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tuy«sen lo que por este titulo hubiesen percibido; y el rey mandó que el doctor Tello, de acuerdo con el obispo de Palencia, diese las providencias oportunas en órden á remediar este abuso. La comision dada sobre este particular á ambos sugetos fue ostensiva á otros comprendidos en las peticiones 3.a y 4.a Por ellas esponian los procuradores del reino las grandes opresiones y agravios que hacian en los pueblos los comisarios tesoreros y predicadores de la Cruzada, y las grandes amenazas y censuras que imponian, especialmente en las aldeas, deteniendo los vecinos en las iglesias dos y tres dias para oir los sermones, sin permitirles salir de ellas á ganar su sustento en las respectivas labores, para inducirles á tomar las bulas, á cuyo fin los iban tambien examinando por las calles, prescribiendo á los que hallaban ineptos la pena de que las tomasen, y conduciéndolos presos por los lugares con los alguaciles y ejecutores que á este efecto llevaban.

Igualmente se quejaban de que los exigian ciertos derechos por la presentacion de testamentos, en lo cual usaban de las mismas violencias, y que daban por inciertas las mandas que, en sentir de teólogos y juristas, eran muy valederas. Otras quejas deducian acerca del entrometerse los comisarios en componer las usuras contra lo publicado, cuyo cumplimiento pedian, añadiendo, que el trato más licito lo tendrian y colorearian por tal usura, y en que se mandó dar la competente providencia para su remedio. De todas estas quejas y peticiones se hizo despues ámplia mencion en las Córtes de Valladolid por el emperador y la reina doña Juana, año 1524, y nacieron las disposiciones legales que quedan insinuadas.

Oia 13.

Uno de los que asistieron y entraron en suerte en la famosa eleccion de regidores de la villa de Cáceres, de que queda hecha mencion, fué D. Gomez de la Rocha Solis, hijo-dalgo muy principal de aquella villa y comendador da la órden de Santiago. Este caballero,' que se le denominaba continuo de la casa de los Reyes Católicos, obtuvo de ellos una merced de 8,000 mrs. por juro de heredad, para los que espidieron cédula en Tarazon« é 6 de marzo de 1484. Esta merced no lo fué propiamente tal, sino confirmacion de la que antes habian hecho los mismos reyes á Alonso de Quintanilla, su contador mayor, sugeto bien celebrado en las historias, y aprobacion ó validacion de la renuncia que á favor de dicho caballero hizo Diego de Quintanilla, hermano de Alonso y sucesor de este titulo. El censo se hallaba impuesto sobre los derechos de las escribanias de la propia villa, pues cada escribano por su razon estaba obligado á contribuir al concejo con 1,500 mrs. al año. De aqui se colige que, aunque por la reina doña Isabel se hizo nombramiento de un escribano no más para la villa, esto se entiende para su ayuntamiento, y que asi quedaron otros que sin esta prerogativa pudiesen usar, como en la actualidad, su oficio, pagando la determinada pension al ayuntamiento espresado.

Ignórase el origen de esta contribucion; pero se sabe que los escribanos pretendieron repetidas veces eximirse de ella; y aunque D. Gomez de la Rocha tenia alli fundado el capital de su juro, que importaba 8,000 mrs., no les hizo oposicion alguna, sino á la villa; por lo cual es de creer, que cuando el referido Gomez percibia esa cantidad , y que cada escribano no estaba obligado á dar más que 1,500, no habria escasez de escribanos en la villa, cuando esta siguió contra ellos los competentes recursos, que verosimilmente no haria, si no fuese la mas interesada. En efecto, obtuvo á su favor, á pesar de todos los esfuerzos de los escribanos, dos sentencias conformes de la cnancilleria de Granada, en que se declaró que debia apremiarlos al pago de los referidos maravedises; y habiendo causado ejecutoria la segunda sentencia, se libró la competente provision por la misma cnanciileria en el dia de hoy 13 de julio del año 1590.

Dla 14.

Procediendo el rey D. Juan II con iguales sentimientos de justicia y humanidad á favor de sus vasallos, en órden á lo que tenia prometido en las Córtes de Madrid del año 1419, luego que temó el gobierno de sus reinos, á saber: en el espaciode veinte años no haria merced alguna sin urgente causa y acuerdo de los de su Consejo (segun se dijo antes, y por las razones que se espresaron tambien en otra ocasion), aun despues de pasados los veinte años, en que, por decirlo asi, le quedaba libertad para estenderse á su arbitrio en las concesiones y privilegios, vemos confirmada su resolucion en las ordenanzas que estableció para el arreglo de su Consejo, en el dia 14 de julio de 1442. Entre los varios estatutos sábiamente dispuestos para este arreglo, obtiene el primer lugar una disposicion tocante á las dichas mercedes y gracias. Por ella prevenia el rey, que las que quisiese hacer no las haria sin acuerdo de todos ó la mayor parte de los que para ello formasen parte de su Consejo, y por acatamiento del rey de Navarra y del infante D. Enrique, maestre de Santiago, sus primos, siempre que alguno de ellos asistiese en la córte, los cuales, segun él mismo mandó, debian ser contados en el número de los de dicho su Consejo. Reservóse, sin embargo, el derecho de poder hacer mercedes ó mantenimientos en cuantia de 60 mrs. en las lanzas, cuando vacaren por muerte, renunciacion ó privacion, y con tal que no escediesen de cuatro; pero antes, si la vacante fuese en las lanzas y demás mercedes, tampoco se proveeria sin acuerdo de su Consejo. Declaró tambien que no se escediesen las referidas disposiciones á las dádivas de cada dia, con tal que estas tampoco escediesen de los6,000 mrs., ni menos escediesen á los oficios menores de su casa ni á las limosnas, mantenimientos y vestuarios de los reales oficios. Lo mismo estableció y declaró por lo respectivo á las lanzas que vacaren de padre á hijo legitimo, y dádivas de caballos, muias, ó ropas, pues todo ello lo podría conceder sin la anuencia del Consejo. Por lo respectivo á la reina y al principe, declaró ser una misma cosa con él; esto es, para que pudiesen hacer iguales donativos y mercedes; pero además quiso y ordenó que cada uno de ellos tuviese separada voz en el Consejo. Estas ordenanzas ó leyes se publicaron en Valladolid á presencia del rey y de la reina su mujer, y sus primos D. Juan y D. Enrique, el almirante D. Fadrique, mayordomo mayor, Rui Diaz de Mendoza y otros grandes obispos y doctores, todos del Consejo, como tambien con asistencia de los procuradores de Burgos, Leon y Murcia.

No debe omitirse el juramento que, empezando desde la reina y rey de Navarra, hicieron todos, de aconsejar fielmente al rey, pospuesta toda afeccion y parcialidad, y de no llevar dones ni dádivas; cuyo auto firmaron como testigos los secretarios Diego Romero, Bartolomé Ruiz y Fernando Yañez de Xerez.

Dia 15.

Al largo reinado de D. Juan el II, y á su carácter decidido, se deben los estatutos legales y gubernativos que motivaron en aquel tiempo una fermentacion prodigiosa de elhis; pero las varias sediciones en que tuvo bastante que sufrir hasta su propia persona, y de que fué principal origen la privanza de D. Alvaro de Luna, comprueban qne no es la multiplicidad de leyes lo que afianza la tranquilidad del ciudadano ni los derechos del trono.

Sin embargo, estos documentos inéditos que una mano cuidadosa trasladóá nuestros dias, aunque no formen decision alguna, contribuyen por lo menos á ilustrar la parte histórica de la legislacion en los diferentes puntos sobre que versan. El perseguir y castigar á los delincuentes fué siempre uno de los cuidados mas graves á fin de conservar la seguridad pública, y uno de los mas sagrados derechos inherentes á la suprema potestad.

Disponia la ley del fuero, que los malhechores que no estuviesen dentro de la jurisdiccion fuesen emplazados por tres términos de á treinta dias cada uno, para que se hubieran por tales en rebeldia. Hasta la pragmática de los Reyes Católicos en Alcalá, año de 1503, no se halla en nuestros códigos disposicion que innove; pues aunque los mismos en Toledo, año de 1480, ordenaron los plazos de tres en tres dias, solo se entendió para con los delitos cometidos en la córte, ó de que sus alcaldes conocieran. Tenemos, pues, relativa al particular, una provision ó carta de D. Juan II, su fecha en este dia 15 de julio de 1437, acordada y registrada en el Consejo, refrendada por D. Fernando Diaz de Toledo, su secretario y oidor, y dirigida á los alcaldes, oficiales y cuatro jueces de su córte.

En ella se hacia cargo el rey de la costumbre que habia en algunas ciudades y villas, de emplazar á los reos ausentes con solo el término de treinta dias en tres plazos de á diez cada uno; y considerando que este término, mas corto que el de los noventa prescritos en el mencionado fuero, era mas propio y oportuno para contener It osadia de los malhechores, que al abrigo de tan largos plazos se aumentaban y quedaban impunes, ordenó y previno que de alli adelante se estendiese á todas partes la referida costumbre de los treinta dias en tres plazos, pasados los cuales, fuesen tenidos por malhechores los rebeldes.

Dispuso tambien que por lo tocante á los delitos cometidos en la córte, aunque de dia se perpetrasen, pudiesen proceder y procedieran los alcaldes por via de averiguacion , pues para ello les daba desde luego la competente facultad, la cual despues amplió el mismo, aun contra las personas exentas y poderosas, segun se espresa en una ley de la Recopilacion.

Dia 16.

Cuando la constitucion politica del reino exigia como precisa la tolerancia de los judios, el celo de nuestros monarcas no cesaba de velar sobre su conducta, á fin de impedir en todo lo posible los perjuicios y malas consecuencias que podrian resultar de su trato y comunicacion. Es un monumento el mas relevante de esta verdad, y digno por tanto de la pública instruccion, el cuaderno de leyes y ordenanzas que para ellos estableció D. Juan el II en la villa de Cifuentes, en el dia de hoy 16 de julio de 1442, y en su nombre el rey de Aragon, como tutor y administrador de los reinos. Entre los varios estatutos que comprende, se disponia en primer lugar, que en las ciudades y villas donde hubiese judios, se les destinase precisamente un cepo ó barrio aparte, atajado y cerrado con una sola puerta para la comunicacion de todos, en el cual habian de morar dentro de un año desde el dia en que les fuese asignado, pena de perdimiento de sus bienes, y otra corporal á arbitrio del rey.

Ordenábase tambien, que ninguno de ellos pudiese co-^ mer con los cristianos, salvo en caso de necesidad: ni cristiana alguna fuese á sus circulos ó barrios, pena á la casada de 200 mrs., á la soltera ó amigada perdimiento de la ropa que llevase, y á la mujer pública de cien azotes y destierro.

Igualmente se establecia que no pudiesen tener ninguna clase de sirvientes cristianos, escepto los carpinteros

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