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Dla 16.

En el año de 1425 celebró Córtes en Palenzuela et rey D. Juan II de Castilla, con motivo de haber llamado á los procuradores del reino para proponerles algunas cosas convenientes á la causa pública en las circunstancias de su Estado. Valiéndose de esta ocasion, lo» procuradores presentaron al rey un cuaderno con trece peticiones, en que si bien se leen reproducidas muchas de las concedidas en las Córtes anteriores desde su elevacion al trono, sin embargo, hallamos que en las presentes se pusieron en ejecucion mucha parte de ellas, que no habian podido antes tener efecto. Una de estas cosas, y casi la principal, fué el nombramiento de oidores y alcaldes,que el rey hizo en determinadas personas para su audiencia y cnancilleria, en que se hallan únicamente constituidos jueces de aquel tribunal los que eran letrados. Sobre este plan nombró oidores de la audiencia real á los doctores Juan Fernandez de Toro, Rui Garcia de Villalpando y Gonzalo Rodriguez de Villalpando, Juan Velazquez de Cuéllar, Juan Sanchez de Zuazo, y Pedro Garcia de Búrgos; y para alcaldes de la corte y chancilleria, al doctor Velasco Gomez, á los bachilleres Gonzalo Pantoja, Diego Diaz de Illescas, Gonzalo Garcia de Madrid, Alonso Fernandez de Leon, Juan Sainz de Peralta y Alonso Rodriguez de Valladolid. Dispuso que de los seis oidores, los tres primeros residiesen en la audiencia continuamente los seis primeros meses del año, y los otros tres, los seis meses restantes. La misma division de tiempo hizo en cuanto á los ocho alcaldes arriba nombrados; de suerte que siempre fuesen cuatro de ellos de precisa y continua asistencia. El rey previno á su canciller mayor diese cuenta cada año del cumplimiento de esta órden, notando el tiempo que cualquiera de ellos faltase, y se reservó á su voluntad la renovacion ó variacion de estos nombramientos.

Por último, reconociendo los inconvenientes que se seguian de mudarse la audiencia y chancilleria de un lugar áotro, como lo hacian los reyes, señaló por lugares ciertos y determinados para fijar este tribunal, la villa de Turuégano, en que estuviese seis meses.del año, y Griñon y Cubas para los otros seis meses, en consideracion de estar situados estos pueblos en parajes á propósito para la concurrencia de los litigantes de una y otra parte delos pueblos. Debemos advertir que esta audiencia ó tribunal se diferenciaba en aquel tiempo de lo que se llamaba concejo, como se prueba de la peticion décima de estas Córtes, donde suplicaban los procuradores al rey que pusiese en el consejo personas naturales de las ciudades y villas de sus reinos, como lo habian hecho su bisabuelo D. Enrique y su abuelo D. Juan; y les respondió que bien sabian estaba proveido bastantemente el consejo, asi de duques y condes, camode prelados y ricos-hombres, doctores, caballeros y personas naturales de las ciudades y villas de los reinos. El cuaderno de estas peticiones se respondió y rubricó por el rey en este dia 16 de octubre, haciéndolo escribir por su mandado elcélebre doctor Fernando Diaz de Toledo.

Dia 17.

La casualidad de haber visto algunas cartas eruditas de Alfonso Oretano, nos ha obligado á practicar algunas diligencias para descubrir quién fuese este sábio, de quien nuestras bibliotecas nos dan noticia. Una de estas cartas tenia la data en Sanlúcar de Barrameda, á 17 de octubre de 1562, y se dirigia al famoso duque de Medina-Sidonia* padre del conde-duque de Olivares. No solo esta carta, sino cuantas hemos podido conseguir, están en un latin puro y elegante, siendo muchas de ellas pertenecientes á asuntos de humanidades y literatura general, en que se hallaban preceptos y reglas muy notables. Por todas ellas se manifestaba la grande instruccion que poseia en varias materias de erudicion nuestro Oretano, por cuyas circunstancias fué constituido maestro del duque. Tambien habia premisas en una carta que le escribió el célebre Arias Montano, despues de haber regresado deFlandes, que fué Oretano su maestro. Sin duda estas y otras calidades de aprecio y buen nombre le dieron á conocer, no solo dentro de España, sino tambien en los paises extranjeros, siendo verdaderamente prueba de ello la continuada correspondencia que mantuvo por cartas con los hombres sábios de su tiempo. En efecto, las hemos visto de Gerónimo Zurita, Juan Honorato, Gerónimo Ros, Estéfano y de otros que le escribian muy á menudo, consultándole diversos puntos filológicos y de varia erudicion.

De estos documentos puede deducirse el estudio profundo que hizo Alfonso Oretano, á quien parece no negaron las Musas sus gracias, pues creemos ser composiciones suyas un poema latineen que se describia la jornada á Inglaterra y deshecha de nuestra armada en tiempo de Felipe II,'y otro al Nacimiento de Cristo, en exámetros, que glosó en castellano. Tal vez ayudó á Ambrosio de Morales en muchos de sus trabajos sobre las antigüedades de España, pues demuestra Oretano en sus cartas haber sido aficionado á este penoso estudio, y siendo canónigo de Sevilla, donde se cons ovaban tantos monumentos de la antigüedad, cuando escribia este historiador, no es nada violento le suministrase materiales para su historia; lo cierto es, que el nombre de Alfonso Oretano ha quedado absolutamente desconocido, ignorándose hasta ahora, no solo sus escritos, sino tambien su patria y su verdadero apellido, pues el que aqui le damos, sacado de sus firmas, parece latinizado. Convendria, pues, restaurar la memoria de este sábio español, que floreció en el mejor tiempo de nuestra literatura, y, por tanto, nos alegrarémos que alguno de nuestros aventajados ingenios acometa esta loable empresa, ó nos comunique luces para practicarlo.

Día 18.

Indicamos pocos dias há en una de estas anécdotas el privilegio particular que gozaba la ciudad de Barcelona para tener embajadores en la corte de España, cuyo derecho no encontramos haya tenido otra alguna ciudad, cabeza de provincia, en el resto de la Peninsula. Fuera de ella, y en los estados unidos á la corona de Castilla desde los señores Reyes Católicos don Fernando y doña Isabel, únicamente hemos visto memoria de una prerogativa tan singular, usada por la ciudad de Mesina. Entre los embajadores que en el siglo pasado envió la ciudad de Barcelona á sus soberanos, y residieron en esta coronada villa de Madrid con carácter'de tales, fué uno el Sr. D.-José Garceran de Cartella y Labastida, baron de Albi, de una de las familias mas distinguidas de Cataluna. Sus memorias en el registro general de aquella ciudad empezaban por una carta responsiva del rey D. Cárlos II, dada en Madrid en este dia 18 de octubre de 1694, y en que se relacionan las representaciones que habia hecho á S. M., pidiendo la gracia, en nombre dela ciudad, de que á las personas que enviase con este encargo, se las diese el tratamiento de embajadores, como les correspondia, y á los conselleres el de grandes de España. En reconocimiento de estas gracias, ofreció aquella ciudad varios servicios de dinero bien considerables, y ademas darse por pagada y satisfecha de lo mucho que la debia la real hacienda por préstamos atrasados, prometiendo tambien todo cuanto habia ofrecido graciosamente al señor don Felipe IV, y mantener á su costa un tercio de tropas para la defensa del Principado, nuevamente combatido por la Francia en la guerra reciente.

Constaba tambien de estas memorias, que el referido embajador, baron de Albi, propuso y negoció el modo de fortificar el castillo de Monjuich; que consiguió interesar al monarca en la beatificacion de la Sierva de Dios sor Angela Serafina, fundadora del convento de Capuchinas de Barcelona y de todos los de esta órden en España; que obtuvo igual gracia del rey para alcanzar de la Sede Apostólica rezo doble de Santa Maria de Cervellon; y últimamente, que despues de haber cumplido muchos y graves encargos, ocurrentes por razon de la guerra, se retiró á Cataluña, mereciendo que la reina madre del Sr. D. Cárlos II escribiese una carta en 20 de diciembre de 1695, en que participaba á la ciudad de Barcelona cómo habia desempeñado el encargo de embajador con la prudencia y celo de puntual ministro, llenándole de elogios.

Dia 19.

En las Córtes que D. Enrique III celebró en Segovia, año 1396, se hubo de tratar largamente delo atrasada que estaba en el reino por aquel tiempo la cria de caballos, proviniendo esto, al parecer, de que para todos los usos regulares de tragino y montadura se empleaban las muias; de que habiase hecho como punto de lujo y fausto el mantener los poderosos gran multitud de muias en sus caballerizas, y comparecer en público todos montados en ellas para hacer las acostumbradas cabalgatas de aqueIhts edades; de suerte que, aun en las campañas, se llegaron á ver trozos de tropa usando de las muias en lugar de los caballos. Cuánto desdecia esto de la antigua costumbre de los españoles, es cosa bien notoria y probada; por lo tanto, deseando aquel monarca corregir los perjuicios que resultaban del abuso, y fomentar nuevamente la cria de caballos en todos sus Estados, publicó una pragmática en la espresada ciudad de Segovia á 20 de agosto de 1396.

Léense en ella las acertadas disposiciones que dió con respecto á los varios órdenes del Estado, para que, conforme á ellos, fuese preferido y casi necesario el uso del caballo en lugar del de la muia, no permitiendo estas sino á las personas de carácter, dignidad ú oficio palatino, á quienes era preciso usar de ellas en caminos y jornadas para la corte ó en el ejercicio de sus ministerios, y aun en estos casos prescribió las que podian tener. Para animar á la cria de caballos, señaló ciertos premios y exenciones, procurando que se multiplicasen mas en los paises fronterizos á los moros, donde por la misma razon de ser alli mas necesarios para el servicio militar, prohibió con graves penas el que se mantuviese asno garañon. Esta pragmática recibió algunas declaraciones y enmiendas por otra que se publicó estando el rey en esta villa de Madrid, en el dia de hoy 19 de octubre del mismo año de 1396. En una y otra se espresaban algunas cosas que podian desde luego adoptarse para remediar el daño que padecia la agricultura, empleando las muias en otros usos menos útiles.

Dia 20.

En el mes de octubre de 1433 pasó á la ciudad de Segovia el Sr. D. Juan II, y congregando á algunos de los prelados, condes y ricos-hombres que seguian su corte, el maestre de Calatrava, D. Luis de Guzman, el prior de la órden de San Juan, con los demás caballeros y letrados que eran de su Consejo, les consultó y trató con ellos largamente sobre reformar varios abusos que se notaban en los empleados y oficiales de su casa y corte, que tenian ejercicio de jurisdiccion, exigiendo, no solo mayores salarios y derechos de los que les competian, sino tambien no guardando las leyes que se habian publicado

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