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gen el dictado de Atocha y no de Antioquia, lo que nos parece indicar que la palabra usada hoy es degeneracion de la primitiva. Sin embargo, tambien puede que toma.se el nombre de los atochares que habia cerca de la ermita, como ya hemos referido. Consta que, adyacente á la muy antigua ermita, habia una huerta con gran abundancia de aguas, y en su recinto otros cuatro santuarios, de los que eran titulares respectivamente San Juan Evangelista, Santa Colomba, Santa Catalina y Santa Polonia, y no muy distante el humilladero del Santísimo Cristo de la Oliva. La devocion de los vecinos de Madrid á aquella imágen fué tan grande desde aquellos tiempos despues de la conquista, que hubiera bastado á dar celebridad y fama al santuario, aunque no se hubiesen obrado por Nuestra Señora en aquella reducida capilla tantos y tan estupendos prodigios, que se hallan consignados en muchos volúmenes. Los moradores de nuestra villa vieron frecuentado el santuario de Nuestra Señora de Atocha por multitud de peregrinos, y era tanto el concurso de estas gentes devotas, que fué preciso construir una hospedería ó albergue contiguo á la capilla, en el cual vivian las personas encargadas del servicio de la ermita, y que eran al mismo tiempo los mayordomos que recibian y hospedaban a cuantos venian á visitar á Nuestra Señora. Dicen las historias que aquella especie de posada era casa de mucho aposento y de muy cumplido servicio. Andando el tiempo, se estableció en Madrid una cofradía de caballeros y otras gentes acomodadas, bajo el patrocinio de la Virgen de Atocha, y los cofrades acudian tambien al obsequio y regalo de los huéspedes, haciendo luego estensiva la institucion al establecimiento de un grande hospital adyacente al albergue. En aquel se curaban los que en el término de su peregrinacion caian enfermos. Hay varias pruebas de cuanto se lleva referido, y citaremos por mas notable la que se deduce de una cláusula del testamento del muy nombrado caballero Francisco Ramirez, otorgada ante Diego Diaz de Vitoria, en Madrid, á 13 de OCtubre de 1499. Dice lo siguiente:

«E ansí mismo dé à la cofradía de Nuestra Señora de Atocha las dos cargas de uva, y maravedís, para hacer camas en el hospital de Nuestra Señora de Atocha, segun de suso se contiene. »

Y en otra cláusula del propio testamento previene á su

hijo Hernan Ramirez que cuide de reparar el aposentamiento que él edificó en la ermita de Atocha, para que se aposenten los que allí fueren en romería.

Fundacion del convento. Gobernando la nave de la iglesia el papa Adriano VI, y reinando en España el césar Carlos I, en ocasion en que D. Alonso de Fonseca presidia la santa primada catedral de Toledo, Fr. García de Loisa, del orden de Santo Domingo, vino á Castilla y despues á Madrid, quien en union de su hermano de hábito el P. Fr. Juan Hurtado de Mendoza, confesor de la Mageslad Cesárea, eligieron,

para fundar un convento de religion, una parte de terrei no que habia junto al santuario de Nuestra Señora de Ato

cha, avistándose al efecto con el abad de Santa Leocadia, D. Gutierre de Vargas y Carvajal, que vivia tambien en Madrid en las casas de sus padres, donde fué hasta nuestros dias palacio de los marqueses de San Vicente, en la plazuela de la Paja o costanilla de San Andrés, quien alcanzó la competente bula pontificia para tan piadoso intento por la influencia del emperador D. Cárlos, prévio el beneplácito del metropolitano y su cabildo.

· El papa envió el breve al césar, fechado en Vitoria, donde S. S. se hallaba. Los primeros religiosos vinieron del convento de Talavera, tomando posesion del de Alocha el P. Fr. Juan de Robles en 11 de julio de 1523, dándosela en nombre del abad Francisco de Vargas, su hermano, alcaide del alcázar de Madrid, y Diego de Luxan, que señalaron las tieras neceserias para el convento, poniendo la primera piedra ad obispo de Plasencia, quien contribuyó con una cuantiosa suma para la construccion del edificio. El emperador contribuyó largamente para la obra del convento, y su hijo el rey D. Felipe II hizo á sus espensas el cláustro. El ayuntamiento y varios señores formaron una suscricion para concluir el edificio.

Descripcion del convento. Este convento está situado al Mediodia de las cercas de la real posesion del Buen Retiro. Antes de entrar á la iglesia, hay una lonja con soportales à uno y otro lado, cerrada por delante con verjas de bierro, entre las cuales se ve sobre un pilar, en el medio, una estátua de Nuestra Señora. La portada del templo no tiene cosa notable, fuera de un escudo con las armas del rey y una estátua de Santo Domingo, titular del convento. La nave de la iglesia es grande y su arquitectura parece del principio del reinado de Felipe II ó fines del de Cárlos I. En la primer capilla, a la derecha, habia en lo antiguo bastante ornato en la pared, ejecutado por José Romani. En un altar mas adelante habia una escelente pintura de Santa Rosa de Lima, debida al pincel de Lorenzo de Soto, y enfrente un sepulcro con una figura de mármol arrodillada, con el siguiente letrero:

«Esta capilla es de Diego Gonzalez de Henao, regidor que fué de esta villa: año de 1624.»

Ea un pilar del crucero, al lado del Evangelis, se veia un precioso cuadro del entierro de Cristo, con Nuestra Señora, las santas mujeres y otras figuras agrupadas, asunto de lo mejor que pintó Antonio de Pereda.

El retablo mayor se coma ponia de varios cuerpos de arquitectura con columnas aisladas en ellos, representando la historia de la vida de la Virgen en ocho escelentes pinturas que hizo Angelo Nardi. Las estátuas que en él habia merecen poca mencion. En el crucero y capilla mayor habia otras pinturas que espresaban prodigios obrados por la intercesion de Nuestra Señora de Atocha y de San Isidro Labrador.

La figura de la vírgen Santa Catalina de Sena, en el altar del mismo crucero, era bellísima; la labró el aventajado artista Juan de Mena (1). La esiátua de Santa Inés de Monte Policiano, que habia encima, fué obra de don Jablo Ron, quien tambien ejecutó la de Santo Tomás de Aquino, que habia en el otro colateral. En otro retablo se veia tambien una estátua muy buena de San Nicolás de Bari, que hizo el artífice D. Juan de Leon. Habia asi

(1) Cuando la invasion francesa, estaban varios soldados, de los acuartelados en este edificio, sentados en el átrio sobre la figura de la santa; los vió un artista; no levaba dinero; hacia mucho frio aquella tarde, por lo que no se determinó á volver para comprársela; pero al siguiente dia por la mañana se dirigió allí, preguntó por ella á los mismos soldados franceses, quienes le dijeron que, casi helados, la habian hecho astillas para encender una hoguera y calentarse en la noche.

mismo una figura de Jesús Crucificado, denominado vulgarmente el Cristo del Zapato, copia del que existe en el ducado de Luca, donde sucedió el prodigio del pobre socorrido: vamos a describir su trage. Era una figura colosal, de aspecto imponente y gigantesco, clavado en una enorme cruz, adornado con un alba blanca y una especie de túnica morada abierta por delante, rodeado de una estola ancha y en la cabeza una mitra ó frontero con una diadema en arco como la de las vírgenes: los pies, calzado el uno, y el otro descalzo, con el zapato ó sandalia sobre un cáliz. Era de mucha devocion para el pueblo, y su altar estaba cubierto de presentallas, y delante ardian tres lámparas de plata de continuo; pero hemos oido decir que apenas se podia orar delante de su veneranda ima gen por el ruido de los niños, que por devocion tambien los llevaban sus padres; porque al verlo, comenzaban á gritar atemorizados y habia que sacarlos del templo (1). Era cosa sublime el paso del tránsito de Nuestra Señora, que, en la festividad de su Asuncion gloriosa se colocaba en medio del templo, rodeado el sepulcro de ángeles y de apóstoles, con riquísimas vestiduras y todas las figuras muy buenas, de lo cual se conserva ya muy poco.

Descripcion de la capilla de Nuestra Señora. Era esta capilla lo mas digno de llamar la atencion que habia en este templo: formaba como una nave larga y angosta, paralela al cuerpo de la iglesia hasta el crucero. Su arquitectura estaba desfigurada, particularmente con una tribuna ó baranda que la circundaba toda y servia para colocar un gran número de banderas ganadas en diferentes batallas, todos blasones gloriosos de las casas de Austria y de Borbon. La talla de altar era de pésimo gusto; pero eran buenas las estátuas de San Pedro y San Pablo que en él habia. Eran tantas y tan ricas las lámparas que ardian en esta capilla, que apenas habia santuario que reuniera más en España. La profusion de luces era tal, que la capilla estaba siempre ahumada, y precisaba hacer en ella obras de continuo. Francisco Herrera, el

(1) Los franceses lo arrojaron al fuego, salvándose algunos restos que hoy se custodian todavía en una mozo, pintó preciosamente la cúpula, espresando el misterio de la Asuncion de Nuestra Señora con difícil agrupamiento de figuras y ángeles desde el anillo arriba.

urna.

Esta capilla la. mandó labrar el rey Felipe II en el mismo sitio donde estaba el antiguo santuario, concluyéndose la obra en 1588, tomando a su cargo el patronato de ella. Felipe III lo aceptó , despachando real cédula en Valladolid á 10 de noviembre de 1602. La Magestad de Felipe IV volvió a reedificar esta capilla, encargando la renovacion de las pinturas á Sebastian Muñoz é Isidro Arredondo (1). Despues se encargó de la obra el famoso fresquista D. Lucas Jordan, pintando las pechinas y arcos, como asimismo el embovedado de la capilla, en que representó la trasgresion de Adan, usando de varias alegorías para espresar el árbol de la culpa y en su oposicion el de la gracia, en que se figura a la Virgen.

En otras estaba representada la estátua que vió en sueños Nabucodonosor, en que por el mismo término figuró, con relacion á Nuestra Señora, aquel árbol frondoso, y el gran monte formado de la piedra que derribó la estátua. En otro estaba pintada la ciudad santa de Jerusalen que bajaba del cielo, simbolizando la venida de Nuestra Señora á España, cuya figura, llena de magestad y grandeza, aparecia sentada sobre un leon, como libertándose de las tinieblas de la gentilidad. En los lunetos habia otras historias sagradas, alusivas igualmente á la Virgen, y eran María, hermana de Aaron, con trage de pastora, cantando al compás de una pandereta, con los israelitas, en accion de gracias por haber pasado el mar Rojo, y á la agraciada Abigail, cuando con su liberalidad templo la indignacion de David.

En las pechinas y entre las ventanas figuró el célebre artista varias heroinas de la escritura, y algunos profetas y patriarcas ascendientes de Nuestra Señora, y diferentes adornos de festones, targetas y flores. Eran tambien hechos por Jordan los dos cuadros grandes que habia en esta capilla, que representaban la restauracion de Madrid por la intercesion de Nuestra Señora de Atocha.

(1) Al primero de estos artistas le dio un bahido de cabeza, que se precipitó desde la linterna al pavimento de la iglesia, reventándose en la caida.

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