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. Al ayuntamiento de Madrid pertenecen las reliquias de los santos patronos; la urna de San Isidro al colegio de artifices plateros (1).

En 1815 llamó el rey D. Fernando VII á los padres de la Compañh de Jesus á sus dominios, y cuando vinieron á la córte, fueron hospedados interinamente en el convento de San Francisco el Grande: solo regresaron siete. Aqui

hay actualmente es muy corto de personal, por lo que ya no se nota aquella magnificencia antigua en las funciones.

(5) La urna del santo la costeó el colegio de San Eloy; es de oro, plata y bronce, que se labró en el año de 1620 para las fiestas de su beatificacion, cuyo valor, sin hechuras, ascendió á 16,000 ducados; y siempre que se necesita limpiar ó componer, lo hacen los mayordomos de la misma, por lo que, cuando sale el santo en procesion ó por rogativa, le acompañan con hachas verdes.

El cuerpo del santo se guarda en dos cajas: la interior es de filigrana de plata, sobre tela de raso de oro riquisimo, que la dió la reina doña Mariana de Neoburg, y tiene siete llaves.

El rey D. Felipe V, en 20 de mayo de 1705, envolvió el cuerpo del santo en un sudario de Cambray con esquisitos encajes. La Majestad de Fernando VI, en 18 de abril de 1751, le puso otro de finisimo lienzo, guarnecido aun de encajes mas preciosos, echándole encima un paño da seda verde bordado de oro con las armas de Madrid á realce. Ya hemos dicho en la pág. 421 de nuestro primer tomo, en el estado que se encuentra el cuerpo del santo; y ahora solo añadirémos que tiene desprendido un brazo, detrimento que sufrió al conducirlo al real sitio de Aranjuez, cuando la última enfermendad de la reina doña Maria Josefa Amalia de Sajonia.

Las reliquias de la bendita labradora se custodian en una urna de plata con cuatro cerraduras y dos candados, y dentro un cofrecito de terciopelo carmesi, galoneado y tachonado de oro, cuya llave principal tiene el señor alcalde corregidor. Solo existe la cabeza y huesos, que desde que murió se conservaron en Torrelaguna hasta el año de 1445, en que el general ministro de la religion seráfica, Fr. Juan Merinero, las mandó entregar al ayuntamiento de Madrid.

fueron recibidos con gran ceremonia, y á poco tiempo pasaron al Colegio Imperial, del cual le dió posesion al reverendisimo padre provincial Pedro Cordon el canónigo capitular D. Diego Fernandez Cerezo, quien en 1820 volvió á recibir las llaves de manos del referido provincial. Y en i 823 aquel se las entregó de nuevo al espresado padre Cordon.

En 1836, el padre Mariano Puyal hizo la entrega al decano de la real capilla de San Isidro.

En esta iglesia, en tiempo de los canónigos, habia gran profusion de alhajas, y las dos lámparas del presbiterio eran tan ricas, que con su producto, cuando fueron deshechas en la Casa de Moneda, pudieron sostener los gastos del culto durante la invasion francesa.

En este templo, en la bóveda de la capilla de Nuestra Señora del Buen Consejo, depositó el Excmo. ayuntamiento los huesos de los insignes capitanes Daoiz y Velarde, cuando los estrajo de las ruinas de la iglesia de San Martin; igualmente los restos de las victimas del pueblo de Madrid fusiladas en el Prado en 1808, hasta que el mismo cuerpo municipal las trasladó al elegante mausoleo que hace pocos años erigió en el indicado sitio donde fueron sacrificadas en defensa de la independencia de su patria.

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A los estremados sucesos debe siempre aplicarse una general y universal correccion; porque si se quiere ir enmendando los vicios por partes, tarde ó nunca se logran los fines. Era urgentisima esta medida en tiempo en que, muerto el rey D. Pedro en la batalla de Montiel, fué reconocido por legitimo soberano de los reinos de Castilla y Leon su hermano D. Enrique II. Para procurar en lo posible los beneficios que deseaba á sus vasallos, juntó Córtes inmediatamente en la ciudad de Toro, donde estaba bien satisfecho de la fidelidad de sus vecinos.

El concurso de grandes, prelados y procuradores fué numeroso. Asistió á ellas la reina doña Juana, mujer de D. Enrique, y su hijo primogénito y heredero D. Juan; los condes D. Tello y D. Sancho, hermano del rey; el arzobispo de Toledo D. Gomez, que era canciller mayor; los obispos de Oviedo, Palencia y Salamanca, con otros prelados y ricos-hombres, caballeros, escuderos y demás personas que por la ley y costumbre debian concurrir á estos congresos y constan en sus actas.

Ante todas las cosas, procuró D. Enrique tomar informes muy circunstanciados de lo que más urgia que se enmendase y corrigiese en Castilla. Supo por los de su Consejo el mal estado en que se hallaba la administracion «e justicia; losescesivos precios á que se vendian los co

mestibles y mercaderias; y que los jornaleros, apoyados con la escasez que habia de manos trabajadoras para la labranza, no querian hacer estas labores sin que se les pagase crecidisimas sumas, y aun se les mantuviese y diese de comer durante las operaciones labrantias en las estaciones del año. A todos estos espesos dictó los remedios convenientes aquel rey celosisimo de la causa pública, y se hallan comprendidos en un ordenamiento de se senta y dos leyes que firmó á 1.° de setiembre del año de 1369, signando'Diego Fernandez la copia que por su mandado se entregó á la ciudad de Búrgos, con prevencion de que no diese crédito á otra alguna que no fuese signada por él.

Trataba primeramente este ordenamiento de las maldades que algunos ejecutaban,apadrinados de los poderosns; del arreglo que los alcaldes de córte debian seguir en el conocimiento de causas; del número y subordinacion de sus ministros y oficiales de justicia; del modo con que se habia de conservar el buen órden en la córte; de la asistencia á los presos, su custodia y derechos; de las obligaciones del canciller y de la recta administracion de justicia en las provincias y sus pueblos. A todas estas leyes concisas y claras subsiguen, desde la veinte y nueve, las que corresponden á prescribir precio á los comestibles y artefactos, cuyas noticias son de suma curiosidad por los que alli se nombran, tanto nacionales como estranjeros.

Determinábase lo que debia ganar al dia el traginero, segun su cargo, el pastor, el jornalero de labranza, el albañil, y, en fin, todos lo que trabajaban á jornal.

Lo que aqui se nota de particular, es la distincion que el monarca hacia de los jornales de invierno y verano, poniendo siempre á mayor precio los segundos, y distinguiendo las varias clases de operaciones de agricultura, para prescribir mayor ó menor salario á estos jornaleros. X

Tambien declaró que la dobla castellana de oro valiese 38 maravedis; el escudo y dobla marroquina, 36; el florin de Florencia,26, y el de Aragon 23. Por último, aseguró á los que tenian sueldo por el rey la cobranza y pago, y mandó que á nadie se pusiese impedimento para trasportar de un lugar á otro toda especie de comestibles.

Día 2.

Al ordenamiento de las sesenta y dos leyes de que dimos ayer noticia, siguen las nueve peticiones que los procuradores del reino presentaron á D. Enrique II en las Córtes de Toro de 1369, y que se unieron á aquellas, pero respondidas en este dia 2 de setiembre. La 1.a contenia la súplica para que se igualasen y fuesen unos los pesos y medidas en todo el reino : á que el rey respondió que se siguiese en esto lo dispuesto por su padre. En la 2.a se proponia que, de pagar en el dia las deudas que habian contraido los cristianos con los judios, era preciso se siguiese la despoblacion y el esterminio de la labranza, porque se hallaban los labradores en la mayor miseria. El soberano, hecho cargo del lamentable estado de unos y otros, prorogó el pago de las deudas, cuyo plazo estuviese cumplido, hasta el 1.° de enero inmediato; y en las demás queria que se atuviesen á los privilegios concedidos por su padre á las Aljamas. Se esponia en la 3.a el abuso que ejecutaban los merinos puestos por los adelantados de Castilla y Leon, emplazando á los labradores sin órden de los alcaldes del adelantamiento, y aun prendiéndolos, no hallándoles cometiendo algun delito, sin llevarlos á sus juzgados para ser oidos en justicia; con todo lo cual condescendió el rey, y mandó que no hubiese estos escesos. La 4.a peticion se reducia á pedir que en los lugares donde no hubiese cosecha de vino y pan se diese providencia para surtirlos; y el rey recordaba haberla ya dado. Decian en la 5.a que se les concediese conservar el juez de fuero donde lo hubiese, y que solo se nombrára juez de salario para los pueblos donde lo pidiesen todos ó la mayor parte de los vecinos, nombrándose siempre naturales de los reinos respectivos; y esto les fué asi concedido. Háblase en la 6.a de que se arreglase el precio de las lanas para fábrica de paños, y el rey respondió que ya lo tenia mandado conforme le parecia ser conveniente: y en efecto, asi lo previno en las leyes del ordenamiento que precedia á estas peticiones. La 7.a de estas trataba de que algunos, valiéndose del fuero que gozaban por labrar en las casas de moneda, se escusaban de las contribuciones concejiles y de las cargas que les correspondian por vecindario; y el rey, viendo que era el número de estos

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