Imatges de pàgina
PDF
EPUB

escudero que llevaba la bandera, al que seguian los capitanes de suizos y arqueros de la guardia y doscientos gentiles-hombres de casa.

Seguian despues el primer escudero, llevando la espada real, y el gran chambelan, que llevaba la bandera de Francia, y en seguida el mayordomo mayor, por delante del cual iban pasando los demás, echando sus bastones blancos en el nicho y saludando á los principes herederos, á quienes se les presentaba el cetro, la corona y la espada de la justicia, á medida que iban desfilando. Últimamente, los principes representantes á su vez tambien depositaban aquellos atributos de la majestad en el nicho.

Entonces el rey de armas gritaba tres veces:

El rey ha muerto. ¡ Viva el rey l

El rey ha muerto. ¡Viva el reyl

El rey ha muerto. ¡ Viva el reyl

Este grito era repetido otras tres veces por el heraldo que estaba en el coro.

Últimamente, el mayordomo mayor rompia su baston, en señal de que la casa real habia concluido.

En este momento sonaban los clarinesy trompetas, dejándose sentir entre el estrépito los acordes melodiosos del órgano. Y las campanas de la gigantesca torre de la abadia daban un clamor continuado.

Mientras tanto las sillas del coro se veian ocupadas por los monges con cirios en las manos.

Profanacion de las régias tumbas.

En 1794 consintió el Gobierno que habia entonces en Francia hacer la exhumacion de los cadáveres de la real abadia de San Dionisio , acto que mas tarde los patriotas denominaron Franciada. El ódio que el pueblo habia concebido contra Luis XVI, hizo rodar sobre el patibulo la cabeza del rey tal vez mas inocente. Ni aun el cadalso elevado en 16 de enero bastó á aplacar sus iras, pues estas alcanzaron hasta los reyes de su raza: tratóse de perseguir á la monarquia hasta en su origen, y á los reyes hasta en el silencio de sus tumbas, arrojando al aire las cenizas de cien monarcas que habian llenado la historia francesa de hechos gloriosos.

El anti-monarquismo no solo tendia á la estincion de los sepulcro?, mas tambien á despojar á las reales momias de sus alhajas y de los tesoros que suponlan enterrados con ellas; y esta idea de ambicion atrajo á las turbas á la iglesia de San Dionisio, porque fué la voz que se corrió para llevar adelante una determinacion tan atroz y bárbara. turbado el reposo que no esperaban ver interrumpido basta el dia postrero en que un genio celeste, al sonido de la trmnpetii, les mandase abandonar las tumbas.

El resultado fué, que el pueblo se lanzó amotinado sobre la abadia, destruyendo, en dos solos dias, cincuenta y un sepulcros, turbando la paz á los muertos; es decir, borrando la historia de doce siglos.

El Gobierno acudió tarde á remediar lo que á toda costa pudo haber evitado, si en ello hubiera tenido interés. Mandóp si, reparar las tumbas, con el objeto de heredar algo de la monarquia que acababa de destruir con la decapitacion de Luis XVI, su último representante; pero, una vez conseguido , tratóse de'estinguir hasta su nombre augusto. Las páginas del libro de cuarenta siglos fueron arrancadas en breves horas.

Se mandó abrir una zanja profunda, igual á la de los pobres que se sepultaban d.e misericordia, y en la que debian vaciarse los huesos de los soberanos que habian elevado á la Francia á la categoria de una de las primeras naciones del mapa, desde los dias del reinado del gran Dagoberto, hasta el trono de Luis XV, iiando con esto una entera satisfaccion al pueblo, alegria á aquellos legisladores, jurisconsultos y periodistas llenos de codicia, deslumhrados con la revolucion, que ignoraban hasta qué punto la conducian y á qué manos iban á entregar su patria, y sobre todo, triunfo á gentes que no saben crear "siempre destruir. Empero prescindamos de males que cambien lamentamos nosotros en Poblet y en San Juan de la Peña, y vamos á tratar de la exhumacion de los cadáveres que existian en la abadia de San Dionisio, y trasladémonos con lágrimas á aquella insigne basilica en el sábado 12 de octubre, en aquel dia tremendo en que se instruia el proceso de la infeliz reina Maria Antonia, la nieta de Maria Teresa de Austria, la que á pesar del poderio de la córte de Pedro el Grande y de Catalina II, y de la liga de otras naciones, el 16 á las once de la mañana sentaba ya su régia huella sobre la plataforma del patibulo. En aquel dia se abrió el panteon donde reposaban los Borbones, pur la parte que daba ingreso á las capillas subterráneas, empezando por sacar el ataud donde estaba el rey Enrique IV, que hacia cercarte dos siglos que '« aabia enterrado. Su cuerpo apareció entero, notándose

le las facciones del rostro con distincion perfecta y con gran semejanza al retrato que de él hizo el famoso Bu bens. Este rey fué muy amado de su pueblo, y cuando le descubrieron de entre el sudario en que estaba envuelto, prorumpió en <'clamaciones la multitud, dejándole arrimado al pilar del coro, no sin haber esperimentado alguna profanacion entre los aplausos. Estaba vestido de ropilla y de tonsa de terciopelo negro, con medias de seda y zapatos del mismo color; encanecida el cabello y la barba, que le llegaba hasta el pecho: todo loque revelaba un aspecto severo. Cundió por todo París el estado maravilloso en que aquella real momia se encontraba, y todo el pueblo fué á verla, movido de curiosidad. 'Dias despues empezaron las excavaciones: el segundo cadáver que sacaron fué el de su hijo Luis XIV, el cual apareció calcinado, enteramente renegrido, pero se le distinguian las facciones. Luego estrajeron los féretros de Maria de Médicis, de Ana de Austria, de Maria Teresa y del Gran Delfin, los cuales estaban en un estado de putrefaccion liquida y repugnante. Luego rompieron el nicho de Luis XV, cuya caja fué abierta, hallando el cadáver envuelto en un sudario sujeto con grandes fajas ó ligaduras, conforme se usaba antiguamente: lo despojaron de aquel envoltorio, y apareció una especie de feto monstruoso, cubierto de gusanos, corrompido, exhalando un hedor pestilente que inficionó todo el ámbito de la bóveda, arrojándolo con los demás á la profunda sima que habian abierto en el cementerio, donde desocuparon los féretros de los demás monarcas é infantes, encontrando en la mayor parte de ellos cráneos y huesos medio podridos, y cenizas y vascosidad en muchos. Tambien sacaron el fé-, retro del héroe del parque de los Ciervos, que solo contenia algunos huesos, cubriendo todos aquellos restos reales con cal viva.

En aquellos dias aparecia la basilica toda cubierta de sombras de muerte: la devastacion qua dentro de su recinto se notaba; las losas de los nichos recientemente abiertos, sostenidas contra los muros de la iglesia; los pedazos de estátuas rotas y dispersadas por el suelo; los infinitos féretros entreabiertos, todo asemejaba á la vision terrible de Ezequiel: las bóvedas de aquel grandioso templo parecian repetir los ecos lastimeros de aquellos ilustres personajes, que se lamentaban de que sus hijos les hubiesen

[ocr errors]

Últimamente, tambien fué demolido el sepulcro de Francisco I, y roto el nicho de la condesa de Flandes, hija de Felipe el Largo, estendiendo su destrozo la piqueta hasta la sepultura del cardenal de Retz.

Luego se volvieron á tabicar los nichos de los Cárlos y Valois y el de los Borbones.

¡Ahl si por un efeclo incomprensible de los juicios de Dios se hubieran alzado aquellos monarcas belicosos re vestidos de todo su poder, ¡cuánácnra costa hubiesen pagado los malvados la profanacion que cometlanl

Empero Francia volvió á ver restablecida la monarquia y presenció de nuevo las ceremonias reales en 20 de setiembre de 1824 , al sepultarse el cadáver de Luis XVIII.

Dla 27.

La fecundidad de la reina doña Margarüa, hija del archiduque D. Cárlos y mujer del Sr. D. Felipe III, fué tal, que en once años y siete meses que vivió con su esposo, dió á luz cuatro varones y cuatro hembras. El único que ha hablado de esta feliz sucesion, ha sido el maestro Fr, Enrique Florea en lasFidas de las reinas católieas, tomando mucha parte de la que escribió de esta mencionada reina el caballero Guzman.

Su esposo, sin embargo de haber sido el primero de lus reyes de España que despues de D. Alonso IV gobernó integramente durante su vida toda la Peninsula, no ha tenido hasta ahora quien haya descrito los sucesos de su reinado, pacifico y tan nombrado por la general espulsion de los moriscos. Nosotros, habiendo visto copias de las cartas originales que dirigió á las ciudades de voto en Córtes, dándolas parte de los felices alumbramientos de su esposa, siendo una de ellas cenia fecha de este dia 27 de agosto de 1606, cuan.lo nació, á 18 del mismo mes, la infanta doña Maria en el Escorial, que fué la cuarta en el órden de los hijos nacidos, hemos hallado que la segunda en dicho órden, que fué tambien llamada Maria, salió áluz en Valladolid á 1.° de febrero, y no á 1.° de enero, como aice el espresado padre maestro Florez, del año 1603. Céspedes, en la Vida de Felipe IV, no numera más que siete hijos de doña Margarita su madre, esto es, cuatro varones y tres hembras; y hablando de las fiestas que se hicieron por el nacimiento de este rey, dice que no se han visto iguales por el de otro alguno. En efecto, la carta dirigida con este motivo tan justo á las ciudades y villas de voto en Córtes, demuestra bien el gozo que el rey su padre tuvo con tan plausible suceso. Dice, pues, asi:

«Ayer viernes, 8 de abril por la noche, fué Dios Nues«tro Señor servido alumbrar á la serenisima reina mi «muy cara y amada mujer, de un hijo varon; y siendo el «contentamiento que de ello nos queda tan grande como «es razon, y sabiendo la parte que con tan buenos y fie«les vasallos os ha de caber por el grande beneficio que «esperamos deberá resultar á todos nuestros reinos y señorios, no hemos querido dejar de noticiároslo, y que «madre é hijo quedan buenos; y de encargaros que con «procesiones solemnes y devotas oraciones deis gracias «á Dios Nuestro Señor por ello, suplicándole los guarde y «conserve para su santo servicio; y al mismo tiempo ha«gais las luminarias y regocijos que se acostumbran en «esa mi ciudad N., para que as! su Divina Majestad, de «cuya mano procede todo bien, sea glorificado, y ese «pueblo divertido y alegrado: que de ello recibiré muy «acepto servicio y placer. Dado en Valladolid á 9 de abrit «de 1605.—Yo el Rey.—Gassol, protonotario.«

Dla 28.

En el capitulo i80 de la crónica de D. Juan el II se indican algunas de las cláusulas con que se prometió por este rey la tregua de cinco años con los de Aragon y Navarra desde 1430. La que corresponde á las personas y bienes de los infantes D. Enrique, D. Pedro y la infanta doña Catalina, está sumamente falta y confusa, como se deduce de la cédula real publicada en Aillon á 28 de agosto de, dicho año, donde se inserta estensamente. Dice asi: «item es pactado convenido y concertado entre las dichas «parte?, que por el dicho señor rey de Castilla sea fecha ó «se faga, luego de firmada é jurada é retificada por él la «dicha tregua, plena é bastante seguridad de non facer, «ni permitir sea fecho mal, nin danno, injuria, ofensa, «ó novedad alguna en personas 6 bienes de los infantes

« AnteriorContinua »