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Los habitantes de la parte incendiada y sus cercanias por el pronto colocaban sus muebles en las calles y plazuelas inmediatas con guarda de religiosos y de tropa, hasta que, ó bien por si, ó en casa de sus amigos, ó por las disposiciones gubernativas, en los conventos y otros parajes, se fueron conduciendo y acomodando. Y en efecto, se vió mucha compasion y generosidad en los vecinos, que con la mayor ternura recibian en sus casas á sus amigos y conocidos y aun estraños, ó bien sus efectos y alhajas, depositándolo todo fielmente.

Son notabilisimos los bandos que mandó fijar el Excmo. señor conde de Campomanes, apercibiendo con penas terminantes á los mozos de cordel, tragineros ó cualquiera otra persona que, aprovechándose de aquella calamidad, estragese muebles, é igualmente al prendero que los comprase, mandando hacer una requisa en averiguacion de lo que fallase.

La Real Sociedad Económica ofreció proveer de herramientas á los trabajadores que en el incendio las hubiesen perdido y por su pobreza no pudieran adquirirlas, privándose por esto de ejercer sus oficios. En fin, fueron tantas las disposiciones acertadas del gobierno en aquel conflicto, que era preciso insertar todos los edictos para saberlas apreciar, y no lo hacemos por temor de incurrir en la nota de difusos. Pero no omitamos el decir que en' tan trágica noche y en el siguiente dia hubo muchas desgracias. Hoy, mas adelantadas las compañias de incendios, dan mejores resultados en momentos tan criticos; por lo demás, para lo que entonces habia, se hizo bastante en Eemt-jante catástrofe.

La Plaza Mayor entonces estaba fundada sobre pilastras de piedra berroqueña que formaban, como ahora, soportales muy capaces, con cinco suelos hasta el tejado: su grandor, el de hoy, 434 pies de largo y 334 de ancho y 1539 en circuito: tenia 466 ventanas con sus balcones de .hierro, y en las fiestas públicas cabian 50,000 personas. Se construyó en el reinado do Felipe III, para lo que se derribó la antigua, que se construyó en tiempo de don Juan II: duró la obra dos años, concluyéndose en 1619, costando menos de un millon: la dirigió Juan Gomez ds Mora, y es notable por su amplitud, por la igualdad de sus edificios, per la multitud de tiendas, concurso de gentes, y antiguamente lo era más por los comestibles que alli se vendlan; pero no porque hubiese en ella objeto alguno singular perteneciente á las bellas artes: sin embargo, es de consideracion la casa llamada de la Panaderia, á donde suelen concurrir los reyes en ocasion de fiestas reales.

Este edificio se levanta sobre un pórtico de pilares y columnas dóricas de piedra berroqueña. Las columnas que estan á la parte esterior arrimadas á los pilares, son veinte y cuatro con veinte y tres arcos entre ellas: hay dos lápidas en los estrenios, en que está escrito en la una cómo reinando Felipe III y por su mandado se derribó la plaza antigua, habiéndola labrado de nuevo en dos años: en la otra se espresa que, reinando Cárlos II y gobernando la reina doña Mariana de Austria, su madre y tutora, con motivo de haberse quemado la real casa de la Panaderia en 20 de agosto de 1672, se reedificó desde los cimientos, mejorada en la fábrica y traza, etc., y que se acabó en diez y siete meses, año de 1C74.

Enmedio de la fachada está el escudo de armas reales ejecutado en piedra. A los lados de ella se levantan dos torres, y entre las ventanas hay pinturas de claro y oscuro en que se representan niños y otras figuras, que ejecutó D. Luis Velazquez.

El segundo diseño para la reedificacion de esta casa fué, segun Palomino, trazado por Donoso. Este mismo artista y Claudio Coello pintaron el salon donde suelen los reyes concurrir á ver las fiestas reales: la ante-cámara, cuyas pinturas pertenecen á los mismos artistas, y la bóveda de la escalera figuran adornos de arquitectura, escudos de las armas de España y de las de Madrid, alegorias, etc.

Fernando VI dió su real permiso para que en esta casa se estableciese la Real Academia de San Fernando, y en ella permaneció basta su traslacion á la calle de Alcalá, con cuyo motivo, habiendo acudido á S. M. la Real Academia de la Historia, obtuvo el beneplácito del rey para celebrar en este edificio sus sesiones literarias y colocar sus manuscritos, libros y monumentos.

La Academia de la Historia tuvo su origen en las reuniones de varios literatos desde el año de 1735. Fueron tomando incremento las ideas que alli se trataban, pertenecientes á varios ramos de literatura, hasta que, establecido su sistema, mereció la aprobacion real y una detaclon de monumentos y otros usos, á juicio de tan eminentes miembros.

La Magestad Católica de Felipe V en 1738 dió su real cédula á favor de la misma Academia, aprobando sus estatutos, y fué desde luego elegido por director D. Agustin Monasterio yLuyando, que, mediante el destino que desempeñaba en la secretaria de Estado y el interés que se tomaba por los aumentos de esta corporacion cientifica babia contribuido eficazmente á que se efectuase un establecimiento tan útil.

Segun las constituciones de esta Real Academia, el cargo honorifico de director se hizo por eleccion de los mismos individuos, siendo el primero que le obtuvo el conde de Torrepalma, embajador de S. M. en la córte de Turin, persona muy amante de las letras.

Desde 1746 mandó el rey D. Fernando VI que se perpetuase el cargo de presidente en el Sr. Montiano, quien le conservó hasta su fallecimiento, despues del cual recayeron todos los sufragios en el limo. Sr. D. Pedro Rodriguez de Campomanes, fiscal del consejo y cámara de S. M., persona de gran reputacion literaria.

La Real Academia de la Historia tomó posesion d& la casa llamada de la Panaderia, trasladando á ella su selecta biblioteca y escelente coleccion de medallas, que despues ha ido aumentando por varias adquisiciones, en que se comprenden los museos pertenecientes al marqués de la Cañada, al de Saceda y otras muchas bellisimas colecciones que han depositado »n este gabinete varios individuos. Tambien los monarcas han procurada enriquecerla con sus donaciones. Es hoy notabilisimo el número de manuscritos que ha reunido, las obras que ha publicado, los monumentos, diplomas, cartas, lápidas, dibujos de medallas, de escudos de armas, de planos geográficos y de ciudades, con otra multitud de preciosidades que encierra.

El objeto de esta reunion de hombres doctisimos es el indagar los puntos mas dificiles de nuestra historia en la parte cronológica y geográfica, en limpiarla de consejas y aclarar los hechos, buscando en ellos la verdad. Hoy, como siempre, se compone de muchas ilustraciones, y es uno de los cuerpos mas honorificos de la córte.

En el patio de esta casa de la Panaderla hay una fuente con la estátua di la diosa Diana, bien ejecutada en mármol. Por el incendio horroroso en 20 de agosto de 1672, se denominó del Infierno el callejon de entrada á la casa de Panaderia, porque las llamas asemejaban á la pintura que se hace de aquel seno. Llamóse de la Panaderia, porque debajo de ella se vendia el pan, y desde 1719 se apellidó el Peso Real, y alli se espendia todo género de legumbres y pescados. Enfrente estaba la carneceria, en donde se colocaron los tablados para las funciones reales de toros que se celebraron en 1631, y en el dia 7 de julio se prendió fuego por un barril de pólvora que tenia un mercader en su cueva, y se quemó el tablado y todo el edificio, desde el arco de la calle de Toledo hasta el de Boteros. Por eso se prohibieron en los soportales ni en sus inmediaciones oficios que usasen lumbre, ni imágenes con cera y aceite.

Hoy estan renovados todos los edificios, guardando mucha igualdad, con diferentes arcos que dan salida á varias calles, y en medio, entre verjas de hierro, sobre un pedestal, la estátua de Felipe III, que estaba en la Real Casa de Campo delante del palacio, hecha de bronce, á caballo, presentada á España por el gran duque de Toscana, Cosme I de Médicis, en 1616: la empezó á construir Juan Bo¡ogna, escultor y arquitecto, vecino de Florencia y natural de Dovay en Flandes; pero habiendo muerto, la concluyó su discipulo Pedro Taca. Pesa toda la máquina 12,518 libras, y las cartelas del pedestal 1,130.

La Plaza Mayor tiene hoy asientos y escelente iluminacion con magnificas farolas, cuyas mejoras se han inl;oducidoen el actual reinado.

Dia 18.

Los privilegios y cartas reales espedidas por el rey O. Alonso el Sábio en Vitoria, año de 1256, no dejan duda á la larga mansion que en esta ciudad hizo, debiéndole el aumento de poblacion al Oriente de la caida de la antigua villa de Suso, en que babia, y acaso todavia, tres calles cerradas con sus puertas al Mediodia y Norte. Entonces fundó tambien la iglesia de San Ildefonso, con la idea de que sirviese de parroquia á este barrio, cuyo patronato se reservó como fundador. Todo esto consta de cédulas suyas de los años 1257 y 1263, que se insertan en testimonio acordado dal de 1497, conservado en el archivo de dicha ciudad; el cual, si hubiera visto, como pudo, Echavarri, natural de ella, no habria consignado en la vida de San Prudencio de Armentia, pág. 198, que esta poblacion é iglesia era fundacion de D. Alonso el XI, y suyas tambien las armas y estátua que se veian (y no "sabemos hoy) en la capilla mayor al lado de li Epistola, señalando por esta época de todo el año de 1332, en que vino á Vitoria para.entregarse de Alava. Pero no solo dejó á los vitorianps aquel gran rey la memoria de estos favores, sino tambien la de otro muy singular, pues halló modo con que establecer perpétuamente la paz y buena correspondencia entre ellos y los caballeros de la cofradía de Alava.

El rey oyó atentamente las pretensiones de unos y otros 'Sobre pastos, heredamientos y jurisdiccion de aldeas, y otros puntos acerca de los cuales mantenian continuas disputas y rencores desde que fué fundada Vitoria en el año de 1181. Visto y examinado cada uno de, estos particulares, el mencionado D. AKmso, como señor de Vitoria, espidió su carta de convencion en Segovia, en este dia 18 de agosto de 1258, comprendiéndose en un pergamino grande, que original se conserva en suprchivo.Nómbranse e:i ella los diez y siete caballeros alaveses que acordaron las condiciones con el rey, en esta forma de privilegio rodado, y desde luego pocos se presentarán de tan hermosos caractéres y escritos con tanto gusto y delicadeza. Dentro de la rueda estaban las palabras: Signo del rey D. Alfonso; y no habia leones ni castillos , sino cuatro corazones, perfectamente formados, con puntas hácia dentro, dos de los cuales eran verdes y otros dos azules.

En el circulo, alrededor del letrero, estaban veinte escuditos, alternando en ellos leones y castillos. En el segundo circulo se decia estar vacante la mayordomia y ser alférez el infante D. Manuel. Toda esta rueda estaba metida en un,cuadro delicadamente iluminado de ramos de varios colores, yá cada punta un escudo, alternados el leon y castillo.

Al principio se hallaba el Crismon Griego, escelentemecte pintado, y entrelas columnas de los confirmadores cruzaban de arriba á bajo esquisitas labores de pluma de varias ideas y colores. Sin duda que en esta carta real tendrian todas sus delicias los aficionados á la diplomática española, y los vitorianos lograrian el mas precioso testimonio que hasta ahora no han publicado.

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