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Dla 19.

Asi como nuestros monarcas acudieron siempre á evitar los escollos y peligros á que estaban espuestos sus vasallos con el continuo trato de los judios, asi tambien los prelados de la Iglesia no omitieron diligencia alguna para mantener la pureza del cristianismo á la orilla de tan rebelde gente y en medio de unos tiempos calamitosos y corrompidos.

Presentarémos un documento muy apreciable á favor de esta verdad, en las constituciones que se ordenaron contra ellos en el concilio provincial de Zamora á 1 1 de enero de 1313, por D. Rodrigo, arzobispo de Santiago y canciller del reino de Leon, con los obispos sufragáneos de las iglesias de Coria, Ciudad-Rodrigo, Plasencia, Evora y Avila. Muchos de los estatutos que acordaron, fueron confirmados despues por los reyes, y de varios hicimos mencion en los que publicó D. Juan el II, relativos á separar en lo posible la comunicacion entre los cristianos y judios, privar á estos de ciertos oficios y de toda dignidad ó empleo honorifico, usuras y otras cosas. Se hallan, sin embargo, algunas ord nanzas dirigidas únicamente al bien de la religion, y que acreditan el ardiente celo de estos sábios prelados. Tal es la de que no pudiesen los judios andar en público desde el miércoles de tinieblas hasta el sábado santo, y que todo el dia del viernes tuviesen cerradas sus puertas y ventanas, para que no hiciesen escarnio de los cristianos, que andaban doloridos en memoria de la pasion de Jesucristo: que los domingos y demás fiestas no trabajasen en público; y que las sinagogas que habian reedificado con suntuosidad, las volviesen al sér y estado que antes tenian. Es muy propia del siglo XIII la autoridad con que sobre este particular mandan los alcaldes y justicias ordinarias, que si dentro del plazo asignado no echaban por tierra los judios las dichas sinagogas, pasasen ellos por si á ejecutarlo y cum-plirlo. Acreditase tambien el exacto cuidado de estos prelados á favor de los derechos de su peculio por el estatuto X, en donde disponian que no escusasen diezmos de sus heredades, y el aniversario ó pequeño tributo de las casas de su morada, que debian pagar los cristianos antes que ellos pasasen a poseerlas.

Como estas constituciones fueron ordenadas poco despues del concilio vienense general XV, se hace distinguido lugar entre ellas la decision de Clemente V, por quien fué congregado y presidido, acerca de los hebreos, mandando que se cumpliesen en sus diócesis y provincias en todo y por todo, y que asi no pudiesen estos usar de privilegios que hubiesen ganado de reyes ó principes para no ser vencidos en juicio por testimonio de cristianos; pero previnieron que no obstante valiese tambien el testimonio de judio contra judio, mas no contra cristiano, ni otro algun acto legitimo; pues cualquiera que en esta parte u otra quisiese preferir al judio, incurriria-desde luego en las penas y maldiciones contenidas en las ordenanzas. Parece asignarse por una de las causales del ódio contra esta nacion, la ingratitud con que .correspondia á los beneficios y mercedes, dando el galardon, segun dice el concilio, que da á su huésped elmur en esportiella, et la serpiente en el regazo, et el fuego en el seno.

Por último, este concilio fué celebrado en el que se llamaba monasterio de Santo Alifonso de los Freires Predicadores de la referida ciudad de Zamora, firmado por los obispos mencionados y por los notarios Ferrant Guerrero, Alfonso Miquel y Roy Ferrandez, y sacada su copia en el presente dia 19 de julio.

Dia 20.

Tenia Alonso XI poco más de un afio, cuando la muerte de D. Fernando, su padre, colocó en la mas critica situacion el reino, é hizo balancear la corona de su tierna frente. La abuela y los tios pretendieron al punto adjudicarse el derecha de su tutoria; y como cada uno se creia dueño, ocasionaban innumerables estorsiones y perjuicios. Por otra parte, los ricos-hombres y poderosos median su autoridad con sus recursos, y asi solo aspiraban á engrandecerse y aumentarlos. \

No obtenian menor valimiento los prelados y alcaldes, ni sus deliberaciones causaban menos influencia en los intereses de la monarquia.

Los procuradores de las ciudades y villas sostenian con vigor sus respectivos fueros y privilegios, y unos y otros contrarestaban la superioridad de los tutores. En medio de este desórden general, vino á contener una desolacion absoluta y casi irremediable la célebre concordia y hermandad de que ya dimos puntual noticia, fenecida despues de tres años en las Córtes de Burgos de 1315. Sin embargo, no quedaron los prelados y obispos tan satisfechos de ella, que no se rehusasen á aprobarla y firmarla con todo empeño.

El mas numeroso partido no habia llenado todas las intenciones del estado eclesiástico, y asi, reunido este, deseó proporcionarse nuevas ventajas. Consiguiólo en efecto, pues sus peticiones fueron oidas y favorablemente despachadas por la reina y demás tutores antes de disolverse las Córtes, bien que el cuaderno no se despachó ni firmó hasta el dia de hoy 20 de julio del mismo año, hallándose ya el rey en Valladolid. Como los prelados estaban resentidos y celosos del poderio de los ricos-hombres y caballeros, las más de sus propuestas se dirigieron á cercenarlos. Asi es que al tenor de ellas se les mandaba: que ningun derecho percibiesen de las iglesias y monasterios, de los que solian por razon de yantares, posada , muias y vasos, reservándose el rey, para cuando saliese de la menor edad, proveer, como lo hizo, lo conveniente á su arreglo : que restituyesen los despojos hechos, con especialidad á los obispos de Palencia, Calahorra, Badajoz, Leon, y al monasterio de San Fagunt, y quede alli adelante, si los ricos-hombres pretendiesen tener algunos derechos sobre las iglesias ó sus bienes, demandasen justicia y no se entrasen en ellos de autoridad propia, ni menos por razon de las deudas de sus vasallos; y que de lo contrario, los merinos, jueces ordinarios y aun pesquisidores de la corte pasasen á desposeerlos. No se contentaron los prelados con abatir el orgullo de los poderosos: ocupó una gran parte de Fus solicitudes el mirar por su propio aumento y felicidad.

Asi pidieron y obtuvieron la confirmacion de todos sus antiguos privilegios y otras muchas exenciones, como que las justicias no entrasen en sus lugares y territorio sino para el cobro de las deudas de los judios: que en ellos no alzasen fortalezas los ricos-hombres antes de derribarse las hechas desde D. Alonso el Bravo: que no pagase un concejo los pechos reales ni fianzas del otro, aunque ambos perteneciesen al dominio de una iglesia misma; y que se restituyesen las casas y posesiones compradas de las dichas iglesias y monasterios, bien que sobre esto se oje

se á las partes. Finalmente, como la referida hermandad no le era muy favorable, no pudieron desentenderse de ella los prelados, solicitando su revocacion en cuanto se opu"siese á sus exenciones y libertades, lo cual les fué acordado en la última respuesta. Este documento, que proporciona la mas cabal idea del estado de nuestros eclesiásticos en aquel tiempo, fué en la mayor parte confirmado y aun ampliado por el mismo rey D. Alfonso, luego que salió de la tutela, en las Córtes de Valladolid, año de 1326.

Día 21.

El ordenamiento de los prelados contra los judios en Zamora no parece tuvo todo el efecto deseado por parte de estos, pues vemos en uno de los cuadernos que se espidieron en las Córtes formadas en Búrgos para el arreglo de tutorias, y señaladamente en el dirigido al concejo de Pancorbo, algunos establecimientos diferentes de jos que por aquel se prevenian. Uno de ellos es el que valiese el testimonio del judio de la misma suerte que el del cristiano en las causas civiles y de contratos, segun costumbre, y que se les guardasen sus privilegios aun en las criminales, segun el tiempo de D. Alfonso, salvo en los lugares donde hubiese fuero de matar al homicida, que debia cumplirse. Las leyes de la humanidad exigian verdaderamente que se les tratase como miembros de la república. Asi vemos que en la concesion hecha á los eclesiásticos, de que los merinos no entrasen á juzgar en sus lugares privilegiados, se prevenia espresa- mente que pudiesen hacerlo para el reintegro de deudas de los judios; pues sin el abrigo de la jurisdiccion ordinaria, se consideraba dificil ó impracticable. Hállanse insertas en este cuaderno las ordenanzas de D. Alfonso y D. Sancho, relativas á los contratos y usuras de los judios, donde tambien se especifica: que los alcaldes las entrasen en posesion de los bienes de los cristianos y sus fiadores, para pago de deudas que legitimamente hubiesen contraido á su favor, y procediese, aunque para escusarse de dicho pago mostrasen bula ó decreto pontificio. A más de estas disposiciones acerca de los judios, se contienen en los mencionados cuadernos otras muchas que tratan sobre asuntos de pastos y cañadas, rentas reales, salinas y privilegios de los monteros y monederos, derechos de los infanzones, hidalgos y caballeros y exenciones de las ciudades y concejos.

Entre ellas son dignas de notarse las que prevenian que no se enagenase la jurisdiccion real á los infantes ni ricos-hombres, y que solo la tuviesen los merinos mayores en Castilla, Leon y Galicia, y los adelantados en la frontera y en el reino de Murcia: que estos tampoco pudiesen imponer pena de muerte sin aprobacion y juicio de los merinos menores ó alcaldes de la villa, y segun su respectivo fuero, ni aquellos tomar bagajes en los pueblos de realengo, sin pagarlos primero: que el rey ni sus tutores tomasen vianda sin pagarla: que se guardasen los privilegios á los lugares que los tuviesen, acerca de no poder comprarse sus términos y posesiones, ó revocarse devolviendo el tanto: que asimismo seles restituyesen por los infantes y ricos-hombres las que contra derecho se les hubiesen tomado; y, por el contrario, los concejos no pudiesen ser desapoderados de los bienes y heredades que hubiesen comprado á las dueñas é hijos-dalgn. Con el referido cuaderno que se dió á la villa de Pancorbo á continuacion de las famosas Córtes de hermandad, se halla otorgada y confirmada esta por lo respectivo á su concejo; y los más de los capitulos que abraza, tienen la particularidad de estar ordenados por peticiones sin respuestas. En uno de ellos se confirmaron tambien á Ledesma las aldeas de Pena y Villarino, Dar, Muza y Aldea de Avila.

En otro se decia, que asi Ledesma, como Béjar, Montemayor, Miranda, Granada, Galisteo, Alba y Salvatierra, que en tiempo de D. Fernando, el conquistador de Sevilla, habian sido reales, volviesen á la corona del poder del infante D. Alfonso, hijo del infante D. Fernando, y de don Pedro, que se llamaba hijo de D. Sancho, y que ni á estos ni á otros infanzones, ni caballeros naturales ni estraños, pudiesen jamás enagenarse. Por último, fué solicitado este cuaderno en el dia de hoy 21 di julio de 13)5, fecho en Búrgos y sellado con el sello del rey y de los tutores.

Dia 22.

Cuanto mas grande es el derecho que ejerce el soberano sobre el honor y la vida del yasallo .tanto mas debe interesar su atencion el uso y ejercicio de este au

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