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que únicamente sea en sus partes culminantes, la condición del pueblo ibero y la índole de los españoles venidos á América; á más de que ambos antecedentes previenen la tacha de exagerado ó injusto que sin ellos seguramente se me pondría, facilitan mucho el estudio del carácter verdadero de la Conquista, y en cierto modo le son indispensables.

Reconozco que mi obra adolece de grandes deficiencias, entre otras causas, porque para formarla sólo he dispuesto de ratos aislados, los pocos que he podido distraer de las ocupaciones cotidianas de mi profesión. Mas me alienta la esperanza de que otras personas aventajadas emprendan no muy tarde estudios más acabados que el mío.

México, lunes 31 de diciembre de 1900.

CARÁCTER DE LA CONQUISTA ESPAÑOLA.

LIBRO PRIMERO.

ANTECEDENTES.

CAPÍTULO PRIMERO.

EL PUEBLO ESPAÑOL.

§ 1. DOMINACIÓN ROMANA. Luego que empezó á difundirse por el imperio romano el cristianismo, “de las primeras provincias del mundo que abrazaron este culto y religion y de las que mas recio en ella tuvieron fué una España."'1 El nuevo culto encontró natural oposición de parte de algunos de los emperadores romanos, aunque hubo otros varios que lo favorecieron, ó cuando menos se abstuvieron de perseguirlo; el mismo Juliano, á quien indebidamente se ha llamado el apóstata, “Luego que se encargó del imperio, para granjear las voluntades de todos, les dió libertad de vivir como quisiesen y seguir la religion que á cada cual mas agradase:"2 “los que más aprovecharon de esta libertad fueron los católicos."3 “No ignoro (dice Tourlet) que los legendarios han fraguado una larga lista de cristianos martirizados en Antioquía y otros lugares, bajo el reinado de este emperador filosofo. Pero cuentos de leyendas no son hechos; ó si se hallan algunos de estos últimos, están desnaturalizados de tal manera, que no merecen ninguna confianza."4

Es de notar que varias de las persecuciones que sufrió la nueva religión, como la que llevó a cabo Decio en el siglo III, fueron en cierto modo provocadas por la “vida de los cristianos, y en particular de los eclesiásticos de muchas maneras estragada."5

1 Mariana, I, 87.1 2 Iden, I, 111.1 3 Fleury, I, 601.? 4 En Julien, I, 108–9. 5 Mariana, I, 100.2

§ 2. DOMINACIÓN GODA.

Bajo la dominación goda en la península ibérica, "la Iglesia católica....., no habia dejado de florecer progresivamente, merced á la libertad que le dejaba cierta tolerancia de parte de los dominadores."1 Animados éstos de espíritu liberal, no trataron nunca de imponer su propia religión á sus súbditos, por lo que no contagió ella ni á “una parte mínima de la población española.”2 A la inversa, andando los tiempos, el pueblo godo aceptó el catolicismo de muy buena voluntad.

Ascendido al trono Recaredo en 585, abrazó á poco la fe cristiana inflamado por la ardiente palabra de san Leandro, y trató en seguida de convertir á todos los godos al catolicismo; "sabida la voluntad del Rey, bien así los grandes que los menudos se rindieron á ella.":

Deseando Recaredo ratificar solemnemente su nueva profesión de fe, convoca al tercer concilio de Toledo; fué allí, ante innumerables obispos, magnates y vicarios, cuando dijo san Leandro: “no dudemos de que todo el mundo pueda creer en Cristo y abrazar una sola fé, segun en el mismo Evangelio aprendimos.......... Si queda pues alguna parte del mundo ó alguna gente bárbara, no iluminada por la Fé de Cristo, no dudemos que al cabo ha de creer y venir á una sola Iglesia, si tenemos por verdaderas las palabras de Dios."4 Esta creencia proclamada por el genio tutelar de las Españas, cuyo prestigio y autoridad ninguno desconocía, y sostenida además con fervorosa exaltación por los monarcas, quedó admitida ciegamente por el pueblo godo-hispano, quien hizo de ella desde luego su canon fundamental religioso.

Fundada así la unidad de la fe, surgió pronto la intolerancia religiosa; à partir desde entonces, tenían que ser combatidos como actos de intolerable impiedad, cualquier culto ó religión extraños al cristianismo: la mansa palabra de Cristo, inspirada en blandos sentimientos de concordia y fraternidad, habíase convertido en arma destructora de división y de muerte.

Hay que tener en cuenta que arrastrado demasiado lejos Recaredo por su nuevo celo religioso, sometió al referido concilio la decisión de asuntos de carácter netamente civil, sentando con esto un precedente pernicioso, porque una vez confundidas las atribuciones religiosas con

1 Lafuente, I, 116.1 2 Menéndez Pelayo, I, 30. 3 Mariana, I, 146.1 4 Amador De los Ríos, Hist. Crít. de la liter., I, 324.

las del poder temporal, el clero principio á arrogarse cada día mayores facultades civiles, con gran perjuicio del orden político, hasta asumir una preponderancia omnimoda, á tal grado, que bien pronto "El trono buscó su apoyo en el altar," l y "pudo dudarse si eran los reyes ó los obispos los soberanos del Estado." 2

Con su influjo progresivo, el clero tendió siempre, como era de esperarse, á desarrollar el espíritu religioso cristiano; mas para lograrlo, no supo encontrar medio mejor que el de infundir á las masas sentimientos repugnantes de inextinguible odio hacia todas las otras religiones; éstas serían así combatidas y destruídas, y el catolicismo podría extenderse universalmente. Semejante conducta convenía á las "costumbres groseras y violentas...... (y á la) gran brutalidad de instintos (del pueblo español),” 3 cuya ignorancia supina, por otra parte, le hacía dócil instrumento de quienes tan desacertadamente le dirigían: "Gracias si del retirado fondo de algun claustro (escribe Lafuente), ó como de debajo de la bóveda de alguna catedral, salia un cronicon descarnado y seco, escrito en mal latin, ó alguna leyenda piadosa, con que se entretenia y fomentaba el espíritu religioso en aquellos malhadados tiempos." 4

Por tanto, no es de extrañar que las tendencias destructoras del catolicismo prosperasen rápidamente en España produciendo funestos resultados. Una rápida ojeada sobre los tiempos posteriores nos hará ver hasta qué punto llegó la perversión de los nuevos sentimientos religiosos.

Ya en 616 expide Sisebuto un edicto, previniendo que todo judío que no se bautizase ni enviare a sus hijos y á sus siervos ante los sacerdotes para que los bautizasen, "é pasare un anno complido despues que nos esta ley pusiemos, é fuere fallado fuera desta condicion é deste pacto estable, reciba C. (cien) azotes, é esquílenle la cabeza, é échenlo de la tierra por siempre, é sea su buena (su hacienda) en poder del rey." 5 Tan violenta medida fué causa de que "Muchos Judios..... se huyeron entonces secretamente á Francia,” 6 y de que, de los restantes que permanecieron en la Península, recibieran el bautismo más de 90,000, aunque es de dudarse que resultara un solo cristiano.1

1 Lafuente, I, 141.2
2 Idem, 1, 142.2
3 Mariejol, 97.
4 I, 295.1

5 Fuero Juzgo, Lib. XII, tít. III, 1. 3. Aunque esta ley aparece bajo el nombre de Ervigio, es por error ó descuido de los copiantes, Idem, págs. XIV y sig.

6 Morales, VI, 71.

En 680, el conde palatino Ervigio destrona al rey Wamba y le obliga á que entre de monje en el monasterio de Pampliego, cerca de Burgos. “A los ocho dias de aquel suceso el ambicioso Ervigio era ungido con el óleo santo por mano del metropolitano de Toledo.” 2 Quedando Ervigio profundamente obligado hacia el clero, no debe maravillarnos ver desde entonces á "las asambleas eclesiásticas, concediendo indultos por delitos políticos, condonando contribuciones, estableciendo tribunales y cercenando en todos las prerrogativas de la corona." 3

§ 3 DOMINACIÓN ÁRABE.

Reinando el año de 711 don Rodrigo, último rey de los godos, aparecieron los árabes y destruyeron la monarquía en brevísimo tiempo; "el imperio y señorío (manifiesta Mariana), ganado por valor y esfuerzo, se perdió por la abundancia y deleites que de ordinario le acompañan. Todo aquel vigor y esfuerzo con que tan grandes cosas en guerra y en paz acabaron, los vicios le apagaron, y juntamente desbarataron toda la disciplina militar, de suerte que no se pudiera hallar cosa en aquel tiempo más estragada que las costumbres de España, ni gente más curiosa en buscar todo género de regalo.” 4 “Habíanse, en efecto (agrega Lafuente), depravado y corrompido en los últimos reinados las costumbres del pueblo hispano-godo, así por parte de los eclesiásticos como de los legos, hasta el punto que con harta evidencia lo demuestran los cánones de los concilios. Los decretos sinodales, aunque fuertes y severos, no bastaban á reprimir la incontinencia, el fausto y profusión en que el clero vivia; y de aquí puede colegirse cuáles serian las costumbres de los seglares." 5

Empero, nada tuvo que sufrir el catolicismo español de la dominación de los árabes, porque siendo tanto ó más liberales que los godos, dejaron al pueblo conquistado el libre y pleno ejercicio de su culto; merced á esta generosa tolerancia pudo España no sólo construir nuevas y numerosas iglesias, sino continuar celebrando sus concilios, como el de Sevilla en 782 y el de Córdoba en 852.

1 Lafuente, I, 121.1 2 Lafuente, I, 131.2 3 Lafuente, 1, 132.2 4 I, 178.2 5 I, 138.1

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