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su archivo, y fué autorizado con los sellos del rey y de los infantes tutores, en este dia 6 de setiembre de 1318.

Sea que el viaje de D. Sancho el Fuerte de Navarra facilitase á D. Alonso VIH la conquista de Guipúzcoa, ó que se uniese á Castilla esta provincia, 4 vista y presencia del espresado D. Sancho, regresado ya de la visita que hizo al rey de Marruecos, sobre cuyo objeto están discordes los historiadoras, lo cierto es que con razon dijo Garibay, que por agravios que habia hecho á aquella provincia él rey D. Sancho, «e entregaron los guipuzcoanos á D. Alonso VIII de Castilla.

En aquel tiempo la ofensa mayor que podia hacerse á los pueblos era privarles de la libertad innata á su constitucion civil, que desde su origen habia conservado.

Esto es lo que intentó D. Sancho el Fuerte, y esta fué la causa principal porque sacudieron su dominio y se entregaron al castellano.

La prueba de esta verdad se halla en el mismo fuero constitutivo de la provincia de Guipúzcoa, que confirmó y ratiiicó D. Alonso el VHIen el año 1200; siendo muy verosimil que este documento, casi desconocido hasta el dia, se espidiese en alguno de los primeros de este mes de setiembre, porque en él hizo aquel rey residencia en Guipúzcoa, como puede probarse con varios diplomas.

Todo el fuero está en latin, y no de los peores de aquella edad, y las primeras cláusulas, traducidas literalmente al caste'lano, son las siguientes:

«Sea notorio á los presentes y venideros, cómo yo, «D. Alonso, rey de Castilla y de Toledo, juntamente con «mi mujer doña Leonor y mi hijo D. Fernando: A vosnotros, los muy nobles varones de Guipúzcoa, sin estar «á dominio de ningun rey, sino por vosotros mismos, ha«beis nombrado hasta el dia de hoy, conforme á vuestros «antiguos fueros, en junta general celebrada en Tolosa ó «en Durango un juez que hiciese las veces de señor, por vcuya causa os juntasteis y me presentasteis obediencia y>y homenaje de fidelidad en la ribera de Galarreta, «cuando ya con vuestro ejército lo venci alli mismo. «En esta atencion, ante todas las cosas os confirmo vuestros fueros, conviene á saber: el que nombreis en vues«tra junta general cada año, y en la fiesta de Santiago* «apóstol, vuestro patrono, el juez y merinos de la tierra, «segun siempre lo habeis acostumbrado.«

Dia 7.

En este dia del año 1359, el rey D. Pedro I de Castilla entró en la ciudad de Toledo á visitar á doña Maria de Padilla, que le habia dado á luz un hijo, á quien denominó Alfonso, cuya educacion confió luego á tí. Garcia Alvarez de Toledo, maestre de Santiago. El niño tuvo corta vida.

Tambien en este dia del año 1432 dió principio el venerable Fr. Lope de Olmedo á la fundacion de la órden de los Isidros, que despues se refundió en la de los monges de San Gerónimo.

Igualmente en este dia del año 1436, estando D. Esrique, conde de Niebla, frente á Gibraltar con su armad;, fué envuelto en una ola y sumergido en el mar.

Asimismo en este dia del año 1463 hizo el rey de Aragon, por la amistad que tenia con Luis XI, rey de Francia, que D. Enrique IV de Castilla tuviese una conferencia con el francés en Fuente-Rabia, sin conseguirse otra cosa que confirmar más la enemistad de ambas naciones; pues los españoles se presentaron bizarros y con riquisi mas galas, mientras qu« los franceses aparecieron pobremente vestidos, oscilando la burla de los unos y la ira de los otros. El rey de Francia venia vestido muy ordinariamente y sin cuidado, desaliño que autorizaba con una medalla de plomo cosida en el sombrero; y piir el contrario, el gallarda caballero D. Beltran de la Cueva se dejó ver con un trage recamado de oro, calzado con borceguies tachonados de perlas y gran profusion de aljófar. Las velas del batel en que pasó el rio eran tambien de brocado. El padre Juan de Mariana, hablando de esta entrevista, lib. 23, cap. 5, dice: que al pasar D. Enrique de Castilla el rio Vedase, puede sospecharse se hizo esto por reconocer ventaja á la majestad de Francia. Paulo Emilio y Felipe Comines, con los demás historiadores franceses, escriben que solo se tuvieron las vistas en los confines di-, los reinos. Los reyes se vieron en tierra de la corona de Castilla, porque todo el rio pertenecia á España, y se hablaron en la parte de la madre que estaba sin agua. Léese en Garibay y en Luis de Cabrera, lib. 6.a, que la majestad que Mariana reconoce en Francia, que dice escedia á la del castellano, es fabulosa. El colegio de cardenales, en una epistola que en el año de 1462 escribió al rey de Francia, le daba dos veces el tratamiento de Serenidad, una el de Alteza y otra el de Majestad, y en el sobreescrito ponian: á Luis, rey ilustre de Francia. Y el papa Pio II, en otra carta que dirigió á Cárlos VII, le daba por tres veces el tratamiento de Escelencia , Serenidad una y dos Majestad; y cuando escribian el Pontifice y el SacroColegio á los reyes Cárlos y Luis, pidiéndoles revocasen la pragmática sancion hecha en perjuicio de la Iglesia romana, cuyas copias se hallaban en los anales de Bzovio, en el año referido. Por el contrario, vemos que D. Rodrigo Sanchez, obispo de Palencia, en la dedicatoria de su historia al rey I). Enrique IV de Castilla, le da cuatro veces el tratamiento de Majestad, una de serenidad y otra de Escelencia.

Nosotros, á fuer de españoles, sentimos que nuestro autorizado cronista haya consignado que Enrique IV se tuviese en menos que Luis XI, toda vez que el tratamiento de Majestad es mas antiguo en España que en Francia, por más que sean de diferente opinion los historia dores estranjeros, afirmando que este tratamiento dado á nuestros soberanos data desde el reinado del césar Cárlos I. Esto no es exacto; y aunque no podemos citar cartas pontificias en los anales eclesiásticos, dirigidas A los monarcas de España en épocas remotas, consiste en la incuria que han tenido nuestros antepasados, cuidándose poco de la custodia de determinados archivos; por lo demás, las habia.

Ahora, en apoyo de la antigüedad del tratamiento de Majestad, citarémos las crónicas de la órden de Santo Domingo, y alli verémos que D. Fray Juan Lopez, obispo de Manopoíi, trajo bulas para Torquemada, primer inquisidor general, y en ellas fe halla que Sisto IV daba á los Reyes Católicos D. Fernando y duña Isabel el tratamiento de Majestad. Loque es cierto que en el reinado de Carlos I cesaron los tratamientos de Serenidad y Escelencia que algunas veces se daba á los soberanos, y que Francisco I, á imitacion de España, hizo cesar tambien en su reinolos demás titulos, conservando únicamente el do Majestad para los monarcas, y que poco despues lo fueron adoptando las demás naciones.

Además Enrique IV gobernaba más Estados que Luis XI, Pues sabido es que á este no le obedecian las B^rgoñas, ni la Bretaña, Bigorre, Normandia, la Provenza, Aviñon y su distrito, como tampoco Bearne y Fox, y que el reconocimiento que los señores de estos Estados le hacian, fuera Je darle el primer asiento cuando concurria á ellos, era muy libre y limitado. Mientras que al soberano de Castilla, los demás reyes que habia en España le cedian sin controversia y en todas ocasiones el primer lugar, y su reino era mas dilatado que el resto de la Francia obediente á Luis XI, como consta en los diversos mapas.

Día 8.

Mostróse siempre agradecido D. Enrique II á la ciudad de Búrgos, por el acogimiento, socorro y fidelidad con que le sirvió en las guerras contra su hermano D. Pedro. Por esta razon, luego que puso sobre sus sienes la corona de Castilla, la llenó de favores, mercedes y privilegios. Una de estas gracias, y desde luego de las mas considerables, fué haberla hecho donacion absoluta, integra é irrevocable de la villa de Miranda de Ebro, que hasta entonces habia sido de la corona real,, desde que el emperador D. Alonso la pobló y aforó. Concedióla con todos sus términos, aldeas, pastos, derechos y cuanto la pertenecia, con el señorio y jurisdiccion civil y criminal; solo esceptuó y se reservó para si y sus sucesores en la corona de Castilla y Leon, todo lo que era propio é inenajenable de ella y dela mayoria delos reyes, que, segun se espresaba en este documento, consistia en las minas de oro, plata y cualquier otro metal ó mineral precioso descubierto ó que se descubriese en su término; en los servicios, monedas, altabalas, tercias, moneda forera; en la correccion de las justicias negligentes; en dar acogida á él y sus herederos dentro de la villa, lanto en tiempo de guerra como d« paz; en obedecer sus órdenes; en tío admitir otra moneda que la suya y la de sus sucesores; y últimamente, en llevar las apelaciones de los alcaldes de Miranda á los de Búrgos, y las de estos al rey y su consejo ó audiencia.

Para que tuviese mayor fuerza y observancia esta donacion, se solemnizó y autorizó en las Córtes que el mencionado rey D. Enrique celebró en la ciudad de Toro el año 1371, sellándose en este dia 8 de setiembre. Las cláusulas en ella contenidas demostraban bien la atencion que los procuradores y demás concurrentes á aquellas Córtes pusieron para que de ningun moda se hiciese perjuicio á regalias por esta donacion; y por la misma razon se hallaban á ía espalda del pergamino en que se escribieron los nombres y rúbricas de tres letrados de los que componlan el consejo y audiencia del rey, que eran: Rui Perez, Juan Martinez y Pedro Fernandez.

Puede desde luego esta escritura, servir para fijarlas reglas d¿ cancelaria que en semejantes diplomas debian observarse en aquella edad; pues hemos visto pocas que la igualen en la solemnidad y salvedades á favor de la * corona, para que no pudiera reclamarse en tiempo alguno de viciosa ó subrepticia.

Invencion de la imagen de Nuestra Señora del
Buen Suceso.

En este dia del año i606 fué hallada la sagrada eGgie de Nuestra Señora del Buen Suceso, cuyos pormenores vamos á referir brevemente.

Muerto el venerable Bernardino de Obregon, quedó huérfano su caritativo instituto, y espuesto á la contradiccion y continuas persecuciones, por lo que determinaron sus afligidos hijos los hermanos hospitalarios enviar á Roma dos individuos de esta congregacion, elegidos por su virtud y piedad, para impetrar la proteccion de la silla apostólica. Al efecto fueron comisionados los respetables siervos Gabriel de Fontaner y Guillermo Martinez Rijola, los que salieron de Madrid en peregrinacion, dirigiéndose á Valencia, demandando la caridad pública en su viaje. En aquel año se habia desarrollado en España una epidemia general, causada por la escasez de alimentos, de modo que los dos caminantes sufrian el hambre y todas las consecuencias de la penuria. Asi llegaron á las montañas que dividian el reino de Valencia del condado de Cataluña, en donde fueron sorprendidos por una terrible tempestad, que los estravió, entre riscos, peñas quebradas y precipicios espantosos, envueltos en oscuridad, lluvia y relámpagos, á lo que seguian terribles detonaciones, acompañadas de un vendabal tan furioso, que «necia los mas robustos robles como si fueran débiles juncos. En tan grande conflicto, nuestros obregones tomaron asilo en la concavidad de una roca, dispuestos á

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