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que en otro pais hubieran costado una sangrienta revolucion de éxito muy dudoso.

Pero la ilustracion no era comun á todas las clases : el saber estaba aun vinculado en pocas personas : no alcanzaba a la medianía, que hoy es la parte mas escogida é influyente de las naciones cultas; y hondamente arraigados los abusos con la fuerza poderosa de los hábitos y de la venerable sancion de los siglos, no era dado ni al genio mas emprendedor , ni á la razon mas despreocupada, realizar en pocos años un sistema bien combinado de acertada administracion pública. Así no es de extrañar, que el mismo labio, á cuya poderosa voz se publicaba la sabia instruccion de corregidores, se reformaban los teatros, se declaraba el libre comercio de granos y frutos, se establecian bibliotecas, se difundia la instruccion pública, se oponia un suerte dique á la amortizacion, se allanaban montañas intransitables , se alzaban magníficos puentes, se edificaban numerosas poblaciones, y en una palabra, se daba vida y prosperidad al reino; pronunciase la prohibicion de extraer nuestros productos naturales y fabriles, sostuviese la tasa de los bastimentos, y sancionase otros errores, que serian indisculpables en cualquier gobierno.

No fué tan feliz para España el siguiente reinado, bajo ningun concepto, y con especialidad bajo el de la administracion interior del estado. Las grandes concesiones del augusto padre de Carlos IV no tuvieron bajo el cetro de este el progreso que era de desear; pero sin embargo, no retrocedió el gobierno en la carrera de las útiles reformas, ni tampoco permaneció estacionario , acerca de las mejoras materiales que tanto habian menester los pueblos.

Mostrábase sí, en las pocas disposiciones administrativas de este reinado, no aquel plan vasto, uniforme, concertado y perseverante que rigió en los veinte años anteriores, sino la imperfeccion de medidas parciales y aisladas, contrarias al espíritu que ya comenzaba a desarrollarse, é hijas mas bien de exigencias privadas, que de un sistema general y combinado. Así es , que mientras se declaraba el libre precio de los tejidos y manufacturas, mientras se daba a la escena dramática un decoro jamás en España conocido, mientras se generalizaba la ereccion de cementerios rurales, y se protegian las ciencias y las artes, y se fijaban reglas para la conservacion de gloriosos monumentos, para mejorar el ornato de los pueblos, y para conseguir otras

mas

reformas importantes; se prohibia la extraccion del esparto, se mantenian cada vez con mas doreza los reglamentos restrictivos, se sometia á los dueños de arbolados a las opresoras trabas de la ordenanza de 1748, y se impedia absolutamente la extraccion del aceite, vino, granos, y hasta del pan cocido. Verdad es, que se dió un paso atrevido en favor de la desamortizacion civil y eclesiástica; pero mas bien que una medida económina y administrativa en fomento de la riqueza pública, era una operacion rentística, ruinosa para el estado, y mortal para los establecimientos de beneficencia erigidos por la piedad de nuestros bondadosos progenitores.

No es mi objeto ocuparme, al hacer estas ligeras reflexiones, en examinar las causas que influyesen para cortar el vuelo al espíritu emprendedor del anterior reipado, y atajar el progreso de la sublime obra proyectada. Numerosos escritos de eminentes varones de aquella época nos revelan, que ya entonces eran conocidas, si bien no de la generalidad del pueblo, muchas y acertadas doctrinas de administracion. Pero Francia ardia por aquel tiempo en un volcan espantoso, cuya laya abrasadora alcanzaba en su explosion hasta las mas escondidas

ra

aldeas de los paises vecinos; y á no ser por la pom lítica sagaz y prudente, que en otra época se hubiera tenido por en extremo rígida , aquella devoradora llama habria prendido en nuestros incautos pueblos, encendiendo en ellos una guerra civil, tan desastrosa, como la que despedazaba á los habitantes del lado allá del Pirineo. ¿Y por qué no se ha de atribuir a esta causa el espíritu ambiguo y meticuloso, que se descubre en las leyes administrativas del reinado de Carlos IV, y la marcha incierta y recelosa del gobierno, que apenas osaba adelantar un paso en el camino, no solo trazado, sino abierto , y desembarazado de todo obstáculo, por el gran monarca del siglo XVIII ?

Mas cualquiera que fuese la causa, es indudable, que bajo el cetro de Carlos IV no siguió la reforma su progreso natural; hasta que al fin ese impetu extranjero, á duras penas comprimido en España, empezó á dar nuevo impulso á las innovaciones en los primeros años del presente siglo.

En efecto, constituidas las cortes que tomaron sobre sí la grandiosa empresa de representar a la nacion huérfana y desamparada de sus reyes, a la vez que dirigian y alentaban la sangrienta lucha contra el dominador de Europa y usurpador del trono de Castilla, dirigieron su vista hacia la reforma de los ramos de la administracion del reino. Amamantados aquellos representantes con las máximas que se habian difundido en la última mitad de la anterior centuria, ansiaban aplicar á España las nuevas teorías; y llenos de sinceridad, pero no amaestrados por la experiencia, las pusieron en ejecucion, introduciendo profundas alteraciones, lo mismo en el orden político, que en el económico y administrativo.

Hundido el estado en la desastrosa reaccion de 1814, se retrocedió en aquellos tenebrosos dias, hasta canonizar los groseros errores que la ilustracion de Cárlos III habia disipado; y aunque en 1820 renació la época de 1812 con todas sus consecuencias, en 1823 volvió a sucumbir la nacion en el mismo abatimiento y absoluto olvido de los buenos principios de gobernacion.

Necesario es consesar, sin embargo, que en los diez años que duró este desacertado régimen, no fué tan reaccionario el retroceso en la parte administrativa, porque un ilustrado consejero de la corona, menos sometido que los demás al funesto influjo de la opinion dominante en el gobierno, templó mas de una vez sus efectos, y realizó en

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