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y alhamies para el reparo de sus casas, jornaleros para sus cosechas, pastores ú hortelanos, con tal de que estos tampoco comiesen con ellos, ni durmiesen en sus casas. Otros capitulos contenian el arreglo de sus trages, moderando su profusion y circunscribiéndoles á ciertas especies y otros distintivos. Es particular el estatuto de que ninguno á sabiendas se llamase Don, pena de 500 mrs. Por otros se les prohibia el que pudiesen ser especieros, cirujanos, sastres, ni que vendiesen otros comestibles fuera de sus frutos; pero si las mercaderias en las ferias y lugares, con condicion de que se fuesen á dormir á sus barrios 6 juderias.

Pr.ihibiaseles tambien el que pudiesen ser corredores ó cambiantes, llevar más armas que los cuchillos indispensables para la comida, visitar á los cristianos en sus enfermedades, ni enviarles medicinas, otros presentes ó dádivas.

En este cuaderno se comprendia igualmente el estatuto que corresponde á la ley 1.a, tit. 2., lib. 8 de la Recopilacion, de que si alguno queria tornarse cristiano, no pudiese ser impedido por persona alguna. Por último, se confirmaron las leyes relativas al asunto de Juan I, de que ninguno dijese, ni tuviese en sus libros la oracion en que se maldice á los cristianos, prescrita en su Talmud; que no pudiesen los rabinos ni adelantados juzgar sus pleitos criminales, y que ninguno se tornase judio, pena de quedar cautivo, juntamente con aquel que lo sedujese ó procurase. Todas estas leyes eran penales, y las dos terceras partes se aplicaban al fisco, quedando lo restante para el denunciador; pero se prohibia que ninguno por si pudiese exigirlas hasta que el juicio estuviese decidido, y la mayor parte de ellas fueron confirmadas por la pragmática de 1442, que espidió el mismo rey D. Juan II.

Dia 17.

Continuando los Reyes Católicos en favorecer á los vecinos de Cáceres, antes de partir para Trujillo, en el dia 17 de julio dsl año 1479 hicieron otras ordenanzas para la conservacion y buen régimen de aquella villa. Habiaseles representado por parte de los vecinos y labrado res, que algunos caballeros principales tenian arrendadas las dehesas públicas de Zafra y Zafrilla por cino años adelantados, y en menos que su justo valor, y contra el uso y costumbre que habia de pagar al concejo por cada yunta que en ellas labrase, 100 mrs., lo cual redundaba en gran perjuicio del comun de vecinos y labradores ; por lo que pidieron se llevase á efecto la justa costumbre, y que los dichos maravedis de renta se invirtiesen en desempeñarlos propios. Habia de representar asimismo la justicia, regidores y otros vecinos la continua cuestion que se suscitaba en órden al arreglo de penas para los ganados que entrasen en las dehesas y pastos agenos, dimanada principalmente de que los dineros con que se establecian en su antiguo fuero no tenian determinado valor en la moneda corriente, pretendiendo unos que debian entenderse de oro, otros que de plata, y siempre el causante del daño menos que el dueño de los pastos; por lo que pidieron declaracion de la suma á que correspondian, y un efectivo arreglo de penas.

Se suplicó además por el Alharna y judios de aquella se remediase el conocido agravio que toleraban en los pueblos y repartimientos, pues esponjan entre 130 judios casados casi tanto como los 2,000 vecinos restantes que formaban su poblacion.

Ultimamente, el procurador Diego de Torres, de quien hablamos en las famosas elecciones, representó que no se le permitia por los regidores dejar, cuando iba fuera, otra persona hábil en su lugar, que asistiese al ayuntamiento y mirase por el bien comun; y que los dichos regidores decian tener facultad para gastar los propios del concejo, hacer ordenanzas, establecer cotos, arreglar penas y repartir tributos, pasando á las elecciones de alcaldes y otros oficios sin contar con él, y disputándole toda autoridad; por lo cual pidió se declarase la que le correspondia, y os asuntos en que debia mezclarse, y que se diese el mas portuno remedio á los grasisimos daños que esppnia. Vistas por los reyes en su consejo todas estas peticiones, y precedido el informe de Garcia Franco, su contador mayor de rentas, y del mismo consejo, á quien cometieron para que examinase y tratase la materia con los diputados, regidores y procuradores, acordaron hacer varios estatutos comprensivos de todos los particulares espuestos.

Primeramente, por lo respectivo á las dehesas, ordenaron: que si la villa quisiese desempeñarlas por repartimiento ú otro cualquier modo, pudiese obligar á ceder á los arrendatarios con el reintegro de su principal y un 10 por 100 más de mrs. por razon del daño que padecerian, tanto por el valor de la moneda en que pagaren, cuanto por la dilacion de la paga: que asi desempeñadas las diesen á labrar, ó por frutos ó por renta, de cuatro en cuatro años; y, siendo en renta, se diesen i O reales de plata al año por cada yunta; que los regidores pudiesen tambien tomarlas por si con obligacion de su desempeño, bajo la pena de 50,000 mrs., y por dos labores, segun el suyo; y que se demarcase el terreno para saber las yuntas que cabian, y de todo se pusiese y llevase razonen un libro del concejo.

En cuanto al arreglo de propios, dispusieron: que el mayordomo diese cuenta todos los años ante dos escribanos, regidores y procuradores de la villa sobre la inversion de caudales, en cuyo dia comiesen á costa de ellos, pero no en otro, aunque las cuentas no se finalizasen: que iguales cuentas se diesen de tres en tres años á presencia de cuatro hombres del comun, para que á todas las clases constase la distribucion dedichospropios: que no pudiesen los regidores, sin espma órden real y acuerdo de los vecinos, vender ni enagenar la menor cosa de ellos, ni arrendarlos más que por un año, so pena de privacion de oficio y confiscacion de la tercera parte de bienes; y que los fondos de los tales propios, una vez desempeñados, se destinasen al pago de salarios de oficiales, de reparos de cercas y muros, y demás pertenecientes al real servicio.

En órden á la pena de los ganados que entrasen en agenos pastos, establecieron que cada cabeza de ganado, no pasando de 25, pagase por cada vez cuatro maravedises; llegando á 35, una cabeza, y que cada cabeza del vacuno adeudase un maravedi en cada vez. Por lo tocante á la queja de los judios, dispusieron que, habiendo caudales de propios, no se hiciese repartimiento alguno; pero en caso de hacerse, fuese con la precisa asistencia de la justicia, regidores, procuradores del concejo y comun y de un judio de la Alhama de aquella vi.la, para que todos viesen cómo se ejecutaba, y que á ninguno se perjudicase, sin cuyos requisitos fuese nulo el acto.

Por último, se decidió el cargo del procurador que habia de asistir á los consejos, para ver el que se acordaba, pero sin voz ni voto; mirar por el bien comun de los vecinos y contradecir el agravio que entendiese hacérseles, tomándolo por testimonio, para hacer los convenientes recursos, y para cuando no asistiese á los dichos consejos por ausencia ó enfermedad, pudiese nombrar persona idónea en su lugar de cuatro en cuatro meses, sin quitarla hasta que fuesen cumplidos. Estas ordenanzas y fuero municipal se firmaron por el rey y la reina, Juan Ruiz del Castillo, su escribano, y Garcia Fernandez Manriquez y el doctor Garcia Juana, en privilegio que espidieron en Valladolid en el dia de hoy 17 de julio de 1527, sellado con su sello de plt mo pendiente en filos de seda, y refrendado por el doctor Galindez de Carvajal y otros muchos señores confirmantes.

Dia 18.

La ilustre villa de Cáceres, una de las principales de España en la provincia de Estremadura, cuenta su antigüedad desde el cónsul Quinto Metelo, el año 74 antes de Cristo (segun los historiadores). Esta antigüedad, y los grandes privilegios y mercedes con que la enriquecieron varios monarcas, conservados en su archivo hasta un fatal incendio ocurrido, suministran ideas nada despreciables á la historia. Poblóla el rey de Leon D. Alonso el IX, su conquistador, en el mes de abril del año 12¿9, concediéndola á los cristianos arrojados por los moros, y dando á losfreyres de espada que la demandaban, en trueque y cambio de ella, á Villa Fabila y Castrotoráz con 2,000 mrs.

Asimismo la concedió fuero, la asignó términos y la distinguió con singulares prerogativas y concesiones. Una de ellas fué el que tuviese una feria anual durante los úllimos quince dias de abril y los quince primeros de mayo, en cuyos dos meses concedió seguridad á todos los que quisiesen asistir á ella, de cualesquiera secta, estado ó condicion que fuesen. Pero reconociendo el concejo de Cáceres las pocas ventajas y utilidades que se le seguian de esta concesion, porque el dilatado tiempo que duraba retraia á los concurrentes de permanecer con notables dispendios, representó al rey de Castilla D. Alonso X, que seria mucho mas útil á la villa el que el término de un mes asignado para la dicha feria se dividiese en dos plazos, de suerte que hubiese dos ferias, y el rey vino en concederlo, señalando para el primer plazo ó primera fe ria les ocho dias con que finalizase el mes de abril y lo s ocho dias con que empezase el de mayo; y para la segunda, los quince consecutivos al dia de San Andrés. La carta ó privilegio se espidió en Búrgos, hoy 18 de julio de 1276, suscrita por Juan Fernandez, secretario del rey. Otras muchas franquicias se contenian en dicho fuero primitivo, concedido por D. Alonso IX á favor de la villa, como que en sus términos no se poblase sin su consentimiento: que sus vecinos no pagasen los derechos de montazgo y pedagio: que el caballero que tuviese caballo de cuantia de I3 ó más maravedises no pechase muros ni torres ni otra cosa alguna: que en ella no hubiese sino dos palacios, uno para el rey y otro para el obispo: que la casa del cura que el rey pusiese, gozaselas mismas exenciones que su palacio; y en fin, que ninguno de cualquiera calidad ó condicion que fuese á poblarla, respondiese de enemistad, deuda, fianza ni otra obligacion. Es muy digno tambien de mencionarse, el que las órdenes y los de la cogulla fuesen e-presamente escluidos de este privilegio de poblacion, mandando que el concejo tomase las raices que algun vecino les hubiese enagenado on su término, y dando por nulas las mandas que se les hiciesen de tales raices; « porque asi como á ellos (decia el rey) su órden prohibe darnos heredad, venderian obligarla en prendas, asi á nosotros el fuero y la costumbre nos prohibe esto mismo con ellos.« Tampoco debe omitirse la fórmula y juramento que hizo la villa, representada por doce hombres buenos, que, levantadas las manos, prometieron ser fieles y obedientes al mencionado rey de Leon D. Alonso IX y á sus hijas doña Sancha y doña Dulce; á que correspondió el mismo rey, jurando de no enagenar la villa, sino mantenerla para si y sus hijas, y despues para la Real Magestad de Leon. El santo rey 1). Fernando, su hijo, confirmó é insertó este fuero que espidió en forma de privilegio rodado, juntamente con la reina doña Beatriz, su mujer, y sus hijos D. Alonso, D. Federico, D. Fernando y D. Eurico, y con beneplácito de su madre la reina doña Berenguela, hallándose en Alba de Tormes, á 12 de marzo de 1231. Estaba firmado del rey y confirmado encima de la rueda por el infante Alonso, su hermano , y debajo por su canciller Juan, abad de Valladolid, y en las columnas por varios prelados y señores.

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