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mayor del que convenia, previno que solo se guardasen los privilegios á los que hiciesen constar que trabajaban de continuo en estas casas. Suplicaban en la 8.a peticion que cumpliera el rey la promesa que hizo de nombrar doce hombres-buenos de las provincias para que asistiesen en su Consejo; y dijo haberlo asi dispuesto.

Ultimamente, pidieron en la 9.a que los tratados de este cuaderno se diesen por la chancilleria sin derecho alguno; y condescendió con esta súplica, mandando con graves penas que fuese todo cumplido.

Dia 3.

Los sinodos celebrados en España despues del concilio .de Trento para establecer los cánones respectivos á la disciplina y correccion del clero, ofrecen asunto digno por su importancia de tratarse históricamente, despues de ilustrar la parte que pertenece á la concurrencia, escritos y otros hechos con que se distinguieron en aquel célebre congreso los prelados, teólogos y otras personas sábias de nuestra nacion.

Yacen aún estas noticias sepultadas en doloroso olvido, y desde luego somos culpables cuando tenemos varias obras impresas que nos dan suficientes luces para un trabajo tan útil; y de otra parte, el archivo de Simancas nos convida con muchos y preciosos documentos originales, para tratar esta materia con estension y particular gloria.

Por cualquier lado que se vuelvan los ojos á las provincias de España, encontrarémos muy pocas noticias relativas á la celebracion de aquellos sinodos, porque los episcopologios están diminutos en esta parte, y las historias del siglo xvi rara vez los mencionan.

De Cataluña solo se sabe que el cardenal Cervantes, arzobispo de Tarragona, juntó varios concilios provinciales con este objeto, cuyas huellas tambien siguieron sus sucesores el famoso D. Antonio Agustin y D.Juan de Terés.

En tiempo del Sr. Cervantes era obispo de Barcelona O. Guillermo Cazador, y creemos que en sus dias fué celebrado el sinodo mas notable para estos asuntos. El Padre Aymerich, en el Episcopologio de aquella ciudad, solo hace memoria de uno tenido en ella y presidido por Cazador, en 1569; pero una carta del rey Felipe II, escrita d bs conselleres, nos indica que se celebró concilio en la misma ciudad en 1565, y no podemos persuadirnos que, siendo la fecha de este dia 3 de setiembre, con la circunstancia de nombrar persona que asistiese en nombre del rey, y otras cláusulas que n anifiestan haberse hecho la convocacion, haya lugar para confundirlos y hacerlos uno mismo.

Para que puedan otros adquirir mayores luces, insertamos esta carta, segun se guarda original en el archivo de la ciudad, y dice asi:

«El Rey. Amados y fieles vasallos nuestros los conselle«res de la ciudad de Barcelona. Habiéndose de celebrar «aqui el concilio provincial que está convocado, se ha da«do órden al conde de Aytona que asista y entrevenga en «él por Nos, y en nuestro nombre: y le habemos encar«gado y mandado, que en lo que tocaseá esa ciudad, si en «el concilio ocurriere algo, asista y procure de lo endere«zar,y caminar como convenga. De lo cual habemo- que«rido avisar para que sepais la cuenta que con esto hanbemps tenido, y porque juntamente con esto ha de tener «el dicho conde particular cuidado, que las personas que «concurrieren en dicho concilio sean bien tratadas y prouvehidas de las cosas necesarias, y de que haya la liber«tad, seguridad, quietud y concordia que se requiere. Os «encargamos mucho que en lo que os pidieren de nuestra «parte acerca de esto y para este efecto, lo procureis en«derezar y encaminar de modo que aquello se haga y «cumpla como mas conviniene: que yo recibiré de vos«otros mucho contentamiento. Dada en el Bosque á 3 de «setiembre de 1565.—Yo el Rey.«

Día 4.

Entre muchas de las cosas para cuya decision permitian nuestras leyes antiguas la batalla, era sin duda el señalamiento de términos entre villas fronteras, cuando ni escrituras ni otras pruebas regulares podian determinarlos.

Uno de estos juicios se tuvo en este dia 4 de setiembre del año 1120, entre los dos pueblos llamados Mendavia y Villamesquina, en el reino de Navarra, de los cuales el primero era el del monasterio de Santa Maria de Irache, y su abad Arnaldo habia encargado la defensa de sus términos á Garcia Lopez de Xavierre. Este caballero, á quien se daba titulo de Senior, propio de los que ejercian jurisdiccion en aquella edad, habia varias veces reclamado la justicia ante el rey para evitar las continu as vejaciones que los vecinos de Mendavia causaban á los de Villamesquina, traspasando sus mojoneras; por lo que no pudiéndose averiguar legitimamente cuáles eran los linderos de ambos pueblos, fué decidido en córte que el pleito se determinase en batalla, sostenida por un vecino de cada uno de estos pueblos.

Admitieron esta deliberacion el espresado Garcia Lopez de Xavierre y Garcia Lopez de Lodosa , que gobernaba á Villamesquina. Los lidiadores fueron: Sancho Garcez, por Mendavia; y Sancho Muñoz, por Villamesquina; tomándoles juramento en Lizagorria,lugar, ála cuenta, en que tenia el rey su tribunal.

Salieron á campaña ambos ricamente vestidos y enjaezados sus caballos, acompañándoles sus convecinos con pendones y gente armada. El campo de batalla fué un grande prcdo á la orilla del rio Egoncillo; y al segundo dia en que continuaba la batalla, compareció para hallarse en ella presente D. Sancho, cor.de de Pamplona, con toda su córte, que dice la escritura era lucidisima.

Parece tambien por ella que pelearon muchos dias, y que no se pudo al cabo determinar por parte alguna la victoria, por lo cual unos y otros de los litigantes acordaron comprometer la deliberacion de estos debates en el conde D. Sancho, quien, tomando fianzas de ambas partes para estar á juicio, cortó el litigio con su sentencia arbitral. Toda esta relacion, verdaderamente curiosa, y demostrativa de nuestras costumbres en aquellos siglos, consta del documento original que se conservaba en pergamino en el archivo del monasterio de Irache.

Dia 5.

Las Córtes que juntó el rey D. Juan I en Palencia el año 1388, se tuvieron en el monasterio de San Pablo de dicha ciudad, y el principal motivo de su celebracion fué proponer aquel monarca al reino le socorriese con la cantidad que necesitaba para pagar lo que habia prometido al duque de Alencastre. La crónica nos habla largamente de estas negociaciones; pero las actas de aquellas Córtes nos descubren que aún en este año no estaba satisfecha esta deuda nacional.

El rey hizo su proposicion, y los procuradores respondieron á ella en este dia 5 de setiembre del espresado año.

La respuesta se reduce en sustancia ácondescender con dar la cantidad precisa, y no más, para este pagamento, proponiendo el reino el modo y condiciones con que habian de exigirse.

Al mismo tiempo le reconvenian de que no habian dado aún razon al reino de la inversion que se habia hecho de los pedidos y contribuciones impuestas estraordioariamen te desde las Córtes de Segovia de 1386, y ascendian á quince cuentos y medio de maravedis. Para esta averiguacion y demostracion aprobó el rey las personas que nombraron los procuradores, y fueron: el obispo de Calahorra; Pedro Suarez de Quiñones, adelantado de Leon; Juan Alfonso, alcalde de Toledo; Ferran Sanchez de Betrús; Juan Ramirez de las Cueras; y Juan Manso, de Valladolid.

Hizose memoria en esta respuesta de que se habia impuesto la alcabala de un dinero en maravedi para gastos de la guerra en Portugal, cuya contribucion montaba más de treinta cuentos de maravedis, á que unidos los diez cuentos de las rentas ordinarias, hacian cuarenta; y siendo necesarios cuarenta y cinco cuentos para dicha guerra, el reino consentia en que se impusiese algun servicio que bastase á completarlos en caso de continuarse, y no de otro modo: de suerte, que cesando la referida guerra, propuso que aquella alcabala solo se cobrase dos años más para desempeñar algunos atrasos de la corona.

Tambien se dijo que las casas de moneda en el reino rentaban al rey considerablemente, y que de esto no se llevaba razon, lo cual se encargó á los sugetos espresados.

Por último, para que jos mismos cumpliesen bien su encargo les señaló, el reino cierto salario á propuesta de los procuradores.

Dia 6.

Por el cuaderno de peticiones presentadas en las Cór tes que se celebraron en Medina del Campo el año 1318, se comprueba el gran poder con que ejercian el empleo de tutores del rey D. Alonso XI los infantes D. Juan, hijo de D. Alonso el Sábio, señor de Vizcaya, y D. Pedro, hijo de D. Sancho el Bravo.

En el encabezamiento de este cuaderno, que era de los documentos mas raros en esta clase, se titulaban los mencionados infantes tutores, gobernadores y guardas del rey su sobrino y de todos sus reinos, junto con la reina doña Maria.

A estas Córtes no concurrieron los procuradores de las ciudades y villas como tales, sino como individuos comprendidos en la hermandad compuesta de las tres clases del Estado, y que habia sido establecida en Búrgos, año de 1315. El congreso, pues, de estas Córtes fué únicamente de personas comprendidas en esta hermandad, en la cual se contaban los ricos-hombres principales de los reinos de Castilla, Leon, Estremadura y Toledo, con la mayor parte de sus prelados, caballeros, hijos-dalgo y de sus ciudades y villas; de suerte que ninguno de los que no quisieron entrar en esta hermandad ó reunion, fué admitido á ellas.

Las convocaron los tutores, aunque no se halló presente la reina doña Maria, y las 22 peticiones contenidas en el cuaderno se presentaron por los individuos de la hermandad. Los asuntos que se espresan en ellas se reducen á revalidar la ley de amortizacion en todas sus partes; á cortar la introduccion de los jueces eclesiásticos en el conocimiento de causas civiles, reclamando la pena de 60 maravedises que pagaba el excomulgado por cada dia que permanecia en la excomunion; á arreglar el pago da las deudas debidas á los judios; á poner mejor método en las contribuciones públicas; á corregir los daños que el ganado trashumante hacia en las nuevas dehesas del tránsito, y á no permitir que se levantasen fortalezas y casas fuertes'en las Estremaduras y reino, sin dar los pueblos fianzas de satisfacer todos los daños que se hiciesen desde ellas.

Por la peticion 15 constaba que las demandas movidas por la infanta doña Blanca, señora de las Huelvas, y por «I maestre de Calatrava, sin embargo de sus calidades, no debian hacerse ante los jueces de la córte del rey, sino ante los del fuero; que la sal repartida generalmente por el reino se sacaba de las salinas de Atienza.

La copia de este cuaderno, que tenemos á la vista, está tomada del original que guarda la ciudad de Plasencia eu

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