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eran conocidos los guardias de honor. Es indudable que el privilegio de que gozan se deriva de algun servicio prestado en favor de los reyes de Castilla por ciertos vecinos de la villa de Espinosa ó de los pueblos de Truey y Quintanilla, que estan próximos á ella en la montaña, y que, asi como otros de atli mismo, tenian y acaso conservarán señalados fueros: entre otros es el de la custodia de los soberanos de España de noche en sus alcázares régios, permaneciendo á la entrada de sus reales cámaras. Opinan algunos que se llaman monteros porque D. Sancho llevaba este apellido; y segun otros, porque recibió el conde aviso de su madre acerca de la conjuracion que contra él habia, hallándose en un monte; pero los mas eminentes criticos convienen, que se denominan asi porque todos 'on naturales de los pueblos de aquella montaña- El número de los cinco monteros instituido por don Sancho, recibió aumento en el reinado de D. Alonso el Bueno el de las Navas, al tiempo de hacerles confirmacion de un notable privilegio, en que da la antigüedad á los naturales del solar que pobló el mismo D. Sancho, y á los del barrio de Durrueza, cuya informacion rigurosa la verificó por órden del rey el abad de Oña D. Rodrigo, en la que invirtió cinco años.

El rey Felipe II, hallándose en el real sitio de San Lorenzo á 23 de febrero de 1517, exigió por su real decreto que los monteros fuesen hijos-dalg» y de familia conocida en Espinosa, que no hubiesen ejercido oficio mecánico ni servido á ningun señor, y que tuviesen la edad de 25 años. Su ministerio consistia antiguamente en hacer tres veladas en palacio, recogiendo al amanecer el hacha nocturna con el candelero de plata, entregándolo al que tenia las llaves del Tesoro. Todas las noches registraban la cámara del rey, y si hallaban alguna persona escondida, podian datle muerte. Cuando el emperador Cárlos I estuvo en Barcelona, hubo diferencia entre los monteros y los arqueros de Borgoña por conservar sus exenciones, decidiéndose en pró de los primeros, y conservando el privilegio de la guardia nocturna, aunque los soberanos se retirasen á algun monasterio ó quinta. Tambien acompañan el cadáver de los reyes, permaneciendo junto al féretro hasta el acto de hacerse la entrega en la capilla ó panteon real. Su número ha sufrido alteraciones, segun el personal de principes que han tenido que custodiar, como sucedió en los reinados de Cárlos I, Felipe V, y en la regencia de S. M. la reina doña Maria Cristina. Despues de cerradas las puertas de palacio, á la primera hora llamaban vela, á la segunda modorra, y á la tercera alba, turnando ellos en las tres guardias. Esta clase es una de las mas fíelos de cuantas sirven á nuestros monarcas, sin poderse referir un solo hecho que eclipse sus relevantes méritos.

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Uno de los medios de que se valieron antiguamente nuestros soberanos para fomentar la poblacion en aquellos pueblos que por motivos particulares quisieron honrar y favorecer distinguidamente, fué concederles que enciertas temporadas del año pudiesen tener feria franca, esto es, que fuese permitido á cualquiera concurrir á vender y comprar todo género de mercaderias, en cualquiera especie que no fuese vedada la venta, aunque el vendedor y comprador no contribuyesen al fisco de modo alguno. Esta gracia dimanaba inmediatamente de la soberania, y en tanto grado era propia, que por mucho tiempo se disputó á los señores territoriales, principalmente cuando fundados en nuestra antigua constitucion feudal, y conociendo las muchas utilidades que de las ferias francas se seguian á sus pueblos, empezaron á concederlas como medio oportuno de aumentar su poblacion. Nótase muchas veces reclamada en las Córtes esta regalia, oponiéndose el reino á que usasen de ella los particulares, por ser privativa del soberano. Sin embargo, son muchos los lugares que las habian obtenido en su principio de sus mismos señores jurisdiccionales, tolerando los reyes estos hechos, por conocer el bien general que producian en los primeros siglos de la repoblacion; pero no faltan ejemplares en abundancia de no haberlo permitido, siempre que resultaba perjuicio de la corona, como sucedia cuando, concedida esta gracia á los lugares,se despoblaban los del realengo. Era consecuencia tambien de estas mercedes, el asegurarse las personas y bienes de los concurrentes á las ferias durante los dias de su celebracion; de suerte que los caminos que iban al pueblo desde cierta distancia, estaban rcFgiKiidados absolutamente por las disposiciones que daban las justicias para estos fines, y ninguna de las personas que venian á vender ó comprar podia ser citada en juicio, verificándose una especie de vacacion de tribunates por todo el tiempo de la feria. Prohibiase tambien todo motivo de disturbio, contienda ú ofensa entre los vecinos, castigándose con penas graves, segun las que imponia el fuero municipal á semejantes escesos en toda especie de provocacion. Del mismo modo no era permitido embargar cosa alguna por deuda ú otra razon, salvo por obligacion ó contrato hecho en la feria. Con estas y otras condiciones de salvedad, seguridad y franqueza,concedió el rey D. Alonso XI feria franca de 15 dias 6 h ciudad de Búrgos, empezándose en el de San Juan de junio. Esta gracia la firmó el rey en Madrid en este dia28 de noviembre de 1339; y como siempre recaia sobre algun mérito particular contraido por los pueblos, señaló en el privilegio el de haberse celebrado su coronacion '«n aquella ciudad.

En este día del año 1592, se puso la primera piedra para edificar en un sitio llamado del bajo Abroñigal, el convento de religiosos Agustinos Descalzos ó Recoletos de esta coronada villa, cuya fundacion pretendió llevar adelante la ilustre señora doña Eufrasia de Guzman, princesa de Asculi • pero los muchos litigios que promovieron sus patientes, le impidieron continuarla, quedando suspendida la obra hasta el año de 1595,en qua la prosiguió el provincial de Castilla fray Pedro Manrique. Despues, en 1620, un lego del mismo convento, llamado fray Juan de Nuestra Señora de la O, que habia sido arquitecto antes de tomar el hábito, y padre del famoso fray Lorenzo de San Nicolás, que tanto nombre se granjeó tambion en la arquitectura, levantó los planos para la iglesia, que se conservó hasta hace pocos años en el paseo conocido por el de Recoletos.

En el año 1673, dotaron la capilla mayor é iglesia los magnificos Sres. D. Pedro Fernandez del^Campo , primer marqués de Mejorada y secretario de Estado de S. M. Católica el Sr. D. Felipe IV, y doña Teresa de Salvatierra, su mujer, cuyos bustos de mármol y en ademan de orar se veian dentro de dos elegantes ornacinas en el crucero de la mencionada iglesia (1), en la que habia

(1) Se cree que en la demolicion del convento fueron trasladados los huesos de ambos señares á la colegiata de algunos cuadros notables de Eugenio Caxesi, y en el interior del crnvento la preciosa pintura de la Cena, espresada por Mateo Cerezo. En una de las capillas del mismo templo se veneraba la devota efigie titulada del Santisimo Cristo del Desamparo, llamado vulgarmente ''e los Siete reviernes. Encardó la construccion de esta ine; limable figura del Divino Redentor en la Cruz D. Juan Fariñas, corregidor de Granada , al distinguido escultor don Alonso de Mena , quien lo aceptó poseido de una gran piedad y respeto, y se refiere que durante aquella obra sublime observó este afamado artista una vida ejemplar y penitente, consiguiendo con su primor y esmero presentar una bien concluida imágen, viva representación de la que describió el profeta.

Para formar el Santo Crucifijo, eligió el artifice una madera muy parecida al color de la carne humaua, procurando no teñirla con el pincel mas que en los sitios donde debia aparecer salpicada de sangre ó acardenalada. La cabeza la espresó elevada y traspasada de agud; s espinas, notándose en ella las señales de las heridas, los ojos casi eclipsados y levantados al cielo aii ademán de llamar á su Eterno Padre , conforme á las palabras Deus muns, Deus meus, interrogándole por su desamparo: los labiosde tan patética figura (porque aún se conserva) (1), se notan cárdenas y abiertos, tan perfectamente trazados, que casi parece que articulan; su desfigurado rostro se advierte angustiado; se le divisan los dientes y la lengua alzada como en el acto de hablar. En el cuello su le patentizan los nervios, denotando agitacion, fatiga por la postura violenta de los brazos, y las manos encogidas por el dolor vehemente de lug clavos. Levantado el pecho, significando ya la proximidad á espirar; las costillas tambien se le advierten con distincion, pues cada vez que el diestro escultor manejaba el buril y el escoplo, parecia escuchar los ecos del rey David; porqne los hueens, nervios, arterias y venas se le pueden contar con facilidad. La postura la tiene derecha, estribando los piés, clavados

Bínavarre en Cataluña, como patronato de los señores duques d3 Hijar.

(1) Por su congregacion, en una capilla de la parroquia de San José, en el convento del Cármen Descalzo. cada uno de por si .sobre otro maderillo aumentado al tronco de la cruz. Mena dió por concluida su obra al ilustre Fariñas, quien poseido de veneracion la hizo conducir á Madrid en hombros de sus criados, cuando fué nombrado corregidor de nuestra Tilla en 1644. El afamado artista «penas sobrevivió á su admirable escultura, con la que selló las diferentes que de su diestra mano tiene España en grande estima.

El convento de Recoletos heredó este tesoro, labrando para su culto una espaciosa capilla, en la que estaba enterrado el presidente del supremo consejo de Italia, don Espiritu Bonilla. Por la misma capilla se entraba á otra que hizo construir á sus expensas el célebre Alejandro Pico de la Almirándula, dedicándola á Nuestra Señora de la Consolacion y Correa: cuando falleció este ilustrado abate, fue trasladado á esta capilla con devota pompa fúnebre desde sus casas, que estaban donde hoy es el palacio de los duques d > Villahermosa, conocidas entonces por sus dorados ba'austres y rejas: fué depositado en la bóveda debajo del altar de San Antonio, donde tambien sepultaron al literato D. Diego Saavedra Faxardo. En la capilla mayor tenian su enterramiento los marqueses de Mejorada, y despues los duques de Hijar, especialisimos patronos. En este convento habia muchas preciosidades: entre otras era digno de visitarse el oratorio de Nuestra Señora de Copacavana, por su mucho adorno y riqueza, cuyo simulacro estaba cubierto de inapreciables joyas, y el camarin donde se veneraba aparecia cubierto de relicarios de oro, plata y pedreria. La imágen fué copia de la que habia en el Perú; la trajo á la metrópoli el comisario de Indias fray Miguel de Aguirre en 21 de noviembre de 1662.

Se refiere que la ilustre señora doña Teresa Centellez, nobilisima matrona, hallándose depositada en la bóveda de los patronos, en la que iba á ser enterrada al siguiente dia, se incorporó en el féretro donde estaba tendida, y que sobrevivió algun tiempo despues. De este incidente raro, segun dicen, hubo una pintura en aquel convento en tiempos antiguos. Tambien en la espaciosa huerta de esta casa se daba sepultura á los dependientes de la legacion inglesa que no profesaban el dogma católico.

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