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volver á emprender la construccion de una acequia, que tomando en Martorell el agua del rio Llobregat, la condujese á todos los parajes de aquella ciudad , y sirviese principalmente para fuentes y limpiar los amañales ó cloacas que corren por sus calles maestras.

Este proyecto, segun alli mismo se espresaba, tuvo principio en el año 1554, promoviéndolo el virey de Cataluña, marqués de Tarifa; pero aunque el Sr. D. Felipe II convino en él por sus muchas utilidades , no pudo verificarse, por haber sido entonces mas urgente é importante la obra de la muralla de mar, que habia ya empezado á hacerse. Su nieto FelipeIV hubiera sido desde luego el protector de esta grande y útil empresa, si desde el punto en que subió al trono no se hubiese visto rodeado de enemigos, que por todas partes combatian sus estados dentro y fuera de España, asi como Cataluña, que estaba obligada á guardar los confines, y á llevar sobre si una parte considerable de los gastos inmensos para sostener la guerra en la Peninsula, Indias, Flandes é Italia.

Lo que más admira es, que esperimentándose ya muchas de estas calamidades en el año 1628, no se acobardasen aquellos naturales para proponer al soberano una obra de tanto coste. En efecto, la súplica fué oida, y en su consecuencia se mandó al capitan general de Cataluña, que, con acuerdo de la junta patrimonial, informase sobre varios particulares que se espresan en la carta citada.

Este informe no tuvo efecto en aquel año, por lo cual en el de 1633, volvieron á instar los interesados para que se llevase á ejecucion, y el rey, por su órden dada en Madrid á 15 de julio, renovó las preguntas anteriores y mandó al duque de Cardona, que entonces gobernaba en Cataluña, que le informase conforme á ellas. Importa mucho recordar en el dia las grandes ideas que concibieron nuestros antepasados en los tiempos felices. Esta se ha sepultado en el olvido, por haberse interpuesto la série de tantas desgracias como presenta el siglo último; pero si la Acequia Imperial de Aragon la vemos ya producir utilidades efectivas despues de más de dos siglos de abandono; si notamos que se emprendieron nuevos canales para aumento de la fertilidad y del comercio interior; si la misma Barcelona vió asegurada su felicidad por la parte de Oriente con el estado en que se puso la Acequia Condal, justo «ra que se hubiese dispensado igual proteccion á los catalanes por los demas monarcas, para que hubieran verificado las mismas obras por la parte de Occidente.

Dia 19.

En las Córtes que celebró en Soria D. Juan I en el añode i380, le hizo presente el reino cuatro notables abusos que se advertian en los judios vasallos de la corona; y porque eran dignos de corregirse por las fatales consecuencias que de ellos se seguian, el rey mandó publicar un ordenamiento en este dia 19 de setiembre, previniendo que se hiciese saber á todas las Aljamas, para que dentro de nueve meses tuviese cumplimiento. El primer abuso consistia en que los judios habian añadido en «1 Talmud y demas oraciones una particular en que maldecian á los cristianos, las iglesias y difuntos, todo en ódio de nuestra sagrada religion; y se mandó que esta oleglaria absolutamente se borrase desus libros, imponiendo la pena de cien azotes al que la dijese 6 respondiese áella, y la de tres mil maravedis al que se la encontrase escrita. Deciase alli que esta oracion la tomaron los judios de los hereges.

El segundo abuso se reducia á haberse propasado los judios á hacer nombramiento de rabies ó jueces para conocer de sus causas civiles y criminales; lo cual se les prohibia bajo la pena de seis mil maravedises, y de ser nula y de ningun valor cualquiera sentencia que dieren; pero advertia el rey, que siendo los judios cosa suya, y queriéndoles guardar justicia, en cada pueblo donde hubiese Aljamas se nombrase á uno de los alcaldes cristianos para que conociese en los pleitos criminales, y en cuanto al civil, solo los hubiese de los judios en donde se les hubiere concedido este privilegio, pudiendo apelar de sus sentencias, tanto en los lugares reulengos como en los de señorio, á la córte del rey. En tercer lugar, se habian atrevido á atraer á su creencia á varios moros, tártaros y otros; y esto se les prohibia bajo la pena de quedar esclavo del rey el judio que lo circuncidase y el circuncidario.

Últimamente, los judios y judias eran por lo regular les que se alquilaban en los entierros de cristianos para hacer de plañidores por los difuntos, sobre lo cual se renovaron las penas que habian establecido otros reyes, y ademas se añadió la de que los clérigos, yendo á la casa del difunto para llevarlo á enterrar, si encontrasen en ella plañidores, se volviesen á la iglesia con la cruz y no lo enterrasen hasta el tercer dia, perdiendo el heredero 6 dueño de la casa el diezmo de su patrimonio y la merced ó tierra que tuviese del rey.

Mas, para que hiciesen los vivos alguna demostracion de sentimiento en la muerte de los parientes, permitid el monarca vistiesen luto con ropas negras, bajo esta ordenanza: por el rey, cuarenta dias de (iuelo de maragas; por la reina é infante heredero, treinta dias; por el señor, nueve dias; por padre y madre ú otro cualquier pariente dentro del cuarto grado, tres meses sin moragas ni sayales; por otro cualquier pariente fuera de este grado, en treinta dias, y la mujer por el marido, todo el tiempo que quisiese.

Dia 20.

Los procuradores de los reinos presentaron al rey de Castilla D. Juan el I un cuaderno con veintitres peticiones en las Córtes de Soria, celebradas en 1380, y respondió á ellas en 20 de setiembre del mismo año.

Lo mas notable que se contenia en este raro documento, conforme se conservaba original, y acaso todavia, en la villa de Trujillo, se reducia á lo siguiente:

En virtud de la peticion cuarta, se renovó la ley de amortizacion, mandando que todo cuanto pasase del realengo al abadeng", par compra ú otro titulo, se trasfiriese con las mismas cargas reales y concejiles á que estaba obligado antes.

Diéronse varias disposiciones para la justa recoleccion de las tercias reales, alcabalas, monedas, prohibiéndose que la percepcion de los frutos de que se pagaba la primera de estiis rentas, no se pudiese atrasar más de un año, á fin de que no se perdiesen aquellos en los trogea y depósitos; que las alcabalas se exigiesen únicamente de los que las adeudasen, conforme al cuaderno de esta renta, que decia el rey acababa de publicar, y en que se iba introduciendo el abuso de repartirlas, como derrama en algunos pueblos; que por ningun término se escusasen fe las contribuciones públicas los que profesaban la regi» tercera de San Francisco, y los que siendo coronados contraian matrimonio; que los mismos alcaldes ordinarios librasen los pleitos sobre alcabalas y monedas, y no otro juez particular; y últimamente, que' los arrendadores de las tercias reales aatif faciesen el alquiler de las casas, troges ó alfolies donde tuviesen los frutos, hasta venderlos.

Hablábase en las peticiones octava y novena.de los hijos de los clérigos, tenidos de sus mancebas, privándoles de toda sucesion testamentaria ó abintestato, y se mandó que estas mujeres llevasen sobre las tocaduras un prendedero de paño bernujo tan ancho como los tres dedos, para que fuesen conocidas y no se equivocasen con las mujeres casadas y honestas. 'Sobre los judios pidió el reino que se diesen providencias para que no tuviesen trato alguno con los cristianos; y aunque se mandó que la judia no criase hijo de cristiano, y al contrario, el rey no convino en que dejasen de vivir promiscuamente, á causa de que no habria quien labrase las tierras y quedarian abandonados al odio y vilipendio de tocios, siendo tan últil el servieio que hacian, y convirtiéndose muchos á nuestra santa fé con mantenerlos en perpétuo trato con los cristianos, con cuyo motivo se prohibió con graves penas que á los conversos se les llamase marranos, tornadizos á otro nombre injurioso.

Este es uno de los documentos que prueban tener autoridad pública el Código de las Partidas, pues se mandaba observar las leyes en que se hablaba del talador de bosques, plantios y arbolados, del usurpador de heredades ajenas, quebrantador de iglesias y opresor de labradores, ó de otra cualquiera especia.

Se limitaba el número de notarios que podian crear por privilegio particular los obispos de Palencia, no permitiéndoles ejerciesen este oficio fuera del obispado.

Finalmente, se prescribia á los alcaldes de la Mesta que no pudiesen emplazar á perona alguna fuera de las diez y seis leguas del término del lugar donde morasen, si las tuviese, y teniendo más estension, solo emplazasen á ocho leguas más.

Las peticiones restantes contenian asuntos de que ya hemos dado noticia estractando otras Córtes.

Día 21.

Del reinado de D. Juan I pasaron al de su hijo D. Enrique III las quejas del reino contra los judios por los escesos y fraudes de que se valian para aumentar sus caudales. No habiu hombre de circunstancia en Castilla y Leon, comunidad, ciudad, villa ó lugar que no debiese á los judios gruesas cantidades por las escesivas usuras que .exigian en los préstamos, irremediables en los tiempos calamitosos de aquel primer reinado.

Esta circunstancia habia movido el odio de toda la nacion contra ellos, haciéndose el blanco de los clamores del público. Pero un daño ya arraigado y permitido en el momento de la urgencia, y cuando no se conocia, por el afan con que los vendedores, ó que tomaban prestado, anhelaban salir del apuro.no podia fácilmente remediarse de una vez. Era atendible de otra parte el mérito y galanteria con que aquellos facilitaban el dinero á todas horas y en las mayores necesidades del Estado. Para que tuviese algun limite la ambicion de los judios, y se sacase de ellos la utilidad posible, que con sus tesoros estaban dando á la causa pública, se arregló en Madrid á 21 de setiembre de 1405 un ordenamiento de leyes, en cuyo principio é introduccion consta estar fundado en lo mismo que los reinos acababan de representar á Enrique III en las Córtes que, con motivo del juramento prestado á su hijo D. Juan como principe y heredero de la corona, se habian celebrado en Valladolid en aquel año.

Determinóse prohibir toda usura de parte de los judios, no permitiéndoles solemnizar obligacion alguna entre ellos y los cristianos, á excepcion de los casos prevenidos en la ley 2.a, titulo 23 del ordenamiento de Alcalá, y cuando recayese sobre deudas de rentas reales, cuya administracion estaba á cargo de los judios por arrendamiento.

Tomáronse las mas sérias providencias para evitar tod» fraude y engaño en las compras, ventas, permutas y otros contratos ilicitos que podian hacerse, y contra los robos y hurtos que abrigaban en sus casas. En cuanto á las obligaciones ya ^contraidas, tambien se limitó la exaccion de usuras, de suerte que todas habian de quedar finalizadas en Navidad del año 1407, que, segun el modo de con

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