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irrecusable, poderosísima, decisiva , que nada puede contrarestar cuando se trata de una cuestion de derecho internacional. Esta es la utilidad general de todas las naciones, la casi necesidad. Excusado es Hamar la atencion sobre la tendencia que la política y la ciencia del derecho guardan constantemente en nuestros dias hacia la homogeneidad, hacia la comunidad de intereses y de doctrinas; y entre los asuntos que reclaman esa conformidad, pocos habrá que igualen, cuanto menos excedan en importancia á este del matrimonio. Acabamos tambien de ver cuán léjos están de convenir los autores, desde los romanistas hasta los últimos de derecho de gentes, no solo en la fuerza y extension que debe darse á las leyes personales en general, y señaladamente en este caso del matrimonio, sino que su desacuerdo se extiende has ta las consecuencias que debe producir el cambio de domicilio, y lo que es mas, hasta el valor que debe darse á esta última palabra. Ahora bien, sea cual fuere la opinion que quiera adoptarse de todas las que se separan de la que sustento , &puede nadie lisonjearse de resolver por medio de ella las dificultades inevitables en cuestion de tal naturaleza, у

la que es mas, de que sea aceptada por todas las naciones? No, de ningun modo. Tras del acuerdo en lo tocante al domicilio, vendria la diversidad en el supuesto de ser distinto el de cada uno de los contrayentes; despues de estar conformes sobre este particular, renaceria la escision al lļegar á cada uno de los varios accidentes que van referidos. No así adoptando el principio que propongo. Salvando el incesto

y la poligamia , que ninguna nacion culta tolera en nuestros dias, nada podia perturbar la unanimidad de doctrina y de jurisprudencia; porque la regla es absoluta, el derecho claro, la aplicacion expedita. Una sola modificacion exigen la buena fe у

benevolencia

que

deben reinar entre las naciones, y es la de no prestar su apoyo a la rebelion y al fraude contra las leyes del pais de la naturaleza ó del domicilio, permitiendo casarse con arreglo á las de aquel, adonde se trasladen, á los que no se proponen mas objeto en esta traslacion que el de celebrar un matrimonio que aquella legislacion prohibe; pero este dolo, este fraude, no deben darse por averiguados (y ménos aun con exclusion y a pesar de cualquiera prueba en contrario) por el mero hecho de la traslacion, sino que deben dejarse á la apreciacion libre de la autoridad pública , segun los casos y circunstancias. Con esta limitacion , palpable es la utilidad, muy alta la conveniencia que á los Estados todos resultaria de la adopcion de tal principio; y á nadie se oculta cuán decisiva es esta circunstancia cuando se trata de una regla de derecho internacional.

Por último (y para no molestar mas prolongando este exámen de la cuestion considerada bajo el punto de vista de que se trata) el Gobierno español en mi concepto no es árbitro de adoptar este principio ó el de la escuela francesa ; porque siendo nuestra patria una nacion exclusivamente católica, no le es dado á la potestad temporal despojar al matrimonio del carácter de sacramento , ni privar á la eclesiástica de su competencia para conocer de él con

arreglo á su legislacion canónica; y estas consecuencias, y otras no ménos graves, traeria consigo la sancion del principio de dicha escuela. Así lo han reconocido los Estados católicos que antes nombramos ,rechazando el cumplimiento de legislaciones extrañas, dentro de su territorio, sobre esta materia; a pesar de haber adoptado el principio del código frances sobre la trasmigracion de las leyes personales, y á pesar tambien de regir en los mas de ellos la legislacion codificada, y hasta la jurisprudencia y doctrina de la Francia.

Pero esta resolucion, en concepto de algunos, colocará á los franceses en particular en un estado de notoria infraccion de las leyes de su pais; porque prohibiendo estas que se contraiga matrimonio sin previo permiso de los padres, si se les permite contraerlo en España contra la voluntad de estos, en virtud del suplemento que hace la autoridad de este permiso, se les pone en el caso de ver anular en la parte de allá de los Pirineos el consorcio que de la parte de acá contrajeron.

Esta reflexion parte del supuesto de que el matrimonio contraido por un frances sin el beneplácito de sus padres en el extranjero, es nulo de derecho. Podria sostener con alguna confianza que en el matrimonio que se celebra supliendo la autoridad pública el consentimiento paterno, se guarda el espíritu de esa ley que requiere tal beneplacito; porque se celebra el acto de respeto y deferencia de pedir la vénia, y la autoridad pública ocupa el lugar del padre despues de haber declarado que este no lo llenaba de

bidamente para este objeto. Pero dejando a un lado estas y otras consideraciones especulativas, acepto la cuestion en el terreno en que se plantea, y tomo gustoso en la mano el código civil frances con que se resuelve. Hé aquí sus disposiciones.

Segun los artículos 1 48 á 157, los hijos menores de veinte y cinco años, y las hijas menores de veinte y uno, no pueden contraer matrimonio sin el consentimiento previo de sus padres ó abuelos, del consejo de familia ó del tutor, segun los casos. Aun despues de haber cumplido esta edad, deben unos y otros tomar consejo de sus padres y abuelos dos veces consecutivas, con cierto intervalo, en caso de desaprobacion, desde los veinte y cinco años hasta los treinta los hijos, y desde los veinte y uno hasta los veinte у cinco las hijas; y cumplidos los treinta y los veinte y cinco respectivamente, una sola vez. La omision de este requisito hace incurrir al oficial civil en una multa de hasta 300 francos en todo caso, y ademas en la pena de seis meses de cárcel cuando menos siempre que se trate de hijos menores de veinte

у

cinco años, ó hijas que no hayan cumplido veinte y uno, y de un mes desde esta edad en adelante. En el primero de estos casos, el matrimonio no es nulo de derecho, sino que puede anularse á instancia de parte, esto es, de aquel cuyo consentimiento era necesario,

у del consorte que debia haberlo obtenido. Aun este mismo derecho de reclamar la nulidad se extingue luego que el consorte ó pariente aprueban expresa ó tácitamente el matrimonio, ó dejan trascurrir un año sin reclamar despues de tener noticia del enlace; y

el esposo ó esposa lo pierden ademas si dejan trascurrir este mismo plazo, sin ejercitarlo, despues de haber cumplido la edad en que ya no han menester tal consentimiento. Con estas disposiciones de los artículos 182 y 183 de dicho código, queda completa la reseña de lo dispuesto por el derecho civil frances sobre la materia. Los franceses pues, menores de la edad que para este caso ha fijado el código, no pueden contraer matrimonio en su pais sin el beneplácito ó consejo de las personas que la ley designa; pero si llega á verificarse sin él su enlace, no es este nulo de derecho aun cuando sea necesario el previo consentimiento, sino que únicamente puede en este caso ser anulado á instancia de personas determinadas, con ciertas condiciones y dentro de un plazo fijo, , y hace incurrir en multa y cárcel al oficial pú

lo haya autorizado. Pasemos ahora á los matrimonios que celebren estos mismos franceses en el extranjero.

Segun se dijo al principio, el artículo 3.o del código de que vamos hablando, declara expresamente que las leyes concernientes al estado y capacidad de las personas obligan á los franceses aun cuando residan en el extranjero. No contento el legislador con haber establecido este principio general, ha hecho por sí mismo la aplicacion al caso del matrimonio; y en el artículo 170 dispone que el enlace que los franceses contraigan fuera de su patria entre sí, ó con extranjeras, será válido siempre que se celebre en la forma que se acostumbra en el pais, con tal que sea precedido de las publicaciones que prescribe el artículo 63,

blico que

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