

No era raro tampoco que se destruyeran las informaciones hechas acerca de la mala conducta de los eclesiásticos; en 1532 el gobernador Manuel Rojas mandó quemar "cierta información de testigos contra el Obispo (de Cuba, fray Miguel Ramírez),"4 cuyos actos todos constituyeron una serie de alarmantes escándalos.

En las crónicas de la época hay menos datos todavía referentes á la mala conducta del clero, debido a que las censuras á que todas aquéllas estaban sujetas, no toleraban, naturalmente, cosa alguna contraria á los miembros de la iglesia. Por el contrario, en muchas crónicas antiguas, no tan sólo se calla la verdad acerca del particular, sino que se prodigan mentidos elogios á tal ó cual fraile criminalmente depravado; el P. Pareja, por ejemplo, nos pinta como mansa oveja y apóstol modelo al falaz y corrompido fray Bartolomé de Olmedo.5 Unicamente, pues, de una manera incompleta podemos poner en claro la verdadera conducta observada por los eclesiásticos en América.

1 Loc. cit. 2 Docs. de América, VI, 485. 3 Idem, VI, 336. 4 Docs. de Ultramar, IV, 245. 6 9-10.

Por lo que hace á los primeros frailes llegados a las Indias, indicamos ya que poco ó nada aprovecharon á los naturales; lo confiesa el mismo fray Bernardo Buil, en carta que escribió al reino hacia 1494, pidiendo licencia para regresar a España, lo que no hizo, porque la Monarquía no se lo permitió.

Es de colegir que tuvieran iguales deseos los demás eclesiásticos que acompañaron á Buil, aunque parece que sólo uno, fray Jorge, obtuvo el consentimiento real para volver pronto á la Península.2

De este modo nos explicamos por qué Colón pedía directamente á su Santidad en 1502 "algunos sacerdotes y religiosos..... idóneos."3

El estado del clero español empeoró más y más en América durante los años posteriores; en atención á esto, ó sea á que "munchos de los clérigos..... (venidos a las Indias) non thienen la abylidad que seria menester para admynistrar los Sanctos Sacramentos, nin para las otras cosas que son nescesarias..... para rremedio desto, Yo E acordado, (decía el Rey) que de aquí adelante non pueda pasar nin pase nengund clérigo, sin ser primeramente examinado."4

Semejante medida no mejoró en nada, sin embargo, la condición del clero, que ya desde entonces empezó á dar vivas muestras de relajación y de sórdida codicia; exigía, por ejemplo, día a día, según vemos en una relación de 1512, el pago de los diezmos con "excomuniones e maldiciones en las yglesias,"5 abuso bastante general; en 1571 hablaba fray Jerónimo de Mendieta “de la vejación del diezmo, que con tanta solicitud procuran sacarles (á los desventurados indios) los Obis

pos."

Revelaba asimismo el clero su desmedida codicia al defraudar sin empacho alguno los dineros de la Iglesia; varias relaciones llegadas á España denunciaban el hecho, haciendo saber cómo "los Canónigos e Racioneros ..... prencipalmente (eran los que robaban tales dinerosj"? y cómo también los "Obispos e aun Cabildo e Mayordomos, todos an sido socorridos de los bienes de las dichas yglesias e porque todos an sido casi en thomar; ansi todos callan en el averiguar e aclarar."8

1 Docs. de América, XXX, 304. 2 Idem, XXX, 361. 3 Idem, XXXIX, 23. 4 Idem, XXXI, 552. 5 Idem, XXXIV, 149. 6 Nueva Colec. I, 113. 7 Docs. de América, XXXIV, 112. 8 Idem, XXXIV, 117-18.

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