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gusto derecho; y como el feliz desempeño depende en mucha parte de la eleccion de las personas destinadas á tan gravo cargo, en medio de las turbulencias del reino, cuando las citadas Córtes de Búrgos de 1315, no podian omitir los procuradores y vocales un punto de tanta en tidad y consideracion. Con efecto , no solo en el cuaderno de que hemos hecho ya memoria, sino tambien en otro otorgado en este dia 22 de julio á la ciudad de Plasencia por los mismos tutores, se hace distinguido lugar el establecimiento de los alcaldes de córte, que variado se inserta en la Recopilacion. Preveniase, pues, que en la casa del rey se pusiesen alcaldes y escribanos de los reinos, los cuales fuesen hombres buenos, instruidos en los fueros, temerosos de Dios, del rey y de sus almas, que guardasen á cada una su derecho, y no librasen carta contra fuero, lo que asi jurasen ante él y sus tutores: cada uno despachase justamente los pleitos de su ccmarca, y que ningun presente ni don recibiesen, pena de ser arrojados de la córte como infames y perjuros, escluidos para siempre de toda dignidad y empleo, y pechar además el duplo de lo que tomasen. Siendo estos dos cuadernos como hijuelas de las referidas Córtes, no es estraño que se trasladasen en los más de sus articulos , bien que en algunos hay todavia notable alteracion ó diferencia. Del cotejo de ambos resulta la comprobacion del establecimiento que hemos espresado y de los que van á indicarse.

El sumo poderio de los eclesiásticos, y el abuso de las mercedes y privilegios que obtenian á su favor, motivó las disposiciones de que los prelados ni sus vicarios por ningun titulo se entrometiesen en jurisdiccion real, ni los seglares demandasen ni se sometiesen á la eclesiástica, pena de 100 mrs., ó en su defecto 30 dias de prision. Bajo la misma pena se estableció que los seglares no hiciesen escrituras de deudas ó contratos ante los vicarios ó notarios de sus iglesias, porque estos no debian hacer fé sino en la iglesia y entre los clérigos. Dispúsose además, que las posesiones de realengo que por donaciones ó compras hubiesen pasado á abadengo ó á las órdenes, tornasen á ser reales y al poder de sus primitivos dueños, y que no valiesen las mercedes hechas á los escribanos públicos en las iglesias catedrales, Bh perjuicio de la jurisdiccion ó señorio del rey, salvo en las notarias concedidas por D. Sancho y D. Alfonso, con tal de que las sirviesen los privilegiados por sus personas, y solo para asuntos de clérigos, y de lo c miraria procedieren las jueces reales contra ellos como escribanos falsos. Otras disposiciones se dirigian á prohibir la pesquisa cerrada, la comunicacion con los judios, la estraccion de géneros del reino, y arreglar la recaudacion de pechos y renias reales y los derechos de los ganados trashumantes. El cuaderno concedido al concejo de Plasencia se conservaba, y acaso todavia, original en esta ciudad, fecho en Búrgos, refrendado de Alfonso Perez, y colgados los sellos de cera del rey y sus tutores.

Día 23.

En apoyo de lo que ya hemos insinuado acerca del poder de los eclesiásticos y abusos de sus privilegios y mercedes, vamos á referir una sentencia dada por Alfonso X, en el año 1317, contra el obispo y cabildo de la iglesia de Coria, en razon del derecho de montazgo indebidamente exigido al concejo de Cáceres. La carta en que se inserta, arroja de' si una exacta noticia del modo de enjuiciar de casi cinco siglos á esta parte, además de otras muy singulares que comprende. Una de ellas es, que sin embarga Je hallarse todavia el rey bajo la tutela de sus tios los infantes, no se hace mencion alguna de estos, y sojo se espresa haber perdido el juicio y decretádose por él y la reina doña Maria, su abuela y tutora. Es tambien de advertir, que ni uno ni otro lo hicieron personalmente, sino Diego Gutierrezy Pedro Rendol de Leon, que se titulaba alcalde del rey, en su nombre, segun aparece de sus firmas y libramiento de la dicha carta, que fué espedida en Valladolid en el dia de hoy 23 de julio del citado año. Mácese relacion en el contesto de la sentencia de todo lo ocurrido en el pleito y trámites de él, que, aunque en la sustancia poco diferentes, tienen otra sencillez que los de nuestros dias, como va á verse. Pedro Dominguez y Garcia Perez, procuradores del concejo de Cáceres, se presentaron ante los dichos rey y reina, refiriendo como, segun el fuero de poblacion dado por D. Alfonso IX, rey de Leon, y confirmado por sus sucesores, se les habia concedido el montazgo de todas las cabañas de los ganados de fuera, para que entrasen en su término, y mandado que ningun otro pudiese percibir este derecho; pero que, no obstante este fuero, el obispo y cabildo de Coria tomaban y percibian el montazgo dentro de Cáceres y sus términos. Respondieron á la demanda, en nombre de los mencionados obispos y cabildo, Gonzalo Gonzalez, arcediano de Galisteo, y Anton Garcia, clérigo, esponiendo que tenian varios privilegios reales para poder tomarlo en cada uno de los lugares del obispado. Replicaron los personeros del concejo que era contra su fuero, é inmediatamente se les mandó presentarlo, como álos del cabildo sus privilegios. Por el referido fuero de D. Alonso resultaba ser cierto el derecho concedido al concejo, de que pudiesen tomar de cualquier cabaña que sin su permiso entrase en sus términos, siendo de vacas, dos de ellas; de la cabaña de las ovejas, diez carneros, y de los puercos, cincuenta, cada ocho dias que dentro de ellos permaneciese, escluyendo espresamente del espregado montazgo á toda otra persona que no fuese los diputados del concejo. Por parte del cabildo se presentó un privilegio de D. Sancho IV, en que, con referencia á otros de varios reyes, se concedia al obispo de Coria D. Alfonso y su cabildo, que tomase montazgo en los lugares del obispado; y tambien se presentó el traslado de un compromiso entre los espresados cabildo y concejo, en que este prometia no ir contra los privilegios ni costumbres de aquella iglesia, pena de 5,000mrs Objetaron los procuradores de Cáceres de nulo y atentado contra su fuero, y que, como tal, se rompiese; y esponiendo además que loa privilegios del cabildo eran generales y no debian estenderse á quebrantar el suyo, que era especial y mucho mas antiguo.

A consecuencia de esto, el arcediano procurador del cabildo fué interrogado de cómo se osó tomar este montazgo contra fuero, y él dijo: que solo se tomaba en Monte Mayor, en la Abadia y en Galisteo, antes que entrasen los ganados en el término de Cáceres: que en este solo se tenian guardas para ver los dichos ganados, y albalaes que llevaban sus pastores de lo que habian pagado, y que encontrando mas ganados de lo que resultaba por los albalaes, se exigia lo respectivo al esceso.

A esto replicaron tambien los del concejo, que era uso muy moderno, introducido en grande desafuero suyo. Concluso el juicio en esta forma, fué fallado: que de alll adelante el obispo, ni el cabildo de la iglesia de Coria, ni otro ninguno dentro de los términos de Cáceres, cobrase montazgo alguno, ni pusiese los guardas que acostumbraba para que lo tomasen; y al tenor de esta sentencia se mandó librar carta firmada de los ya mencionados, y refrendada de Fernan Martinez , por mandado de dicho alcalde del rey. Hállase escrita esta sentencia en pergamino de cuero, y pendiente de un cordon de seda un sello de plomo, que de la una parte tiene un castillo con unas letras al rededor que dicen: Sig. Alphonsi,illustrts regis Castellaa et Le~ gionis; y de la otra un leon rapante con igual letrero.

Dia 24.

Muerte del principe D. Carlos de Austria.

Hallábase en Madrid el rey Felipe II con su esposa la reina doña Isabel de la Paz y la Serma. princesa doña Maria. El jóven principe D. Cárlos, hijo del mismo monarca y de su primera mujer doña Maria de Portugal, vivia al lado de SS. MM. S. A., desde la caida &ue dió bajando una escalera en el palacio de Alcalá de enares , quedó estremadamente quebrantado de salud y débil del cerebro, motivando este incidente el padecer muchas distracciones, las operaciones del espiritu vital divididas, la potencia intelectual receplible de varias impresiones, y por consiguiente la voluntad menos ajustada á la razon. Esto, y su natural poco corregido, pues en la ausencia de sus padres, los principes de Bohemia, á cuyo cargo quedó confiado el gobierno de estos reinos y la tutela del principe, acudieron más á la conservacion de su salud que á la educación que con arreglo á su elevado rango correspondia.

Cuando Felipe II regresó á España, fué muy condescendiente con su hijo Cárlos, a' endiendo á su corta edad Íá sus padecimientos • fisicos, aplazando para mas adeiiite el corregir lo que por entonces aparecia d« poca importancia. Sin embargo, luego que creció el principe, eran ya lamentables tales faltas, y, lo que antes era fácil enmendar, luego fué dificil atajar, ó al menos sin dar una campanada que vibró en todo el reino.

No sin grande arrepentimiento conoció Fel'Pe "cu."n funesta habia sido su apatia con respecto á la educacion de su hijo; no se ocultaba á su perspicacia cuál era el fruto que iba á producir aquel inculto terreno. El campo árido no presenta rosas, pero en cambio da espinas y abrojos.

La prudencia del padre era ya inferior á la inclinacion del hijn, el que siempre triunfaba de la correccion. Salia de noche recorriendo las calles y plazas de la córte, testigo de sus desórdenes; despreciando el decoro que debia á su persona, empleaba sus roanos en maltratar á la servidumbre que le rodeaba. No respetaba clase ni dignidad, y si no se le atrevió á su augusto padre, fué porque aún conocia quién era Felipe U, si prescindla del carácter paternal. Cierto eclesiástico del linaje de Cisneros, capellan de honor, muy adicto al principe y tal vez su mentor, fué desterrado de la córte por disposicion del cardenal Espinosa: este estrañamiento el principe lo sintió en estremo, y refieren los cronistas que un dia, cuando el prelado entraba en la ante-cámara del rey, salió el principe Cárlos de su cuarto, y faltándole de una manera indecorosa, le cogió del roquete con una mano, elevando un puñal en la otra, diciéndole: uCurilla, vos os atreveis ámino dejando venir á servirme á Cisneros; por vida de mi padre que os tengo de matar.« Este procedimiento, tan indigno de un principe español, tuvo efecto en un hijo del católico Felipe II, no sin grande pesar de este monarca y de la virtuosa Isabel de Valnis, que aunque el principe no habia salido de su vientre, le era deudor de su afecto, el mas cordial que puede dispensar una madre tierna y cariñosa. Empero, por otra parte, séanos permitida disculpar en algun tanto a un principe cuyas acciones parece miraban á la parte lesa de las potencias interiores, si bien algun tanto tambien á un natural poco sujeto.

El jóven Cárlos trató secretamente con los descontentos de Flandes y fraguó su viaje á aquellos Estados.

Dice el historiador Lorenzo, en el Epitome de D. Felipe el Prudente (fól. 163); efc P. Juan de Mariana, en el sumario de su Historia (año 68), y el doctor Salazat de Mendoza , en el Origen de las dignidades de Castilla (lib. 4.°), que fué invitado además por el emperador de Alemania, que le ofrecia la mano de su hija la infanta doña Ana. Felipe II, luego que tuvo la noticia de esta oferta, envió al duque de Alba con numerosas fuerzas, para someter á aquellos paises á la debida subordinacion.

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