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monarca D. Luis el Sanio, cuyo infáusto acontecimiento fué en este diá á 25 de agosto de 1270. El terror cundió por todas partes y la mas vergonzosa retirada era ya un proyecto, si el valeroso Cárlos, rey de Sicilia, no se hubiese presentado en medio del ejército, pactando con los enemigos el que todos los años pagasen estos á los sicilianos un tributo de 40,000 ducados, que era el que aquel rey debia á la córte romana por sus estados. El contagio todavia alcanzó al rey de Navarra en la isla de Trapana, motivo que obligó á todos á desistir de su empresa y volverse á sus paises. Las entrañas del bendita San Luis quedaron sepultadas en la ciudad de Monreal, en Sicilia, y su cuerpo se llevó á la real abadia de San Dionisio de Paris, de la que hablarémos.

Dí. 26.

Hemos hecho varias veces memoria de los fueros y leyes municipales dadas á los pueblos de la corona de Castilla, y parecia que debia de notarse no hacerla de los del reino de Aragon; pero como en estos Estados fué mas uniforme y general la legislacion desde los tiempos cercanos á su conquista, son raros los lugares, á es uepcion de aquellos que eran capitales, á quienes se diese fuero particular. Entre ellos debe contarse la villa de Fraga, cuya situacion está en la misma raya que divide Aragon de Cataluña. Esta misma circunstancia la prescita una variedad muy notable en su historia, principalmente desde que se unieron aquellos dos Estados, hasta que fué dado su señorio á la nobilisima casa de Moneada, á lincs del siglo xm. Entonces, á la sombra de estos señores, creció considerablemente su poblacion; y como sus moradores lograron la paz y proteccion que necesitaban para su feliz y deseada subsistencia, fué preciso renovar sus leyes, libertades, costumbres y privilegios. En efecto, para tenerlos presentes los señores y conservar á sus vasallos en la justa posesion de lo que les competia por cartas reales, dispuso recoger en un cuerpo todas las escrituras que pertenecian á este objeto, y asi se ejecutó en el año de 1305. Entre estos traslados, que autorizó Pedro Lupet, escribano real, se halla el diploma régio con que el rey don Jaime I dió á loe vecinos de Fraga el fuero de Huesca, á un de que por sus leyes se determinasen en juicio sus pleitos y litigios. Concedió tam» bien libre á todos los pobladores él coto real que habia en su término, para que todos igualmente pudiesen labrar etrél, y dióles facultad para elegir y nombrar cuatro hombres buenos cada año que gobernasen la villa. •. Fué espedida esta gracia en Lérida á 15 de marzo, era ¿280, que corresponde al año 1242, siendo testigos el infante D. Fernando Berenguer de Anglesola, el conde de Fox, Rogel Bernardo, Gil de Trocillo, Asa.lito de Gual y Pedro Petris, justicia de Aragon. Despues, su nieto D. Jaime II celebró Córtes á los caballeros en la ciudad de Lérida, y á peticion de los vecinos confirmó el referido privilegio en este dia 26 de agosto de 1294, ante los de su consejo Ramon Folch, vizconde de Cardona, Guillermo de Angleria, Galceran de Anglesola, Ato de Fox y Pedro de Moneada.

Real abadia de San Dionisio, cerca de París.Tumba ..,..., régia de los Reyes Cristianisimos.

Esta real abadla, sepulcro del rey San Luis, comenzó á edificarse por los años de 644 cerca de Paris, si bien algunos autores ponen en duda el año en que se echaron los prjmeros fundamentos de esta real casa monasterial. El principe Dagoberto le hizo señaladas mercedes y donaciones; pero en su tiempo no debió estar concluida, porque en su real testamento mandaba le enterrasen en San Vicente, si bien luego dispuso lo contrario, porque acaso se terminase la obra despues de haber testado. Y debió ser asi, porque ordenó que en el mismo monasterio le labrasen un sepulcro suntuoso, que fué el mas rico de cuantos sus sucesores levantaron.

Este insigne monasterio traia su origen de los esclarecidos mártires de Cartuliaco , aldea pequeña no distante de Paris, y es tradicion que los sacrificó Domieiano, y que los norifbres de los atletas eran los de Dionisio, Rústico y Eleuterio.'

El; culto de estos esforzados confesores es mas antiguo que el reinado de Dagoberto, como dice Aymonio en su lib. III, cap. 30; y añade que muchas gentes de aquellos contornos concurrian á hacer sus juramentos sobre la sepultura de los mártires en sus conflictos y urgencias. Empero su sepulcro estaba con poco dscoro para ser estos inclitos santos los primeros apóstoles de Francia (si hemos de estar á la historia). Por otra parte, .el pueblo de Cartuliaco tampoco tenia nombre, ni lustre y apenas era conocido, hasta que el piadoso Dagoberto edificó sobre los huesos de los mártires el famoso monasterio que llamó de San Dionisio ó de San Denis, que cuando fué destinado para panteon real, Cartuliaco perdió su nombre, sustituyéndole el de San Dionisio, cuyo pueblo llegó á ser una hermosa villa. de Poitiers y trasladarlas á San Dionisio; pero solo se colocó una, porque la oira se sumergió en el mar cuando la tralan. Vasco Morales y Juan de Mariana escriben que Dagoberto favoreció á Sisenando, rey godo, contra Sumtila y que el oro que los capitanes franceses llevaron rte España en precio de los tratados, lo destinó el rey para la fábrica del monasterio de San Dionisio.

Consigna el monge Aymonio en el lib. IV de su Historia,'j con él Paulo Emilio, Roberto Gaguino y cuantos autores modernos tratan de la vida y hechos del rey Dagoberto, que el motivo de esta fundacion memorable, tan bella y grandiosa, fué el haber educado á este principe el arzobispo Anaulfo, varon tan célebre en santidad y letras, y la casualidad de hallarse el jóven Dagoberto en una cazeria donde vió venir un ciervo corpulento que corria acosado por varias parejas de perros por montes y collados hasta ocultarse en la aldea de Cartuliaco, en donde habia una capillita consagrada á los santos mártires, en la que se introdujo el ciervo. Los .perros Do lograron entrar en ella por un efecto maravilloso, quedándose ladrando en la puerta. El principe Dagoberto, que seguia á la veloz pieza, quedó sorprendido del prodigio que veia con el ingreso del ciervo en la capilla sin obstáculo, y el impedimento insuperable que encontrabanlos perros para entrar, lo que atribuyó á especial misterio, tomando desde entonces grande aficion á los mártires que alli estaban enterrados. Sucedió además que, siendo Dagoberto principe, porque vivia su padre el rey Clotario, se ofendió S. A. de que el duque de Aquitania le tratase con cierta confianza en razon á la demasiada que tenia con el rey, y á lo que nuestro principe no se atrevia á reclamar por temor 'á su padre que le apreciaba como á su mas fiel servidor, porque en efecto lo era; pero aguardó ocasion favorable para vindicarse del duque, aprovechando una en que Clotario se ausentó de la córte. Entonces el principe mandó que á Sagredefilo (que asi se llamaba el duque) le flagelasen y rapasen la cabeza, cosa ignominiosa entonces. Por lo que, temeroso Dagoberto de las iras de su padre, viendo el ultraje inferido al duque, se refugió en la capilla de San Dionisio y de sus compañeros, implorando el favor de los santos despues- de su impremeditada travesura.

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Viendo Dagoberto su obra terminada, y conforme a su proyecto, mandó se juntasen muchos obispos de su reino, señalando dia para la dedicacion y consagracion del nuevo templo, que fué el 24 de febrero de 644. Y Vicencu' Velvacense, en el libro 23 del Espejo historial, refiere que, en la vispera de esta ceremonia solemne, á la media noche, se introdujo un leprosa en el templo, pasando el resto de ella en velada junto á la tumba de los martires, viendo por si mismo consagrar este templo por ministerio de ánéeles, quedando al mismo tiempo limpio el enfermo de su plaga, cuyo cútis quedó en el vestibulo del altar, como en testimonio del suceso. El rey, sin embargo, dudó de este prodigio, convenciéndose luego, cuando vio e despojo del leproso, y á este sano. Asi se encuentra consignado en la historia: no hemos hecho más que referirlo. Tambien hemos leido en Papiro Masonio, libro 3. , y en Juan Tilio, que este templo fué primeramente renovado por el abad Sugerio: tambien consta asi en la historia de Cárlos el Craso, y que invirtió tres años y tres meses en la obra, renovándola en sus dias el rey D. Luis el Sanio. Vamos ahora á hacer una breve descripcion de este suntuoso templo, segun la trae el canónigo Antonio de Rivera quien vino á Paris en calidad de notario apostólico acompañando al ministro embajador del rey D. Felipe II para reclamar las reliquias del mártir San Eugenio, arzobispo de Toledo, que estaban en el monasterio de San Dionisio, desde donde fueron trasladadas á nuestra santa primada iglesia en 1565, para lo cual se presentaron en la real abadia varios oidores del Parlamento de Paris, en el año 1S6S, pidiendo al gran prior encuerpo de San Eugenio, á fin de enviárselo al rey de Espana. Este prelado, deseando agradar al Rey Cristianisimo, para que cumpliese con la exigencia de Felipe II, pidió copia de la provision real, y tiempo para participárselo asi á losmonges, á fin que deliberasen sobre ello. Entregáronle copia del documento, llamando el prior á capitulo, en el que se

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